LA ALEGRÍA (2). En Aristóteles y Epicuro

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LA ALEGRÍA (2). En Aristóteles y Epicuro

Por Juan Miguel Batalloso Navas

«…Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas…» 1 Ref.Mario Benedetti

Sin duda alguna, la alegría ya sea individualmente como emoción o como sentimiento duradero, o bien como celebración y encuentro colectivo, forma parte de la naturaleza humana. Desde los tiempos más remotos, el interés y el deseo por expresar y formalizar estados de alegría colectivos han formado parte de todas las culturas y civilizaciones de la humanidad como así nos ha señalado la investigadora Barbara Ehrenreich. 2 Ref.EHRENREICH, Barbara. Una historia de la alegría. El éxtasis colectivo de la Antigüedad a nuestros días. Barcelona: Paidós, 2008..

         A su vez, tanto la Filosofía, las tradiciones espirituales y actualmente la Psicología Positiva, han estudiado ampliamente la importancia y el valor de la alegría como sentimiento y actitud necesaria para una vida plena y feliz, aunque eso de la felicidad, por mucho que se empeñen en convertirla en ciencia, no deja de ser un oximoron, sobre todo si no consideramos que la tristeza, el dolor y el sufrimiento también forman parte de nuestra naturaleza.

         En la filosofía griega clásica hay dos autores que, aunque no hablan de forma directa de la alegría, sostienen que esta es un componente esencial de la felicidad (Aristóteles) y de un buen vivir (Epicuro)

         Para Aristóteles, la alegría es un componente intrínseco de lo que él denomina como “eudaimonía“, es decir, un modo de vivir auténtico, responsable, activo y feliz. Y así, la alegría es en realidad el producto de la satisfacción que produce el conseguir vivir de forma virtuosa por lo que la asocia a virtudes como la valentía, la generosidad y la amabilidad. En el mismo sentido considera que la alegría deriva, tanto de la “praxis“, o la actividad virtuosa, como también de la reflexión racional. En suma, la alegría para Aristóteles está ligada a la virtud entendida como término medio, pero también a la amistad ya que con el amigo se comparten siempre alegrías y penas.

«…Ahora bien, puesto que se ha establecido que la virtud es este modo de ser que nos hace capaces de realizar los mejores actos y que nos dispone lo mejor posible de cara al mayor bien, siendo el mejor y el más perfecto el que está de acuerdo con la recta razón, o sea, el término medio entre el exceso y el defecto relativamente a nosotros, se deduce necesaria¬mente que la virtud ética será un término medio propio de cada uno, y que está en relación con determinados términos medios en los placeres y dolores, en las cosas agradables y dolorosas. Y el término medio se hallará, unas veces, en los placeres (pues existe un exceso y un defecto), otras, en los do¬lores, otras, en ambos. En efecto, el que se excede en la ale-gría, se excede en lo agradable, y el que se excede en el dolor, se excede en lo contrario, y esto, ya sea absolutamente, ya en relación con una cierta norma; por ejemplo, cuando uno no se conforma con la conducta del común de la gente, si bien el hombre bueno se conduce como debe (…) la alegría es un rasgo de amistad, alegrarse por la única razón de que el otro se alegra (…) Y desear, principalmente, la existencia, el con-vivir, el compartir la alegría y el dolor y ser, por tanto, una sola alma, y no poder vivir el uno sin el otro, sino desear mo-rir juntos, tal es la situación del individuo, y él es así su pro-pio compañero…» 3 Ref.ARISTÓTELES. Ética nicomaquea. Ética eudemia. Madrid: Gredos, 1977. p. 251, 289

         A Epicuro se le ha conocido muy a menudo como el filósofo del placer, sin embargo, su mensaje ha sido tergiversado e incluso se le ha ridiculizado y humillado calificándolo de forma totalmente injusta y mentirosa como “el cerdo filósofo”. En este sentido, en sus Cartas a Meneceo, Epicuro nos dice:

«…131. El pan y el agua procuran la más alta satisfacción cuando uno que está necesitado de estos elementos los logra. Así, pues, el habituarse a un género de vida sencillo y no suntuoso es un buen medio para rebosar de salud, y hace que el hombre no se arredre ante los obligados contactos con la vida, y nos dispone mejor hacia lo suntuoso cuando después de una falta prolongada nos acercamos a ello, y nos hace intrépidos ante el azar. Así pues, cuando afirmamos que el gozo es el fin primordial, no nos referimos al gozo de los viciosos y al que se basa en el placer, como creen algunos que desconocen o que no comparten nuestros mismos puntos de vista o que nos interpretan mal, sino al no sufrir en el cuerpo ni estar perturbados en el alma. 132. Pues ni las bebidas ni las juergas continuas ni tampoco los placeres de adolescentes y mujeres ni los del pescado y restantes manjares que presenta una mesa suntuosa es lo que origina una vida gozosa sino un sobrio razonamiento que, por un lado, investiga los motivos de toda elección y rechazo y, por otro, descarta las suposiciones, por culpa de las cuales se apodera de las almas una confusión de muy vastas proporciones…» 4 Ref.EPICURO. Obras completas. Madrid: Cátedra, 2012. p. 80-81

         Uno de los conceptos que Epicuro utiliza a menudo y que comparte con los estoicos, es el de “ataraxia” o ausencia de turbación, inquietud, ansiedad y desasosiego, que se corresponde con una serenidad mental que es capaz de aceptar todas las circunstancias en las que nos vemos envueltos, ya se traten de circunstancias dolorosas o placenteras. En este sentido, nos dice:

«…En efecto, la imperturbabilidad y la despreocupación son gozos sedantes, pero la alegría y la satisfacción se ve que entran en actividad con ocasión de trances emocionales (…) El estado de felicidad y bienaventuranza no lo alcanzan ni la multitud de riquezas ni la majestuosidad de las profesiones, ni jefatura ni poder alguno, sino la alegría y suavidad de sentimientos y la disposición del alma que define los propios bienes de la Naturaleza…» 5 Ref.EPICURO. Obras completas. Madrid: Cátedra, 2012. p. 96, 106-107

Consecuentemente y a partir de las consideraciones de Aristóteles y Epicuro podemos deducir que la idea que ambos tienen de la alegría, más que una emoción agradable y pasajera es en realidad un estado de ánimo resultante de una forma de vivir y de ser equilibrada, armoniosa, serena y virtuosa. La alegría es pues, mucho más que una simple emoción, como así nos muestran otros filósofos.

Continuará…

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

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