La condición humana actual (7). Otras normosis

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La condición humana actual (7)
OTRAS NORMOSIS

Por Juan Miguel Batalloso Navas

La normosis tiene también un origen paradigmático, como nos señala Roberto Crema, paradigmático en cuanto participa de creencias y supuestos científico-técnicos de tipo dualista, mecanicista, reduccionista, especializado y que excluyen la posibilidad de alternativa o de un tercero incluido. Pero también tiene un origen sistémico, porque la normosis aparece cuando el sistema social y el sistema de orientación y de construcción de sentido personal se ajusta a los supuestos, creencias, costumbres patogénicas que son aceptadas como normales. De aquí que la normosis se genere también como consecuencia de las características, modos de funcionamiento, contradicciones y supuestos que fundamentan el insostenible sistema capitalista de producción.

En el análisis del carácter social del sistema capitalista de producción brillantemente realizado por Erich Fromm, se destaca que la principal fuente de la patología de la normalidad en la sociedad contemporánea es la enajenación o actitud y/o conducta mediante la cual el individuo se conduce de un modo automático que le es extraño a sí mismo. Es como si en su interior llevara otra conciencia u otra persona que no le pertenece, comportándose como si estuviera movido por deseos, objetivos, motivos y acciones que les son extraños ya que él no ha intervenido en su elaboración, ni tampoco ha decidido, pero que sigue y obedece con adhesión y continuidad aunque incluso sienta en su interior que no forman parte de él. Se trata de un estado de adormecimiento por el cual el individuo cree que es dueño de sus actos cuando en realidad está siguiendo las órdenes y la dirección que le marcan poderes impersonales que sustituyen su conciencia y que se manifiestan en forma de impulsos que no puede controlar. Unos impulsos que obstaculizan y/o secuestran no sólo su singular poder creador y de vinculación con la naturaleza y la sociedad, sino sobre todo la emergencia y el desarrollo de su conciencia, dado que ésta o bien permanece aletargada y ausente, o sencillamente dormida.

         Dicho en palabras de Fromm, la enajenación es:

«…un modo de experiencia en que la persona se siente a sí misma como un extraño. Podría decirse que ha sido enajenado de sí mismo. No se siente a sí mismo como centro de su mundo, como creador de sus propios actos, sino que sus actos y las consecuencias de ellos se han convertido en amos suyos, a los cuales obedece y a los cuales quizás hasta adora. La persona enajenada no tiene contacto consigo misma, lo mismo que no lo tiene con ninguna otra persona. Él, como todos los demás, se siente como se sienten las cosas, con los sentidos y con el sentido común, pero al mismo tiempo sin relacionarse productivamente consigo mismo y con el mundo exterior (…) No se puede apreciar plenamente la naturaleza de la enajenación sin tener en cuenta un aspecto específico de la vida moderna: su rutinización, y la represión de la percepción de los problemas básicos de la existencia humana. Tocamos aquí un problema universal de la vida…» 1 Ref.FROMM, Erich. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. México DF: Fondo de Cultura Económica, 1964, p. 105, 123

La normosis bien entendida es pues un estado de enajenación e inconsciencia mediante el cual los individuos obedecen a autoridades anónimas impersonales negándoles así la posibilidad de ser ellos mismos y de cocrear posibilidades de pensamiento y acción. Posibilidades que sean capaces de romper los moldes de un pensamiento único castrador e insostenible que se nutre dogmas y axiomas incuestionables que conducen a la destrucción de la vida en el planeta y con ella a nuestra propia muerte como especie humana. Y es a partir de aquí como podemos entender también, las variadas normosis específicasde las que magistralmente nos informan en sus obras Pierre Weil, Erich Fromm y Gilles Lipovetsky y que a nuestro juicio son entre otras:

  1. Normosis patriarcal. La que reprime o niega los valores y la visibilidad de lo femenino. La que desactiva y anula el poder creador de los afectos, la ternura, el amor y la compasión. La que dicotomiza y separa mente/cuerpo, razón/emoción, justicia/compasión, objeto/sujeto, etc. impidiéndonos la percepción de que somos seres complejos y de contexto y por tanto irremisiblemente abocados a superar esa original “separatividad” de la que nos habla Fromm mediante la vinculación con nuestros semejantes.
  2. Normosis consumista. La que ha convertido nuestro planeta en un estercolero y al ser humano en un esclavo permanentemente frustrado, de forma que cuanto más consume, más se esclaviza identificando así alegría con felicidad, bienestar material con vitalidad y capacidad de elegir, comprar y consumir mercancías con libertad.
  3. Normosis rutinaria. La que nos obliga a actuar con patrones estereotipados, incuestionables y dogmáticos en nombre de supuestas tradiciones y costumbres de validez universal o bajo el principio de que “siempre ha sido así” y que nada puede hacerse para transformar el mundo, nuestras instituciones y cambiarnos a nosotros mismos. La que propicia hábitos, conductas automáticas, costumbres y culturas organizativas que producen y reproducen injusticias, discriminaciones, privilegios rindiendo culto a ídolos, ya sean líderes religiosos, políticos o gurús supuestamente carismáticos. Unas normas consuetudinarias que se aceptan sin ser cuestionadas y contrastadas por el pensamiento crítico cediendo o sometiendo el poder de decisión personas a estilos y formas de vida dadas e impuestas que son las que proceden del mercado y la industria de la conciencia.
  4. Normosis burocrática. La que privilegia e impone las relaciones de mando/obediencia y subordinación/sumisión estableciendo separaciones, jerarquías, normas impersonales y mandatos imperativos e impidiendo el desarrollo de culturas de cooperación, diálogo y participación. La que instaura el reino de las separaciones entre medios/fines, pensantes/ejecutantes; dirigentes/dirigidos; jefes/subordinados y propiciando la especialización, el mecanicismo, el gerencialismo y la rutina.
  5. Normosis democrática. La que confunde y mixtifica representación y participación, derechos formales y derechos sociales, capacidad de elegir con necesidad de compartir. La que promueve y asume como natural la cultura del cinismo que acepta la mentira, el doble lenguaje, la corrupción, el clientelismo, el culto a la personalidad, la eternización en los cargos, las luchas intestinas, como características normales de las instituciones llamadas democráticas. La que ignora que la democracia es más un asunto de derechos humanos, valores, actitudes y de ética, que una cuestión de mera representación escénica o de mercantil compra/venta de voluntades.
  6. Normosis mercantil. La que todo lo reduce a mercancía confundiendo siempre valor de cambio con valor de uso. La que objetualiza a los seres humanos convirtiéndolos en un producto más del mercado. La que nos lleva a aceptar como natural el drama y el escándalo del hambre, la pobreza, el desempleo, la precariedad, el afán de lucro, la acumulación infinita de beneficios, la especulación, el robo y todas las variadas formas de explotación y de ganancia.
  7. Normosis bélica. La que acepta como natural la cultura de la guerra, de la carrera de armamentos, del negocio de las armas, de la violencia y de la agresión en todas sus formas. La que nos incapacita para la resolución pacífica de conflictos, la reconciliación, la convivencia, la tolerancia y la paz. La que promueve, provoca y estimula las emociones destructivas, el odio al diferente, la ira, la ambición y el saqueo.
  8. Normosis espiritualista. La que promueve comportamientos de aislamiento, abstracción y separación de la realidad haciéndonos caer en el intimismo, el contemplacionismo o en el refugio interior olvidando que el desarrollo de la conciencia no es un asunto exclusivo del ser interno, sino del ser en relación con la naturaleza y con nuestros semejantes. Las que estimulan una y mil formas comerciales de huida, evasión, bienestar psíquico rindiendo culto a gurús, sacerdotes religiosos o laicos o supuestas verdades que nos apartan del compromiso, la generosidad, la solidaridad y la compasión con y para los demás. Las que separan la conciencia del ser y/o la conciencia espiritual de la conciencia del vivir y el convivir, de la conciencia social y política, de la conciencia crítica y autocrítica. La que directa o indirectamente promueve la fragmentación del ser, la obediencia ciega, la sumisión, el culto irracional y la adoración a creencias y/o supuestas verdades reveladas incuestionables. La que impide el ecumenismo, la transreligiosidad y la percepción de que somos seres complejos antropobiocósmicos interligados y sutilmente conectados y partícipes de una realidad que nos transciende y sostiene. La que nos dificulta en suma desarrollar una espiritualidad integral de todas las dimensiones de nuestra condición humana, siendo al mismo tiempo coherente y auténtica.

Sin embargo la «normosis», no sólo puede describirse como un comportamiento enajenado y/o psicopatológico que se nos presenta consensuado y normalizado socialmente. La normosis, como nos señala Jean-Yves Leloup, es también un sufrimiento interno provocado por el miedo y el temor a llegar a ser nosotros mismos en cuanto que nos resulta mucho más protector, cómodo y seguro asumir los criterios y categorías generales que son aceptadas como normales por toda la sociedad. Es el miedo a ser realmente libres, del que ya nos hablara Erich Fromm en su «Miedo a la libertad» (Fromm, 1963), miedo que o bien nos lleva a subordinarnos a un pastor, a un maestro o a un líder y por tanto a ser esclavos, o bien miedo a aceptar el ejercicio de la responsabilidad y las consecuencias de nuestras decisiones, ante lo cual preferimos hacer lo que socialmente se considera como normal, lo cual nos conduce al sufrimiento y a la insatisfacción permanentes.

Pero además la normosis aunque puede ser caracterizada como miedo al ejercicio de la propia libertad y a nuestra capacidad de autorrealizarnos y de llegar a ser nosotros mismos, incluye además otros tipos de miedo como son el miedo a ser rechazado o marginado por el grupo o por la sociedad, lo cual nos lleva nuevamente a un especial sufrimiento para lo cual abrazamos lo que en nuestro contexto es considerado como aceptable. De esta forma el individuo está continuamente moviéndose en un espacio psíquico caracterizado por el hastío y el tedio, pero también por la insatisfacción y la frustración de no ser lo suficientemente arriesgado y valiente para adoptar aquellas decisiones que lo conducen a ser lo que realmente quiere ser.

La normosis es en definitiva una especie de círculo psicopatológico que se mueve, como indica Pierre Weil, en la dinámica triangular del apego, el miedo y el estrés. Apego como posesividad, dependencia, incapacidad para tomar decisiones libres, subordinación, pero también apego como necesidad de ser necesitado, como deseo de fagocitar y consumir o como parasitismo y sumisión a la autoridad externa que es la que alimenta el mayor o menor grado de autoestima que se posea. El apego entonces provoca miedo, ansiedad, inseguridad o preocupación ante el vacío provocado por la satisfacción del deseo o ante la posibilidad de perder el objeto de este, ya se trate de una persona o de una cosa, de una idea o de una creencia. Y acto seguido aparece el sufrimiento psíquico que se presenta en forma de posesividad, exclusividad, ambición, ira, celos, resentimientos, envidias, vanidad, reproches, venganza y las variadas formas de pensamiento negativo, de conductas bipolares o sencillamente de depresión, angustia, ansiedad y estrés, que van acompañadas de tensiones musculares, dolencias corporales y enfermedades físicas de diverso tipo ya sean cardiovasculares o de cualquier otra índole.

Se trata en definitiva, como nos dice Pierre Weil de

«…un terrible círculo vicioso, un drama inconsciente por el que permanecemos sumergidos en el pantano de la compulsión-repetición que comienza en el individuo, en cada uno de nosotros, porque nos percibimos separados unos de otros y del principio del universo. Ese ser humano desajustado crea una sociedad también desajustada en el plano de la cultura porque reprime los valores fundamentales, desarrollando otras normosis específicas (…) y esta sociedad desajustada modela y refuerza el desajuste individual…» 2 Ref.WEIL, Pierre; LELOUP, Jean Y.; CREMA, Roberto. Normose. A patología da normalidade. Campinas: Verus, 2003, p. 82

Juan Miguel Batalloso Navas.
Camas (Sevilla) a 22 de enero de 2024



Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

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3 thoughts on “La condición humana actual (7). Otras normosis

  1. Llevar 7 artículos sobre la cuestión de la condición humana tiene mérito. Es cierto que la cuestión puede ser insondable, pero tú lo has planteado con una grann coherencia. Gracias!!!!

  2. Excelente artículo sobre la normosis, como la forma de pensar y actuar que nos imponen los poderes políticos, económicos y religiosos en beneficio de ellos, pero en perjuicio nuestro al obstaculizar o anular nuestra libertad para pensar y actuar según nuestro criterio. El camino para enfrentarnos a esa dictadura es tener criterio propio, que debe ser promovido por la educación.

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