KRISIS

Hans Küng: crítica del catolicismo romano y diálogo entre religiones

Por Juan José Tamayo Acosta

Hans Kung (1928-2021)

Con la muerte del teólogo suizo Hans Küng el 6 de abril, el cristianismo pierde a una de las mentes más lúcidas y creativas del siglo XX y de las dos décadas del siglo XXI y a un librepensador –una figura poco frecuente- dentro de la Iglesia católica. Él fue la conciencia crítica del catolicismo romano, del imperialismo vaticano, del fundamentalismo instalado durante siglos en la cúpula de San Pedro y muy especialmente del dogma de la infalibilidad del papa, declarado ególatramente por Pío IX en 1870. Fue un crítico muy severo del rumbo involucionista de los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que él mismo sufrió en su propia carne. “Difícilmente -afirma- habrá entre las grandes instituciones de nuestros países democráticos ninguna otra que proceda de forma más inhumana con quienes piensan distinto y con los críticos en sus propias filas, ninguno que discrimine tanto a las mujeres”.

Pero ejerció también la función de terapeuta, como a él le gustaba definirse. Fue un reformador, en continuidad con los grandes reformadores del cristianismo, que defendió un cambio de paradigma eclesial teniendo como referencia no los Concilios de Trento del Vaticano I, sino el Concilio Vaticano II, no el Código de Derechos Canónico ni la actual Constitución jerárquico-patriarcal del Estado de la Ciudad del Vaticano, sino el Evangelio, no la obediencia y sumisión al papa, sino el seguimiento de Jesús de Nazaret.

Practicó el diálogo como talante, estilo de vida, método para la búsqueda de verdad y camino para la resolución de los conflictos. Fue pionero en el diálogo ecuménico entre las diferentes iglesias cristianas. Esa resultó ser una de sus principales aportaciones al Concilio Vaticano II, donde participó como perito teológico invitado por Juan XXIII con apenas 34 años y contribuyó a pasar del anatema, en el que estuvo instalado el papado durante siglos, al diálogo. 

Sin embargo, unos años después experimentó en su propia persona el cambio producido en el Vaticano con Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger caracterizado por la involución preconciliar, que supuso hacer el camino inverso: del diálogo al anatema. El teólogo que tanto había defendido teológicamente el diálogo intraeclesial y ecuménico y lo había practicado en numerosos foros, fue sancionado con la retirada del reconocimiento de “teólogo católico” en 1979 y con la prohibición de enseñar teología católica, primero con el silencio cómplice de su colega en Tubinga Joseph Ratzinger, entonces cardenal y arzobispo de Munich y posteriormente con la negativa a levantarle la sanción siendo presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1982 a 2005 y luego Papa de 2005 a 2013.

Resulta paradójico que quien tanto trabajó para eliminar los obstáculos doctrinales, organizativos y ministeriales para facilitar el diálogo ecuménico, el encuentro entre las iglesias cristianas, tantos siglos enemistadas, la unión de los cristianos y cristianas respetando la pluriversidad intereclesial, fuera condenado al silencio en el ámbito de la enseñanza teológica en la propia Iglesia católica, que era su verdadero hogar que nunca quiso abandonar. ¡Paradójico, contradictorio e injusto!

Diría más. Me parece inexplicable -y lo digo con profunda tristeza- que quien apoyó desde el principio las reformas llevadas a cabo por Francisco, frente a sus detractores, y reconoció que con él volvía la primavera a la Iglesia católica y se activaba el espíritu conciliar, no haya sido rehabilitado durante los ocho años de pontificado de papa argentino. Sobre todo, tras haber escrito este una carta Küng con el encabezamiento en cursiva y en alemán liebe Mitbruder (“Querido hermano”).  Siento decir que en el trato con el teólogo suizo ha faltado piedad, compasión y humanidad. Tal actitud está muy lejos de ser evangélica.

Küng fue uno de los teólogos más madrugadores en el diálogo interreligioso desde el convencimiento de que ninguna religión tiene la cartografía completa de la verdad ni es el único camino de salvación/liberación. Considera el diálogo de religiones como alternativa a las multiseculares guerras de religiones, de las quedan todavía algunas reminiscencias, y a la teoría del choque de civilizaciones defendida por Samuel Huntington como estrategia en las relaciones internacionales. 

Un diálogo no centrado en la búsqueda de acuerdos doctrinales, sino en torno a la defensa de valores morales comunes a las religiones y a la ética cívica, como la no violencia activa en el camino hacia la paz y el respeto a toda la vida, la defensa de la naturaleza como hogar común, la práctica de una vida veraz y auténtica, la cultura de la solidaridad y de un orden internacional justo; el reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres.

El tercer nivel del diálogo de Küng fue el interdisciplinar. Desde los inicios de su itinerario intelectual mantuvo un diálogo fecundo, mutuamente enriquecedor e ininterrumpido con las ciencias naturales y las ciencias humanas, con las ciencias sociales y las ciencias de la vida, con las ciencias de la mente, la filosofía, las ciencias de las relgiiones, la ciencia política, la economía, la arqueología, la estética, la música, la literatura, etc. Un diálogo en el que reconoce las aportaciones que unas y otras disciplinas han hecho al pensamiento y los avances que han supuesto para la humanidad, pero en el que entona, al mismo tiempo, la despedida de la excesiva credulidad en la razón, la ciencia y la tecnología.    

En dicho diálogo no esquivó los temas más espinosos desde el punto de vista ético y religioso como la muerte digna, en pleno debate sobre la eutanasia y aplicándolo a su propia persona. Para él, el ars moriendi formaba parte del ars vivendi y ambos han de regirse por el principio-responsabilidad. “Me encantaría –afirma- morir conscientemente y despedirme con dignidad”. Vivir, pensar, hablar, hacer teología y morir con dignidad es, sin duda, el mejor legado de la vida nonagenaria y del trabajo intelectual de Hans Küng, el teólogo reconocido mundialmente como una de las figuras más influyentes en el actual escenario sociocultural y religioso.

Juan José Tamayo Acosta es teólogo vinculado a la Teología de la Liberación. Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III, en Madrid, y secretario general de la Asociación de teólogas y teólogos Juan XXIII. Conferencista nacional e internacional y autor de más de 70 libros. Articulista habitual en prestigiosos periódicos nacionales e internacionales, así como reconocidos sitios como Religión Digital.
Entre algunas de sus publicaciones se encuentran: San Romero de América, mártir por la justicia (Editorial Tirant, 2015);  Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2020, 2ª ed.)De la iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina (Tirant lo Blanc, 2019); ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías?  (Biblioteca Nueva, 2020, 3ª ed.); Hermano islam (Trotta, 2019).Pedro Casaldáliga. Larga caminada con los pobres de la tierra; (Herder, noviembre 2020); ¿La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, 2020)
Este artículo fue publicado por AMERINDIA el pasado 9 de abril del presenta año 2021.
        Vaya desde aquí nuestro más sincero agradecimiento por honrar con sus colaboraciones este sitio.

2 comentarios sobre «Hans Küng: crítica del catolicismo romano y diálogo entre religiones»

  1. Hans Küng pretendió dar una nueva vitalidad a la Iglesia con sus razonables propuestas. Pero los dos papas anteriores le cortaron las alas y el actual papa Francisco no se las repuso cuando aún vivía. Ha sido otra oportunidad desaprovechada, entre tantas, para darle a la Iglesia un rumbo más cristiano y humano. Si el Vaticano tuviera conciencia reparadora recogería el valioso legado teológico de Han Küng, pero mucho me temo que no será así. Otra oportunidad que se le presenta a la Iglesia es el sínodo de mujeres para el 2022 que exigirá la igualdad entre hombres y mujeres respecto al magisterio y a las esferas de poder. Dudo que el Vaticano, con Francisco a la cabeza, conceda el diaconado a las mujeres, el grado clerical más bajo, por estar sumidos en la misoginia.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

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