KRISIS

Integrar en nuestra vida un mundo imperfecto (1)

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Vivir con fortaleza en las fronteras de un mundo frágil y vulnerable

Por Leandro Sequeiros San Román

¿Vivimos en el mejor de los mundos posibles?

El mundo no es perfecto. La Unión Europea no es perfecta. La interacción de la Unión Europea con el resto del mundo no es perfecta. Vivimos, como decía Leibniz, en el mejor de los mundos posibles.

Hoy más que nunca es necesaria la Resiliencia (adaptarse a las nuevas situaciones emergentes muchas veces adversas), y Consiliencia (pensar global e interdisciplinarmente y actuar localmente)

La educación formal, informal y permanente debe priorizar educar en la solidaridad, el rechazo del odio y la esperanza en la capacidad humana para reconducir individual y globalmente las relaciones entre los seres humanos.

La conciencia de que este planeta es nuestro hogar y que es de todos los seres vivos, debe ser lo que guíe los intereses. Que deben ser globales por encima de los personales.

 La afirmación de que el mundo real es el mejor de todos los mundos posibles es el argumento central en la Teodicea de Leibniz, o su intento de resolver el problema del mal. Voltaire se lanzó contra ella y la matizó en Candide, novela en la que le hace decir al personaje Pangloss que «todo va de la mejor manera, en el mejor de los mundos posibles».

La pandemia del COVID-19 que asola a toda la población humana de la Tierra, el cambio climático y otros desastres naturales hacen preguntarse a muchas personas asustadas: ¿qué está pasando en el planeta? ¿Dónde queda la perfección del orden natural de que hablan las religiones y muchos documentales en la televisión?

La pandemia provocada por el COVID-19, el Cambio Climático, la violencia, las catástrofes naturales son algunos de los nuevos elementos que crean malestar en la sociedad. Y mucha gente percibe que este mundo va cada vez peor y, para algunos, el fin de los tiempos está cerca. La frase «el mejor de todos los mundos posibles«, en francés, le meilleur des mondes possibles; en alemán, Die beste aller möglichen Welten) fue acuñada por el filósofo alemán Gottfried Leibniz en su obra Essais de Théodicée sur la bonté de Dieu, la liberté de l’homme et l’origine du mal (Ensayos de Teodicea sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y la Origen del mal ) de 1710.

La afirmación de que el mundo real es el mejor de todos los mundos posibles es el argumento central en la Teodicea de Leibniz, o su intento de resolver el problema del mal. Voltaire se lanzó contra ella y la matizó en Candide, novela en la que le hace decir al personaje Pangloss que «todo va de la mejor manera, en el mejor de los mundos posibles».

         En el imaginario colectivo de nuestra sociedad anida la imagen de que vivimos en un Universo que se asemeja mucho a una máquina perfectamente engrasada que funciona a la perfección. Nos es muy  difícil imaginar un Universo imperfecto, enigmático, con un 80% de materia oscura, casi chapucero.

Pero nos parece que el que el llamado orden cósmico regido por perfectas ecuaciones matemáticas apenas deja resquicios al desorden, al error, al fallo mecánico. Nos parece que vivimos en un Universo perfecto en el que un creador muestra su sabiduría de matemático omnisapiente.

Pero esa imagen no es real. En nuestro Universo, aparentemente perfecto, existen fallos matemáticos,  físicos y geométricos y, episódicamente le afectan las que podíamos llamar catástrofes de potencia inimaginable. A nivel más cercano: el planeta Tierra es frágil, vulnerable y voluble, inestable e imprevisible desde hace 4.500 millones de años.

Un diseño imperfecto

En un artículo publicado en el año 2007 en la revista “Interciencia”, Argumentos y datos científicos interdisciplinares sobre las imperfecciones del diseño evolutivo, sus autores, los profesores Eustoquio Molina y Manuel Tamayo, aportan argumentos que contradicen la «perfección” de la naturaleza.

             Con datos concretos, ponen de manifiesto distintas imperfecciones del diseño del universo y de la Tierra, la inexactitud de la cronología geológica en la aparición de la vida en millones de años, la inexistencia de formas y especies fósiles intermedias y ejemplos de filogenias muy significativas. Igualmente, numerosos ejemplos del diseño evolutivo de los seres vivos muestran que el diseño de los organismos dista mucho de ser óptimo, como el que se conseguiría si lo realizara un diseñador inteligente de forma instantánea, con piezas nuevas y con todos los materiales a su disposición; pero es suficientemente bueno como para adaptar al organismo a las nuevas necesidades ambientales. La selección natural es ciega, no finalista e imprevisora, aprovecha los limitados órganos de los antecesores y la ventaja inmediata; de manera que los modelos inicialmente simples se van refinando a través del tiempo y a veces se diversifican hacia usos imprevistos.

Estos datos de tipo interdisciplinar, principalmente geológicos y biológicos, contradicen los argumentos de la estrategia de lo que en algunos ambientes – incluso universitarios – se denomina el “diseño inteligente”, tales como su conjetura de la complejidad irreductible.

Al final del recorrido, tanto el profesor Molina como el profesor Tamayo afirman que:

«…aceptar con entereza la vulnerabilidad y vivir conscientes de la fragilidad del universo es una actitud madura que muestra nuestra grandeza como seres humanos…»

El argumento del “diseño inteligente”

El argumento del llamado “diseño inteligente” es muy débil porque puede formularse al contrario de como lo hacen sus seguidores. En este sentido, se ponen de manifiesto distintas imperfecciones del diseño del universo y de la Tierra, la cronología geológica de la aparición de la vida en millones de años, la existencia de formas y especies fósiles intermedias y ejemplos de filogenias muy significativas.

Igualmente, numerosos ejemplos del diseño evolutivo de los seres vivos muestran que el diseño de los organismos dista mucho de ser óptimo, como el que se conseguiría si lo realizara un diseñador inteligente de forma instantánea, con piezas nuevas y con todos los materiales a su disposición; pero es suficientemente bueno como para adaptar al organismo a las nuevas necesidades ambientales.

La selección natural es ciega, no finalista e imprevisora, aprovecha los limitados órganos de los antecesores y la ventaja inmediata; de manera que los modelos inicialmente simples se van refinando a través del tiempo y a veces se diversifican hacia usos imprevistos.

Estos datos de tipo interdisciplinar, principalmente geológicos y biológicos, contradicen los argumentos de la estrategia del diseño inteligente, tales como su conjetura de la complejidad irreductible.

Los fósiles y la evolución biológica

Los fósiles muestran la historia y el curso evolutivo de los organismos a lo largo de los tiempos geológicos y los organismos actuales permiten descubrir detalles del mecanismo evolutivo que no se conocían en tiempos de Charles Darwin.

 No obstante, aún se discuten algunos detalles y los antievolucionistas aprovechan las discusiones de los científicos para sacarlas de contexto como si apoyaran sus ideas. Sin embargo, la evolución biológica es un hecho que no cambiará porque se modifique algún aspecto del mecanismo y existe un amplio consenso entre los científicos, de tal forma que es una teoría tan sólida como que la Tierra es casi esférica y gira alrededor del Sol. Sin embargo, a pesar de que actualmente la evolución es aceptada por la Iglesia Católica, es atacada por los proponentes del diseño inteligente con argumentos pretendidamente científicos.

El argumento del diseño inteligente es muy débil ya que puede formularse al contrario de como lo hacen sus seguidores, es decir que hay mucha imperfección en el mundo y fallos en diseño de organismos y del hombre. Sin embargo, el argumento es utilizado como estrategia para infiltrar la religión en las escuelas de EEUU y algunos políticos ultraconservadores lo están fomentando. Por ejemplo, las declaraciones de apoyo de los presidentes Ronald Reagan y George Bush.

El diseño inteligente es una nueva estrategia de la pseudociencia creacionista, es religión disfrazada de ciencia y es el «caballo de Troya» de la ultraderecha religiosa. Esto se ha puesto de manifiesto en un reciente juicio, Kitzmiller vs. Dover, cuya sentencia ha dictaminado que es creacionismo disfrazado con un camuflaje pseudocientífico. Pero los charlatanes y las pseudociencias son intolerables en los medios académicos.

El presente ensayo pretende analizar los débiles argumentos de los proponentes del diseño inteligente, poner de manifiesto las imperfecciones del diseño del mundo y, especialmente, mostrar que el diseño de los organismos dista mucho de ser óptimo y que es el resultado del mecanismo evolutivo.



LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.
      En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla)
     La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio.

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