LA ALEGRÍA (20). Los 8 pilares: Perdón (5)

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Los ocho pilares de la alegría

LA ALEGRÍA (20)
Los 8 pilares: Perdón (5)

Por Juan Miguel Batalloso Navas

Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, la palabra “perdón” significa «Remisión de la pena recibida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente» Sin embargo, el per­dón no es olvido, ausencia de memoria, como tampoco ocultación de la verdad. Si el perdón efectivamente nos conduce a estados mentales y conductas de reconciliación y concordia, así como de ausencia de resentimiento, estas conductas y estados no podrán emerger si no se reconocen los hechos dañinos, ultrajantes o punibles. De aquí que todo perdón que nos conduzca a la reconciliación necesariamente tendrá que venir acompañado del reconocimiento de la verdad de los hechos, así como de la justicia y la reparación dirigida a dignificar a las víctimas.

                Para el Dalái Lama:

«…Perdonar no significa olvidar. No hay que olvidar lo negativo. Dado que existe la posibilidad de cosechar odio, no debemos ser arrastrados en esa dirección. De ahí que elijamos el perdón (…) Allí donde haya una mala acción, puede ser necesario adoptar una contramedida adecuada para detenerla. No obstante, uno puede elegir no sentir ira y odio hacia el actor o la persona. Aquí es donde radica el poder del perdón, en no olvidar la humanidad de la persona, a la vez que respondemos a la maldad con claridad y firmeza…» 1 Ref.Dalái Lama et. al.; 2016, p. 193,-194

A su vez, Desmond Tutu añade:

«…Perdonar no implica olvidar lo que ha hecho esa persona, contrariamente a lo que dice el refrán: “Perdona y olvida”. No reaccionar con negatividad o sucumbir a las emociones negativas no quiere decir que no respondas a los actos o que dejes que te hagan daño de nuevo. Perdonar no significa que no busques justicia o que el autor no sea castigado (…) El perdón es el único modo que tenemos de curarnos y liberarnos del pasado…» 2 Ref.Dalái Lama et. al.; 2016, p. 193-194

En el excelente y maravilloso libro titulado “El libro del perdón” realizado por Desmond Tutu y su hija Mpho A. Tutu 3 Ref.Tutu; Tutu, 2017 se nos dice que el perdón es una cualidad intrínseca de cualquier ser humano. Sin embargo, su práctica y su desarrollo no es fácil en cuanto que requiere no solo un cambio de perspectivas y de creencias, sino también y, sobre todo, el reconocimiento de que todos los seres humanos somos falibles, erráticos y podemos en cualquier momento cometer o realizar conductas dañinas a los demás. En sus propias palabras:

«…Cada uno de nosotros posee una aptitud innata para extraer felicidad del sufrimiento, hallar esperanza en las situaciones más difíciles y curar toda relación necesitada de ello (…) A nuestro modo, todos estamos heridos. Y por eso lastimamos a los demás. El perdón es un viaje a la cu-ración de nuestras heridas. La forma en que volvemos a sanar. Sea con el torturador que me atormentó brutal-mente, la pareja que me traicionó, el jefe que me ignoró en un ascenso o el automovilista que se me cerró en mi trayecto matutino al trabajo, enfrento la misma disyun-tiva: perdonar o buscar venganza…» 4 Ref.Tutu; Tutu; 2017, p. 7

Si perdonar es difícil, la intención, la voluntad y la acción de perdonar no es algo que se realiza de una forma simple, sencilla y de una vez por todas. Pedir disculpas por un sencillo error cometido no es comparable a perdonar aquello que ha causado en nosotros un daño irreparable como podría ser una lesión física o la muerte por asesinato o accidente de un familiar. En este sentido, el arzobispo Desmond Tutu, podría decirse que fue y de uno u otro modo sigue siendo un gran Maestro del perdón, la reconciliación y la convivencia pacífica y democrática. No en vano, Desmond Tutu, Nelson Mandela5 Ref.Nelson Mandela (1918-2013) fue un líder político y activista sudafricano que desem­peñó un papel crucial en la lucha contra el régimen del apartheid en Sudáfrica y en la posterior transición del país hacia la democracia. En 1962, Mandela fue arrestado y condenado por conspiración para derrocar al gobierno, entre otros cargos, y fue senten­ciado a cadena perpetua en prisión. Pasó 27 años en prisión, la mayor parte de ellos en la infame prisión de Robben Island, donde se convirtió en un símbolo internacional de la lucha contra la injusticia y la opresión. Durante su tiempo en prisión, Mandela se convirtió en un líder moral y político influyente, y su encarcelamiento atrajo la atención mundial hacia la causa contra el apartheid. Finalmente, en 1990, fue liberado de prisión por el presidente sudafricano Frederik Willem de Klerk, como parte de un proceso de reforma que condujo a la abolición gradual del apartheid. En 1993, Mandela recibió el Premio Nobel de la Paz, junto con Frederik Willem de Klerk, por su papel en la nego­ciación de la transición pacífica hacia la democracia en Sudáfrica. Al año siguiente, en 1994, Mandela se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica en las elecciones democráticas, poniendo fin a décadas de gobierno de minorías blancas. Siendo presi­dente, Mandela trabajó para reconciliar a la nación dividida por el apartheid y promover la reconciliación racial y la igualdad. Después de su presidencia en 1999, continuó siendo un defensor de la justicia social y los derechos humanos, tanto en Sudáfrica como en el ámbito internacional. y muchísimos ciudadanos de Sudáfrica sufrieron durante décadas la represión y la discriminación implacable del régimen del apartheid. Además, y como presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica, conoció numerosísimos testimonios de crímenes, asesinatos y torturas perpetrados por el racismo y la discriminación institucionalizada de este régimen (1948-1994). Efectivamente y como nos dice Desmond Tutu y su hija:

«…El camino del perdón no es fácil. En él debemos atra-vesar los pantanos del odio y la ira, y abrirnos paso a tra-vés del dolor y la pérdida para hallar la aceptación, marca distintiva del perdón. Este viaje sería mucho más fácil si la ruta estuviera claramente delimitada, pero no es así. Tampoco resulta claro el límite entre quienes han hecho y recibido daño. En un momento dado, todos sufri-mos dolor, y al siguiente infligimos dolor. Y luego esta-mos a caballo entre ambas circunstancias, llenos de pena y de furia. Todos cruzamos a menudo esa línea (…) No perdonar produce odio y amargura. Al igual que el odio y desprecio por uno mismo, el odio a los demás nos corroe las entrañas. Sea que se le proyecte afuera o se le guarde dentro, el odio corroe siempre el espíritu humano…» 6 Ref.Tutu; Tutu; 2017, p. 8, 19

Para Desmond Tutu y su hija Mpho, perdonar no es en ningún caso una muestra de debilidad, así como tampoco es olvidar y subvertir la justicia. El perdón parte de una decisión íntima, voluntaria y personal consistente en afrontar el dilema entre la búsqueda de armonía, equilibrio y paz interior y los impulsos de venganza, odio y resentimiento. Decidir perdonar es entonces abandonar los impulsos y emociones que nos llevan al odio, el resentimiento y la venganza, algo que en la práctica de nuestra conducta es siempre el resultado de un proceso consistente en cuatro pasos vitales: contar la historia, nombrar la pena, conceder perdón y renovar o terminar la relación.

CONTAR LA HISTORIA

Contar la historia es para nuestros autores:

«…la forma en que recuperamos nuestra dignidad luego de haber sido perjudicados. La forma en que empezamos a recobrar lo que se nos quitó, y en que comenzamos a entender y dar sentido a nuestro sufrimiento (…) Contar nuestra historia nos ayuda a integrar nuestros recuerdos implícitos y comenzar a recuperarnos de nuestros traumas…» 7 Ref.Tutu; Tutu; 2017, p. 46,47

Se trata en suma de conocer y asumir la verdad en todos sus detalles y dimensiones de forma que al reconocer y verificar los hechos tanto las víctimas como los victimarios, puedan darse cuenta y ser plenamente consciente de los daños y sufrimientos infligidos. Ahora bien, si contar la historia ya es sumamente difícil para las víctimas, dado el tiempo transcurrido o la represión interior realizada por el olvidar los sufrimientos, con los victimarios el olvido, la ocultación, la justificación y todo tipo de racionalizaciones impiden también que se descubra la verdad de lo sucedido. No obstante, los hechos son los hechos y están ahí siempre para mostrar la verdad. Por desgracia, no en todos los países se han puesto en marcha Comisiones por la Verdad y la Reconciliación como la presidida por Desmon Tutu en Sudáfrica, con lo cual y en esos países se siguen alimentando mentiras, ocultaciones, resentimientos y odios. En España, por ejemplo, nunca hubo una Comisión de la Verdad que determinase el volumen, la cantidad y los detalles de las muertes, torturas y daños infligidos a los republicanos asesinados como consecuencia del golpe de Estado perpetrado por Franco y su posterior dictadura de cuarenta años. Pero lo peor, es que hoy existen sectores sociales y políticos que no solo niegan el genocidio franquista e incluso el holocausto nazi, sino que además impiden y obstaculizan cualquier tipo de iniciativa política dirigida a conocer la verdad.8 Ref.Este es el caso de las Comunidades de Aragón, Castilla-León, Comunidad Valenciana, Baleares y Cantabria, que en la actualidad está gobernadas por una coalición formada por el Partido Popular, heredero del franquismo y Vox, un partido de corte netamente de ultraderecha y fascista. Obviamente, si no es posible que los victimarios reconozcan la verdad, el perdón será muchísimo más difícil y la reconciliación será imposible, sencillamente porque no es posible sanar las heridas sin el reconocimiento mutuo del daño y el dolor ocasionado.

NOMBRAR LA PENA

Para nuestros autores nombrar la pena consiste en iniciar un camino de sanación interior con el fin de liberarse del sufrimiento, el daño y el dolor:

«…A menudo parece más fácil o seguro ignorar una herida, olvidarla, dejarla de lado, pretender que no ocurrió o racionalizarla, diciéndonos que no deberíamos sentirnos así. Pero una pena es una pena. Una pérdida es una pérdida. Y un agravio sentido pero negado siempre encontrará la forma de expresarse. Cuando escondo mi dolor bajo la vergüenza o el silencio, comenzará a ulcerarse hasta volverse evidente. Lo sentiré más intensamente aún, y sufriré más por eso (…) Debemos hacer todo lo posible por arrancar de raíz nuestro dolor, pues de lo contrario continuaremos atados a él. Y la única manera de acceder a esa raíz es con la verdad…» 9 Ref.Tutu; Tutu, 2017, p. 61

CONCEDER PERDÓN

Una vez realizados los dos pasos anteriores, llega el momento de decidir si continuamos con los sentimientos de venganza y de dolor, o de iniciar una fase de sanación interior mediante el perdón a los victimarios. Sin embargo, «…Esto no significa que no deba hacerse justicia. Las acciones tienen consecuencias, y quienes cometen actos violentos deben responder por ellos ante la ley…» 10 Ref.Tutu; Tutu, 2017, p. 78.

«…la verdadera transformación se realiza cuando liberamos el poder del amor incondicional y, creamos un entorno de cambio positivo. Pese a que suceda lo peor que pueda ocurrir, aún nos queda todo un mundo de posibilidades. El perdón me permite aportar algo valioso, generar un resultado positivo de una tragedia espantosa…» 11 Ref.Tutu; Tutu, 2017, p. 78

RENOVAR o TERMINAR LA RELACIÓN

Para Desmond Tutu y su hija, el “Ciclo de los cuatri pasos” termina con la decisión de renovar o de terminar la relación entre víctima y victimario.

«…Cuando decidimos terminar una relación, la persona implicada sale de una parte de nuestro corazón y una parte de nuestra historia. No es una resolución que pueda tomarse a la ligera, o al calor del momento. Renovar nuestras relaciones es la forma en que cosechamos los frutos del perdón. Esta renovación no es un acto de restauración. No hacemos una copia idéntica de la relación que teníamos antes de la herida u ofensa. Renovar una relación es un acto creativo. Producimos una nueva. Es posible erigir una nueva relación independientemente de las realidades de la anterior. Incluso es posible renovar una relación nacida de la violencia…» 12 Ref.Tutu; Tutu, 2017, p. 91-92

Todo este proceso de perdonar, nuestros autores lo expresan gráficamente así:

Continuará…

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

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One thought on “LA ALEGRÍA (20). Los 8 pilares: Perdón (5)

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