Ser de Camas: pertenencia e identidad

Tmp. máx. lect.: 14 min.

Por Juan Miguel Batalloso Navas

Camas 2021

Pasados dos años de la excelente edición realizada por el Excmo. Ayuntamiento de Camas (Sevilla) del Libro de Feria y Fiestas Patronales de 2021 titulado Nuestro Septiembre. Nuestro Tesoro no puedo evitar seguir impresionándome por la portada-cartel de dicho Libro realizada por el artista Chema Hedrera. A mi juicio, creo que el autor refleja lo que para mí significa “el ser de Camas”, una mezcla compleja entre lo viejo y lo nuevo integrada por una extraordinaria diversidad de personas y culturas, cuyas raíces se remontan a la más remota Antigüedad y que van más allá de lo exclusivamente religioso de las tradiciones populares.

Recuerdo con alegría que aquel cartel me motivó a explorar y estudiar un poco la naturaleza del ser social y cultural de nuestra ciudad. Así y aunque no he seguido ningún plan establecido, mi interés se ha centrado en analizar desde mi perspectiva y mi visión de la realidad como ciudadano que lleva viviendo en Camas más de medio siglo, eso que se conoce como sentimiento de pertenencia y sentimiento de identidad. En el mismo sentido, he intentado analizar y comprender ese fenómeno sociocultural tan común y extendido en nuestro país y especialmente en Andalucía, que se denomina religiosidad popular, aunque este asunto sigue siendo para mí un enigma, sobre todo en lo que se refiere a la incapacidad de las sociedades para crear nuevos contenidos culturales alternativos más coherentes con los avances sociales, culturales y políticos de la Modernidad.

Ni que decir tiene que lo que intentaré ofrecer no son más que apuntes o aproximaciones en las que mezclo hechos contrastados con interpretaciones personales, por tanto, ya de entrada declaro que se trata de una visión exclusivamente personal necesariamente incompleta. Pero, además, dada la extraordinaria complejidad sociocultural de esta ciudad a la que me siento vinculado, no creo que sea posible definir “el ser de Camas” de una forma simple, sencilla y unilateral. En cualquier caso y como me digo siempre: ahí quedan abiertas, libres y disponibles para toda persona que desde cualquier lugar del mundo esté interesada en estos temas sin que me preocupe para nada el impacto que puedan tener. Y es que en realidad y en el fondo, me embarco en estas ocurrencias, más para aprender que para escribir, pero si al final me sale un texto, pues mejor que mejor.

Antes que nada, debo señalar que estar en Camas o simplemente habitar o morar en Camas, no exige en ningún caso estar vinculado al vivir y a los procesos de desarrollo social y cultural de la ciudad. Se puede estar empadronado en Camas y pagar los impuestos aquí y no estar interesado para nada en la vida de la ciudad, por eso a Camas se le califica muy a menudo como ciudad dormitorio. Igualmente, se puede estar en Camas trabajando en una empresa o incluso en el propio Ayuntamiento y marchar después a otro lugar de residencia, sin que se establezcan con la comunidad ningún tipo de relaciones o compromisos que vayan más allá de las estrictas relaciones laborales. Una situación que es bastante común, aunque con diferentes matices y extensión en todos los pueblos del Aljarafe, de tal manera que a medida que estos están más alejados de Sevilla, más nítidamente pueden percibirse las singularidades y originalidades de su Ser que son las que se definen por una cultura, unas costumbres y unas tradiciones propias.

En mi opinión, desde que llegué aquí por vez primera en noviembre de 1970 he ido poco a poco convenciéndome de la idea de que la ciudad de Camas nunca tuvo un perfil sociocultural identitario claramente definido y acotado con límites precisos. Al día de hoy, no creo que exista ningún pueblo que sea lo suficientemente homogéneo como para ser identificado y diferenciado con precisión y nitidez de los demás. No obstante, siempre hay algún dato histórico, algún monumento o edificio, alguna festividad e incluso algún estereotipo que, en forma de dicho, sentencia o refrán proporciona una cierta identidad. En todo caso, el sentimiento de pertenencia nunca es homogéneo, sencillamente porque se elabora subjetivamente a partir de las experiencias que cada persona tiene y procesa en los espacios sociales y culturales que le ha tocado vivir.

En este punto, son muchos los estudiosos e investigadores sociales que atribuyen a la globalización neoliberal la causa de los numerosos procesos de desidentificación y de disgregación comunitaria. Aquí en Camas, por ejemplo, no hay más que ver como el pequeño comercio de los barrios ha desparecido o está en franco proceso de extinción a causa de los grandes centros comerciales y de la venta por internet. O no hay más que ver también, como la población de Camas se ha ido nutriendo desde la década de los sesenta del pasado siglo, de ciudadanos foráneos y en la actualidad de procedencia de otros países. 1 Ref.Una excelente y completísima presentación de la evolución y composición de la población de Camas la puedes ver AQUÍ.  De todas maneras, Camas sigue afortunadamente manteniéndose en su función de espacio social de acogida y convivencia en la pluralidad. Un hecho que procede, no solo de la diversidad de orígenes de su población, sino también por ser lugar de encuentro de numerosas personas que vienen de fuera a trabajar o a disfrutar de sus numerosos y excelentes servicios de bares y restaurantes, que, desde luego, sufrieron muchísimo con la pandemia, aunque afortunadamente creo que ya se ha recuperado, contribuyendo así al encuentro humano plural y diverso.

En cualquier caso, urbanística y demográficamente Camas es un amasijo de barrios, que en realidad hoy no son más que núcleos de población geográfica y en algunos casos, culturalmente diferenciados, aunque cada vez en menor grado. Sin duda, hubo un tiempo en el que esos núcleos de población eran realmente barrios, es decir, grupos humanos que además de compartir vecindad, compartían otras muchas cosas que eran aglutinadas por numerosas Asociaciones de Vecinos, que por desgracia hoy, o bien no existen, o son simplemente un local con un bar para encontrarse y con-beber.

Hoy, quiérase o no, todas las comunidades están afectadas en mayor o en menor grado por la enfermedad neoliberal del individualismo y la despersonalización. Aquellos viejos lazos afectivos, comunitarios y de pertenencia están en un profundo declive. Como dice Zygmunt Bauman, las relaciones sociales se han vuelto líquidas y todo es ya caduco, provisional y de escasa solidez y duración. Los vínculos ya no se establecen con encuentros físicos y presenciales sino a través de relaciones virtuales, con lo cual el principio de que la vida es el arte del encuentro, como cantaba el inmortal Vinicius de Moraes, acaba poco a poco por disolverse e incluso por desaparecer. De aquí que todo esfuerzo que se haga por facilitar encuentros, crear y mantener grupos, fomentar la participación ciudadana o simplemente recordar con mirada crítica los valores de aquellas tradiciones que proporcionaban cohesión, sentimiento de pertenencia e identidad colectiva, es a mi juicio algo esencial para desarrollar el ser de cualquier comunidad.

Desde mi punto de vista no creo que el hecho de estar, de ser o sentirse de Camas, sea un sentimiento homogéneo, monolítico, común y generalizado que pueda establecerse para siempre por el hecho de que existan tradiciones de religiosidad popular. Unas tradiciones que en Camas están básicamente protagonizadas y promovidas por la Iglesia de Santa María de Gracia, una institución y un edificio sin duda, de un importantísimo valor histórico, artístico y patrimonial.

En este punto no puede olvidarse, que en la actualidad Camas tiene tres parroquias. Santa María de Gracia inaugurada en 1800 (la central); Nuestra Señora de Guía (Pañoleta y Coca) fundada en 1956 y Nuestra Señora de la Fuente inaugurada en 1968 (barrios de la Extremeña, la Fuente, Caño Ronco, Olivar Viejo, la UVA y Cigüeñuelo-Balcón-Atalaya). Así pues, resulta a todas luces evidente, que la parroquia Santa María de Gracia, con dos siglos ya de existencia, sea lógicamente la depositaria y la que patrimonializa en exclusiva la conservación y promoción de las tradiciones ligadas a la religiosidad popular.

Sin embargo, habiendo conocido y participado de cerca en las otras dos parroquias durante algún periodo de mi vida y llevo aquí ya más de cincuenta años, en absoluto poseen ese carácter devoto de conservación y promoción de grandes cultos y tradiciones. De hecho, desde los tiempos de sus párrocos fundadores, Miguel Mejías en Pañoleta y Luis Carmona en La Fuente, estas parroquias nunca tuvieron hermandades, cofradías y festividades de religiosidad popular relacionadas, ligadas o vinculadas con el poder municipal. Aunque bien mirado y dados los tiempos de incertidumbre que corren en los que existe la tendencia sociocultural a buscar seguridades en ideas y conceptos del ayer, pues lo mismo las otras dos parroquias inician un nuevo camino de cultos y devociones tradicionales. El futuro no está escrito y desde luego la complejidad de la sociedad de Camas puede derivar en cualquier acontecimiento o proceso inesperado. Y como ejemplo dos hechos que me demostraron el total desconocimiento que yo tenía de la realidad sociocultural de Camas. En realidad, yo estaba en otro mundo y dado que nunca fui muy dado a callejear y a convivir con la diversidad de personas y grupos de Camas, pues la verdad es que estos dos hechos me sorprendieron y me señalaron mi total ignorancia de los nuevos flujos juveniles, socioculturales y religiosos de la ciudad.

El primero de ellos fue cuando a mediados de los años noventa mi entrañable amigo y camarada de siempre, Florencio Real Santos, que trabajó tantísimo con la Delegación de Cultura en tiempos de Lorenzo Rastrero Bermejo, fundando y promoviendo la Primera Banda Municipal de Música de Camas (1983-1987), me pidió expresamente que colaborara con él en la edición de una revista de la nueva Hermandad de la Santa Cruz. Obviamente mi respuesta no pudo ser otra que mi negativa, tratando de hacerle comprender que eso de las hermandades, no solo no me gustaba, sino que las consideraba y sigo considerando incompatibles con la visión personal que yo tengo del cristianismo. Aquel acontecimiento sin duda me sorprendió muchísimo, sobre todo viniendo de Florencio con el que compartí ideales, inquietudes y actividades en la vieja Agrupación de Camas del PCE. Y realmente me hizo pensar mucho, al comprobar mi ignorancia total de los nuevos rumbos y el auge que la religiosidad popular en Camas estaba alcanzando, cuando además había transcurrido tan solo una década del primer Ayuntamiento Democrático (1979). Y este hecho, claro está, con todo lo que estaba cayendo internacionalmente con la caída del Muro de Berlín y la autodestrucción implosiva de la Unión Soviética, me ayudó a comprender que el proyecto sociocultural que yo soñaba para Camas acabaría por ser un fracaso total, como así efectivamente sucedió.

El segundo hecho que me dejó sorprendido también por mi ignorancia de por dónde iban los intereses y prioridades protocolarias y culturales del Ayuntamiento de Camas, fue cuando en el segundo mandato del gobierno municipal del PSOE (1995-1999), siendo alcalde, si no recuerdo mal, Antonio Rivas, se nombró a la imagen de la Virgen de los Dolores, Patrona de la ciudad desde 1926, Alcaldesa Honoraria Perpetua . Pero así es la compleja vida social, política y cultural de la ciudad de Camas: lo mismo te sorprende por gestos conservadores inexplicables que con gestos innovadores y este es el caso por ejemplo, del Libro de Feria y Fiestas Patronales de 2021 que he mencionado, en el que se combinan y mezclan contenidos tradicionales ligados a la religiosidad popular y preciosos testimonios de lucidez de diversas personas y jóvenes de Camas.

Pero lo curioso y lo que tal vez poca gente se haya preguntado es por qué ese magnífico templo de la Iglesia Santa María de Gracia, que empezó a construirse en el siglo XVIII está espacialmente en un lugar central compartido por una institución civil como es el Ayuntamiento. Tal como yo lo veo ahora y después de haberme documentado un poco, creo que la razón es bien sencilla: los lazos y vínculos entre los poderes religiosos y políticos siempre fueron bastante sólidos en cuanto que ambos obtenían beneficios de sus alianzas. Poderes que para que fueran más visibles, respetados y accesibles necesitaban obviamente ocupar los espacios urbanos centrales que eran y siguen siendo los que ocupan también las clases y grupos sociales más acomodados.

Aunque el asunto de la religiosidad popular intentaré analizarlo en otra ocasión, si debo señalar que lo que generalmente entendemos por religiosidad popular, tiene sus diferencias con la religiosidad oficial y la religiosidad personal. Y es que muy a menudo olvidamos que las festividades religiosas que han llegado hasta nuestros días son el resultado de complejos procesos históricos de imposición, represión y sustitución con plagio, en muchos casos, de las más antiguas tradiciones paganas. Procesos que se han realizado en sociedades en las que el analfabetismo era abrumadoramente mayoritario.

Vale la pena detenerse brevemente a observar la gran diferencia que había en el siglo XIX en Europa respecto al analfabetismo. Así, por ejemplo, mientras que a mediados del siglo XIX la población de los países del centro y del norte de Europa tenían altas tasas de alfabetización, los países del sur como España, Portugal, Italia o Grecia eran mayoritariamente analfabetos.

Estas diferencias, no son solo atribuibles a factores políticos y socioculturales, sino también a factores religiosos. Mientras que los países del centro y del norte de Europa eran y siguen siendo de tradición luterana, los del sur eran de tradición católica. Para los luteranos o para el protestantismo aprender a leer era algo imprescindible e irrenunciable ya que esa era la condición para hacer uso personal y religioso de la Biblia. Sin embargo, para los países de tradición católica, aprender a leer no tuvo el mismo grado de prioridad y exigencia que para los países protestantes. Esto explica a mi juicio, no solo la realidad de que países como Dinamarca, Suecia, Noruega o Finlandia sean educativamente desarrollados en la actualidad, sino también las diferencias de sus tradiciones religiosas en relación con las nuestras.

En cuanto a la España del siglo XIX, las diferencias provinciales de analfabetismo pueden verse en el siguiente cuadro

Aunque el cuadro anterior se comenta por sí mismo, en él puede observarse como Málaga, Almería y Granada, junto a Castellón, eran las provincias con tasas de analfabetismo igual o superiores al 80 % de la población, mientras que las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz tenían tasas superiores al 60 % y Córdoba el 74 %. Unas cifras en las que hay que destacar también el hecho de que el analfabetismo en las mujeres era siempre superior al de los hombres. Tal y como indica el cuadro anterior, en la España de 1877 la tasa de analfabetismo de los hombres era del 54,70 %, mientras que el analfabetismo de las mujeres era del 77,26 %.

En definitiva, lo que pretendo decir es que una gran parte de la conservación y la pervivencia de las tradiciones de religiosidad popular tienen su origen tanto en las diferencias religiosas entre el protestantismo y el catolicismo, como en el analfabetismo y el extraordinario poder cultural, social y político que ha tenido la Iglesia católica en nuestro país. Lo cual explica en cierta medida dos hechos que siempre me han llamado la atención. Por un lado, la pervivencia del confesionalismo y del infradesarrollo del laicismo en nuestro país. Y por otro la adhesión de las mujeres a las festividades religiosas y al culto devocional, así como su marginación y exclusión de las funciones de poder de la Iglesia católica.

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí. Te agradecería mucho que hagas algún comentario crítico y enriquecedor de estas reflexiones personales.

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

Referencia[+]

2 thoughts on “Ser de Camas: pertenencia e identidad

  1. En efecto, el poder de la iglesia católica en nuestras tradiciones fectivo-religiosas es largo y profundo, y su influencia es tan grande que incluso hoy, en plena era tecnológica, no ha decrecido de manera significativa. Respetando las creencias personales de cada cual, creo que tal factor se suma a otros de gran peso para actuar contra el desarrollo crítico de las sociedades.
    Un abrazo compañero.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

Descubre más desde KRISIS

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo