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Objeto
El interés mediático que han suscitado las presuntas comisiones ilegales percibidas por Ábalos, Koldo y Cerdán, ha puesto de relieve cómo el debate político ha relegado a un segundo plano los graves problemas del actual momento que están afectando al mundo: la guerra en Ucrania, la tragedia de Gaza, la guerra entre Israel e Irán, la guerra de Sudán, la política arancelaria de USA contra la Unión Europea y otros países, la agitación política en USA a causa de la política contra la inmigración y el rearme militar ordenado por Trump para que se compre armas a USA.
Llama la atención que mientras están muriendo miles de personas por causa de las guerras mencionadas y la amenaza de una conflagración en Oriente Medio, con repercusiones políticas, económicas y humanitarias gravísimas, en España lo único que parece preocupar son las presuntas acciones ilegales de varios sospechosos a los que se le acumulan indicios relevantes, a raíz de la publicación de un reciente informe d la UCO. Por esta circunstancia, considero de interés contribuir a analizar en el actual embrollo mediático, algunas reflexiones y medidas que pueden fortalecer la lucha contra la “corrupción2 de determinados sujetos que actúan bajo el amparo de las instituciones políticas.
Consideraciones previas
Primera. La perplejidad de la inmensa mayoría de ciudadanos es, constatar que la corrupción económica sigue siendo un gran problema del sistema político que no está resuelto, a pesar de los numerosos casos del pasado en la etapa democrática. Quienes formamos parte de la generación que pusimos nuestras ilusiones en la instauración de la democracia, denunciamos la corrupción generalizada durante el régimen franquista ( Matesa, Redondela, Sofico, contrataciones de obras públicas irregulares incursas en conflictos de intereses, beneficiando a dirigentes políticos franquistas, etc ). Con tristeza e indignación, hemos sido testigos de los numerosos casos de corrupción durante la democracia (Roldan, Gurtel, financiación ilegal en Ayuntamientos y malversación de dirigentes, compras de mascarillas durante el COVID, etc.) que han afectado a los distintos partidos e instituciones políticas.
Segunda. Históricamente se constata la disociación y frecuente ruptura entre los principios qu conforman la Ética y el ejercicio práctico de la Política. Lo pusieron de manifiesto los pensadores de la antigüedad resaltando la importancia de la virtud, la justicia y la sabiduría como pilares del buen gobernante. Platón lo puso de manifiesto en su obra “La República” del siglo IV a. C. y Aristóteles en “Ética a Nicómaco “. obras escrita también en el siglo IV y Séneca en el sigo I con “ Cartas a Lucilio”. Han pasado varios milenios y los tiempos modernos han olvidado aquellas magníficas y profundas ideas.
Tercera. Sin duda alguna, la raíz de la corrupción está en la codicia que ambiciona poder económico, ya sea de las personas físicas como jurídicas y empresas. A ello se une la soberbia del que busca riqueza para aumentar su prestigio en la sociedad y mayor bienestar material. Nace de la miseria moral humana que oculta y rompe todos los vínculos de justicia, lealtad y solidaridad.
Cuarta. A lo anterior se une la cultura del silencio, de la opacidad y falta de transparencia que es muy frecuente en la sociedad, creando estructuras cerradas muy jerarquizadas donde no cabe la discrepancia. Es muy frecuente apartar y separar de los organos de representación o ejecutivos a las voces que critican determinadas acciones. Este mal endémico llegó a la vida política a través de los liderazgos de los partidos políticos, pero también a otras instituciones como los tribunales de justicia, entidades de la sociedad civil (irregularidades en los tribunales de oposiciones de las universidades, escándalos de pederastia en organizaciones eclesiásticas, etc.).
Actuaciones concretas
Primera. Dado que las sanciones del Código Penal son leves teniendo en cuenta la aplicación de las medidas de una legislación penitenciaria que beneficia y pretende humanizar las circunstancias del condenado, es razonable aumentar las penas de cárcel y las multas a los condenados por corrupción y enriquecimiento ilícito, que tengan origen en anteriores responsabilidades políticas.. Estas sanciones han de ser aplicadas tanto a los políticos corruptos, a los corruptores (empresasy empresarios que se benefician de las ilegalidades ) y a los intermediarios.
Segunda. Las estructuras internas actuales de los partidos son ineficientes por practicar la cultura del silencio y de la opacidad, y carecen de órganos de control eficaces. Las actuales direcciones ejecutivas no disponen de un órgano de control y fiscalización independiente y profesional que les informe a l de las anomalías de la gestión económica y financiera de los partidos (se llame Bárcenas o Ábalos ) . Es necesario crear este órgano de control interno de los partidos con carácter permanente, que no puede depender de un solo miembro de la organización y ha de reportar sus informes a distintos niveles jerárquicos.. Asimismo ha de tener la facultad de proponer a las direcciones ejecutivas la denuncia ante la fiscalía anticorrupción.
Tercera. El desconocimiento de la corrupción, de los miembros de los Gobiernos en los distintos niveles de la administración (central, autonómicos, provincial, municipal) obliga a crear un órgano de control y fiscalización independiente y profesional, que puede estar formado por interventores procedentes de la Intervención General, no necesariamente, cuya finalidad es hacer el seguimiento de los concursos y licitaciones de obras y servicios públicos, con poder para controlar la gestión de los interventores de cada departamento ministerial en los asuntos de inversión y gastos. Su poder debe ser extensivo a fiscalizar a las empresas que se presentan a los concursos de obras y servicios públicos. Ha de tener igualmente la facultad de informar a la fiscalía anticorrupción de las ilegalidades observadas.
Cuarta. La inoperancia del Tribunal de Cuentas para controlar la corrupción hace necesario reformar la actual ley, dotándole de mayor autonomía e independencia de los gobiernos, central y autonómicos, tanto en el nombramiento de los miembros de los consejeros y presidentes, como en la gestión e informes de gestión. Es necesario una mayor coordinación del Tribunal de Cuentas con la Fiscalia Anticorrupción en la citada materia.
Quinta. Para aplicar las medidas necesarias para luchar contra la corrupción, es igualmente necesario llevar a efecto una reforma de la ley relativa a la Intervención General del Estado, dotándola de mayor independencia de los gobiernos, ampliando la facultad de vetar las decisiones que entiendan son ilegales y garantizar su independencia frente a la discrecionalidad y arbitrariedad de los órganos de gobierno cesándoles de sus cargos. (ceses de interventores generales de la consejeria de Sanidad en la Juna de Andalucia).
Sexta. Se puede estudiar la posibilidad de suprimir la inmunidad parlamentaria, como señalan algunos, aunque no creo resuelva la raíz del problema, ya sean los tribunales ordinarios o el Tribunal Supremo los que tengan competencia para juzgar tales delitos. En todo caso, la inmunidad de la que gozan los parlamentarios a favor del Tribunal Supremo, en la actualidad la gozan también los jueces y magistrados. No comparto tal medida ya que es una garantía que evita los excesos que se denuncian por cualquier motivo ante la jurisdicción ordinaria y que se están utilizando en un clima de odio , injurias y mentiras.

Jerónimo Sánchez Blanco, es Doctor en Derecho, Licenciado en Ciencias Políticas, ex-Profesor de Historia Económica Mundial y Doctrinas Económicas y Ex Diputado Constituyente.
Vaya desde aquí nuestro más sentido agradecimiento por honrarnos con sus colaboraciones.