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Lo descubrí hace más de veinte años, cuando asolado por la enfermedad y el miedo a la muerte, decidí explorar e investigar a mi manera aquellas filosofías que podían ayudarme a encontrar más serenidad, más calma y en suma un mayor equilibrio y paz interiores.
Mi viaje de descubrimiento del budismo como psicología del desarrollo personal, no fue sencillo, sobre todo porque más que una filosofía o una religión, el budismo es realmente una metodología práctica para caminar por la vida y esto requiere obviamente algún tipo de disciplina diaria, especialmente de meditación.
Recuerdo vivamente que estuve todo un año recibiendo las enseñanzas de una maestra budista en Sevilla a la que acudía puntualmente a todas las sesiones de trabajo que nos ofrecía semanalmente. Y así, a partir de aquel año decidí explorar y estudiar por mi cuenta todas aquellas temáticas que el budismo podía ofrecerme para vivir mejor de una forma más sana y más equilibrada.
Con esta motivación, decidí ir publicando aquí un total de 23 artículos sobre diversos aspectos del budismo dedicando una especial atención al estudio de la alegría, que según compruebo en las estadísticas de Krisis han tenido una escasísima atención y repercusión.
Sin embargo, esta falta de interés o de lectores del blog, no me impide para nada seguir apostando por el estudio del budismo, realizando síntesis y descubriendo en él nuevas dimensiones y aspectos que pueden enriquecer en mi opinión, el desarrollo personal de cualquier ser humano. Además, el seguir y seguir en este empeño, me sirve también para gozar y entretenerme intentando emplear mi tiempo libre de una forma productiva y dejando en Krisis mis textos que quedarán ahí permanetemente por si alguna vez, alguien desea hacer uso de ellos.
Así pues, comienzo hoy, 1 de septiembre de 2025, una nueva serie de artículos dedicado a las aportaciones del budismo al estudio y la regulación de las emociones.
Con la esperanza y el deseo, de que estos textos puedan servir de ayuda o de conocimiento a alguien, recibe un saludo agradecido por estar aquí, de:
Juan Miguel Batalloso Navas

Por Juan Miguel Batalloso Navas
Introducción
Además de las diversas teorías de las emociones y los distintos tipos de emociones y sentimientos que nos han ofrecido los estudiosos de la Psicología del “Universo afectivo”, existe una clasificación de las emociones de más de 2.500 años de antigüedad sumamente interesante y aprovechable para nuestro desarrollo personal y los fines que perseguimos con esta publicación. Nos estamos refiriendo a la distinción que realiza el budismo entre emociones constructivas y destructivas.
Para el budismo, las emociones destructivas son aquellas que producen daño, dolor o sufrimiento tanto en las demás personas como en nosotros mismos aunque también en nuestro medio ambiente natural, en todos los seres vivos y en nuestros entornos sociales. Básicamente las emociones destructivas del budismo son las mismas que las ofrecidas por las actuales teorías psicológicas de las emociones y los sentimientos. A su vez, las emociones constructivas son para el budismo los “antídotos” para disminuir o eliminar el sufrimiento que ocasionan las emociones destructivas.
A los efectos de comprender y controlar mejor las emociones, el budismo y sus prácticas son a mi juicio una potente estrategia. Por ello y para contextualizar sus aportaciones y entender su significado más profundo y actual considero necesario hacer un recorrido básico por estas y la importancia que tienen para el despertar al desarrollo de nuestra mente.
El budismo es una de las grandes religiones del mundo junto al judaísmo, el cristianismo, el islamismo y el hinduismo. Como todas las religiones conocidas, el budismo según se trate de unas tradiciones u otras2 Ref.En el budismo existen tres tradiciones con diferentes estilos, matices y formalidades. La más antigua de ellas, es la del budismo Theravada, también conocido como la enseñanza de los ancianos, centrado fundamentalmente en la vida monástica y en la que el papel de los laicos es escasamente significativo. La otra es la tradición Mahayana o también conocida como Gran Vehículo que surge de la necesidad de poner a disposición del público en general, las enseñanzas del Dharma. Si bien esta tradición reconoce los textos más antiguos de la tradición Theravada, sus textos se han ido sucediendo a lo largo del tiempo incorporando nuevas reflexiones sobre la doctrina original o Dharma. Así se han incorporado al budismo nuevos sutras o sermones de enorme importancia y belleza como son el Sutra del Diamante, el Sutra del Corazón, el Sutra del Loto, el Sutra Avatamsaka y muchos más. En cuanto a la tercera tradición del budismo es la que se conoce como Vajrayana, que a menudo se considera como una subdivisión del Mahayana. Surgió cuando el budismo llegó al llegó al Tíbet y se mezcló con la tradición religiosa tibetana Bön. El budismo Theravāda es dominante en Sri Lanka y el sudeste asiático, como en Camboya, Laos, Birmania y Tailandia. El Mahayana, que incluye las tradiciones de la tierra pura, el zen, el budismo nichiren, el shingon y la escuela tiantai (tendai), se encuentra en todo el este de Asia. El budismo tibetano, que conserva las enseñanzas Vajrayana de la India del siglo VIII, se practica en los países de la región del Himalaya, Mongolia y Kalmukia -Rusia-. también tiene en mayor o en menor grado, una estructura de poder o de autoridad; un conjunto de espacios o templos; un sistema de creencias; una estructura sacerdotal y jerárquica; un sistema de ritos y símbolos, así como también un conjunto de escritos y tratados que dan soporte y fundamento a las creencias. Sin embargo, a diferencia de otras religiones, y he aquí la diferencia fundamental, el budismo no es una religión deísta, no necesita de ningún Dios o de ningún ser de naturaleza divina al que haya que temer o doblegarse, ya que considera que cualquier ser humano puede llegar a ser feliz sin necesidad de recurrir o pedir ayuda a entidades celestiales.
En el mismo sentido, el budismo no necesita de ningún tipo de creencia en seres divinos porque no es la fe en las figuras del más allá lo que da sentido a sus creencias. De hecho, para los budistas Buda o Siddhartha Gautama, no es ningún Dios, sino un ser humano muy desarrollado y evolucionado. A diferencia de las demás religiones, el budismo, aunque disponga de textos ancestrales escritos por diversos autores, no dispone de verdades reveladas por instancias supraterrenales. Tampoco es propiamente una filosofía al uso que ofrezca teorías abstractas, formulaciones, principios y normas estrictas que haya que aceptar y seguir. Si bien el budismo contiene numerosos elementos éticos, tampoco es un recetario de mandamientos o normas morales de conducta.
Aunque son numerosas las definiciones y conceptualizaciones de las que disponemos acerca de lo que es el budismo, desde nuestro personal punto de vista el budismo en realidad es todo un conjunto de enseñanzas procedentes de textos ancestrales, sobre como funciona nuestra mente y cuales son aquellas tendencias que originan nuestro malestar, sufrimiento o nuestra propia destrucción. De aquí que muchos autores lo consideren como una “ciencia de la mente”, entendiendo por ciencia no lo que entendemos en Occidente, sino aquella actividad de observación exterior e interior que consigue detectar las insuficiencias y contradicciones de nuestros procesos de sentir, pensar, tomar decisiones y actuar. Una observación diagnóstica que va seguida de una propuesta terapéutica para conseguir armonía, equilibrio, sosiego, serenidad y en suma, paz interior.
Para los budistas lo verdaderamente importante e indispensable, no es el conocimiento exhaustivo y erudito de los textos como sucede en las demás religiones. Por el contrario, para el budismo lo que verdaderamente importa es la práctica diaria decidida, continuada, sostenida y concretada con humildad en una forma de vida y de conducta. Una práctica, cuyo objetivo es conseguir liberarse del sufrimiento, generar compasión y llegar a alcanzar un estado de iluminación, discernimiento y paz interior que dé pleno sentido a la vida. En otras palabras, lo que el budismo intenta es ofrecernos recursos para que seamos capaces de “Despertar”, gozando de la vida momento a momento y practicando constantemente un tipo de atención que nos permita analizar, contrastar, evaluar y discernir que es realmente aquello que nos produce sufrimiento y cómo podemos liberarnos de él.
El budismo es a mi juicio una de las religiones que mejor ha sabido captar el funcionamiento de nuestra mente, de aquí que hoy podamos hablar de lo que se conoce como “Psicología budista”. Una Psicología que ha impregnado con sus aportaciones a otras, como la Psicología Humanista, la Psicología Transpersonal, la Psicología del Desarrollo de la Conciencia y también lo que hoy conocemos como “Terapias de 3ª generación”3 Ref.Las terapias de tercera generación son una corriente de enfoques terapéuticos que surgen a finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Se caracterizan por enfatizar la importancia de la relación terapéutica, el uso de técnicas basadas en la aceptación, la atención plena y la cognición, así como la incorporación de valores y el compromiso con la acción. Son una evolución de las terapias cognitivo-conductuales y se caracterizan por la inclusión de elementos que buscan promover la aceptación, la atención plena y la conexión con los valores personales del paciente. A diferencia de las terapias de primera y segunda generación, que se centran en el cambio de los pensamientos y comportamientos problemáticos, las terapias de tercera generación buscan mejorar la relación del paciente con su experiencia interna, incluyendo sus emociones, pensamientos y sensaciones corporales. Entre las terapias de tercera generación más conocidas, se encuentran la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), la Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT), la Terapia Dialéctica Conductual (DBT) y la Terapia Focalizada en la Compasión (CFT), entre otras. Cada una de estas terapias tiene enfoques específicos, pero todas comparten el objetivo de ayudar a las personas a aceptar su experiencia interna, comprometerse con sus valores y tomar acciones significativas hacia una vida más plena y satisfactoria
El budismo es en realidad todo un tratado de Psicología acerca de los deseos, las pasiones, las emociones y el sufrimiento psíquico de los seres humanos. De aquí que para aprovechar sus enseñanzas no sea de ningún modo necesario afiliarse o hacerse miembro de sus organizaciones. Cualquier persona, incluso aunque se profese otra religión o no se crea en ninguna, puede hacer uso de las sugerencias y orientaciones del budismo para mejorar su bienestar físico y psíquico.

