6 de agosto de 2026. Ciento tres años de “La Misa sobre el Mundo” de Pierre Teilhard de Chardin

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6 de agosto de 2026. Ciento tres años de “La Misa sobre el Mundo” de Pierre Teilhard de Chardin

Por Leandro Sequeiros San Román

Tientsin, China, hace un siglo (1923)

El 1º de abril de 1923 Teilhard se embarcó en Marsella hacia China. Poca idea tenía   que este supuesto corto viaje sería el inicio de muchos años de viajes que seguirían. Su primer periodo en China lo pasó en Tientsin, una ciudad costera a unos ciento treinta km. de Pekin, donde el jesuita Émile Licent había construido su museo y un albergue para los fósiles que había recolectado en China desde su arribo en 1914.

Teilhard y Licent eran dos personalidades contrastantes. Licent, nada convencional en el vestir, taciturno y muy independiente en su trabajo, interesado en coleccionar fósiles más que interpretar su significado. Teilhard era más formal, disfrutaba la conversación en sociedad, en la cual podía relacionar sus conocimientos geológicos a una amplia esfera científica e interpretativa. Casi inmediatamente Teilhard se familiarizó con la colección de Licent y ante un pedido urgente, envió un reporte a la Sociedad Geológica China.

En junio de 1923 Teilhard y Licent emprendieron una expedición al desierto de Ordos al oeste de Pekin, cerca de la frontera con Mongolia Interior. Esta expedición y las sucesivas que realizó junto con Licent durante los años 20s le proporcionaron a Teilhard invaluable información sobre los restos paleolíticos en China.

El principal interés de Teilhard durante esos años fue principalmente en el terreno de las ciencias naturales. Aunque interactuó con innumerables grupos étnicos, rara vez se adentró en sus culturas más de lo necesario para mantener bien las expediciones o satisfacer un interés general. Irónicamente las tradiciones del confucionismo, el principal sistema de pensamiento chino con su visión de la identidad cósmica entre cielo, tierra y hombre, quedaron fuera de los intereses de Teilhard. En sus Cartas de viaje, dejó registradas sus impresiones sobre Mongolia, su gente, su geología, su vegetación y los animales de la región.

Para el 10 de septiembre de 1924 Teilhard se encontraba en Shanghai donde visitó la tumba de su hermana mayor y el 13 de septiembre dejaba China.

Centenario de “La Misa sobre el Mundo” de Pierre Teilhard de Chardin

Fechada en el desierto de Ordos (Mongolia)

       Con ocasión del centenario, Sal Terrae ha publicado un comentario espiritual de este ensayo: Thomas M. King, SJ.   La Misa de Teilhard .   Una aproximación a «La Misa sobre el Mundo».  Sal Terrae, Cantabria, 2022, Colección: El Pozo de Siquén – 451, 231 pág. Traducción: Beatriz Muñoz Estrada-Maurin. Colaboración: Leandro Sequeiros.  ISBN: 978-84-293-3068-7

           Pero vamos a situar «La Misa sobre el Mundo » :

  La experiencia China: primera etapa,  en Tientsin (1923-1931)     1923-24      Parte para China. Inicio de la  exploración de los Ordos (Mongolia). Los jesuitas abren en Tientsin la Escuela de Altos Estudios. Campaña de primavera por el extremo oriental del Gobi.  1926-1927    Tres campañas en China, hasta Mongolia. 1928-1929  Es nombrado consejero del Servicio Geológico de China. Colaborador en las excavaciones paleontológicas humanas de Chukutien, cerca de Pekín como asesor de geología. 1930  Expedición centroasiática (Mongolia) de la American Museum of Natural History.  1931  Teilhard colabora en el estudio del Sinanthropus pekinensis, emparentado con el Pithecántropo (Homo erectus) de Java. 

Cinco ensayos teilhardianos cumplen cien años entre 2022 y 2023 y revelan la maduración de un pensamiento

Entre los años 1922 y 1923 (antes de su ida a China) hay cinco ensayos que puede ser interesante leer y reflexionar. Tal vez hay un tema conflictivo que llena toda la reflexión de este año: el tema del pecado original

1922  Les Mammifères de l´Eocene inférieur français et leurs gisements. (Tesis doctoral). Annales de Paléontologie, París, tomo X, 177-176 y tomo XI, 1-108, 8 lám.m 42 figuras. (Obra Científica de Teilhard, I, 253 ss) demasiado científico para el lector medio

1922 (15 de abril o un poco después) Notas sobre algunas representaciones históricas posibles del Pecado Original.  En Como yo creo. (1919-1953)  53-63. [Éste podría ser –según algunos- el escrito que no gustó en Roma y que pudo desencadenar su ida a China]

Y para 2023:

1923   (17 enero) Panteísmo y Cristianismo. En: Como yo creo. (1919-1953)  65-84.

1923 (21 marzo) Acerca de la ley de irreversibilidad en evolución. En: La visión del pasado (VP) . 69-70.

1923  (marzo abril) La Paleontología y la aparición del Hombre. En: La aparición del Hombre   47-74.

1923-1939  Cartas de Viaje. XIV, 33-229 [Sus cartas desde la salida hacia China]

1923  La Misa sobre el Mundo. XIII, 125-140.  XVII, 17-35.

Le daremos un interés especial a este texto para 2023 y el libro de Thomas M. King

itinerario interior   DE pierre TEILHARD DE CHARDIN

Profesor del Instituto Católico de París 1922

Después de defender la tesis doctoral (1922) A instancias del sacerdote Christophe Gaudefroy  (1878-1971), antiguo compañero  en el seminario de Henri Breuil (1877-1961)[1], que era profesor de Mineralogía en el Instituto Católico de París, Teilhard es nombrado “Maestro de Conferencias” de geología en esta institución desde la vuelta de vacaciones, en otoño de 1922[2].

Pero pronto Teilhard se dio a conocer en los ambientes universitarios por sus conferencias,  las que lo dieron a conocer como un activo promotor del pensamiento geológico (en 1922 es nombrado Presidente de la Sociedad Geológica de Francia) y evolucionista.

La iglesia Católica había renovado sus ataques a la evolución, a las nuevas teologías y a un amplio espectro de “errores” que eran considerados una amenaza por la curia vaticana.

Así, cuando la fama de Teilhard como evolucionista, aunada a su nada ortodoxo artículo sobre el pecado original empezó a molestar al vaticano, se les pidió a los superiores de los jesuitas alejar a Teilhard de los círculos intelectuales de París. Por lo cual ofrecieron a Teilhard la oportunidad de realizar trabajo de campo con el jesuita científico Émile Licent, que estaba haciendo estudios paleontológicos en los alrededores de Pekin, en la lejana China.

PRESENTACIÓN del volumen de “La Misa de Teilhard”

           Hace cien años, Pierre Teilhard de Chardin, recién llegado a China, acompañó al padre Èmile Licent a una expedición geológica a Mongolia. Era el dia de la Transfiguración. No tenían pan ni vino para la Eucaristía y entonces Teilhard declama en voz alta “La Misa sobre el Mundo” que había escrito ese día. Era una adaptación del texto “El Sacerdote” de 1918 que declamaba cuando fue camillero en la primera Guerra Mundial. Dos textos semejantes y bellísimos.

La Asociación de Amigos de Pierre Teilhard de Chardin (sección española) se constituyó formalmente en el mes de septiembre de 2013. Su primer presidente (hasta su fallecimiento el 11 de octubre de 2021) ha sido el profesor Emiliano Aguirre, Premio Príncipe de Asturias de Ciencia y Tecnología (1997) por sus investigaciones en el yacimiento de Atapuerca (Burgos). En la actualidad, la Asociación está integrada en la Red Mundial de Teilhard con sede en París.

Desde su fundación, la Asociación española, entre otras cosas, ha impulsado la traducción y publicación de algunas de las obras de Teilhard y sobre Teilhard que no estaban en castellano.

Presentamos aquí la publicación de La Misa de Teilhard. Aproximación a la Misa sobre el Mundo, un vibrante ensayo del jesuita Thomas M. King, que fue profesor de Georgetown, autor de otros trabajos sobre Teilhard.

Personalmente, en el año 1963 tuve ocasión de leer “La Misa sobre el Mundo” de Pierre Teilhard de Chardin, firmada en el desierto de Ordos, en Mongolia, en 1923, cuarenta años antes. En esta ocasión el texto que utilicé era en francés. Y aún recuerdo el impacto emocional que me produjo. En esa época, entre los jóvenes jesuitas inquietos por el futuro se leían, casi de tapadillo, algunas de las obras de Teilhard que la editorial Taurus estaba empezando a traducir dentro de su colección “Ensayistas de Hoy”.

Han pasado casi 60 años desde mi primera lectura. Y la pasión que suscita en mí (y en otros) la prosa apasionada de Teilhard sigue viva en mí. Por eso, desde la Asociación de Amigos de Pierre Teilhard de Chardin surgió la iniciativa de traducir y publicar dentro del Grupo Editorial Loyola este libro del jesuita padre Thomas M. King, La Misa de Teilhard. Aproximación a La Misa sobre el Mundo.

Este ensayo del padre King, escrito también con pasión, sitúa en un escenario adecuado el pensamiento de Teilhard sobre el sacerdocio (téngase en cuenta que el ensayo teilhardiano “El Sacerdote” se redacta en el frente de batalla en 1918). El sacerdocio y la Eucaristía atraviesan en gran parte la espiritualidad de Teilhard y se suele considerar a “La Misa sobre el Mundo” como una reelaboración de “El Sacerdote” redactada en condiciones extremas.

Pero en esta presentación es imprescindible decir algo sobre su autor, el padre jesuita Thomas Mulvihill King que había nacido el 9 de mayo de 1929 en Pittsburg (Pensilvania), y falleció de súbito infarto de corazón el 23 de junio de 2009 en Washington, DC., con 80 años de edad.

Thomas M. King fue durante gran parte de su vida profesor de teología en la prestigiosa Universidad jesuita de Georgetown (Washington), la universidad católica más antigua de EEUU (fundada en 1789). 

King ingresó a la Compañía de Jesús en 1951 después de completar sus estudios universitarios en inglés en la Universidad de Pittsburgh. Ya como jesuita, llevó a cabo más estudios en la Universidad de Fordham y fue ordenado un católico sacerdote en 1964.

Después de completar un doctorado en Teología en la Universidad de Estrasburgo en 1968, King comenzó a enseñar en Georgetown. Miembro de la American Teilhard Association, publicó varios libros sobre Pierre Teilhard de Chardin, entre ellos Mysticism of Knowing de Teilhard (1981), Teilhard and the Unity of Knowledge (1983), Teilhard de Chardin (1988), The Letters of Teilhard de Chardin and Lucile Swan (1993) y Teilhard’s Mass (2005) que aquí presentamos. 

Sus otras obras incluyen entre otros títulos los siguientes: Sartre and the Sacred (1974), Enchantments: Religion and the Power of the Word (1989), Merton: Mystic at the Center of America (1992) and Jung’s Four and Some Philosophers (1999). También escribió la introducción para una nueva traducción de 2004 de Sion Cowell de The Divine Milieu de Teilhard.

El padre King también era un hombre muy popular entre los estudiantes y exalumnos de Georgetown por ofrecer una Misa muy participada a las 23:15 cada noche de domingo a viernes en la capilla Dahlgren en el campus principal de Georgetown, una tradición que comenzó en 1969.  

En 1999, The Hoya, El periódico estudiantil de Georgetown, declaró al padre King “El Hombre del Siglo de Georgetown”, señalando que “nadie ha tenido una presencia más significativa en el campus y ha tenido un efecto sobre los estudiantes más relevante”. Además, el padre King fue presentado como tercero en una serie de historias de portada sobre la identidad jesuita en Georgetown Voice el 27 de septiembre de 2001.

En línea con la enseñanza moral católica, tomó una postura firme contra el aborto y la eutanasia y fue cofundador de la Facultad Universitaria de la Vida, un grupo que busca generar un diálogo sobre temas de la vida en la comunidad académica. King también fue miembro de Pax Christi y se opuso a la guerra y la pena capital, aunque hizo hincapié en la prevención pacífica del conflicto sobre el pacifismo estricto. 

El autor aporta datos nuevos sobre Teilhard. Es más: entrevistó por vez primera a familiares y amigos. Y presenta un escenario extendido de la sensibilidad cósmica de Teilhard hacia la Eucaristía y hacia el sacerdocio para poder entender en su verdadera dimensión “La Misa sobre el Mundo”.

En la INTRODUCCIÓN que redactó Thomas King para este volumen, escribe: Comentando el significado cósmico de la Misa, Teilhard habla de las «Extensiones de la Eucaristía». Es decir, la Hostia de pan «se va envolviendo cada vez más íntimamente en otra Hostia infinitamente más grande, que no es nada menos que el Universo entero (…). Así, cuando pronunciamos la fórmula: “Hoc est Corpus meum”, “hoc” se está refiriendo “primario” al pan. Pero, “secundario”, en un segundo tiempo de la naturaleza, la materia del sacramento es el Mundo mismo, en el que se expande, para perfeccionarlo, la presencia sobrehumana del Cristo universal. El Mundo es la Hostia definitiva y real en la que Cristo desciende poco a poco hasta la consumación de los tiempos».

Y prosigue: “Teilhard concluyó «La Misa sobre el Mundo» con las palabras «Ordos, 1923». Con ello, daba a entender que la había escrito en el desierto de Ordos durante su primera expedición en China. Pero existen versiones primitivas del texto, especialmente el ensayo titulado «El sacerdote» que escribió en 1918 mientras servía como camillero del ejército francés durante la Primera guerra mundial. En esa época, como le ocurrirá más tarde con «La Misa», se había visto forzado a ofrecer una Misa espiritual no teniendo nada más que ofrecer: «Ya que hoy no tengo, Señor, yo que soy vuestro Sacerdote, ni pan, ni vino, ni altar, voy a extender mis manos sobre la totalidad del Universo, y tomar su inmensidad como materia de mi sacrificio…».

Desde la Junta Directiva de la Asociación de Amigos de Pierre Teilhard de Chardin agradecemos a Beatriz Muñoz Estrada-Maurin su paciente trabajo y al Grupo de Comunicación Loyola y a la Editorial San Terrae por el mimo y la atención dedicada para que este volumen pueda llegar al público que cree que las ideas, las propuestas y la espiritualidad de Pierre Teilhard de Chardin pueden ayudar a los hombres y mujeres, creyentes o no, del siglo XXI.

Leandro Sequeiros sj

Vicepresidente de la Asociación de Amigos de Pierre Teilhard de Chardin (sección española)  lsequeiros42@gmail.com

Texto para lectura en el año 2023:

Thomas M. King, SJ.   La Misa de Teilhard. Una aproximación a «La Misa sobre el Mundo».  Sal Terrae, Cantabria, 2022, Colección: El Pozo de Siquén – 451, 231 pág. Traducción: Beatriz Muñoz Estrada-Maurin. Colaboración: Leandro Sequeiros.  ISBN: 978-84-293-3068-7

La Misa sobre el Mundo de Pierre Teilhard de Chardin es un texto clásico para conocer el pensamiento del geólogo y místico jesuita francés. Se ha escrito mucho sobre cómo se gestó este texto. La versión oficial es esta: en agosto de 1923, encontrándose el padre Teilhard de Chardin en las planicies de Mongolia, en el desierto de Ordos, en una de sus primeras excavaciones científicas en China acompañando al jesuita Émile Licent, no tenían pan ni vino para celebrar la Eucaristía.

Era el día 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración del Señor, de la que era muy devoto Teilhard. En un arrebato místico, el jesuita Pierre Teilhard de Chardin, de 42 años, doctor en Ciencias Naturales, filósofo, místico y poeta, científico y pensador, redacta este precioso texto.

Sin embargo, el texto no es del todo improvisado. Teilhard había redactado una primera versión de La Misa sobre el Mundo, titulada Le Prêtre, en julio de 1918, en el bosque de Laigue (publicada en Escritos del tiempo de la Guerra, tomo XII de las Obras, p. 313 ss). Teilhard reflexionó en La Misa sobre el Mundo sobre la irradiación de la Presencia eucarística en el Universo. Ciertamente que no confundía esa Presencia, fruto de la transustanciación propiamente dicha, con la Presencia universal del Verbo. Su fe en el misterio de la Eucaristía no era solo ardiente: era tan precisa como firme.

Introducción al ensayo “La Misa de Teilhard”, por Thomas M. King sj.

           Diez días después de mi ordenación sacerdotal me trasladé a Quebec para estudiar francés. No tardé en encontrarme divagando de una librería a otra, y un día me topé con una colección de ensayos de Teilhard de Chardin. El libro contenía una oración/ensayo de veinte páginas titulado «La Misa sobre el Mundo». En esa época, yo estaba todavía apropiándome mi propio sacerdocio. A medida que leía y releía «La Misa», sus páginas comenzaron a modelar mi manera de comprender lo que yo mismo hacía cada día delante del altar. Tiempo después, en París, tuve la oportunidad de conversar con la señorita Jeanne Mortier (quien se encargó de la publicación póstuma de los escritos de Teilhard). Comentando con ella algunas de sus obras, me preguntó cuál era mi favorita. Sin dudarlo un instante, respondí: «“La Messe sur le Monde”». Sonriendo, me contestó: «Moi aussi». Como sabía que Teilhard había expresado, en más de una ocasión, su deseo de modificar el texto, le pregunté si existían diferentes versiones. Me contestó que ella solo había recibido un único texto: diez páginas, sin fecha, mecanografiadas con esmero, sin ninguna corrección ni añadidos.

           Con el tiempo, he ido comprendiendo que no soy la única persona que se ha sentido conmovida por «La Misa» de Teilhard. En 1995, cuando el papa Juan Pablo II celebraba las Bodas de Oro de su ordenación y escribía Don y Misterio, se valió de un texto de «La Misa» de Teilhard para expresar lo que esta significaba para él: «La Eucaristía se realiza también para ofrecer “sobre el altar de la tierra entera el trabajo y el sufrimiento del mundo”, según una bella expresión de Teilhard de Chardin[3]».

Al parecer, el Santo Padre se había quedado prendado del texto: en una encíclica posterior sobre la Eucaristía, Ecclesia de Eucharistia (abril de 2003), utilizará otra imagen de Teilhard para afirmar que cada Misa tiene un «carácter universal y, por así decir, cósmico. ¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo»[4]. El cardenal Ratzinger ha escrito un libro sobre la liturgia en el que habla de manera positiva sobre «La Misa» de Teilhard, y concluye con un breve resumen de su mensaje:

«A partir de aquí, Teilhard pudo reinterpretar el culto cristiano a su manera: la hostia transubstanciada es, para él, la anticipación de la transfiguración de la materia y de su divinización en la “plenitud” cristológica. Según él, la eucaristía indica al movimiento cósmico su propia dirección; anticipa su meta y, al mismo tiempo, lo impulsa[5]».

           A pesar de que es posible encontrar, en algunos de los escritores eclesiásticos primitivos, una comprensión cósmica de la Misa, este no era un tema corriente en la teología reciente antes de que Teilhard lo desarrollara.

           Comentando el significado cósmico de la Misa, Teilhard habla de las «Extensiones de la Eucaristía». Es decir, la Hostia de pan «se va envolviendo cada vez más íntimamente en otra Hostia infinitamente más grande, que no es nada menos que el Universo entero (…). Así, cuando pronunciamos la fórmula: “Hoc est Corpus meum”, “hoc” se está refiriendo “primario” al pan. Pero, “secundario”, en un segundo tiempo de la naturaleza, la materia del sacramento es el Mundo mismo, en el que se expande, para perfeccionarlo, la presencia sobrehumana del Cristo universal. El Mundo es la Hostia definitiva y real en la que Cristo desciende poco a poco hasta la consumación de los tiempos»[6].

           Teilhard concluyó «La Misa sobre el Mundo» con las palabras «Ordos, 1923». Con ello, daba a entender que la había escrito en el desierto de Ordos durante su primera expedición en China. Pero existen versiones primitivas del texto, especialmente el ensayo titulado «El sacerdote» que escribió en 1918 mientras servía como camillero del ejército francés durante la Primera guerra mundial. En esa época, como le ocurrirá más tarde con «La Misa», se había visto forzado a ofrecer una Misa espiritual no teniendo nada más que ofrecer: «Ya que hoy no tengo, Señor, yo que soy vuestro Sacerdote, ni pan, ni vino, ni altar, voy a extender mis manos sobre la totalidad del Universo, y tomar su inmensidad como materia de mi sacrificio…[7]». Estos son temas que profundizará más adelante cuando redacte «La Misa sobre el Mundo». Pese a que ninguno de los textos de esta época se refiere específicamente a la Misa, Teilhard redactó cada uno de ellos con un profundo sentido de su propio sacerdocio sacramental. En «La Misa», habla de una «extensión del sentido» de la Eucaristía. Más tarde desarrollará lo que podríamos llamar una «extensión del sentido del sacerdocio» al afirmar que cada «cristiano [tiene] una vocación santa, sacerdotal[8]»; también hablará del «sacerdote casi laico [un quasi prêtre laïc][9]». En otros pasajes se ve claramente cómo Teilhard dilata el sentido del sacerdocio: «El Mundo, la Vida (nuestro Mundo, nuestra Vida) están, sí, en nuestras manos, en las de todos, como una hostia, dispuestos a llenarse de influencia divina»[10]. Lo que Teilhard veía es que estamos todos inmersos en una gran Misa, una Misa que no es sino nuestra vida y nuestra muerte. Es decir, con nuestra oración ofrecemos nuestro mundo a Dios; Él recibe nuestra ofrenda haciendo de ella su propio cuerpo y su sangre, y con esas palabras la consagra. Así entiende Teilhard la oración cristiana. Tras haber experimentado esta oración, nuestra vida activa se convierte en un acto de comunión extendido, una comunión que en última instancia integra nuestra muerte.

           Toda concepción de Teilhard echa sus raíces en la afirmación de que Cristo es el Alma del Mundo. El Alma del Mundo es un término antiguo, precristiano, que Teilhard, apoyándose en san Pablo, identificará con el Cristo resucitado; introduce empero un cambio en la manera en que los antiguos lo entendían: lo que él verá será un mundo inmerso en un proceso hacia la consecución de ese alma. Un mundo que se vuelve cada vez más y más orgánico. La evolución entendida como proceso por el cual todas las cosas convergen hacia una mayor unificación por la que el mundo acabará conformando el cuerpo al que Cristo está dando su Alma. Teilhard lo llamará «Cristogénesis». El proceso comenzó tiempo atrás hasta desembocar en lo humano; ahora, ha llegado el momento de que los humanos (con la gracia de Dios) prosigan con esa labor y trabajen para que el mundo esté cada vez más animado por ese Alma única. Dicho de otro modo, todos nosotros participamos en ese proceso de preparación del cuerpo de Cristo al igual que María participó preparando su cuerpo humano. He aquí el valor del trabajo del hombre.

           Frente a los que le reclamaban explicaciones, Teilhard respondía apelando a san Pablo. Las epístolas de san Pablo hablan de la Iglesia como cuerpo de Cristo. Para la Iglesia, la comunidad de cristianos es el cuerpo místico de Cristo —haciendo así la distinción entre este cuerpo de Cristo y el de la Eucaristía. San Pablo afirma sobre la Iglesia: «realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor» (Ef 4,15). Siguiendo la estela de san Pablo, Teilhard verá el amor como un proceso por el que todas las cosas crecen convergiendo. Nuestro trabajo prolonga el trabajo de Dios, aun cuando el crecimiento en sí mismo siempre sea obra de Dios (Col 2,19). San Pablo nunca afirma directamente que la creación entera es el cuerpo de Cristo pero a través de sus expresiones sugiere que el término cuerpo de Cristo puede extenderse más allá de la Iglesia para incluir a todas las cosas. Refiriéndose a Cristo, comenta que «todo tiene en él su consistencia» (Col 1,17; el alma da su consistencia a todos los elementos del cuerpo viviente). Comentando el designio de Dios para la plenitud de los tiempos, san Pablo afirma: «Hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la Tierra» (Ef 1,10); y continúa diciendo que Dios constituyó a Cristo «cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todo» (Ef 1,22-23). Al igual que Cristo es cabeza de la Iglesia, también «todo [tiene] a Cristo por cabeza», una frase que sugiere un sentido más amplio de ese cuerpo que incluiría a toda la creación «para que Dios sea todo en todo» (1Cor 15,28); más o menos como nuestra alma que permea en todo nuestro cuerpo, que está en todos nuestros miembros. Pero esta manera de comprender el término cuerpo extrapolado a todo el universo no ha sido una concepción común en la teología católica. Según el P. Benoit, OP, en las epístolas paulinas más tardías (Colosenses y Efesios, que algunos consideran que fueron escritas por un discípulo de Pablo), podemos comprender el término cuerpo de Cristo como si incluyera, «de manera indirecta, al Cosmos por entero[11]»; aún así, el P. Benoit tiene sus reservas. Para diferenciar este cuerpo del cuerpo místico de Cristo, Teilhard lo llamará «el Cuerpo cósmico de Cristo».

           Cada capítulo de este libro tendrá una naturaleza diferente: el primero será biográfico, el segundo tratará de la manera en que Teilhard comprendía el método científico, el tercero será científico, el cuarto será un poco más complejo, pues intentará proveernos de una visión general de la filosofía de Teilhard como contexto necesario para comprender su oración, el quinto va a centrarse en algunos fragmentos de «La Misa» de Teilhard, el sexto considerará la adoración y el séptimo su obra apostólica.

           Desde aquella primera vez en que leí «La Misa sobre el Mundo» de Teilhard, he conocido a muchas personas profundamente impactadas por sus escritos; he escrito libros sobre él e impartido numerosos cursos sobre su pensamiento en Georgetown y en otros lugares; he conversado con miembros de su familia, con jesuitas y con otras personas que le conocieron personalmente. Todos me han ayudado en la redacción del texto que tienen hoy entre sus manos. Necesitan mención especial las conversaciones con Pierre Leroy, SJ (quien trabajó con Teilhard durante varios años en China), Rhoda de Terra (quien atendió a Teilhard durante sus últimos años en Nueva York) y Mary Wood Gilbert (prima de Lucile Swan y residente en Pekín durante los años 1930). Además, también he podido conversar sobre Teilhard con el cardenal Henri de Lubac, SJ (teólogo y amigo de Teilhard), con John McMahon, SJ (provincial jesuita en Nueva York durante los últimos años de vida de Teilhard), Robert I. Gannon, SJ (su rector en esa misma época), Jeanne Mortier (quien se hizo cargo de la publicación de sus manuscritos), Claire Taschdjian (gerente de la Unión Médica de Pekín durante la década de 1940), Lita Osmundson (durante largo tiempo presidenta y directora de investigación de la Fundación Wenner-Gren para la investigación antropológica) y muchos otros. Todos ellos compartieron conmigo la intimidad del hombre, del científico, del amigo y del sacerdote. A cada uno de ellos le estoy profundamente agradecido.

           No obstante, más allá del texto en cierto modo académico que tienen entre manos, no debemos olvidar que Teilhard escribió «La Misa sobre el Mundo» como una oración: para comprenderlo, es preciso usarlo como tal. Teilhard oró con este texto cada uno de los días en los que le fue imposible celebrar Misa. Con el afán de ayudar a otros a orar con este texto, propongo en este libro una adaptación de «La Misa» que puede utilizarse como una oración litúrgica —dentro, por ejemplo, de un cursillo dedicado a Teilhard, a la globalización o a la ecología, entre otros temas. Para Teilhard, «La Misa» hablaba de las «Extensiones de la Eucaristía»; lo que él deseaba subrayar era que lo que ocurre en cada Misa tiene una dimensión más vasta. Por ello, propongo que este texto se incluya dentro de una celebración eucarística para, como si dijéramos, extender la Misa sin hacer ninguna intrusión en la Misa propiamente dicha. Así he solido utilizarlo con mis estudiantes de aquí y del mundo entero. El libro concluye con una breve sugerencia sobre cómo podríamos orar a la manera de Teilhard.

Final de La Misa sobre el Mundo

En el centro de Tu pecho ya no descubro más que un horno, y cuanto más contemplo este foco ardiente, más me parece que los contornos de Tu cuerpo se funden y se van agrandando, más allá de toda medida, hasta el extremo que sólo distingo en Tus rasgos la figura de un Mundo inflamado.

Cristo glorioso, influencia secretamente difundida en el seno de la Materia y Centro deslumbrador en el que se encuentran las innumerables fibras de lo Múltiple, potencia implacable como el Mundo y cálida como la vida.

Tú, en quien la frente es de nieve, los ojos de Fuego, y los pies son más centelleantes que el oro en fusión; Tú, cuyas manos aprisionan las estrellas, Tú, que eres el primero y el último, el vivo, y el muerto y el resucitado; Tú, que concentras en Tu unidad exuberante todos los encantos, todos los gustos, todas las fuerzas, todos los estados; a Ti era a quien llamaba mi ser con un ansia tan amplia como el Universo: ¡Tú eres realmente mi Señor y mi Dios!

“Escóndeme en ti, Señor” ¡Ah! Creo (y lo creo hasta el punto de que esta fe se ha convertido en uno de los sostenes de mi vida íntima) que las tinieblas completamente exteriores a ti, serían la pura nada. Nada puede subsistir fuera de Tu Carne, Jesús, hasta el punto de que incluso aquellos que se encuentran rechazados fuera de Tu amor, se benefician todavía para su desgracia, del apoyo de Tu Presencia.

¡Todos nosotros nos encontramos irremediablemente en ti, centro universal de consistencia y de vida!

Pero, precisamente porque no somos algo completamente terminado que pueda ser concebido indiferentemente como cercano o lejano de ti; precisamente porque en nosotros el sujeto de la unión, crece con la unión misma que nos entrega progresivamente a ti; en nombre de lo que hay de más esencial en mi ser, Señor, escucha el deseo de lo que me atrevo a llamar mi alma (aún cuando cada día me doy más cuenta de que es mayor que yo) y para apagar mi sed de existir, a través de las zonas sucesivas de Tu subsistencia profunda, ¡empújame hacia los pliegues más íntimos del Centro de Tu Corazón!

Cuanto más profundo se te encuentra, Señor, más universal aparece Tu influencia. A este respecto podré apreciar, en cada momento, cuánto me he introducido en ti.

Cuando, mientras todas las cosas conserven en torno a mí su sabor y sus contornos, las vea, sin embargo, difundidas, por un alma secreta, en un elemento único, infinitamente cercano e infinitamente alejado.

Cuando, aprisionado en la intimidad celosa de un santuario divino; me siento, sin embargo, errando libremente a través del cielo de todas las criaturas, entonces sabré que me acerco al lugar central hacia el cual converge el corazón del Mundo en la irradiación descendente del corazón de Dios.

En este punto de incendio universal que acTúa sobre mí, Señor, con el Fuego concentrado de todas las acciones interiores y exteriores, que experimentadas menos cerca de ti, serían neutras, equívocas u hostiles; pero que, animadas por una energía “quae possit sibi omnia subjicere” [que pudiera por sí misma dominar todas las cosas], se convierten, en las profundidades físicas de Tu corazón, en los ángeles de Tu victoriosa operación.

Con Tu atractivo, por una combinación maravillosa del encanto de las criaturas y de su insuficiencia, de su dulzura y de su maldad, de su debilidad decepcionante y de su formidable potencia, exalta gradualmente y hastía mi corazón. Enséñale la verdadera pureza, esa pureza que no es una separación debilitante de las cosas, sino un impulso a través de todas las bellezas; descúbrele la verdadera caridad, esa caridad que no es el miedo estéril a obrar el mal, sino la voluntad enérgica de forzar todos juntos las puertas de la vida.

Dale, finalmente, dale sobre todo, mediante una visión cada vez mayor de Tu omniPresencia, la bienaventurada pasión por descubrir, de hacer y de experimentar cada vez un poco más al Mundo, con el fin de penetrar cada vez más en Tí.

Toda mi alegría y mis éxitos, toda mi razón de ser y mi gusto por la vida, Dios mío, penden de esa visión fundamental de Tu conjunción con el Universo.

¡Que otros anuncien, conforme a su función más elevada, los esplenderos de Tu puro Espíritu!

 Para mí, dominado por una vocación anclada en las últimas fibras de mi naturaleza, no quiero ni puedo decir otra cosa que las innumerables prolongaciones de Tu Ser, encarnado a través de la Materia: ¡nunca sabría predicar más que el Misterio de Tu Carne, oh, alma que transparece en todo lo que nos rodea!

A Tu Cuerpo, con todo lo que comprende, es decir al Mundo transformado, por Tu poder y por mi fe, en el crisol magnífico y vivo en el que todo desaparece para renacer –por todos los recursos que han hecho surgir en mí Tu atracción creadora, por mi excesivamente limitada ciencia, por mis vinculaciones religiosas, por mi sacerdocio y (lo que para mí tiene más importancia) por el fondo de mi convicción humana- me entrego para vivir y para morir en Tu servicio, Jesús. 

Pierre Teilhard de Chardin

Ordos, 1923.


[1] P. Teilhard de Chardin, Lettres inédites à l´abbé Gaudefroy et à l´abbé Breuil. Mónaco, Editions du Rocher, 1988.

[2] En 1923, Teilhard no tenía más que cuatro estudiantes en su aula del Instituto Católico de París. Tres de ellos llegaron a ser profesores en la Sorbona, entre ellos, Jean Piveteau. Añadamos una breve referencia bibliográfica de estos científicos: Marcellin Boule (1861-1942) Paleoantropólogo y arqueólogo en el Museo de Historia Natural de París, estudió sobre todo los Neandertales. Fue uno de los maestros de Teilhard. Henry Breuil (1877-1961) Sacerdote y experto en prehistoria, fue denominado el “Papa de la prehistoria” por sus aportaciones al conocimiento de la evolución cultural humana. Maestro, amigo y colaborador de Teilhard de Chardin. Christophe Gaudefroy (1878-1971) Mineralogista, sacerdote compañero de Henri Breuil, fue amigo de Teilhard en sus años jóvenes en París. Jean Piveteau (1899-1991) Catedrático de Paleontología en la Sorbona, amigo y compañero de Teilhard en París, Miembro de la Academia de Ciencias en 1956. Autor de un monumental Traité de Paléontologie del que aún se hacen reediciones.

[3] Don y Misterio (1955) de Juan Pablo II, número VIII.

[4] Ecclesia de Eucharistia (abril de 2003)  [8].

[5] Ratzinger, Libro de las Horas, 49.

[6]  Teilhard de Chardin «Mi Universo» (1924), en Ciencia y Cristo, 59-107.

[7] Teilhard de Chardin «El sacerdote» (1918), en La Gran MónadaI, 81.

[8] «Nota para servir a la evangelización de los nuevos tiempos» en La Gran Mónada,  151-165.

[9] Cartas familiares,  231.

[10] Teilhard de Chardin, El Medio Divino,

[11] Kropf, (1980) Teilhard, Escritura y Revelación, 151.

CONTINUARÁ…

LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.
    En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de haber trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla). Actualmente Lenadro ha sido destinado a Salamanca, ciudad en la que reside.
    La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio de KRISIS.

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