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EL UNIVERSO AFECTIVO (2)
Las emociones
Por Juan Miguel Batalloso Navas
La palabra “emoción” procede del latín “movere” (mover) que con el prefijo “e” indica hacia fuera, o tendencia a la expresión y la acción. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la define así: «Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática»
Básicamente, las emociones constituyen un estado complejo del organismo caracterizado por una perturbación o excitación que predispone a una respuesta organizada y cuyo origen está en un acontecimiento o estímulo que puede ser externo, procedente del entorno, o interno, a partir de nuestros recuerdos pasados.
El proceso emocional se compone de:

Las emociones nacen y se desencadenan siempre a partir de un acontecimiento o estímulo que puede ser externo o procedente del entorno, o también interno, si deriva de los recuerdos, imaginaciones, expectativas o del estado corporal del sujeto. Por tanto, las emociones pueden referirse a hechos actuales y presentes, a hechos y acontecimientos del pasado y también a imaginaciones y anticipaciones del futuro. No obstante, muchas de las respuestas emocionales de las personas, proceden de la interacción y de las relaciones sociales. Este carácter interno y externo de las emociones es el que hace que las emociones sean la base, tanto de nuestras motivaciones como de nuestras decisiones.
Según la investigadora y teórica de la Psicología Magda B. Arnold (1903-2002), la valoración o evaluación que sigue al impacto del estímulo o acontecimiento que desencadena la emoción consiste en conocer de inmediato el daño o el beneficio potencial de una situación o acontecimiento. Sin embargo, esa valoración que inicia la emoción no es de tipo racional, es decir, no está en relación con las características de los objetos como tampoco está referida a los efectos que, a largo plazo, estos objetos puedan ocasionar. A su vez, esta valoración no es abstracta y por tanto no obedece a ningún tipo de reflexión.
Para la doctora Arnold una emoción es:
Se trata, en consecuencia, de una valoración concreta, situacional y en el instante que conduce a sentir atracción por aquello que hemos evaluado positivamente como beneficioso o a sentir repulsión y alejarse de lo que hemos evaluado como negativo, real o con capacidad potencial de producir daño o perjuicio.
Este proceso de evaluación ocurre inconscientemente e instantáneamente, terminando por ser grabado en nuestra memoria como sentimiento emocional y pasando a formar parte de lo que conocemos como “memoria emocional”. Una memoria, por cierto, que, al ser inconsciente, no necesariamente tiene que estar ligada al acontecimiento o evento que provocó la emoción en el pasado. Y una memoria, en suma, que refuerza e intensifica la memoria cognitiva dado el hecho incontrovertible de que los humanos recordamos siempre mucho mejor aquellos acontecimientos ligados a emociones. En consecuencia:
A partir de esta concepción de las emociones como procesos de evaluación inmediata e inconsciente de los eventos de nuestro medio externo o interno, la doctora Arnold considera que las emociones tienen las siguientes características:
- Son experiencias inmediatas en las que todo comienza con la percepción y termina con la acción. Experiencias que se experimentan de forma unitaria. Así, por ejemplo, el miedo o la ira son emociones que siguen con tanta velocidad al acontecimiento u objeto amenazante que es prácticamente imposible separar la percepción de la valoración. En la inmediatez de la experiencia, toda la secuencia que comienza con la percepción y termina con la acción se experimenta unitariamente.
- La valoración instantánea e intuitiva del acontecimiento inicia una tendencia o una disposición hacia la producción de una respuesta o una acción.
- La percepción y la valoración del objeto o acontecimiento que desencadena la emoción, forman parte de los aspectos cognitivos de esta. A su vez los elementos neurofisiológicos y la tendencia a la acción constituyen el movimiento activo hacia afuera o al exterior.
- Las emociones son fenómenos que disponen a la acción y afectan a la persona entera: «…La emoción no es algo que nos pasa, sino algo que hacemos […]. Aunque no sea intencional, y a menudo no sea voluntaria, la emoción siempre es algo que comenzamos. Por lo tanto, somos activos en la emoción, no pasivos. Somos los actores, los agentes…» 3 Ref.Parenti, 2021, p. 82.
En cuanto a la perturbación, hay que señalar que es la respuesta física o fisiológica al acontecimiento desencadenante y la evaluación realizada del mismo. Una respuesta que se manifiesta de forma diversa y variable, ya sean manifestaciones primarias como luchar, huir o quedarse paralizado, o secundarias como la aceleración del ritmo cardiaco, la elevación de la presión sanguínea, la sudoración o las expresiones de la cara. En este sentido, hay que incluir también las respuestas hormonales, que pasan a formar parte del torrente sanguíneo. Entre estas respuestas se encuentran las llamadas hormonas del estrés como la adrenalina, los esteroides suprarrenales y una gran cantidad de polipéptidos. Se trata, según LeDoux, de respuestas viscerales, mientras que las respuestas exclusivamente físicas o de conducta, son respuestas procedentes del Sistema Nervioso Autónomo y ambas producen señales en el organismo que regresan al cerebro. Este regreso al cerebro es el que hace que las respuestas o perturbaciones físicas tengan «…muchísimas oportunidades para influir en el procesamiento de información que realiza el cerebro y en el modo en que sentimos conscientemente…» (Ledoux, 1999, p. 328).
Respecto a la tendencia o predisposición a la acción, las emociones cumplen una especie de función de disparador o de gatillo, es decir, una inclinación o deseo interno de realizar determinado comportamiento, que puede ser realizado y expresado efectivamente y en este sentido hablamos de comportamientos o conductas reactivas. Sin embargo, las emociones pueden ser también controladas en el sentido de que no den lugar a la acción comportamental y queden por tanto reducidas y almacenadas solo y exclusivamente en nuestra mente.
El control de las emociones depende del carácter de cada persona y del tipo de emoción que se experimente. Aunque el control puede ejercerse en todas, hay que señalar que controlar una emoción no es reprimirla, sino someterla a un análisis racional de causas y consecuencias lo cual nos lleva a promover y estimular los comportamientos activos frente a los reactivos. En cualquier caso, esta capacidad humana de poder controlar las emociones y utilizarlas positivamente para el autoconocimiento y el desarrollo personal, está en la base de lo que conocemos como “Educación emocional”.
Así pues, de las emociones puede decirse que tienen tres componentes básicos o una triple dimensión:
- NEUROFISIOLÓGICA. Respuestas involuntarias: taquicardia, rubor, sudoración, sequedad en la boca, neurotransmisores, secreciones hormonales, respiración, presión sanguínea…
- COMPORTAMENTAL. Expresiones faciales (combinaciones de 23 músculos); tono de voz, volumen, ritmo, sudoración, movimientos del cuerpo y en general gestos de lenguaje analógico.
- COGNITIVA. Vivencia subjetiva que coincide con lo que conocemos como sentimiento. Permite etiquetar una emoción en función del dominio del lenguaje por lo que sólo se puede conocer a través del autoinforme.


Interesante artículo sobre las emociones que nos hacen sentir como seres vivos. Hay emociones positivas y negativas. De nosotros depende saber gestionarlas, aunque con limitaciones neurofisiológicas. A medida que avanzamos en edad vamos cargando nuestra mochila de emociones de todo tipo, que nos ofrecen un bagaje de las emociones positivas que debemos promover y de las negativas que debemos rechazar. Mucho ayuda a desarrollar emociones positivas, tener una visión optimista de la realidad que nos envuelve como la mejor herramienta de hacer frente a las adversidades de la vida. El optimismo es una fuerza que nos ayuda a conquistar metas, a resistir la desgracia, a vencer la enfermedad, a relacionarnos con los demás.