EL UNIVERSO AFECTIVO (18). Las causas del miedo

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El miedo

EL UNIVERSO AFECTIVO (18) Las causas del miedo

Por Juan Miguel Batalloso Navas

          Un breve repaso a las causas del miedo, nos indica que históricamente el miedo ha sido ocasionado, además de por toda clase de hechos y aconteci­mientos catastróficos como son los cataclismos, guerras, hambrunas, epide­mias y pandemias, ha sido estimulado también tanto por las religiones como por las estructuras de poder.

         Si bien es verdad que todas las religiones no son iguales, lo cierto es que las religiones al estar vinculadas o transformarse en estructuras de poder, han ocasionado un gran daño en las mentes de las personas. Un daño consistente en hacer que los individuos incorporen y acepten en sus mentes y comporta­mientos, situaciones irreales de peligro o amenaza. Este es el caso por ejemplo de los castigos eternos, el fuego de los infiernos, las obligaciones imprescrip­tibles, la obediencia debida y mil formas de distorsionar la conciencia de los individuos mediante todo tipo de chantajes y creencias irracionales y amena­zantes. En este punto resulta sorprendente y no menos rechazable, que todas estas creencias irracionales han sido siempre promovidas en la infancia, una etapa en la que la capacidad de juicio, análisis, discernimiento y pensa­miento crítico no está lo suficientemente desarrollada. Una evidencia que ex­plica su perdurabilidad, al mismo tiempo que la insistencia de religiones e iglesias en que la Religión sea materia obligatoria de enseñanza en las escue­las. En este sentido, el reconocido filósofo, matemático, escritor y Premio No­bel de Literatura Bertrand Russell (1872-1970) nos señala que el miedo es el fundamento de la religión y así nos dice:

«…La religión se basa, principal¬mente, a mi entender, en el miedo. Es en parte el miedo a lo desconocido, y en parte, como dije, el deseo de pensar que se tiene un hermano mayor que va a defenderlo a uno en todas sus cuitas y disputas. El miedo es la base de todo: el miedo de lo misterioso, el miedo de la derrota, el miedo de la muerte. (…) las enseñanzas de Cristo, tal como aparecen en los Evan¬gelios, han tenido muy poco que ver con la ética de los cristianos. Lo más importante del cristianismo, desde un punto de vista social e histórico, no es Cristo, sino la Iglesia, y si vamos a juzgar el cristianismo como fuerza social, no debemos buscar nuestro material en los Evangelios (…) Lo que se aplica al cristianismo es igualmente cierto en el budismo. Buda era bondadoso y esclarecido; en su lecho de muerte se reía de sus discípulos porque creían que era inmortal. Pero los sacerdotes budistas —como existen en el Tibet, por ejemplo—, han sido obscurantistas, tiranos y crueles en el más alto grado…» 1 Ref.RUSSELL, Bertrand. Por qué no soy cristiano. Barcelona: Edhasa, 1979, p. 17-19

         Para el filósofo José Antonio Marina, el miedo está relacionado con las religiones en cuanto que si estas prometen la salvación, ya de antemano nos están diciendo que existe un peligro del que nos debemos salvar:

«…A los dioses se les teme. Para ligar el hombre a los dioses, nada mejor que el miedo. En este punto, Jesús de Nazaret fue una excepción, al insistir, frente al legalismo judío, en la idea de un Dios paternal y bondadoso. Pero el miedo fue el gran instrumento de adoctrinamiento moral. La imaginería del infierno, la detallada descripción de los tormentos eternos, fueron el tema estrella de la elocuencia sagrada. EL miedo a la condenación eterna dio origen a una imaginería terrorífica, usada a mansalva por los predicadores. Llegó a producir una literatura de sadismo teológico…»2 Ref.MARINA, José A. Anatomía del miedo. Un tratado sobre la valentía. Barcelona: Anagrama, 2007, p. 69

         En cuanto al miedo provocado y animado por las estructuras de poder y las ideologías autoritarias y dogmáticas, hay necesariamente que recordar aquí las contribuciones realizadas por la obra de Erich Fromm (1900-1980) especialmente en su conocida “Miedo a libertad” (Fromm, 1980). Para Fromm el ser humano de su época y creemos que también el actual, está sometido a senti­mientos de impotencia, aislamiento y soledad que no puede soportar. Senti­mientos que procura afrontar mediante los más diversos procedimientos, en­tre otros, el de la sumisión a un líder supuestamente carismático que le pro­porciona imaginariamente seguridad, protección y cuidado.

         En este punto creo que el actual sentimiento social generalizado de incertidumbre, vulnerabilidad, soledad e individualismo son en realidad deri­vaciones del miedo. Un miedo, que, junto al odio, es estimulado tanto por religiones fundamentalistas, como por ideologías fascistas o neofascistas y por el propio modelo económico neoliberal. 3 Ref.TAMAYO A., Juan J. La internacional del odio: ¿cómo se construye? ¿cómo se deconstruye? Barcelona: Icaria, 2020. Una estimulación que penetra en todas las capas sociales y se amplifica gracias a los potentes altavoces de los grandes medios de comunicación de masas. Son estos medios los que se encargan de suministrarnos a cada instante informaciones acerca de desgracias, conflictos, accidentes, guerras, asesinatos y los más diversos delitos, provocando así un sentimiento de desamparo generalizado. Y este desamparo, convenientemente orientado, termina finalmente por convertirse en adhesión incondicional hacia líderes autoritarios, con lo cual el fascismo y sus derivaciones vuelven a tener éxito en pleno siglo XXI. Se trata pues de un fenómeno sociopolítico y cultural basado en la generación de miedo y odio. Algo que podemos constatar actualmente, tanto en América como en Europa y que se puede verificar en el crecimiento de fuerzas políticas de ultraderecha.

         Las causas del miedo son obviamente muy numerosas y de diferente naturaleza, ya sea corporal, personal, física, social, cultural, política e ideológica, o ya se trate de que esas causas sean reales y objetivas, o imaginadas e irracionales. En consecuencia, el catálogo de los miedos es también muy amplio y variable dado que su intensidad, frecuencia y afectación oscila entre miedos que se pueden sobrellevar y eliminar y miedos insoportables de carácter psicopatológico que requieren de tratamiento terapéutico ya sea psiquiátrico o psicológico. No obstante, como nos dice el budismo, el sufrimiento siempre va a estar ahí, ya sea producido por el miedo a no conseguir lo que deseamos y la clásica triada del miedo a la vejez, la enfermedad y la muerte.

         Dice José Antonio Marina, que la “afectividad negativa” es:

«…la propensión de un individuo a experimentar una variedad de emociones negativas como el miedo, la tristeza, la culpa, en una gran variedad de situaciones, incluso en la ausencia de un estímulo negativo (…) La afectividad negativa es una constante fuente de ocurrencias: busca estímulos negativos, interpreta de modo pesimista los sucesos neutros, estrecha la atención, frecuentemente la vuelve sobre el propio sujeto, recuerda con gran precisión los hechos negativos, lanza sin parar a la conciencia pensamientos intrusivos, tiende a la rumiación y provoca una ansiedad desagradable, disfórica, que está presente en muchos trastornos afectivos…» 4 Ref.Marina, 2007, p. 90-91, 97

         Así, las personas con afectividad negativa tienden a considerar los objetos de su entorno, ya se trate de situaciones, hechos, objetos o personas, como amenazantes a su seguridad. En este sentido, Marina nos habla de tres tipos de personalidad: la personalidad recibida, que es la heredada genéticamente de nuestros progenitores; la personalidad aprendida o carácter que se adquiere o se construye mediante las más diversas experiencias y condicionamientos culturales y sociales y la personalidad elegida, que es aquella que conoce sus posibilidades y fortalezas y se enfrenta de un modo personal a las dificultades intentando superarlas. 5 Ref.Marina, 2007, p. 98-99

         No cabe duda pues, de que los tipos de miedo no solo dependen o están vinculados con nuestro temperamento (innato) y nuestro carácter (aprendido) y la intensidad de estos varia desde conductas en gran medida soportables y abordables hasta aquellas de carácter psicopatológico que requieren de terapia.

 

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Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

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