EL UNIVERSO AFECTIVO (8): El desarrollo afectivo

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El Universo Afectivo

EL UNIVERSO AFECTIVO (8)
El desarrollo afectivo

Por Juan Miguel Batalloso Navas

E n términos generales, el desarrollo afectivo, puede conceptualizarse como el proceso mediante el cual los seres humanos construimos nuestro “Universo afectivo”. Dicho de otra manera, es el conjunto de experiencias por las que vamos conformando, poco a poco, nuestra memoria y carácter emocio­nal, así como reconociendo toda una variedad de emociones y sentimientos en nosotros mismos y en los demás. No obstante, en términos más específicos, el desarrollo afectivo es el proceso por el que los seres humanos establecemos vínculos afectivos que nos proporcionan seguridad, protección, estimulación, motivación, satisfacción, reconocimiento y experiencias de bienestar emocio­nal. Se trata, por tanto, de un proceso en el que progresivamente vamos cons­truyendo una imagen y una valoración adecuada de nosotros mismos (auto­concepto y autoestima), así como nuestra capacidad para dar y recibir afectos, o si se prefiere, nuestra necesidad de ser tratados con cariño y amor, haciendo corresponder y manifestar con nuestra conducta hacia los demás dicha nece­sidad.

No hay ningún ser humano que pueda escapar de la necesidad de dar y recibir afectos. La satisfacción de las necesidades afectivas cumple una función semejante a la que representa la función de nutrición en cualquier ser vivo. Sin afectos, no hay ser humano que pueda adaptarse a su medio ambiente y sobrevivir, algo por cierto que ya señaló uno de los padres de la Psicología Humanista, Abraham Maslow (1908-1970):

«…Si tanto las necesidades fisiológicas como las de seguridad están bien satisfechas, surgirán las necesidades de amor, afecto y sentido de pertenencia, y todo el ciclo ya descrito se repetirá con este nuevo centro. Las necesidades de amor suponen dar y recibir afecto. Cuando están insatisfechas, una persona sentirá intensamente la ausencia de amigos, de compañero o de hijos. Tal persona tendrá hambre de relaciones con personas en general —de un lugar en el grupo o la familia— y se esforzará con denuedo por conseguir esta meta…» 1 Ref.MASLOW, Abraham. Motivación y personalidad. Madrid: Díaz de Santos, 1991 p. 28

De acuerdo con los estudios e investigaciones más actuales no cabe ya ninguna duda de que en el desarrollo de nuestra personalidad influyen muchos factores. Entre estos factores se encuentran la herencia genética, el medio ambiente físico y social y la capacidad que este tiene para satisfacer las necesidades humanas básicas, la cultura y los sistemas de creencias, los acontecimientos fortuitos, pero sobre todo el factor más significativo y relevante es el tipo y el modo como las personas satisfacemos nuestras necesidades afectivas.

         Para la doctora, investigadora y catedrática de Psicobiología, María Cruz Rodríguez del Cerro, el periodo comprendido entre los dos y los seis primeros años de vida de un ser humano es de una importancia crucial para la confi­guración de nuestra personalidad. Una importancia que viene determinada por el grado y el modo con que satisfacemos las necesidades afectivas:

«…La implosión de afecto que recibe el bebé, no solo de la madre, sino del entorno familiar y social, forma parte del legado conductual evolutivo de la especie humana para preservar la supervivencia de ese niño inmaduro. Con los cui¬dados físicos y afectivos que el recién nacido recibe se aumentan las proba¬bilidades de que ese niño llegue a la madurez reproductiva, y con ello se fa¬vorece la supervivencia de la especie a través de la supervivencia del indivi¬duo. La transmisión de afecto y de amor es, pues, uno de los motores pode¬rosos de la supervivencia de nuestra especie…» 2 Ref.RODRÍGUEZ, María Cruz. El cerebro afectivo. Barcelona: Plataforma Editorial, 2017. Edición Kindle. p. 189

En el mismo sentido, la doctora Rodríguez considera que tanto el periodo perinatal 3 Ref.El periodo perinatal es el comprendido entre las 22 semanas antes del parto y la semana siguiente al mismo. El periodo neonatal corresponde a los primeros 28 días de la vida del bebé. como el neonatal, son de una importancia también fundamental. Una importancia que radica en evidencias de investigación que muestran que el cerebro del feto y del bebé se va a ver afectado en su desarrollo por las interacciones emocionales que haya experimentado la madre:

«…Los efectos podrán ser reversibles o irreversibles dependiendo de qué agente y en qué momento se haya dado la influencia en la madre o en el recién nacido…» 4 Ref.Rodríguez, 2017, p. 44

Es una evidencia que el vínculo socioafectivo representado por las rela­ciones parentales es el de mayor influencia y duración en los seres humanos. Aunque, obviamente, las modalidades de crianza y las conductas maternas y paternas son muy variadas, todas las investigaciones realizadas hasta el mo­mento evidencian que:

«…hay un rasgo maternal que es común en el mundo animal, y es la respuesta ante cualquier estímulo preocupante que proceda de la cría y que provoca la atención y solución rápida por parte de la madre. En otras palabras, la madre se dirige hacia el hijo ante su llanto antes que salir huyendo de la situación, salvo en casos en los que las respuestas mater-nales puedan estar alteradas. Este rasgo común se puede basar en la eviden¬cia de lo que podríamos llamar “circuitería maternal”. Esta red de procesa¬miento y regulación neural maternal, demostrada en la rata por Numan y nosotros mismos en nuestro laboratorio, ha sido confirmada en humanos (…) Sin embargo, en los padres, las regiones que respondían al llanto de los hijos se localizan en zonas de la corteza cerebral que, desde el punto de vista evolutivo, son consideradas como regiones más nuevas en su desarrollo evolutivo y, por ello, más involucradas en la planificación de las acciones…» 5 Ref.Rodríguez, 2017, p. 71

Así, pues, la conducta afectiva con los recién nacidos, tanto de la madre como del padre, hacen posible que se realicen una serie de cambios neurales tanto en el cerebro del bebé como en el de los padres:

«…Lo fabuloso de todo este proceso de plasticidad o cambio cerebral como consecuencia del aumento de las respuestas de afecto y cariño de los padres hacia los bebés (digo bebés y no hijos porque puede tratarse de hijos adoptados o de bebés a los que cuidamos sin lazo de consanguinidad) es que el recién nacido está también experimentando esos cambios plásticos en su cerebro de una forma incluso más importante dado el estado de inmadurez y desarrollo en que se encuentra su sistema nervioso central, su cerebro…» 6 Ref.Rodríguez, 2017, p. 77

Continuará…

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Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

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One thought on “EL UNIVERSO AFECTIVO (8): El desarrollo afectivo

  1. No cabe duda que el “Universo afectivo” es el conjunto de experiencias que nos proporcionan una gran variedad de emociones y sentimientos en nosotros mismos y en los demás. No hay mejor sentimiento y emoción que tratar a los demás y ser tratados con cariño y amor.
    Pienso que los tres soportes del bienestar son: quererse a uno mismo, querer a los demás y ser querido por los demás.

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