EL UNIVERSO AFECTIVO (2): Las emociones

Tmp. máx. lect.: 8 min.

Las emociones

EL UNIVERSO AFECTIVO (2)
Las emociones

Por Juan Miguel Batalloso Navas

La palabra “emoción” procede del latín “movere” (mover) que con el prefijo “e” indica hacia fuera, o tendencia a la expresión y la acción. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la define así: «Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática»

         Básicamente, las emociones constituyen un estado complejo del orga­nismo caracterizado por una perturbación o excitación que predispone a una respuesta organizada y cuyo origen está en un acontecimiento o estímulo que puede ser externo, procedente del entorno, o interno, a partir de nuestros recuerdos pasados.

El proceso emocional se compone de:

Las emociones nacen y se desencadenan siempre a partir de un aconteci­miento o estímulo que puede ser externo o procedente del entorno, o también interno, si deriva de los recuerdos, imaginaciones, expectativas o del estado corporal del sujeto. Por tanto, las emociones pueden referirse a hechos actuales y presentes, a hechos y acontecimientos del pasado y también a imaginaciones y anticipaciones del futuro. No obstante, muchas de las respuestas emociona­les de las personas, proceden de la interacción y de las relaciones sociales. Este carácter interno y externo de las emociones es el que hace que las emociones sean la base, tanto de nuestras motivaciones como de nuestras decisiones.

         Según la investigadora y teórica de la Psicología Magda B. Arnold (1903-2002), la va­loración o evaluación que sigue al impacto del estímulo o aconte­cimiento que desencadena la emoción consiste en conocer de inmediato el daño o el benefi­cio potencial de una situación o acontecimiento. Sin embargo, esa valoración que inicia la emoción no es de tipo racional, es decir, no está en relación con las características de los objetos como tampoco está referida a los efectos que, a largo plazo, estos objetos puedan ocasionar. A su vez, esta valoración no es abstracta y por tanto no obedece a ningún tipo de reflexión.

         Para la doctora Arnold una emoción es:

«…la tendencia percibida de acercarnos hacia algo evaluado intuitivamente como bueno (beneficioso), o de alejarnos de algo evaluado intuitivamente como malo (dañino). Esta atracción o aversión va acompañada de un patrón de cambios fisiológicos orientados al acercamiento o al alejamiento. Los patrones se diferencian según las distintas emociones…» 1 Ref.PARENTI, Stefano. Magda Arnold, psicóloga de las emociones. Pamplona: Pequeño Monasterio, 2021. p. 81.

Se trata, en consecuencia, de una valoración concreta, situacional y en el instante que conduce a sentir atracción por aquello que hemos evaluado positivamente como beneficioso o a sentir repul­sión y alejarse de lo que hemos evaluado como negativo, real o con capacidad potencial de producir daño o perjuicio.

         Este proceso de evaluación ocurre inconsciente­mente e instantánea­mente, terminando por ser grabado en nuestra memoria como sentimiento emocional y pasando a formar parte de lo que conocemos como “memoria emocional”. Una memoria, por cierto, que, al ser inconsciente, no necesaria­mente tiene que estar ligada al acontecimiento o evento que provocó la emo­ción en el pasado. Y una memoria, en suma, que refuerza e intensifica la me­moria cognitiva dado el hecho incontrovertible de que los humanos recorda­mos siempre mucho me­jor aquellos acontecimientos ligados a emociones. En consecuencia:

«…las emociones se diferencian de los estados de la mente no emocionales por la presencia de evaluaciones en su secuencia causal, y las distintas emociones se diferencian entre sí porque las diferentes evaluaciones provocan tenden-cias de acción distintas, que dan lugar a los distintos senti-mientos (…) una vez que el resultado de la evaluación se graba en la cons¬ciencia como senti¬miento, puede recordarse la experiencia y describir qué ocurrió durante el proceso de evaluación. Esto es posible porque, según Ar¬nold, las personas tienen acceso introspectivo al conocimiento consciente del funcionamiento interno de su mente y, en particular, a las causas de sus emo¬ciones…» 2 Ref.LEDOUX, Joseph. El cerebro emocional. Barcelona: Ariel Planeta, 1999. p. 56

A partir de esta concepción de las emociones como procesos de evaluación inmediata e inconsciente de los eventos de nuestro medio externo o interno, la doctora Arnold considera que las emociones tienen las siguientes características:

  1. Son experiencias inmediatas en las que todo comienza con la percepción y termina con la acción. Experiencias que se experimentan de forma unitaria. Así, por ejemplo, el miedo o la ira son emociones que siguen con tanta velocidad al acontecimiento u objeto amenazante que es prácticamente imposible separar la percepción de la valoración. En la inmediatez de la experiencia, toda la secuencia que comienza con la percepción y termina con la acción se experimenta unitariamente.
  2. La valoración instantánea e intuitiva del acontecimiento inicia una tendencia o una disposición hacia la producción de una respuesta o una acción.
  3. La percepción y la valoración del objeto o acontecimiento que desencadena la emoción, forman parte de los aspectos cognitivos de esta. A su vez los elementos neurofisiológicos y la tendencia a la acción constituyen el movimiento activo hacia afuera o al exterior.
  4. Las emociones son fenómenos que disponen a la acción y afectan a la persona entera: «…La emoción no es algo que nos pasa, sino algo que hacemos […]. Aunque no sea intencional, y a menudo no sea voluntaria, la emoción siempre es algo que comenzamos. Por lo tanto, somos activos en la emoción, no pasivos. Somos los actores, los agentes…» 3 Ref.Parenti, 2021, p. 82.

         En cuanto a la perturbación, hay que señalar que es la respuesta física o fisiológica al acontecimiento desencadenante y la evaluación realizada del mismo. Una respuesta que se manifiesta de forma diversa y variable, ya sean manifestaciones primarias como luchar, huir o quedarse paralizado, o secun­darias como la aceleración del ritmo cardiaco, la elevación de la presión san­guínea, la sudoración o las expresiones de la cara. En este sentido, hay que incluir también las respuestas hormonales, que pasan a formar parte del to­rrente sanguíneo. Entre estas respuestas se encuentran las llamadas hormo­nas del estrés como la adrenalina, los esteroides suprarrenales y una gran can­tidad de polipéptidos. Se trata, según LeDoux, de respuestas viscerales, mien­tras que las respuestas exclusivamente físicas o de conducta, son respuestas procedentes del Sistema Nervioso Autónomo y ambas producen señales en el organismo que regresan al cerebro. Este regreso al cerebro es el que hace que las respuestas o perturbaciones físicas tengan «…muchísimas oportunidades para influir en el procesamiento de información que realiza el cerebro y en el modo en que sentimos conscientemente…» (Ledoux, 1999, p. 328).

         Respecto a la tendencia o predisposición a la acción, las emociones cum­plen una especie de función de disparador o de gatillo, es decir, una inclina­ción o deseo interno de realizar determinado comportamiento, que puede ser realizado y expresado efectivamente y en este sentido hablamos de comporta­mientos o conductas reactivas. Sin embargo, las emociones pueden ser tam­bién controladas en el sentido de que no den lugar a la acción comportamental y queden por tanto reducidas y almacenadas solo y exclusivamente en nuestra mente.

         El control de las emociones depende del carácter de cada persona y del tipo de emoción que se experimente. Aunque el control puede ejercerse en todas, hay que señalar que controlar una emoción no es reprimirla, sino someterla a un análisis racional de causas y consecuencias lo cual nos lleva a promover y estimular los comportamientos activos frente a los reactivos. En cualquier caso, esta capacidad humana de poder controlar las emociones y utilizarlas positivamente para el autoconocimiento y el desarrollo personal, está en la base de lo que conocemos como “Educación emocional”.

         Así pues, de las emociones puede decirse que tienen tres componentes básicos o una triple dimensión:

  1. NEUROFISIOLÓGICA. Respuestas involuntarias: taquicardia, rubor, sudoración, sequedad en la boca, neurotransmisores, secreciones hor­monales, respiración, presión sanguínea…
  2. COMPORTAMENTAL. Expresiones faciales (combinaciones de 23 músculos); tono de voz, volumen, ritmo, sudoración, movimientos del cuerpo y en general gestos de lenguaje analógico.
  3. COGNITIVA. Vivencia subjetiva que coincide con lo que conocemos como sentimiento. Permite etiquetar una emoción en función del do­minio del lenguaje por lo que sólo se puede conocer a través del auto­informe.
Si te ha gustado esta entrada y deseas recibir las novedades de KRISIS en tu email, rellena el formulario…

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

Referencia[+]

One thought on “EL UNIVERSO AFECTIVO (2): Las emociones

  1. Interesante artículo sobre las emociones que nos hacen sentir como seres vivos. Hay emociones positivas y negativas. De nosotros depende saber gestionarlas, aunque con limitaciones neurofisiológicas. A medida que avanzamos en edad vamos cargando nuestra mochila de emociones de todo tipo, que nos ofrecen un bagaje de las emociones positivas que debemos promover y de las negativas que debemos rechazar. Mucho ayuda a desarrollar emociones positivas, tener una visión optimista de la realidad que nos envuelve como la mejor herramienta de hacer frente a las adversidades de la vida. El optimismo es una fuerza que nos ayuda a conquistar metas, a resistir la desgracia, a vencer la enfermedad, a relacionarnos con los demás.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

Descubre más desde KRISIS

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo