EL UNIVERSO AFECTIVO (6): Los sentimientos

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EL UNIVERSO AFECTIVO (6)
Los sentimientos

Por Juan Miguel Batalloso Navas

A nteriormente he señalado que las emociones tienen un triple componente: neurofisiológico, comportamental y cognitivo. También he dicho que los sentimientos comienzan a formarse a partir de la percepción consciente de las emociones, es decir, a partir de la toma de conciencia de la emoción y de su incorporación a la memoria emocional. En consecuencia, emociones y sentimientos no es que estén relacionados, sino que forman parte de un mismo proceso en el sentido de que las emociones hacen emerger sentimientos y los sentimientos pueden, a su vez, generar emociones.

         Sin embargo, los sentimientos tienen al menos dos características que no se presentan en las emociones.

  1. De una parte, un sentimiento no necesita necesariamente de la exis­tencia de un evento exterior que actúe de disparador. Cualquier ser humano puede hacer emerger un sentimiento, recurriendo a su me­moria. E, incluso, ese sentimiento que emerge desde su memoria puede, a su vez, convertirse en emoción y producir en el sujeto mani­festaciones neurofisiológicas. Así, por ejemplo, todas las personas he­mos manifestado alguna vez llanto o nostalgia cuando hemos recor­dado a una persona que amamos y ya no está.
  2. De otra, los sentimientos son estados emocionales que tienen mucha mayor duración y perdurabilidad que las emociones, lo cual termina por configurar un estilo emocional que forma parte de nuestro carác­ter e incluso de nuestra personalidad. Estilo sentimental que se con­figura también mediante la influencia o condicionamiento de la cul­tura social a la que pertenece la persona.

Una distinción importante entre emociones y sentimientos es lo que se conoce como “golpe de estado emocional” que es el que se desencadena cuando la emoción todavía no ha pasado por los dispositivos cognitivos y esta recurre a la memoria emocional inconsciente para una evaluación inmediata. Y esta memoria emocional puede estar constituida por hechos y acontecimientos del pasado, que pudieron ser reales o imaginarios. Esta es la razón por la que aquellos niños que han sido sometidos a tensiones, maltrato, situaciones estresantes y falta de cuidado y afecto en la infancia, cuando llegan a la adultez, están predispuestos a desarrollar síntomas clínicos de ansiedad, miedo, pánico y trastornos de la personalidad porque han sufrido un “golpe de estado emocional” en su infancia del que evidentemente no son conscientes.

         Para el psiquiatra Miguel Pallarés, si la duración de las tensiones en la infancia que originan miedo, ansiedad, estrés y culpa duran más de tres me­ses, las conexiones neuronales empiezan a transformarse y, a partir de ese momento, cualquier cambio que se produzca en el ambiente puede ser con­siderado como una amenaza presente o futura. A partir de aquí, el sujeto puede manifestarse de forma aprensiva, temerosa, impaciente, encontrándo­se en un estado continuo de hipervigilancia y anticipación pensando así en futuras desgracias y fatalidades, lo cual le crea más ansiedad. De esta forma, aparecen síntomas de insomnio o dificultades para conciliar y mantener el sueño debido a la disminución de serotonina; cansancio, fatiga, debilidad muscular por agotamiento de las reservas de adrenalina y noradrenalina; falta de apetito; dolor, ante la falta de endorfinas; palpitaciones, taquicardia, sensación de ahogo; trastornos del sistema inmune, causados por la persis­tencia de la cortisona en la sangre, etc. Todo lo cual dará lugar a enferme­dades psicosomáticas 1 Ref.PALLARÉS, Miguel. Emociones y sentimientos. Dónde se forman y cómo se transforman. Barcelona: Marge Books, 2010..

Para el filósofo, escritor y profesor José Antonio Marina, los sentimientos presentan las siguientes características 2 Ref.MARINA, José A. El laberinto sentimental. Madrid: Anagrama, 1996.:

  1. Son el balance consciente de nuestra situación. Son una mezcla com­pleja de elementos objetivos y subjetivos y, por lo general, se presentan mediante un lenguaje cifrado que hay que aprender a decodificar.
  2. El balance que hacemos es continuo y cambiante en cualquier mo­mento: «… Nuestros sentimientos pueden cambiar con gran rapidez durante una conversación. Pasamos de la incertidumbre a la calma, de la calma a la sorpresa, de la sorpresa a la furia, de la furia al arre­pentimiento, del arrepentimiento al afán de hacernos perdonar…» 3 Ref.Marina, 1996, p. 24.
  3. Los sentimientos no se presentan con el mismo nivel de intensidad y duración. El propio lenguaje nos habla de sentimientos profundos y superficiales, duraderos y pasajeros, coherentes y contradictorios: «…No todos los sentimientos se dan en el mismo nivel, por eso hay algunos contradictorios y otros que pueden convi­vir. El lenguaje ha­bla de sentimientos profundos, utilizando una metáfora sugestiva. También ha inventado palabras para designar afectos superficiales. Capricho, por ejemplo, que es un deseo tornadizo. O rabieta, que es una furia es­candalosa y epidérmica. O arrebato, un pronto violento y efímero…» 4 Ref.Marina, 1996, p. 25.
  4. Dado que los sentimientos son experiencias cifradas a las que, por lo general, no cuestionamos o no analizamos de donde pueden proce­der, los sentimientos consti­tuyen una puerta de acceso a nuestro subconsciente y muchas veces se expresan de forma metafórica o simbólica en nuestros sueños.
  5. Todos los sentimientos ofrecen al mismo tiempo un resumen emocio­nal de las experiencias del sujeto, así como una tendencia hacia a la acción, ya sea esta realización efectiva o de pasividad e indolencia.
  6. Los sentimientos forman parte de lo que puede denominarse “uni­verso afectivo” de un individuo. Universo en el que se incluyen las sensaciones de dolor y placer; deseos o conciencia de una necesidad o de una carencia y sentimientos, que pueden ser definidos como «…bloques de información integrada que incluye valoraciones en las que el sujeto está implicado, y al que proporcionan un balance de situación y una predisposición a actuar…» 5 Ref.Marina, 1996, p. 26.

Esta definición que Marina nos ofrece de los sentimientos es sumamente interesante y útil a efectos educativos. Por un lado, nos sugiere que el conocimiento de los sentimientos propios y ajenos nos permite analizar las experiencias propias y ajenas que están en la base de estos y que influyeron en la generación de esos sentimientos. Es decir, acceder a esos bloques de información es, en definitiva, poner en marcha procesos de autoconocimiento. Y por otro, al ser los sentimientos valoraciones de información, estamos diciendo de algún modo que la base de toda educación en valores hay que situarla en la educación emocional y de los sentimientos.

         Conforme nos dice el profesor Omar Rosas, si contemplamos que los sentimientos se caracterizan por su duración o estabilidad, por la singularidad del objetivo que persigue, hay que contemplar también que los sentimientos están ligados a las creencias subyacentes. Esta es la razón por la que los sentimientos pueden ser concebidos como «…disposiciones afectivas que manifiestan las tendencias de un individuo a percibir el mundo desde un trasfondo afectivo particular, formar ideas adecuadas a su percepción y generar las pautas de acción correspondientes…» 6 Ref.ROSAS, Omar. La estructura disposicional de los sentimientos. Ideas y Valores, vol. 60, núm. 145, abril, 2011, pp. 5-31. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, Colombia. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3652185, 2011, p. 7-8. En suma, si los sentimientos que experimentamos proceden de nuestras creencias y nuestro universo afectivo, si somos capaces de cambiar nuestras creencias y de operar modificaciones en nuestro universo afectivo aunque estas sean limitadas, dado que muchos sentimientos proceden de una memoria emocional en gran parte inconsciente, seremos capaces también de abrir las puertas de nuestra mente y gozar de emociones positivas e incluso de mejorar nuestra salud física y nuestra propia fisiología como propone Bruce Lipton. 7 Ref.LIPTON, Bruce. Biología de la creencia. Madrid: Palmyra, 2007.

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Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

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