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El franquismo sigue aquí (10). Del consentimiento a la crueldad: 7 claves teóricas para comprender la manipulación mediática
PEDAGOGÍA DE LA CRUELDAD:
Chomsky y Herman, Ellul, Debord, Bandura, Segato, Freire y Morin
Más allá de la noticia falsa
La desinformación no puede comprenderse únicamente como una colección de afirmaciones falsas. Para explicar su producción y sus consecuencias hay que estudiar las estructuras económicas de los medios, las técnicas de propaganda, la espectacularización de la política, los mecanismos psicológicos que permiten justificar el daño y los procesos educativos que forman —o debilitan— la conciencia crítica.
Siete autores ofrecen herramientas complementarias para esa tarea: Noam Chomsky y Edward S. Herman, Jacques Ellul, Guy Debord, Albert Bandura, Rita Segato, Paulo Freire y Edgar Morin. Sus propuestas no son equivalentes y no deben reducirse a una teoría única. Su articulación permite, sin embargo, construir un marco interdisciplinar para investigar cómo se producen los mensajes, qué relaciones de poder expresan y qué formas de sensibilidad pueden reforzar.
Chomsky y Herman: los filtros de la información
En Manufacturing Consent (1988), Edward S. Herman y Noam Chomsky propusieron un modelo para analizar cómo la propiedad, la publicidad, las fuentes informativas, las presiones institucionales y los mecanismos de control ideológico condicionan la producción de noticias. Su contribución desplaza el análisis desde la intención individual del periodista hacia las estructuras en las que se produce la información.
Un medio no necesita recibir instrucciones directas de un partido para favorecer determinados marcos. Los intereses empresariales, la dependencia de fuentes oficiales, la concentración de la propiedad o las rutinas profesionales pueden hacer que algunos asuntos reciban atención constante y otros queden relegados. Aplicado a España, el modelo invita a investigar propiedad, financiación, publicidad institucional, acceso a fuentes y selección de temas.
No autoriza, sin embargo, a concluir que toda noticia desfavorable para un Gobierno sea propaganda. Para sostener un patrón hacen falta muestras amplias, comparaciones sistemáticas y evidencias sobre los mecanismos que explican el tratamiento observado.
La concentración de la propiedad mediática y la financiación pública en España. El panorama español ofrece ejemplos significativos de concentración empresarial y de relaciones económicas entre los grupos de comunicación y las administraciones públicas. PRISA controla El País y la Cadena SER, y tiene como principal accionista a Amber Capital, cuyo fundador, Joseph Oughourlian, preside el grupo. Atresmedia, vinculada al Grupo Planeta y a la familia Lara, reúne Antena 3, laSexta y Onda Cero; Mediaset, integrada en el grupo internacional MFE y vinculada a la familia Berlusconi, controla Telecinco y Cuatro. Unidad Editorial, propiedad de RCS MediaGroup, edita El Mundo, mientras Vocento publica ABC y numerosos periódicos regionales. Por su parte, el Grupo Godó edita La Vanguardia y gestiona RAC1. Al frente de algunas de estas cabeceras y servicios informativos se encuentran Jan Martínez Ahrens (El País), Joaquín Manso (El Mundo), Jordi Juan (La Vanguardia), Francisco Marhuenda (La Razón), Santiago González (Antena 3 Noticias), Antonio García Ferreras (dirección editorial de laSexta) y Carlos Franganillo (Informativos Telecinco).
A esta concentración empresarial se añaden las relaciones económicas con las administraciones públicas. Los datos de publicidad institucional de la Administración General del Estado correspondientes a 2025 muestran que PRISA recibió aproximadamente 12,18 millones de euros, Atresmedia 8,93 millones, Mediaset 5,76 millones, Vocento 3,66 millones y Unidad Editorial 2,73 millones. Estas cantidades no demuestran por sí mismas subordinación política ni dependencia editorial, pero justifican investigar los criterios de distribución de la publicidad institucional, su transparencia y su posible incidencia sobre la autonomía de las redacciones. La cuestión de fondo, desde el modelo de Herman y Chomsky, consiste en analizar hasta qué punto la concentración de la propiedad, los intereses empresariales, la dependencia publicitaria y las relaciones institucionales condicionan la selección de los acontecimientos, las fuentes informativas y los marcos desde los que se interpreta la realidad.
La financiación pública de los medios y las relaciones con el poder político. Las relaciones entre propiedad mediática, financiación pública e independencia editorial no afectan exclusivamente a los grandes grupos de comunicación. También aparecen en medios digitales de orientación conservadora y liberal-conservadora. Los datos de 2025 permiten documentar, por ejemplo, 891.127 euros de publicidad pública para OKDIARIO, 244.654 para THE OBJECTIVE, 403.531 para El Debate, 1.070.404 para Libertad Digital y 133.162 para EDATV. En varios de estos casos, una parte sustancial de las cantidades procede de administraciones gobernadas por el Partido Popular, como la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid, Castilla y León y Aragón. También encontramos cifras relevantes en grupos empresariales que editan cabeceras como ABC, La Razón y El Mundo, aunque en estos casos hay que distinguir las cantidades correspondientes a cada periódico de las recibidas por el conjunto de sus sociedades editoras.
Estos datos no demuestran que la publicidad institucional determine automáticamente la orientación de los contenidos ni que exista una relación de subordinación entre los medios y los gobiernos que contratan sus espacios publicitarios. Sin embargo, plantean una cuestión que merece investigación: ¿qué grado de autonomía informativa puede garantizarse cuando las empresas periodísticas mantienen relaciones económicas importantes con las mismas instituciones cuyo funcionamiento deben fiscalizar? Desde el modelo de Herman y Chomsky, la pregunta no consiste en atribuir instrucciones directas a los gobiernos o a los propietarios, sino en investigar cómo la dependencia financiera, la concentración empresarial, los contratos de patrocinio y la distribución de los recursos públicos pueden condicionar las prioridades informativas y los marcos de interpretación de la realidad.
Ellul: la propaganda y la configuración del entorno mental
Jacques Ellul, en Propagandes (1962), estudió la propaganda como un fenómeno social que configura actitudes, símbolos y representaciones colectivas. La propaganda no se limita a imponer una consigna; puede organizar el entorno en el que una comunidad interpreta los acontecimientos.
Una acusación repetida puede perder su procedencia y sobrevivir como sospecha general. La circulación entre televisión, prensa, cuentas digitales y grupos de mensajería puede crear una apariencia de corroboración cuando varias publicaciones dependen de la misma fuente inicial. La pregunta útil consiste en reconstruir la genealogía de una afirmación: quién la formuló, qué modificaciones sufrió, qué evidencias añadió cada difusor y qué elementos se perdieron.
En la educación mediática, este enfoque aconseja estudiar la circulación y transformación de los mensajes, no solo su formulación inicial.
La DANA de Valencia: de los bulos a la construcción de narrativas colectivas. La catástrofe provocada por la DANA del 29 de octubre de 2024 constituye uno de los ejemplos más reveladores de la desinformación en España. Durante las semanas posteriores circularon más de un centenar de bulos, muchos de ellos relacionados entre sí y articulados alrededor de narrativas que pretendían ofrecer una interpretación global de lo sucedido. Uno de los casos más significativos fue el del aparcamiento del centro comercial Bonaire, en Aldaia, donde se difundieron audios y mensajes que hablaban de cientos de cadáveres ocultados por las autoridades. También circularon afirmaciones falsas sobre la demolición de grandes presas, la manipulación artificial del clima, el supuesto fallo de los radares de la AEMET y la ocultación deliberada de información sobre las víctimas. A ello se añadieron acusaciones infundadas contra Cruz Roja y Cáritas, presentadas como organizaciones que obstaculizaban la ayuda a los damnificados.
Lo significativo no fue únicamente la falsedad de estas informaciones, sino su capacidad para integrarse en relatos más amplios de conspiración, desconfianza institucional y confrontación política. La repetición de un mismo mensaje en diferentes plataformas podía producir una apariencia de corroboración, aunque las publicaciones procedieran de una fuente inicial común. De este modo, un rumor terminaba convirtiéndose en una sospecha colectiva y, posteriormente, en una interpretación general de la realidad. Incluso la expresión «el pueblo salva al pueblo», nacida de una solidaridad ciudadana real y extraordinaria, fue utilizada en determinados discursos para establecer una oposición absoluta entre ciudadanía e instituciones, como si toda organización pública fuese necesariamente incapaz o perjudicial. La aportación de Jacques Ellul permite comprender este fenómeno: la propaganda no necesita imponer una única mentira, sino configurar un entorno mental en el que determinadas sospechas, emociones y representaciones condicionan la interpretación de los acontecimientos. La DANA mostró, así, cómo una catástrofe puede convertirse en una oportunidad para debilitar la confianza colectiva, alimentar antagonismos y transformar la incertidumbre en una narrativa política de confrontación.
Debord: la política convertida en espectáculo
Guy Debord, en La Société du spectacle (1967), analizó una sociedad en la que las relaciones aparecen cada vez más mediadas por imágenes y representaciones. Aplicada al ecosistema informativo, su perspectiva permite preguntar cuándo la imagen sustituye a la explicación y cuándo el conflicto se organiza como espectáculo.
Un vídeo breve, un rótulo o una fotografía descontextualizada pueden convertirse en emblemas de una disputa política. El audio manipulado de una manifestación o una frase atribuida incorrectamente a una portavoz muestran que el material audiovisual puede parecer una prueba inmediata, aunque su significado haya sido alterado.
Esto no implica que las imágenes sean inherentemente engañosas. Exige examinar su procedencia, encuadre, edición, contexto y relación con la conclusión que se pretende extraer.
La conversión de la confrontación política en espectáculo audiovisual y la manipulación de imágenes y vídeos. La política española ofrece numerosos ejemplos de cómo el desacuerdo democrático puede transformarse en espectáculo audiovisual. Durante la campaña electoral de mayo de 2023 circuló un vídeo de Íñigo Errejón pronunciando un discurso que parecía revelar dificultades para hablar. Se le presentó como si estuviera borracho, pero Newtral y Maldita.es comprobaron que la grabación había sido ralentizada para alterar artificialmente su forma de hablar. Algo semejante sucedió con Yolanda Díaz, cuyo discurso fue manipulado mediante la ralentización de la imagen y el sonido. No se trataba de fabricar una escena inexistente, sino de modificar técnicamente una grabación auténtica para producir una interpretación falsa.
La visita de los Reyes, Pedro Sánchez y Carlos Mazón a Paiporta, después de la DANA de octubre de 2024, ofrece otro ejemplo. Las imágenes de los enfrentamientos y de la indignación ciudadana adquirieron una enorme circulación y se utilizaron para construir diferentes interpretaciones políticas del acontecimiento. Incluso se difundió un vídeo de un camarógrafo que insultaba a un vecino, presentándolo falsamente como trabajador de TVE. También la inteligencia artificial ha ampliado las posibilidades de manipulación: en 2024 circularon falsos informativos de RTVE en los que se suplantaba mediante técnicas de deepfake a presentadores y personajes públicos para promocionar supuestas inversiones financieras. A estos casos se añade la espectacularización de las tertulias televisivas, donde la confrontación personal, la dramatización, la anécdota y la argumentación emocional pueden desplazar el análisis de los problemas colectivos. La aportación de Guy Debord permite comprender este fenómeno: la imagen deja de ser un instrumento para conocer la realidad y se convierte en una representación que condiciona nuestra manera de interpretarla. El acontecimiento importa cada vez menos que su escenificación; el argumento, menos que el impacto emocional; y el adversario político termina convertido en un personaje destinado a ser admirado, ridiculizado o aborrecido. El resultado es una política que corre el riesgo de sustituir la deliberación democrática por el consumo permanente de imágenes, enfrentamientos y emociones.
Bandura: mecanismos de desconexión moral
Albert Bandura, en Moral Disengagement (2016), explica cómo las personas pueden participar en acciones dañinas sin experimentar una contradicción moral insuperable. Entre los mecanismos que estudia figuran la justificación moral, el lenguaje eufemístico, el desplazamiento o la difusión de la responsabilidad, la deshumanización y la atribución de culpa a las víctimas.
Estos mecanismos resultan relevantes cuando una comunicación presenta la humillación de un colectivo como defensa de la comunidad, describe a las víctimas como responsables de su sufrimiento o utiliza etiquetas que borran su individualidad. La deshumanización puede hacer que el daño parezca menos importante o incluso merecido.
No se debe inferir que una publicación produce automáticamente desconexión moral en su audiencia. Lo que puede analizarse es el discurso: qué daños justifica, qué responsabilidades desplaza y qué grupos quedan fuera de la comunidad de consideración ética.
La desconexión moral y la justificación del daño. Albert Bandura explica cómo las personas pueden participar en comportamientos perjudiciales sin experimentar necesariamente una contradicción con sus principios morales. Mediante diferentes mecanismos psicológicos y discursivos, pueden justificar el daño, minimizar sus consecuencias, desplazar responsabilidades o culpabilizar a quienes lo padecen. La realidad española ofrece ejemplos significativos. En el caso de La Manada, la agresión sexual sufrida por una joven durante los Sanfermines de 2016 estuvo acompañada de discursos públicos que cuestionaban su comportamiento y desplazaban la atención desde los agresores hacia la víctima. El Tribunal Supremo condenó finalmente a los cinco acusados a quince años de prisión por violación, apreciando, entre otras circunstancias, la actuación conjunta y el trato vejatorio. También el caso de El Tarajal, donde murieron ahogadas quince personas migrantes en febrero de 2014 durante un intento de entrada a nado en Ceuta, permite investigar cómo la responsabilidad individual puede diluirse en las estructuras jerárquicas y los procedimientos institucionales, aunque la causa judicial terminara archivada sin condenas penales. Por otra parte, los discursos que presentan a las personas migrantes como invasores, amenazas o colectivos inferiores ilustran los mecanismos de deshumanización. El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia documentó en septiembre de 2024 que el 34 % de los mensajes de odio monitorizados contenían expresiones de deshumanización y degradación de las personas migrantes. A estos mecanismos se añaden la minimización del acoso escolar mediante expresiones como «son cosas de niños», la justificación de la discriminación en nombre de la seguridad colectiva y la presentación de la humillación del adversario político como una forma legítima de defender determinados valores. La aportación de Bandura permite comprender que la crueldad no necesita surgir siempre de una ausencia de valores morales: también puede desarrollarse cuando las personas aprenden a desactivar selectivamente los mecanismos que les permiten reconocer el sufrimiento ajeno, asumir responsabilidades y establecer límites éticos a su propia conducta.
Segato: la pedagogía de la crueldad
Rita Laura Segato, en Contra-pedagogías de la crueldad (2018), examina prácticas que enseñan a convertir la vida y el sufrimiento ajenos en objetos disponibles para el dominio, la apropiación o la indiferencia. Su enfoque permite comprender la dimensión cultural de la crueldad: no solo hay actos violentos, sino también formas de mirar y nombrar que naturalizan relaciones de desigualdad.
En los medios, esta cuestión aparece cuando el dolor se convierte en entretenimiento, la humillación se presenta como valentía o las personas vulnerables son expuestas sin suficiente justificación informativa. La pregunta no es únicamente si una imagen es auténtica, sino también qué relación de poder reproduce, quién tiene voz y qué sufrimientos se vuelven invisibles.
La perspectiva de Segato invita a investigar los efectos culturales de la representación sin afirmar que toda cobertura de violencia produzca necesariamente crueldad.
En España encontramos numerosas manifestaciones de lo que Rita Segato denomina pedagogía de la crueldad. El caso de La Manada mostró hasta qué punto el cuerpo de una mujer puede ser tratado como objeto de apropiación y dominio; la historia de Ana Orantes puso de manifiesto la larga normalización social de la violencia machista; las redes de trata y explotación sexual revelan la conversión de las personas en mercancías; los discursos racistas y xenófobos enseñan a contemplar a las personas migrantes como amenazas antes que como seres humanos; la indiferencia ante quienes viven en la calle expresa la naturalización de la exclusión; el acoso escolar enseña a obtener reconocimiento mediante la humillación; y determinados tratamientos mediáticos convierten el sufrimiento ajeno en espectáculo y consumo. En todos estos fenómenos encontramos una misma operación cultural: acostumbrarnos a mirar sin sentir, a juzgar sin comprender, a excluir sin preguntarnos por las consecuencias y a considerar que la dignidad de algunas personas puede ser negociable. La pedagogía de la crueldad no necesita que todos seamos violentos: basta con que aprendamos a tolerar la violencia, a justificarla o a permanecer indiferentes ante ella.
Freire: leer críticamente el mundo
Paulo Freire concibe la educación como un proceso de concienciación que permite interpretar críticamente la realidad e intervenir en ella. La alfabetización mediática, desde esta perspectiva, no se reduce a aprender trucos para detectar falsedades. Debe relacionar los discursos con las condiciones materiales, las desigualdades, los intereses y las experiencias de los grupos sociales.
Ante una noticia cabe preguntar: ¿qué problema se presenta?, ¿quién aparece como responsable?, ¿quién no tiene voz?, ¿qué soluciones se consideran posibles y cuáles desaparecen del relato? El diálogo crítico no significa aceptar todas las opiniones como igualmente válidas, sino crear condiciones para contrastar pruebas, revisar interpretaciones y participar en la comprensión colectiva de los problemas.
Morin: complejidad frente a explicaciones simplificadoras
Edgar Morin, en Los siete saberes necesarios para la educación del futuro (1999), subraya la necesidad de educar para reconocer el error, contextualizar el conocimiento y afrontar la incertidumbre. La desinformación prospera cuando un fenómeno complejo se reduce a un culpable absoluto y una solución inmediata.
Una catástrofe puede implicar factores meteorológicos, planificación territorial, infraestructuras, alertas y decisiones institucionales. Investigar la causalidad exige considerar las interacciones sin diluir responsabilidades concretas. El pensamiento complejo no significa renunciar a las conclusiones, sino construirlas atendiendo a las escalas, los contextos y los límites de la evidencia.
La simplificación no es siempre una falsedad deliberada; puede ser un recurso retórico que presenta una explicación parcial como si fuera suficiente.
Síntesis
Las siete perspectivas pueden articularse como niveles de análisis: las estructuras de poder condicionan la producción informativa; la propaganda organiza marcos interpretativos; el espectáculo privilegia ciertas imágenes; los mecanismos de desconexión moral pueden justificar el daño; las pedagogías de la crueldad naturalizan relaciones de dominio; la educación crítica permite leer el mundo; y el pensamiento complejo ayuda a reconocer relaciones, incertidumbres y responsabilidades.
Este marco no sirve para etiquetar ideológicamente a los medios de antemano. Sirve para formular preguntas verificables: qué intereses intervienen, cómo circula un mensaje, qué pruebas aporta, qué emociones activa, cómo representa a las víctimas y qué explicaciones excluye.
La conclusión educativa es que combatir la desinformación exige algo más que corregir datos. Requiere formar personas capaces de verificar, dialogar, rectificar y reconocer la dignidad de quienes quedan convertidos en objetos de hostilidad.
Referencias bibliográficas y documentales
BANDURA, Albert. Moral Disengagement: How People Do Harm and Live with Themselves. New York: Worth Publishers, 2016.
DEBORD, Guy. La Société du spectacle. Paris: Buchet-Chastel, 1967.
ELLUL, Jacques. Propagandes. Paris: Armand Colin, 1962.
FREIRE, Paulo. Pedagogia do oprimido. Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1970.
HERMAN, Edward S.; CHOMSKY, Noam. Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media. New York: Pantheon Books, 1988.
MORIN, Edgar. Les sept savoirs nécessaires à l’éducation du futur. Paris: UNESCO, 1999.
SEGATO, Rita Laura. Contra-pedagogías de la crueldad. Buenos Aires: Prometeo Libros, 2018.
Juan Miguel Batalloso Navas
Camas (Sevilla), 7 de noviembre de 2026