EL UNIVERSO AFECTIVO (32). Otras críticas de la Psicología Positiva

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EL UNIVERSO AFECTIVO (32)
Otras críticas de la Psicología Positiva

Por Juan Miguel Batalloso Navas

Como nos recuerdan Edgar Cabanas y Eva Illouz, en 2001, la “]ohn Templeton Foundation”, una institución religiosa y conservadora proporcionó a Seligman 2,2 millones de dólares para que creara el Positive Psychology Center en la Universidad de Pensilvania. En 2002, el proyecto de Seligman ya había conseguido 3,7 millones de dólares en financiación. La fundación financió posteriormente varios proyectos que estudiaban la relación entre las emociones positivas, el envejecimiento, la espiritualidad y la productividad. En 2009, la fundación le entregó a Seligman otro cheque, esta vez de 5 ,8 millones de dólares, para que llevara a cabo un estudio sobre la neurociencia positiva y el papel de la felicidad y la espiritualidad en una vida de éxito. (Cabanas; Illouz, 2019, p. 30).          En el mismo sentido, la “Robert Wood Johnson Foundation” financió a Selígman y su equipo en el año 2008 con 3,7 millones de dólares para que explorasen el concepto de salud positiva. Igualmente, instituciones como “National Institute Aging” (NIA) y la “National Center for Complementary and Alternative Medicine” (NCCAM) y la multinacional Coca-Cola. Una de las iniciativas más recientes y sustanciosas, y tal vez la más espectacular, es el programa-Comprehensive Soldier Fitness (CSF), financiado con 145 millones de dólares. Se trata de un programa de psicología positiva dirigido por el ejército norteamericano desde 2008 y supervisado por Seligman desde el “Positive Psychology Center”. El proyecto se presentó al público en 2011 a través de un número especial de la revista American Psychologist, en el cual Selígman explicaba que instruir a los soldados y al personal militar en emociones positivas, felicidad y espiritualidad ayudaría a «crear soldados tan resistentes psicológica como físicamente, como también decía, ayudaría a crear “un ejército índomable”. Las inversiones, sin embargo, no se limitaban a Estados Unidos. Desde la creación de la disciplina en el año 2000, un número creciente de entidades públicas y privadas de Europa y Asía han financiado investigación en psicología positiva, siendo China, los Emíratos Árabes Unidos y la India algunos de los países en sentirse atraídos por la disciplina en los últimos años. 1 Ref.CABANAS, Edgar; ILLOUZ, Eva. Happycracia. Barcelona: Paidós, 2019, p. 31.

         Pero además de los académicos de esta nueva ciencia de Psicología Positiva, se beneficiaron enormemente también todo el amplio conjunto de los llamados profesionales “psi” y su mercado terapéutico de libros de autoayuda, cursos, conferencias motivaciones e incluyendo también al sector de las llamadas “terapias espirituales”. Unos profesionales dedicados a promover determinados hábitos y estilos de vida dirigidos a conseguir la felicidad, el desarrollo personal y la positividad desde un punto de vista radicalmente individual que excluye toda posibilidad de actuar y comprometerse para cambiar las condiciones materiales, sociales y políticas que están en la base y en la raíz de los grandes dolores y sufrimientos humanos. Unos profesionales que en su conjunto y para Cabanas e Illouz:

«…Carecían, sin embargo, de legitimidad científica, así como de un cuerpo de conocimiento común que los respal-dara, mezclando de forma ecléctica y sin mucha coherencia fuentes heterogéneas de conocimiento tan dispares como el psicoanálisis, el conductismo, la psiquiatría, el ocultismo y la espiritualidad, las neurociencias, la sabiduría oriental con¬vencional o la propia experiencia personal…» 2 Ref.Cabanas; Illouz, 2019, p. 34

         En definitiva y en la actualidad, la temática y la palabra “felicidad” se ha convertido en un término habitual y doméstico que se extiende a todos los ámbitos de la existencia, la convivencia, la economía y la política:

«…La felicidad está en todas partes: en la televisión y en la radio, en los libros y en las revistas, en el gimnasio, en los consejos dietéticos, en el hospital, en el trabajo, en el ejército, en las escuelas, en la universidad, en la tecnología, en la red, en el deporte, en casa, en la política y, por supuesto, en las estanterías del supermercado. Felicidad es una palabra que forma ya parte del lenguaje cotidiano, de nuestro imaginario cultural, algo que está per diem y ad nauseam presente en nuestras vidas, y es raro el día que no la oímos, la leemos e incluso la pronunciamos (…) La felicidad parece ya algo tan natural que atreverse a ponerla en cuestión resulta excéntrico y hasta de mal gusto…» 3 Ref.Cabanas; Illouz, 2019, p. 12-13

         La ilusión de felicidad como ideal de vida se ha convertido en la verdad indiscutible, sagrada y exclusiva que permite a los individuos vivir una vida digna y plena de gozo, disfrute, placeres y autorrealización dentro del marco y los criterios fijados por el desorden social establecido por el neoliberalismo basado en el consumo infinito, la depredación de los recursos naturales y el aumento incesante de la desigualdad social. Extraordinariamente lejos han quedado pues aquellos ideales de sabiduría y virtud de Aristóteles, los epicúreos y los estoicos, así como las sugerentes y válidas aportaciones del budismo. Como señalan Edgar Cabanas y Eva Illouz:

«…Ya no creemos que la felicidad sea algo relacionado con el destino, con la suerte, con las circunstancias o con la ausencia de dolor; tampoco la entendemos como la valoración general, en retrospectiva, de toda una vida, ni como un vano consuelo para los necios y pobres de espíritu. Ahora la felicidad se considera como un conjunto de estados psicológicos que pueden gestionarse mediante la voluntad; como el resultado de controlar nuestra fuerza interior y nuestro auténtico yo; como el único objetivo que hace que la vida sea digna de ser vivida; como el baremo con el que debemos medir el valor de nuestra biografía, nuestros éxitos y fracasos, la magnitud de nuestro desarrollo psíquico y emocional. Más importante aún, la felicidad ha llegado a establecerse como elemento central en la definición de lo que es y debe ser un buen ciudadano…» 4 Ref.Cabanas; Illouz, 2019, p. 13

         Para la Psicología Positiva para ser felices “científicamente” es necesario tener altos grados de desarrollo de “competencias” emocionales y de personalidad, tales como la inteligencia emocional y social, la autonomía, la autoestima, el optimismo, la resiliencia, la automotivación, la capacidad para generar estados de flujo, la flexibilidad y en definitiva la adaptación individual y la consiguiente aceptación de cualquier tipo de circunstancia por deprimente, negativa o desoladora que nos pueda parecer. Se trata por tanto de una psicología “yoica” es decir centrada en el “yo” o en la persona individualmente considerada que es en definitiva la única y exclusiva responsable de lo que le sucede. Muy atrás y olvidadas quedan también las causas sociales, económicas, políticas e ideológicas que provocan no solo el desorden social injusto y desigual, sino también el sufrimiento y el dolor ocasionado por el hambre, las guerras y las políticas rapaces y esquilmadoras del capitalismo neoliberal. Y si a esto añadimos, el imperioso control de la industria de la conciencia y la escasez de pensamiento crítico y autocrítico el panorama no puede ser más oscuro y desesperanzador.

Para los profesores e investigadores Edgar Cabanas y Eva Illouz, la llamada “Ciencia de la felicidad” es cuestionable desde cuatro perspectivas: la epistemológica, la sociológica, la fenomenológica y la psicológica. Epistemológicamente estos autores consideran que:

«…en la ciencia de la felicidad hay numerosos presupuestos infundados, inconsistencias conceptuales, problemas metodológicos, resultados no probados y generalizaciones exageradas, de modo que es difícil aceptar de forma acrítica todo lo que dicha ciencia afirma como verdadero y objetivo…» 5 Ref.Cabanas; Illouz, 2019, p. 19

Sociológicamente Cabanas e Illouz nos sugieren, al igual que hace Cederström (Cederström, 2019), que es necesario preguntarse acerca de quién se beneficia y quien se perjudica con las aportaciones de esta nueva ciencia psicológica y sobre todo cuáles son sus consecuencias económicas y políticas, así como los presupuestos ideológicos en los que se basa. En este sentido nos dicen:

«… vale la pena observar que tanto el enfoque científico de la felicidad como la industria de la felicidad que se ha creado y expandido a su alrededor contribuyen de forma significativa a legitimar la suposición de que la riqueza y la pobreza, el éxito y el fracaso, la salud y la enfermedad son fruto de nuestros propios actos. Lo cual legitima también la idea de que no hay problemas estructurales, sino solo deficiencias psicológicas individuales; en definitiva, que no existe la sociedad sino solo los individuos, por citar una frase de Margaret Thatcher inspirada en Friedrich Hayek. La noción de felicidad tal y como hoy la formulan y aplican socialmente algunos científicos y expertos está demasiado a menudo al servicio de los valores impuestos por la revolución cultural neoliberal…» 6 Ref.Cabanas; Illouz, 2019, p. 19

Fenomenológicamente y aunque la “Ciencia de la felicidad” ofrece una variada gama de orientaciones y consejos para ser felices, así como toda una serie de fundamentaciones centradas en la persona como individuo, la realidad es que las circunstancias, el modo de vida de cada individuo y las condiciones materiales de existencia en las que está inserto, influyen, condicionan, trastocan e incluso invalidan una gran medida de esas orientaciones, además de que la obsesión por la búsqueda de la felicidad genera y produce paradójicamente infelicidad:

«…la ciencia de la felicidad construye sus propuestas de bienestar y realización personal sobre una paradójica narrativa de crecimiento personal que tiende a generar esa misma insatisfacción y malestar para las cuales promete remedio. Al establecer la felicidad como un objetivo imperativo y universal pero cambiante, difuso y sin un fin claro, la felicidad se convierte en una meta insaciable e incierta que genera una nueva variedad de “buscadores de la felicidad” y de “hipocondríacos emocionales” constantemente preocupados por cómo ser más felices, continuamente pendientes de sí mismos, ansiosos por corregir sus deficiencias psicológicas, por gestionar sus sentimientos y por encontrar la mejor forma de florecer o crecer personalmente. Eso, a su vez, convierte la felicidad en una mercancía perfecta para un mercado que se nutre de normalizar esta obsesión con uno mismo y con el propio bienestar psicológico…» 7 Ref.Cabanas; Illouz, 2019, p. 20

Por último, el cuarto es de cuestionamiento es de tipo moral en cuanto que coloca a las personas en el dilema de elegir entre felicidad o sufrimiento como si todo lo que nos sucede de doloroso o placentero fuese un asunto de nuestra exclusiva elección, ignorando nuevamente así, que el hecho de que las personas sufran no solamente se debe a su actitud mental sino a las condiciones materiales de existencia en las que viven y conviven. Al parecer, para esta “Ciencia de la felicidad” la enfermedad, el hambre y la pobreza endémicas o las matanzas en la franja de Gaza perpetradas por el ejercito israelí con el apoyo de EE.UU. son circunstancias que se pueden afrontar de un modo positivo que pueden aumentar nuestra resiliencia y nuestro desarrollo personal. Como dices Cabanas e Illouz:

«…Al identificar la felicidad y la positividad con la productividad, la funcionalidad, la excelencia y hasta la normalidad – y la infelicidad con su contrarío-, la ciencia de la felicidad nos coloca en una encrucijada, obligándonos a elegir entre sufrir y estar bien. Lo cual supone, además, que uno siempre puede elegir, como si la positividad y la negatividad fueran dos polos diametralmente opuestos y se pudiera borrar el sufrimiento de nuestras vidas de una vez por todas. Las tragedias son, por supuesto, inevitables, pero la ciencia de la felicidad insiste en que el sufrimiento y la satisfacción son, al fin y al cabo, opciones personales. Así, los que no utilizan las adversidades y los reveses como incentivos y oportunidades para el crecimiento personal son sospechosos de querer y merecer, en el fondo, su propio malestar, independientemente de cuáles sean las circunstancias particulares. Por lo tanto, al final no hay mucho que elegir: no solo estamos obligados a ser felices, sino a sentirnos culpables por no ser capaces de superar el sufrimiento y de sobreponernos a las dificultades…» 8 Ref.Cabanas; Illouz, 2019, p. 21

En suma, este nuevo modelo de “Ciencia de la felicidad”, lo que materialmente produce es la creencia de que individualmente y mediante el trabajo de nuestra mente somos capaces de afrontar todas las dificultades de nuestra vida y alcanzar así el bienestar corporal y psíquico, aunque nuestras condiciones materiales, sociales y objetivas de existencia sean inhumanas. Un modelo que a nuestro juicio se incluye e integra en la ideología del capitalismo neoliberal cuyas características pueden resumirse en:

«…1) la extensión implacable del campo de la economía a todas las esferas de la sociedad; 2) la creciente imposición de criterios tecnocientíficos en las esferas política y social; 3) el refuerzo de los principios utilitaristas de la eficacia y de la maximización de los beneficios privados; 4) el aumento exponencial de la incertidumbre laboral, la competencia en el mercado, la toma de riesgos, y la flexibilización y descentralización organizacional; 5) la mercantilización creciente de las dimensiones simbólicas e inmateriales, incluidas las identidades, los sentimientos y los estilos de vida; y 6) la consolidación de un ethos terapéutico que coloca la salud emocional y la necesidad de realización personal en el centro del progreso social y de las intervenciones institucionales. Más importante aún, el neoliberalismo ha de entenderse como una filosofía individualista focalizada esencialmente en el yo, y cuyo postulado antropológico principal puede resumirse, según Nicole Aschoff, en la asunción de que «todos somos actores independientes y autónomos que, unidos por el libre mercado, construimos nuestro propio destino haciendo sociedad por el camino…» 9 Ref.Cabanas; Illouz, 2019, p. 61-62

         Es obvio pues, que la cultura del individualismo neoliberal y del psicologismo centrado en el yo como si los demás no existiesen es radicalmente incompatible con la cultura de la igualdad de la dignidad de cualquier se humano, así como con la del cuidado, la cooperación, la fraternidad, la solidaridad, y en definitiva del amor. En consecuencia, nada podremos avanzar en nuestro desarrollo personal y social si no nos sumergimos y nos embarcamos en la cultura del encuentro, del diálogo y de los afectos. Como nos dice Barbara Ehrenreich en su maravillosa y conmovedora obra “Sonríe o muere: la trampa del pensamiento positivo”:

«…En el mundo del pensamiento positivo, los demás no están ahí para que los cuidemos, ni para darnos baños de realidad que no les hemos pedido. Solo tienen sentido si nos animan, nos aplauden y nos reafirman. Y aunque esto suena de lo más despiadado, hay mucha gente normal que adopta esta filosofía a modo de credo, y que pone en su puerta o en el cristal trasero de su coche un cartel con la palabra “Quejicas” tachada. Es como si hubiera un déficit masivo de empatía, al que la gente responde dejando a su vez de practicarla. Ya nadie tiene tiempo ni paciencia para los problemas ajenos (…) Así que eso de que actuar “en positivo” nos conduce al éxito se convierte en lo que suele llamarse “una profecía autocumplida”, al menos en el sentido contrario: no hacerlo nos lleva a fracasar de formas más graves, por ejemplo ganándonos el rechazo de nuestros jefes o incluso de nuestros queridos compañeros. Cuando los gurús nos animan a quitarnos de encima a la gente “negativa”, nos están lanzando a la vez una advertencia: sonríe y no lleves la contraria, sigue al rebaño… o prepárate para el ostracismo…» 10 Ref.Ehrenreich, 2011, p. 57-58

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Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

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