KRISIS

Karma, fe y bendición (4): la Ley de la Inter-Conexión

Buda Óctuple Sendero

En el artículo anterior he intentado explicar «a mi manera» las famosas leyes del Karma tal y como yo las entiendo. Hablé de «La Ley de la causa y el efecto» (la ley universal a la que me gusta llamar «Ley de la siembra«); «La Ley de la responsabilidad» a la que los budistas llaman la «Ley de la creación«; «La Ley de la humildad«; «La Ley del crecimiento» y la que he denominado «La Ley de la Verdad» a la que los budistas llaman «Ley de la Responsabilidad«. Obviamente, he cambiado los nombres, porque las interpreto, como ya he dicho, «a mi manera», pero sobre todo porque me recuerdan experiencias pasadas y presentes, que me confirman dichas Leyes. Así pues, hoy voy a continuar con la llamada «Ley de la conexión» y más adelante continuaré con las demás porque para mí estas Leyes son, sin ningún género de dudas, una inagotable fuente para el desarrollo personal, el autoconocimiento y la conciencia espiritual.

Ley de la inter-conexión

Esta Ley viene a decirnos que todo lo que somos como humanos, no solo está conectado, sino también inter-relacionado. Además, como seres vivos somos interdependientes que nos acoplamos dinámicamente a nuestro medio ambiente, ya sea este natural o social.

Socialmente es una obviedad, que como humanos, además de necesitarnos unos a otros, tenemos la extraordinaria y milagrosa capacidad de comunicarnos de una y mil maneras. Nuestra naturaleza es pues social y cultural, lo queramos o no. O mejor eco-psico-socio-cultural e histórico-biográfica, porque aunque queramos vivir como anacoretas, siempre vamos a depender de la Madre Tierra para alimentarnos, de nuestras capacidades cognitivas, emocionales y manuales, como también de nuestros condicionamientos biográficos, contextuales e históricos.

En consecuencia, todo lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos siempre va a estar en relación o en conexión con lo que sienten, piensan, dicen y hacen los demás, ya sea mediante la emergencia de sincronías y sintonías, o mediante la generación de disonancias y repulsiones. En cualquiera de los casos, estaremos relacionados de una manera o de otra. Pero lo verdaderamente más sorprendente y milagroso, es que los seres humanos nos podemos conectar mediante relaciones productivas y creadoras, relaciones que no son otras que las de cariño, afecto, ternura y en definitiva de amor. Por el contrario, si las relaciones sociales están fundadas u orientadas por el desafecto, la dureza, la rigidez, la agresión, la violencia y en suma el desamor, pues no solo no podemos producir y crear nada, sino que además destruiremos lo que hayamos creado mediante las relaciones productivas. Además, si los afectos, cariños y amores no producen nada, pues lógicamente no pueden ser considerados como tales. Y es que como han señalado numerosísimas autoras y autores «solo el amor nos salva«, solo el misterio y el milagro del amor, es el que hace posible la creación, la producción y la liberación. Por eso a mi me parece que es imposible humanamente vivir sin estar enamorado o vivamente apasionado por lo que sea, ya sea por una o varias personas, por la profesión, por el conocimiento, por una causa o una idea, por el milagro de la Naturaleza y la Vida o por la Educación, como es mi caso.

Hasta aquí, el discurso psicológico y social. Sin embargo «La Ley de la Conexión» es muy fácil de reconocer desde un punto de vista científico ya que la composición química de todos los seres vivos está constituida por elementos que se han ido formando a lo largo de los casi 15 mil millones de años desde que se produjo la Gran Explosión que dio lugar al Universo que conocemos. Durante miles de millones de años, numerosas estrellas han ido naciendo y muriendo y en ese proceso se han ido formando todos los elementos químicos. Hoy sabemos, por ejemplo, que el 95 % de cualquier célula viva está constituida de hidrógeno, oxígeno, carbono y nitrógeno, que son los llamados elementos primarios de la vida. A su vez el 4,5 % está formado por azufre, fósforo, magnesio, calcio, sodio, potasio y cloro, que son los llamados bioelementos secundarios. Y por último el 0’5 % restante, que son los denominados «oligoelementos» son hierro, manganeso, cobre, zinc, flúor, iodo, boro, silicio, vanadio, cromo, cobalto, selenio, molibdeno y estaño. En consecuencia, cuando decimos que somos «polvo de estrellas» no solo estamos constatando una realidad verificada por la ciencia, sino que además estamos diciendo que formamos parte del Universo, o mejor, somos realmente Universo transformado mediante complejísimos procesos evolutivos. Así pues lo queramos o no estamos íntrínsecamente inter-conectados mediante una especie de triangulo interdependiente formado por el ser humano, la sociedad-cultura y el Universo entero. En consecuencia, creer que el Universo o el planeta Tierra gira a nuestro alrededor y nos pertenece es la más grandes de las falsedades que ha dado lugar a esta ya necrófila civilización antropocéntrica, producitivista, patriarcal, mercantil y capitalista, Por eso en suma, o nos salvamos todos, incluyendo a todos los seres vivos, o nuestro destino será la autodestrucción, algo por cierto, de lo que ya se dieron cuenta los budistas, hace más de 2500 años.

Pero además, resulta que el organismo de cualquier ser vivo está formado por infinidad de conexiones e interconexiones. Pensemos por ejemplo en el cerebro humano que es la estructura orgánica más evolucionada de la Tierra. Una estructura que se estima que puede tener alrededor de 67-86 mil millones de neuronas (67,000,000,000-86,000,000,000). Además, se estima también, que en nuestro cerebro hay alrededor de 85 mil millones de otras células que no son neuronas. Células no neuronales que se conforman de 20-25 mil millones de células endoteliales (células que recubren los vasos sanguíneos) y de 40-50 mil millones de células gliales que son las que sirven para dar soporte de las neuronas interviniendo activamente en los procesos de procesamiento de la información en todo el organismo humano. Y todo esto sin contar los numerosos axones y dendritas de cada neurona que terminan en los llamados botones sinápticos que son los que conectan unas neuronas con otras mediante complejísimos procesos bioquímicos en los que se liberan esas sustancias llamadas neurotransmisores. En definitiva, lo que quiero decir, es que no solamente somos seres inter-conectados sino al mismo tiempo intra-conectados. Negar pues la Ley de la Conexión es negar la realidad, ya sea cósmica, terráquea, ecológica, organísmica, fisiológica, biológica, social, cultural, etc.

Por último, no quisiera dejarme en el tintero, la evidencia de que nuestros sentimientos y pensamientos, que son los que producen nuestros intereses y motivaciones (valores), son los que siempre orientan y fundamentan nuestras decisiones que después se transforman en acciones o en conducta observable. En consecuencia, si cuidamos nuestros sentimientos y pensamientos haciéndolos más creativos, productivos y amorosos, nuestras acciones serán necesariamente más productivas, eficientes y eficaces para mejorar el mundo desde el metro cuadrado que pisamos.

La canción que acompaña a este texto corresponde al mantra OM TARE TUTTARE TURE SOHA interpretado por la cantante Phuong Nguyên y cuya pieza completa de 16 minutos estás oyendo ahora. Se trata de un «mantra» budista.
Un “mantra” es una palabra sánscrita que tiene como objetivo relajar e inducir a un estado de meditación en quien canta o escucha. La palabra está conformada por dos expresiones “man” que significa “mente” y “tra” que expresa “liberación”. El mantra “OM TARE TUTTARE TURE SOHA” se conoce como “el mantra de la Tara verde” siendo Tara, la diosa de la Compasión. Es muy utilizado para meditar, liberarse del estrés y los pensamientos, relajarse y entrar en estados de sosiego, quietud y paz, si bien los budistas lo utilizan para obtener compasión. Literalmente las sílabas OM TARE TUTTARE SOHA significan:


  • OM: tiene que ver con el cuerpo y la mente, con la aproximación a la divinidad universal.

  • TARE: es la liberación de los sufrimientos y de los sentimientos y fuerzas inferiores.

  • TUTTARE: representa una protección frente a los peligros internos y externos.

  • TURE: es una protección contra las enfermedades físicas y una palabra generadora de paz.

  • SOHA: representa la acción a largo plazo de la protección frente a los peligros internos y externos.

FUENTE: El mantra de la tara verde: una práctica liberadora.

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