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Verdaderamente yo no salía de mi asombro al ver las formas de agresividad y violencia expresiva de todo un presidente y un vicepresidente de la nación más poderosa del mundo. Un acontecimiento que sin duda alguna pone de manifiesto una vez más algo que es evidente: el dominio imperialista, colonialista y militarista de Estados Unidos, un país al que le cabe el desgraciado y mortífero mérito de haber protagonizado numerosas guerras y golpes de Estado a lo largo de todo el mundo, contribuyendo así, a todo un negocio de muerte y destrucción en el que el beneficiario siempre fue sin duda la industria militar norteamericana.
Este acontecimiento me hizo recordar, no solo la naturaleza del poder como fenómeno social de todas las relaciones humanas, cuya base siempre reside en la desigualdad y la negación de la inviolable e igualitaria dignidad humana.
Entonces me acordé también del concepto de personas tóxicas y de cómo estas son generadoras y productoras de emociones destructivas que van desde la ira hasta el odio, pasando por la manipulación, la mentira y el control de todas las personas que conviven o se relacionan con ellas.
Lo queramos o no, apartarse y alejarse todo lo que uno pueda de las personas tóxicas es una necesidad de supervivencia psíquica y física, dado que, en el origen de todo tipo de violencia, además del deseo de ganancia a toda costa está también el del dominio absoluto del otro en todas sus dimensiones vitales.
Así pues, valga este artículo para desenmascarar a las personas tóxicas que nos rodean y que sin darnos cuenta nos amargan la vida y nos arruinan la convivencia pacífica y las relaciones sociales saludables.
Por último decir, que este artículo sea tal vez demasiado largo para las personas que no tienen interés en el tema o que sencillamente no tienen el tiempo y la paciencia necesaria para reflexionar sobre la necesidad de cuidarnos física y psíquicamente, denunciando siempre cualquier intento de agresión o violación de nuestra dignidad.


Evitar y protegerse de las personas y relaciones tóxicas
Por Juan Miguel Batalloso Navas
Casi siempre nuestras conductas de apego han sido generadas como consecuencia del condicionamiento sociocultural y de la imitación de modelos de referencia de personas significativas para nosotros. Esto es a lo que Anthony de Mello llama “programación” o conjunto de creencias irracionales y comportamientos que nos producen infelicidad y que hemos aprendido en la familia, la escuela, la sociedad, mediante la influencia de los medios de comunicación y que los damos por válidos y verdaderos. 1 Ref.MELLO, Anthony de. Redescubrir la vida: despierta a la belleza de la realidad y redescubre la vida que te has estado perdiendo. Móstoles (Madrid): Gaia, 2013.
Participar en relaciones sociales que objetivamente influyen o nos conducen a actuar de una manera que no es genuinamente singular y personal, es dejar en manos de los demás nuestros sentimientos, pensamientos, palabras y acciones. Y si además comprobamos que nuestras relaciones están basadas en una especie de temor o miedo a ser rechazado, minusvalorado o despreciado de algún modo que nos impulsa a “quedar bien” con los demás y satisfacer sus expectativas, es evidente que no estamos siendo sinceros con nosotros mismos.
Así pues, si comprobamos que una determinada relación social, de amistad o incluso amorosa de pareja, nos hace sentirnos despreciados o marginados, insistir en esa relación a lo único que nos puede conducir es a mayores dosis de ansiedad y frustración. En este sentido, Walter Riso nos dice que cuando comprobamos que no somos bien recibidos en una reunión y acabamos por darle vueltas continuamente en nuestra mente al gesto de desprecio o marginación recibido, estamos sufriendo inútilmente y, por tanto:
Una sustancia, un objeto, una situación, una persona o una relación tóxica es aquel o aquella que produce un daño objetivo en nuestra salud o en nuestro bienestar físico, psíquico y social.
El daño que provocan las personas tóxicas se expresa mediante un abanico muy amplio de posibilidades. Van desde el extremo de causar daño físico mediante el ejercicio de la agresión violenta, pasando por el daño psíquico de la agresión verbal, la ridiculización y la humillación, o simplemente provocando en las personas que se relacionan o interaccionan con ellas situaciones de malestar, desagrado, enojo y otros sentimientos negativos de rechazo. En general podemos decir que las personas tóxicas son aquellas que intencionadamente persiguen hacer daño, humillar, molestar, incordiar o enfadar a los demás por el puro y patológico placer de sentirse superiores y con poder para influir en ellos.
Las características de las personas tóxicas o incapacitadas para mantener relaciones sociales saludables, gratificantes y enriquecedoras, ya se trate de relaciones circunstanciales o esporádicas, de amistad o amorosas y de pareja, son muy variadas y no siempre es fácil detectarlas. En general las personas tóxicas que impiden objetivamente unas relaciones horizontales, confiadas y saludables manifiestan con frecuencia los siguientes comportamientos:
- Egocentrismo. Casi todas las comunicaciones, conversaciones o intercambios verbales terminan por estar referidos a sí mismas. Tratan de ser el centro de la conversación, tratando de demostrar que sus gustos, intereses, opiniones o conocimientos sobre un determinado asunto son siempre superiores y mejores a los de los demás.
- Narcisismo. Dado que se sienten superiores a los demás, las personas tóxicas tratan de mostrar su supuesto conocimiento y superioridad de argumentación en todas las conversaciones. Además, adoptan ciertas costumbres, modas, formas de vestir, aspecto físico, etc. cuyo objetivo es llamar la atención y mostrar que son supuestamente originales, creativas, únicas y dignas de admiración. Se creen realmente hermosas, bellas y envidiables de aquí que inviertan muchas energías en cuidarse físicamente y mirarse al espejo con mucha frecuencia.
- Control. Las personas tóxicas se caracterizan por conductas de control, ya sea de sí mismas mediante el perfeccionismo y la obsesión por un supuesto orden material y social que consideran sagrado, o mediante la vigilancia de las personas con las que se relacionan. Una vigilancia que les conduce a exigir a los demás lo que deben hacer en todo momento y situación y por tanto a utilizar diversos procedimientos de reproche y chantaje emocional para conseguir que los demás se conduzcan conforme a sus deseos. El control de los demás de las personas tóxicas y de las relaciones que mantienen se funda en una intensa desconfianza, lo que los lleva a las clásicas conductas de celos y envidias que pueden derivar en trastornos patológicos.
- Parasitismo. Las personas tóxicas siempre procuran conseguir sus deseos y objetivos a partir de los recursos de los que disponen los demás. Su tendencia a la pereza, mezclada con sus sentimientos de superioridad los lleva a rodearse de aquellas personas que le pueden proporcionar ganancias, beneficios, bienestar y comodidad. Y para conseguir la admiración y/o la rendición de las personas que las pueden beneficiar, utilizan los más diversos procedimientos de seducción, encantamiento, magnificación de sus supuestas cualidades, manipulación, chantaje emocional y en los casos más graves pueden llegar al acoso, la amenaza y cualquier otra forma de infundir miedo al otro. Se trata pues de personas, utilizando la terminología de Erich Fromm (Fromm, 1953) de carácter explotador, es decir, no producen. Copian, plagian y no tienen ideas originales. Muy habilidosas para presentar como propias ideas y trabajos que no son de su creación.
- Envidia. La envidia es el deseo de poseer o disfrutar de aquello que tienen los demás. Por tanto, las personas envidiosas y tóxicas son aquellas que son incapaces de alegrarse por el bien o los éxitos que poseen o alcanzan los demás siendo también renuentes e incapaces de mostrar comportamientos de sincero agradecimiento y felicitación. Y si los muestran, es siempre buscando su propio interés para que los demás sigan alimentándolos de bienestar y comodidad.
- Vanidad. Los comportamientos de vanidad, vanagloria, autoalabanza o autobombo tal vez sean los más comunes en las personas tóxicas en cuanto que de forma permanente están deseando que se les ensalce, se les alabe y se les felicite por todo lo que hacen. Su obsesión consiste en demostrar su supuesta superioridad en todas las ocasiones en las que mantienen una relación social.
- Culpa. Dado su evidente egocentrismo, en sus relaciones con los demás intentan siempre dejar claro que la responsabilidad y la culpa de cualquier error que puedan cometer es debido a los demás a los cuales atribuyen la responsabilidad de sus actos. Se trata por tanto de personas irresponsables incapaces de autocrítica, de expresar disculpas o de pedir perdón.
- Empatía. Los comportamientos empáticos de las personas tóxicas son generalmente poco frecuentes, dado que tienen una gran incapacidad para escuchar, entender, comprender y ponerse en el lugar de los otros para aportar acompañamiento y ayuda. En la medida en que son escasamente empáticas, las personas tóxicas son proclives a no aceptar la conducta, las visiones, creencias y opiniones de los demás. Y si las aceptan, si aceptan al otro al que dicen amar, querer o acompañar, lo hacen siempre para conseguir sus muchas veces inconfesables objetivos de ganancia y beneficio. Son por tanto personas manipuladoras que acostumbran a utilizar dobles y triples lenguajes en función de que las circunstancias les sean más o menos favorables para conseguir los beneficios que pretenden en su relación con el otro.
- Emociones. Dependiendo de los diversos contextos en los que mantienen relaciones sociales y en función de las diferentes circunstancias, las personas tóxicas se conducen emocionalmente de una manera o de otra. Si en los contextos en los que operan y se relacionan se sienten seguras y con la sensación de que controlan todas las situaciones, muestran por lo general conductas afectivas y emociones positivas. Por el contrario, si se desenvuelven en contextos que perciben inseguros porque no pueden controlar, acostumbran a mostrarse frías, distantes, calladas y ensimismadas en sus cosas, inhibiendo por tanto sus expresiones emocionales. A su vez, la conducta e incluso su simple presencia ante los demás, genera en las personas que lo acompañan emociones negativas. En consecuencia, son personas con serias dificultades para mantener relaciones de confianza, horizontalidad y amistad.
En conclusión, me atrevo a recomendar que el alejarse y evitar personas y relaciones tóxicas haciendo todo lo posible por apartarlas de nuestras vidas es una necesidad indispensable para nuestro bienestar emocional y el mantenimiento de relaciones interpersonales y sociales saludables. No obstante, creo que la clave está en nuestra capacidad y habilidad para descubrir cuando estamos ante una persona tóxica, pero también en el conocimiento de nosotros mismos, ya que muy a menudo los humanos “proyectamos” nuestros defectos en los demás. Por tanto, lo primero y más importante es descubrir en nosotros mismos la existencia de los rasgos que caracterizan a las personas tóxicas y por tanto eliminarlos mediante nuestro trabajo interior.
Por último, no me resisto a la tentación de traer aquí un viejo cuento budista que ilustra muy bien lo que podemos hacer cuando nos agravian, insultan o menosprecian


Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ
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