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Libros que marcan (10)
HACIA UNA ESPIRITUALIDAD LIBERADORA (1)
Por Juan Miguel Baltalloso Navas
El tema de espiritualidad como fenómeno humano me viene interesando desde hace más de veinte años, por eso he publicado aquí en KRISIS, numerosos artículos relativos a este tema,fruto todos ellos, de mis experiencias y lecturas. La verdad es que personalmente soy incapaz de definirla con precisión, dado que considero que todas las experiencias espirituales que tienen las personas son siempre muy subjetivas, íntimas y ligadas tanto a momentos emocionales como a contextos y circunstancias singulares. Pero lo cierto para mí es que la espiritualidad es una dimensión del desarrollo personal que atraviesa e impregna todas las demás ya sean sensoriales, cognitivas, corporales, éticas, estéticas, sociales e incluso políticas.
A menudo se cree que la espiritualidad es el resultado de una singular experiencia personal de carácter intensamente emocional que puede tener un importante y a veces trascendental impacto en la vida cotidiana de las personas. Sin embargo, muchas de esas experiencias emocionales, o bien acaban por disolverse y olvidarse, o simplemente nos pasan inadvertidas o también se transforman en una especie de sentimentalismo que nos hace vivir fuera de la realidad. Si bien es verdad, como le dijo una vez el Dalai Lama a Leonardo Boff, que la espiritualidad es aquello que produce un cambio en nuestro interior y nos permite liberarnos de nuestras miserias y en especial de nuestro ego, esta definición es para mí insuficiente, dado que la esencia de la espiritualidad no está solamente en el cambio interior, sino también y sobre todo, en el cambio exterior, es decir, en nuestra conducta con los demás y en el compromiso por ayudar incondicionalmente a todo aquel que lo necesite. Una conducta, desde luego, que tiene que estar caracterizada de sencillez, humildad, bondad, compasión y en definitiva de amor incondicional.
Si la experiencia espiritual únicamente se queda en lo psicológico, lo mental, lo emocional, lo sentimental y una especie obsesión enfermiza por la búsqueda de serenidad y paz interior sin considerar lo que sucede a mi alrededor o en el mundo de mis relaciones sociales, pues eso para mí, no es espiritualidad. Con otras palabras: si la espiritualidad no va acompañada del compromiso consciente y voluntario con los demás y en particular con aquellos sectores sociales y personas concretas que sufren, pues no es más que un caramelito para entretenernos, decirnos a nosotros mismos que somos muy buenos inflando así nuestro ego y justificando nuestra falta de valentía para hacer algo por los más desfavorecidos.
Hoy la espiritualidad y sus prácticas forman parte del amplio mercado de la personalidad y las psicoterapias. Son numerosísimos los gurús y asesores que venden las más diversas prácticas espirituales cuya finalidad es proporcionar a los clientes momentos de calma y supuesta felicidad como lo haría cualquier psicofármaco. Por eso creo con convicción, que si la espiritualidad no sirve para liberarnos de las injusticias, discriminaciones, agresiones y males sociales que nos rodean intentando construir un mundo mejor, más pacífico, más humano y más compasivo a partir del metro cuadrado que pisamos, meditar, hacer yoga, recitar mantras o participar en ceremonias religiosas, no sirve absolutamente para nada. Y si sirve para algo, sirve para aislarnos, evadirnos y alienarnos convirtiendo dichas prácticas en un auténtico “opio del pueblo” como ya nos dijo don Carlos Marx al referirse a la religión.
En definitiva, o la espiritualidad es liberadora social, política, económica e ideológica así como liberadora interiormente proporcionándonos un sentido de la vida, mediante el compromiso personal individual y social con los sectores sociales más necesitados, oprimidos y explotados o no es una espiritualidad auténtica. Y esto es lo que nos explica con magistral claridad y elocuencia Juan José Tamayo en este maravilloso libro.
El libro está estructurado en cinco capítulos, una introducción y una conclusión final en los que se analizan todos los elementos de este nuevo tipo de Espiritualidad Liberadora. En la Introducción Tamayo nos advierte que no estamos ante un tratado de espiritualidad, como tampoco ante un libro, dado que encerrar la espiritualidad en un libro o en un tratado “sería como matar el espíritu y eliminar el dinamismo vital de los seres humanos“. Recuerda también sus primeros años de formación en los que los “padres espirituales” se dedicaban a “acallar preguntas incómodas, domesticar nuestra libertad, someter nuestra mente y nuestra conciencia a las personas que decían guiarlas cuando, en realidad, las manipulaban y nos impedían pensar, vivir y sentir con autonomía“. Finalmente sobre los objetivos del libro nos dice:
En este sentido, Juan José Tamayo nos señala también implícitamente que espiritualidad y religión no son lo mismo y así nos dice:
En el capítulo 1 titulado “La espiritualidad: dimensión fundamental del ser humano“, nuestro autor comienza citando a los filósofos Schopenhauer y André Comte-Sponville de quien destaca que “La espiritualidad es el aspecto más noble del ser humano, su función más elevada” y que por tanto negarla es como “matar el alma“. En este sentido Tamayo caracteriza la espiritualidad auténtica, sea o no religiosa, con diversos rasgos, de entre los que me atrevo a destacar al menos, los siguientes:
- Apertura al insondable y sobrecogedor misterio y milagro de la vida. Conciencia plena de que somos seres vulnerables, así como una infinitesimal partícula del Universo.
- Conciencia y sentimiento de que somos seres profundamente interconecectados e interrelacionados con la Naturaleza, la Sociedad y el Universo entero. O conciencia de que somos seres de relación y de vínculos.
- Necesidad de contemplación, interiorización, recogimiento y silencio como estrategias para encontrarnos y conocernos a nosotros mismos y a los demás.
- Sensibilidad, atención, escucha, cuidado, compasión y ayuda incondicional a los demás, especialmente a aquellos sectores sociales o personas más desfavorecidas, oprimidas y explotadas. Lo cual implica un firme posicionamiento político en favor de estos sectores incidiendo en las causas objetivas y subjetivas que originan las injusticias y la desigualdad social.
Se trata pues a mi juicio, no solo de una “espiritualidad liberadora” sino también de una “espiritualidad integral” que no deja absolutamente nada fuera de lo que es humano y que abarca todas las dimensiones de nuestra condición y por tanto para nada tiene que ver este tipo de espiritualidad que nos propone Juan José Tamayo, con ese mercado de prácticas supuestamente espirituales que pretenden instalarnos en un mundo abstracto e irreal haciéndonos creer que es posible la paz interior y la compasión dejando intacto el desorden social establecido.
Continuará…
Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ
En mi lenguaje, la espiritualidad la entiendo como el conjunto de experiencias sublimes provocadas por las endorfinas, unos opiáceos naturales de nuestro organismo que nos producen bienestar, placer y felicidad. Todos vivimos esas experiencias, no enmarcadas en el más allá sino en el más acá. Lo importante, es ir al encuentro de todos aquellos comportamientos que provocan en nosotros ese bienestar , y que resumo en tres pilares: quererse a sí mismo (empezando por conocerse a sí mismo), querer a los demás ( sensibilidad, atención, escucha, cuidado, compasión y ayuda incondicional a los demás) ,y que los demás te quieran. Son pilares repletos de valores encarnados en pequeños y grandes detalles que sobrepasan lo meramente material. También considero de suma importancia la interconexión con la naturaleza, ya que la contemplación de sus múltiples dones gratuitos como un bello paisaje , una colorida puesta de sol, el oleaje del mar, la caricia de la brisa o las flores nos proporciona unas experiencias de gran contenido de bienestar y felicidad.