Espiritualidad de la resistencia desde la compasión con las víctimas

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Espiritualidad de la resistencia desde la compasión con las víctimas

Por Juan José Tamayo Acosta

El día 28 de octubre se presenta en la parroquia de San Carlos Borromeo la Agenda Latinoamericana Mundial de 2023, cuyo título es “Resistencia comunitaria. Reencontrarnos, actuar, resistir”. He aceptado la invitación a participar en dicho acto, pero no me es posible asistir presencialmente porque ese día estaré en Brasil inaugurando el Congreso de Teología “Hermenéutica Colonialidad, Espiritualidad”, organizado por la prestigiosa Escuela de Teología de Sâo Leopoldo. Coincidirá con las elecciones de la segunda vuelta en el duelo Bolsonaro-Lula. He grabado un video que se transmitirá durante la presentación, cuyo texto comparto a las personas que siguen RD.

Vivimos en un mundo donde impera la injusticia estructural, avanza a pasos agigantados la desigualdad, sufrimos la pérdida de la compasión a raudales y vivimos una espiritualidad acomodaticia que no ofrece resistencia al sistema. Los progresos tecnológicos no se corresponden con la práctica de los valores morales de solidaridad, fraternidad-sororidad, justicia, igualdad y libertad, como tampoco el crecimiento económico ha terminado con la eliminación de la pobreza. Todo lo contrario: a mayor progreso tecnológico y crecimiento económico, menor solidaridad y compasión, más lejos estamos de la justicia y la igualdad y más difícil resulta la práctica de la solidaridad y la fraternidad-sororidad.

Las desigualdades se refuerzan a través de las diferentes y cada vez más profundas brechas, entre las que cabe citar las siguientes: 

– la económico-social entre ricos y pobres, que desemboca en aporofobia  

– la patriarcal entre hombres y mujeres, que desemboca en feminicidio; 

– la colonial entre las superpotencias y la pervivencia del colonialismo, que desemboca en el mantenimiento de la colonialidad; 

– la ecológica, provocada por el modelo de desarrollo científico-técnico depredador de la naturaleza, que convierte a esta en mercancía y desemboca en ecocidio; 

– la racista entre personas nativas y extranjeras, que desemboca en xenofobia; 

– la afectivo-sexual entre heterosexualidad y LGTBIQ, que desemboca en el discurso de odio contra las identidades afectivo-sexuales que no responden al patrón de la heteronormatividad y la binariedad sexual: LGTBIfobia; 

– la cognitiva entre los conocimientos calificados de científicos, por una parte, y los saberes de los pueblos originarios y los nacidos de las luchas populares, que da lugar a la injusticia de saberes y desemboca en epistemicidio; 

– la global entre el Norte y el Sur, que desemboca en surcidio (palabra de creación propia);

– la religiosa entre personas creyentes y no creyentes, entre sistemas de creencias hegemónicos y contra-hegemónicos, entre religiones ricas y religiones pobres, que da lugar a la persecución de las personas no creyentes y al desprecio por las religiones y espiritualidades de los pueblos originarios;

– la digital entre quienes tenemos acceso a internet y quienes se ven privados del mismo, que da lugar a múltiples discriminaciones laborales, culturales, educativas: 

– la generacional entre las personas adultas y los niños y las niñas bajo el prisma adultocentrista, que da lugar a la sistemática transgresión de los derechos de la infancia.

el rechazo a las personas diversas funcionales por mor del falso paradigma de la “normalidad”

Especialmente dramáticos son los fenómenos de desigualdad social, injusticia ecológica, injusticia de género, práctica de la necropolítica y teoría del descarte por parte del neoliberalismo, injusticia cultural y falta de reconocimiento, injusticia cognitiva y sus manifestaciones de racismo epistemológico. Son fenómenos que estamos viviendo con severidad durante las últimas décadas, junto al de la pandemia provocada por el coronavirus, que estamos sufriendo en todo el mundo con especial crudeza.

Tales situaciones, cuyos efectos negativos se dejan sentir de manera especial en el Sur global y entre las mayorías populares y los sectores más vulnerabilizados, no pueden desembocar en actitudes fatalistas, victimistas o de aceptación de la realidad alegando que “las cosas son como son y no pueden ser de otra manera”. 

Todo lo contrario: requieren activar la espiritualidad de la resistencia, una espiritualidad de ojos abiertos y de militancia activa a través de los movimientos sociales  frente a la “globalización de la indiferencia” (Francisco) y a los diferentes sistemas de dominación que actúan coordinadamente y requieren asimismo una coordinación de espiritualidades y las luchas de resistencia: el capitalismo en su versión neoliberal, el colonialismo, que pervive en sus formas más sutiles, el antropocentrismo, que convierte el ser humano no en cuidador de la naturaleza, sino en su depredador, el supremacismo blanco, que jerarquiza a la humanidad en función de su procedencia étnica-cultural priorizando a la población blanca, los fundamentalismos, que imponen un pensamiento único siempre al servicio de los poderes hegemónicos, el imperialismo, que somete a los pueblos y los convierte en colonias, y el belicismo, que actúa bajo la lógica de amigo-enemigo. 

Compasión con las víctimas

 Una de las prácticas de resistencia a seguir ante tamaños sistemas destructivos de la naturaleza, de la humanidad, del pluriverso religioso y legitimadores del mantenimiento de la injusticia estructural es la compasión con las víctimas que, como afirma el filósofo Aurelio Arteta, es “una virtud bajo sospecha”. En su uso habitual la palabra “compasión” remite a sentir pena y pesar cayendo en una especie de sentimentalismo alejado de la praxis, se tiende a identificar con una vaga simpatía que se adopta desde fuera o desde arriba con una actitud de superioridad, se suele vivir como comportamiento moralista que encubre y legitima dicha situación. 

Con frecuencia se reduce a lamentarse de las desgracias ajenas sin ponerse del lado de quienes las sufren, deplorar los sufrimientos de la gente que los padece sin solidarizarse con ella ni mover un dedo para evitarlos ni luchar contra las causas y las personas que los provocan. Y todo ello, con frecuencia, desde una actitud culpabilizadora de las personas sufrientes, que desemboca en humillación y lleva a dichas personas a decir: “no me compadezcas”.

Tarea urgente es, por tanto, liberar a la compasión de sus falsas imágenes y de su práctica pasiva y devolverle su verdadero sentido, que es ponerse del lado de los otros, en el lugar de las personas sufrientes en una relación de igualdad y empatía, asumir el dolor de los otros como propio, sufrir no solo con los otros, sino en los otros, hasta identificarse con quienes sufren. La compasión requiere participar activamente en el sufrimiento ajeno, conocer, pensar, ver la realidad con los ojos, la mente y el corazón de las víctimas, sin caer en el victimismo paralizador y luchando contra las causas que lo producen.

La compasión es una “pasión” que se dirige espontáneamente al sufrimiento de los otros y de la naturaleza oprimida, y nos hace verdaderamente humanos y personas al cuidado de la naturaleza de la que formamos parte. Tal actitud requiere tomar en serio el mal que padecen los demás y que hemos padecido nosotros o podemos padecerlo, y no banalizarlo. Para ser una persona compasiva no es necesario que exista un afecto previo, es suficiente que consideremos a quienes sufren como iguales a nosotros. Este es el verdadero significado de compasión como principio ético y como virtud a practicar tanto en la esfera personal como en la pública.

    La compasión no puede limitarse a curar las heridas de las víctimas. Como afirma el teólogo mártir del nazismo Dietrich Bonhoeffer, “no estanos simplemente para vendar las heridas de las víctimas bajos las ruedas de la injusticia, estamos para trabar la rueda misma con la palanca de la justicia”. 

A su vez, hay que ubicar la compasión en el contexto sociocultural y político concreto donde debe practicarse para no ofrecer una imagen idealizada e idealista o un discurso abstracto que se queda en las nubes y no hace pie en la historia. Es necesario, asimismo, destacar su dimensión cívico-política revolucionaria, su relación con la justicia, la solidaridad y la igualdad de género, y su traducción en un cambio personal y en una transformación estructural, huyendo así del carácter conformista y legitimador del orden establecido generador del sufrimiento eco-humano, individualista y ahistórico, en el que se la ha enclaustrado.

Especial relevancia hay que conceder a la compasión y al amor en la esfera política, donde no son suficientes las solas normas jurídicas. Como afirma la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, compasión y amor son el puente entre las normas de la justicia y las situaciones sociales injustas. La compasión dota a la moralidad pública de los elementos esenciales de la ética sin los cuales la cultura pública estaría vacía. Hay que hablar, por tanto, de compasión y amor políticamente eficaces.  

    Finalmente es necesario incorporar la compasión a la memoria histórica de las víctimas. Una “memoria subversiva”, como reclamara Walter Benjamin, que no se limite a recordar pasivamente los horrores del pasado, sino que rehabilite a las víctimas, les devuelva su dignidad, repare los crímenes cometidos impunemente, denuncie a los victimarios y se comprometa a no repetirlos. 

La compasión, virtud pública, virtud cívica, virtud revolucionaria

    En conclusión, desde el punto de vista cívico la compasión es una virtud pública, desde el punto de vista político, una virtud cívica que defiende una ciudadanía igualitaria; desde el punto de vista político y económico, una virtud revolucionaria que lucha contra las estructuras injustas; desde el punto de vista religioso, un principio teológico que una fuerza de resistencia frente al poder opresor y una mística de ojos abiertos y solidarios, buscadora de los rostros de las personas y colectivos doloridos y sufrientes; desde el punto de vista ecológico, una práctica del cuidado de la Naturaleza, que es nuestra casa común; desde el punto de vista bíblico, memoria subversiva de las víctimas; desde el punto de vista de la espiritualidad, ser honestos con la realidad dolorosa y dolorida, no pasar de largo, detenerse, dedicar tiempo a las personas malheridas y caminar por la senda de la liberación integral de la naturaleza y de los seres humanos.

teológicamente hablando, la compasión consiste en: bajar a Dios de la metafísica y ubicarlo en el terreno de la ética, que es la filosofía y la teología primera, y, en concreto, de la ética de la compasión; bajar a Dios de las alturas celestes y colocarlo del lado de las personas y los colectivos sufrientes; bajar a Jesús de Nazaret de la trascendencia que no hace pie en la historia y ubicarlo en la kénosis (Flp 2,6-11), en las bienaventuranzas y en la práctica de la comensalía.

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Juan José Tamayo Acosta es teólogo vinculado a la Teología de la Liberación. Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III, en Madrid, y secretario general de la Asociación de teólogas y teólogos Juan XXIII. Conferencista nacional e internacional y autor de más de 70 libros. Articulista habitual en prestigiosos periódicos nacionales e internacionales, así como reconocidos sitios como Religión Digital.
Entre algunas de sus publicaciones se encuentran: San Romero de América, mártir por la justicia (Editorial Tirant, 2015);  Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2020, 2ª ed.)De la iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina (Tirant lo Blanc, 2019); ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías?  (Biblioteca Nueva, 2020, 3ª ed.); Hermano islam (Trotta, 2019).Pedro Casaldáliga. Larga caminada con los pobres de la tierra; (Herder, noviembre 2020); ¿La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, 2020).
Su última obra, editada por Fragmenta en 2021, es la titulada La compasión en un mundo injusto, que puedes adquirir como todas las demás, AQUÍ
      Este artículo fue publicado en RELIGIÓN DIGITAL el pasado 28 de octubre de 2022.
      Vaya desde aquí nuestro más sincero agradecimiento por honrar con sus colaboraciones este sitio.

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