KRISIS

Cientifismo y teismo: dos visiones del mundo (y 4)

Por Leandro Sequeiros San Román

La postura de Richard Dawkins y Peter Atkins

Puede ser que Dawkins acierte en cuanto a la dificultad de erradicar (un termino con connotaciones ominosamente totalitarias) la fe cristiana: sigue habiendo eminentes científicos que se manifiestan como creyentes en el Dios cristiano, como por ejemplo Francis Collins – que ha sido galardonado en 2020 con el Premio Templeton y que ha sido director del Proyecto Genoma Humano – o el profesor William D. Phillips, premio Nobel de Física en 1998.

 ifiestan en sus escritos y en sus conferencias que han declarado la guerra a Dios en nombre de la ciencia. O aún sería más acertado decir que están seguros no ya de que la ciencia esté en guerra con Dios, sino de que la guerra ha terminado con victoria aplastante de la ciencia. El mundo sólo necesita que se le informe de que, haciéndose eco de las palabras de Nietzsche, Dios ha muerto y la ciencia lo ha enterrado.

En palabras de Peter Atkins:Ciencia y religión son irreconciliables, la humanidad debe aceptar la potestad de su criatura y rechazar todo intento de acuerdo. La religión ha fracasado, y hay que sacar sus errores a la luz. La ciencia, con su suficiencia en todas las áreas del conocimiento, es el supremo deleite del intelecto y debe ser reconocida como soberana” (Nature´s ImaginationEditorial John Cornwell, Oxford University Press, 1955). El tono es de lo más triunfalista. La cuestión es si está justificado.

¿Está la ciencia en conflicto con Dios?

Ahora bien, el que algunos científicos estén en guerra contra Dios no equivale a decir que la ciencia esté en conflicto con Dios. Por ejemplo, hay músicos que son ateos militantes, pero eso no quiere decir que la música esté en guerra contra Dios. Así pues, hay que recalcar que las declaraciones de los científicos no necesariamente son declaraciones científicas.

De hecho, pronunciamientos como los de Peter Atkins y Richard Dawkins antes citados no tienen por qué ser ciertos, aunque el prestigio de la ciencia es tal que suelen aceptarse sin rechistar. Pero no son afirmaciones científicas sino manifestaciones de una creencia personal.

Por supuesto, ello no implica que sean falsas. Pero sí que no hay que aceptarlas como ciencia que goza de autoridad. Por tanto, hay que determinar a qué categoría pertenecen y, más importante aún, si son o no ciertas.

El verdadero conflicto: cientificismo contra teísmo

Autores cualificados, como John Hedley Brooke (2016), doctor en Ciencias Naturales por la Universidad de Cambridge y profesor honorario de Historia de la Ciencia de la Universidad de Lancaster, ha mostrado que las relaciones entre la ciencia y la religión no han sido históricamente tan conflictivas como algunos autores nos han querido hacer ver.

En la extensa y ya clásica obra de Brooke Ciencia y religión: perspectivas históricas, – como historiador de la ciencia que es-, se muestran las complejidades y sutilezas de los intrincados vericuetos por los que ha discurrido la ciencia europea de los siglos XVI al XIX. Es por ello que aboga, como ha hecho en otras publicaciones, por lo que se denomina un modelo de «complejidad» que reconozca que no todo ha sido paz o guerra entre ciencia y cristianismo, y que tampoco podemos en Occidente mirarnos tanto en el espejo, ignorando las contribuciones de otras culturas y religiones. Es conveniente dejar a la historia desvelar la complejidad de la vida real y resistir la tentación de convertirla en un instrumento apologético.

Como dice en la introducción: «La investigación seria en la historia de la ciencia ha puesto de manifiesto una relación tan extraordinariamente variada y compleja entre ciencia y religión en el pasado que resulta difícil sostener tesis generales. La complejidad es la verdadera lección que se impone».

Dando un paso más, Brooke se plantea los propios términos que se utilizan para analizar las relaciones ciencia y religión. ¿Cómo debemos definir «ciencia»? ¿Cómo definir «religión»? Son cuestiones importantes, ya que la definición de estos términos puede viciar de principio la conclusión a la que lleguemos sobre su relación. Es más, pensar que la ciencia y la religión pueden considerarse aisladas de sus contextos históricos es muy ingenuo. La historia de Galileo, por ejemplo, muestra la importancia del contexto político.

Tanto la introducción como el capítulo primero se centran en exponer en detalle estas consideraciones generales y de tipo metodológico. Los siete siguientes capítulos y el epílogo van mostrando las consecuencias de aplicar ese enfoque bajo la potente lupa histórica utilizada por Brooke para diseccionar las relaciones entre ciencia y cristianismo entre los siglos XVII y XX.

Al final del capítulo primero Brooke resalta que tan erróneo es «reducir la relación entre ciencia y religión a una relación de conflicto» como «elaborar una historia revisionista por fines apologéticos». En una penetrante e inquietante observación añade que considerar a una determinada religión como la madre de la ciencia, no solamente es una forma de chauvinismo cultural, sino que es miope.

Y esto por dos razones: tanto porque como se ha observado la ciencia puede ser una «descendencia muy rebelde», como porque esa estrategia apologética podría fracasar a largo plazo si se extiende una visión crítica hacia la ciencia en la sociedad al asociarla con «la contaminación y las tecnologías explotadoras». Tras 25 años desde que se publicaran estas palabras por primera vez, el análisis no ha cambiado mucho, y aunque tal vez la mayor parte de la sociedad occidental retiene el entusiasmo por la ciencia, esa otra visión crítica sigue presente. Los cristianos y creyentes del futuro harán bien en seguir vigilantes.

Brooke desmonta algunos de los mitos más difundidos sobre el conflicto entre ciencia y religión. Estos mitos fueron extensamente difundidos por algunos libros muy leídos en el siglo XIX, como los de Draper y White.

Conclusión: abrir las ventanas para que entre aire fresco

Las investigaciones sobre las relaciones entre ciencia y religión están llegando a una conclusión, que aún debemos trabajar más, tanto en la Cátedra Francisco J. Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión, como en la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA): hasta ahora se ha hablado mucho del conflicto entre ciencia y religión.

Pero, ¿está ahí el meollo de la cuestión que nos ocupa? Nos parece que no es tanto un combate entre ciencia y religión lo que se da en nuestra sociedad. No son las apretadas filas de científicos enfrentándose a huestes de creyentes lo que sociológicamente se ha dado en la historia de la ciencia, sino más bien la colisión de dos cosmovisiones, dos paradigmas, dos programas de investigación, dos culturas, dos modos de situarse ante la realidad aparentemente opuestas. El conflicto entre el cientificismo y el teísmo. Y además, es un conflicto a ambos lados del cual es posible encontrar a científicos junto a filósofos, creadores de pensamiento y redes sociales.

Pero ¿es inevitable e irresoluble este conflicto? Para algunos científicos creyentes (sobre todo anglosajones, como John C. Lennox, John F. Haught, Alvin Plantinga, y otros muchos cercanos a la Fundación Templeton) no cabe otra solución que la apologética combativa. Responder a los partidarios del cientificismo, enemigos de Dios, con las armas intelectuales de la apologética racional.

Lo que no está demasiado claro todavía en este debate es esto: qué se entiende por “cientificismo”. Incluso por nuestra parte hemos postulado la posibilidad de un cientificismo religioso, aunque parezca una contradicción. Todo depende de qué es lo que se entiende por “cientificismo”.

En otros artículos iremos desplegando en amplio campo de este aparente conflicto y exploraremos los caminos que lleven a un posible diálogo y a la posibilidad de tender puentes entre la visión del mundo cientificista y la visión del mundo teísta.

LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.
      En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla)
     La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio.

3 comentarios sobre «Cientifismo y teismo: dos visiones del mundo (y 4)»

  1. No pretendo hacer una argumentación tan exhaustiva y a la altura de la que nos ha presentado Alejandro Sequeiros, cargada de datos y citas. Simplemente quiero manifestar unas reflexiones que estos artículos de «Cientifismo y teismo: dos visiones del mundo» me han provocado. La primera pregunta que surge es: ¿de qué Dios se habla?. ¿Es del Dios de las religiones, ese Dios que ha estado aliado con el poder y que se ha impuesto a través de la historia, muchas veces con terror, para controlar personas y pueblos? o ¿es del Dios interior, el de la experiencia íntima de tantos, entre ellos los místicos, que fueron perseguidos por la ortodoxia del poder? o ¿es del Dios que, según donde, predican en las iglesias y en las que nos dicen que fuera de la Iglesia no hay salvación, que por el bautismo estamos redimidos del pecado original, dando, aun hoy día, indulgencias a los crédulos y cobrando por ciertos sacramentos?, o ¿es el Dios del credo y de la teología dogmática en la que la racionalidad queda al margen?.
    Yo fui creyente, durante más de treinta años, en el Dios católico en el que mis padres y la iglesia de la dictadura me adoctrinaron. Un hecho doloroso como padre me hizo reflexionar sobre mi fe y, sin ninguna animadversión, dejé de creer en el falso Dios que me habían inoculado en mi mente y que tanto dolor me había causado. Otro acontecimiento, una experiencia cercana a la muerte, hizo que cambiara el rumbo de mi vida encontrando al Dios íntimo del que tantos grandes iluminados a lo largo de la historia han dado testimonio, entre ellos Jesús el Nazareno, y que las religiones del poder nos han ocultado.
    El Uno, del que todos formamos parte, es una experiencia liberadora y amorosa, transversal a todas las creencias y no creencias, que, ni los apologetas de las religiones, ni los apologetas de las ciencias, llegan a comprender. Teísmo y cientifismo pueden confrontarse, pero Lo Absoluto y la ciencia no. Esta cada vez nos acerca más a la Nada misteriosa que somos. Un precioso libro, que recomiendo a todo hombre crítico desapegado de dogmas, nos da esta visión reconciliadora: «El hombre, Dios y el universo» de I.K. Taimni.
    Tanto el cientifismo como el teísmo deberían reconocer sus errores para hacer posible el diálogo. La iglesia católica, como institución piramidal y de poder, lo tiene realmente difícil al tener que desprenderse de una armadura oxidada de dogmas, que sin ella desaparecería. Todos y cada uno estamos llamados, como «El caballero de la armadura oxidada» de Robert Fisher, al que antes hice referencia, a liberarnos sin miedos de las ataduras en las que las religiones y las culturas dominantes nos encerraron. Libres encontraremos la paz y el gozo de lo que Somos.
    El silencio al que nos invitó Miguel de Molinos (al que condenó por ello la iglesia católica y no sé si aun lo ha rehabilitado) para que fluya el Dios de la vida dentro de cada uno, ese silencio, es el instrumento más eficaz para «entender no entendiendo», como dijo Juan de la Cruz, la paradoja a la que nos somete esta dimensión de lo sensible.

    1. Querido Rafael. En primer lugar, muchísimas gracias por comentar en el deseo de que tanto tú como toda tu familia estés bien. Y ya entro en el comentario de tu comentario.
      No, no. Leandro Sequeiros es al mismo tiempo científico, filósofo, profesor universitario, investigador multidisiciplinar, interdisciplinar y transdisciplinar, además de sacerdote jesuita. Me parece que tiene ahora 78 años y su vida está jalonada por un trabajo científico y filosófico riguroso qye ha dado lugar a una producción muy amplia de más de 80 libros, de los cuales puedes descargar gratis muchos de ellos en Bubok. A mi juicio, porque lo conozco y he leído algunos de sus trabajos, además de haber observado sus acciones y biografía, el Dios del que Leandro habla para nada tiene que ver con ese demonio que inyectaron doctrinariamente en nuestras mente desde que éramos niños. Es discípulo y un profundo estudioso de Theilard de Chardin y por tanto su orientación como creyente, a mi me parece que está más cercana de ese Dios Cósmico Hologramático que está al mismo tiempo dentro de nosotros y en el Universo. Además Leandro se orienta más bien y a mi juicio por los planteamientos de la Teología de la Liberación. En consecuencia para nada, creo yo que se refiere a ese «demonio dios» de los dictadores, inquisidores, machistas y demás sectores ultracatólicos. Él creo que tiene una posición «cristocéntrica» es decir orientada hacia los valores éticos universales del mensaje original Jesús, que como tú sabes, a mi me gusta nombrarlo como «el hijo del carpintero» sin más aditivos, ni apelativos de ningún tipo. Un mensaje, que salvando las interpretaciones ortodoxas y dogmáticas es de una potencia extraordinaria que para mí es transversal y que para nada tiene que ver con posiciones «eclesiocéntricas» que son las que corresponden al poder, estructuras, funcionarios, dogmas y demás espectáculos de la Iglesia Católica. No obstante, también debo decirte que Leandro ha sufrido los embates y ataques de esa estructura igual que los tuvo que sufrir Theilard y otros muchos, cuyas visiones son más integradoras, humanas, espirituales y fieles al mensaje original de Jesús. A mí desde luego me encantan sus análisis, porque los veo muy bien fundamentados y rigurosos.
      Por último, a mí me parece que lo que nos pasa a nosotros, es que hemos sido fuertemente castigados y heridos en nuestra conciencia y dignidad por esa Iglesia Carpetovetónica y del Syllabuis de Pío IX y esas son heridas difíciles de olvidar. Sin embargo cuando tanto tú como yo y otras muchas personas nos damos cuenta de nuestra dimensión espiritual al margen de dogmas y estructuras y siempre ligada a sentimientos de compasión y amor, pues entonces no necesitamos para nada ningún tipo de Iglesia ni de intermediarios porque nosotros mismos accedemos a esas realidades que se transforman en paz interior y amor. En fin querido, un abrazo grande y muchas gracias por tu comentario. Sigue, sigue !!!

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

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