KRISIS

¡HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO! Contra el fascismo y los que lo normalizan (4)

Por Juan M. Batalloso

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Contra el odio (1)

«He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta…»1 Ref. Blaise Pascal (1623-1662)
Luther King - Odio y Amor

Esta mañana he vuelto a tener el privilegio de desayunar mientras escucho las noticias por la radio. Me entero de que «Se eleva a 24 el número de muertos en el cayuco hallado el lunes en Canarias, dos de ellos menores«. Igualmente me dicen que el desempleo durante la pandemia se ha cebado con los trabajadores precarios, los jóvenes y que «Las mujeres representan el 55,6% del incremento del desempleo en España por la pandemia«. Acto seguido, subo a mi despacho, enciendo el ordenador y repaso las noticias del día en la prensa digital a la que estoy suscrito y encuentro tres artículos de interés. El primero «Las mentiras de Ayuso sobre la libertad» del competente y acreditado periodista Ignacio Escolar director de eldiario.es. El segundo, un excelente y documentado reportaje publicado ayer en elsaltodiario, titulado «¿Quién se beneficia de los bajos impuestos de Madrid y cuánto dejan de pagar?» y realizado por los periodistas Yago Álvarez y Kike Castro. Y el tercero, una entrevista que la periodista Yolanda González de Infolibre, ha realizado al candidato a la presidencia de la Comunidad Autónma de Madrid por el PSOE, Ángel Gabilondo y que titula Ángel Gabilondo: «Esta situación es insostenible, tenemos que superar el clima de odio» .

      Dice el excelente y reconocido profesor de Filosofía (Metafísica) y ex-Ministro de Educación Ángel Gabilondo que «Las convicciones hay que expresarlas en los presupuestos. Si tú quieres ver lo que piensa un gobernante, el espejo de lo que piensa se llama presupuestos» una afirmación por cierto, que se cansaba de repetir Julio Anguita, pero a la que nadie prestaban atención. Además el profesor Gabilondo añade:

«…Tenemos que superar este clima de odio, de amenazas y de confrontación y este clima de miedo. Lo tenemos que hacer. Desde luego yo lo haré, y lo hago, luchando por la convivencia democrática, denunciando cada caso concreto explícitamente sin reticencias ni equidistancias y mostrando esta solidaridad y afecto. También, luchando y defendiendo la democracia en toda su plenitud. Tenemos que buscar acuerdos, buscar consensos, buscar equilibrios, buscar la moderación y evitar esta situación insostenible…»

      Así pues, no creo que nadie dude de que estamos atravesando un periodo en nuestro país en el que la crispación política e ideológica, el sensacionalismo de diversos medios de comunicación y su permisividad nromalizando el insulto y las mentiras como formando parte de lo democráticamente opinable, nos ha conducido, como dice Gabilondo a un «clima de odio«.

      Pero este «clima de odio» no ha caido del cielo, como tampoco es algo que de repente se ha presentado ahora como consecuencia de las Elecciones del 4 de mayo de la Comunidad Autónoma de Madrid. En este punto, no puedo negar que llevo bastante tiempo preocupado y a veces un sentimiento de vacío existencial y melancolía me invade y por momentos, me derrota. Son tantas cosas, tantos los acontecimientos dolorosos y deprimentes por los que estamos atravesando; tanto el sufrimiento de las capas sociales más vulnerables; tanto el ruido inmisericorde que por doquier bloquea nuestra conciencia, que realmente muchas veces mi esperanza flaquea.

      Sí. Hace muchos años que me di cuenta de que este país no se parece a aquel que yo soñaba cuando tenía 20 años y empecé a implicarme en la lucha contra el franquismo. Como tampoco se parece en casi nada a aquel que yo creía que era posible cuando en los años 80 celebraba con mis alumnos y mediante numerosas actividades «El Día de la Constitución«. Y claro, ahora me duele el corazón, la cabeza y el cuerpo entero cuando veo y compruebo como grandes masas de jóvenes, curritos precarios, vecinos de mi barrio, le rien las gracias al PP y terminan votando a VOX.

      Vivimos en un país en el que la ignorancia es premiada; el robo a «mano armada» de los Bancos indultado; la mentira aplaudida; el insulto tolerado; la agresión justificada; el lucro envidiado y deseado; el gregarismo normalizado; el sensacionalismo, mediocridad, superficialidad y exhibicionismo de los programas de televisión del tipo «Sálvame» de Tele5 seguido por millares de personas; los dinerales que ganan las estrellas del fútbol aceptados; el pagar impuestos para que el Estado ejerza su función de servicio público y de compensación a las capas sociales más débiles, rechazado; la «gran vida» que llevan expresidentes como Felipe González y José Mª Aznar y esos directores de bancos que van ahora a despedir a miles de trabajadores, legitimada social, política y jurídicamente; el rey emérito, que dicen que trajo la democracia, inflado de dinero oculto en paraisos fiscales y huido a un país con una monarquía medieval y prepolítica; las «puertas giratorias» normalizadas; la Memoria Histórica y Democrática y la verdad, justicia y reparación, pisoteadas; los inmigrastes explotados salvajemente por empresarios negreros; las mujeres, discriminadas, marginadas, sometidas a diferentes tipos de violencia y asesinadas (el año pasado 45 y este año van 7); un poder judicial apalancado, atrincherado y protegido por las fuerzas políticas más conservadoras. ¿La respuesta?: «venga hombre, no te pongas así, vamos a tomarnos una cervecita que para eso hay libertad«. Y encima yo soy el que «nació del mal para hacer el mal» como ha dicho hoy la señora Isabel Díaz Ayuso refiriéndose a Pablo Iglesias.

      No, no estoy en mi mejor momento emocional, pero a mi manera, procuro salir de estos estados mediante diversos procedimientos y escribir, lanzando al viento estas palabras, es como una especie de medicina que me relaja, además de mi tintoterapia nocturna. Así, intento como puedo vivir el momento presente saboreando lentamente y con mucha gratitud todo lo que la vida y los demás me han regalado. En realidad, los momentos de confusión, tristeza y desesperanza ya no son como los de hace veinte años. Ahora durán más y van dejando en mi interior un nocivo residuo que a veces contamina mi mente de una forma más sostenida. En esos estados, siempre me pregunto lo mismo ¿Vale la pena que me siga complicando la vida o «comiéndome el coco» con problemas de los que no soy responsable y que por su magnitud no puedo resolver? ¿No es mejor refugiarme en la comodidad de mi hogar y en la paz interior que sea capaz de conseguir desentendiéndome de todo lo que sucede a mi alrededor?.

      Obviamente y a pesar de mis desánimos que a veces me dejan completamente bloqueado, a la primera siempre contesto SÍ, CLARO QUE SÍ VALE LA PENA, sencillamente porque me acuerdo todos los días de mi amigo y camarada Lorenzo Rastrero y su «Dejadme la esperanza» y de tantos otros que he conocido, han luchado y testimoniado hasta su último aliento por los valores éticos que fundan y amplian toda Democracia que se precie. Correlativamente a la segunda digo ¡NO y NO! siguiendo las enseñanzas de mi Maestro Antonio Suárez Nieto que me recuerda:

Antonio Suárez-Espiritualidad fecunda

      Así que por mi parte, sigo y sigo entreteniéndome en escribir estas cosas mientras que disfruto del espectáculo de los gorriones que se posan en mi balcón a degustar las semillas de avena que le pongo todas las mañanas.

      Hoy he decidido reflexionar sobre el odio y contra el odio, aunque lo esencial lo dejaré para próximas entregas de esta pequeña serie. Para ello, voy a seguir la estela que me ha proporcionado la lectura de la entrevista que he leido del excelente profesor Ángel Gabilondo. Me reafirmo pues en apostar siempre por el diálogo, el encuentro, la cordialidad, la convivencia pacífica y la unidad de las fuerzas políticas de la izquierda de nuestro país y de mi ciudad. La razón es bien sencilla: este es el único camino posible, necesario y eficaz para hacer real, no solo una Democracia madura, sino sobre todo la satisfacción de las necesidades de las capas sociales más vulnerables y empobrecidas. Por ello necesariamente tengo que volver a hacer visibles mis convicciones y sentimientos cuando manifiesto con firmeza y sin miedo. ¡HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO! ¡FASCISMO NUNCA MÁS!

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí, leer esto y haber gastado una parte de tu tiempo en hacerlo.


Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática”. En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS.Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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2 comentarios sobre «¡HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO! Contra el fascismo y los que lo normalizan (4)»

  1. Juan Miguel gracias por tu sentido artículo. Hace ya muchos años prescindí de la televisión, seguía las noticias por los medios que aún no estaban tan prostituidos como hoy. Ahora todo se me hace lejano por ese griterio incongruente de opiniones la mayoria sin usar la mente, a voleo, a ver quién cala más en ese insulso me gusta. Cada vez que entro en una noticia me encuentro con menos sustancia, y siento que el mundo ha perdido la exquisitez del diálogo, la fuerza de la tolerancia y la libertad del pensamiento. Cada vez más tengo la sensación de encontrarme en una caverna donde me llegan los ecos pero cad vez que miro hacia fuera comprendo lo que ocurre pues nos hemos convertidos en caricaturas de nosotros mismos, en devoradores rapiñeros de lo diferenciado, de lo separado.
    Gracias por tus palabras. Alguien le oí comentar que somos semillas para un hombre nuevo. Siempre queda la esperanza.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

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