Krisis religiosa del ateo militante Antony Flew (6)

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Por Leandro Sequeiros San Román

Antony Flew (1923-2010)
Antony Flew (1923-2010) fue un pensador del XX que, durante medio siglo, defendió el ateísmo, desde la perspectiva de la Escuela de Filosofía Analítica. Sin embargo, en sus últimos años de su vida vivió una intensa krisis personal que le llevó a aceptar la necesidad de un “alguien” trascendente y poderoso. Flew reconoce la necesidad de una divinidad y adoptó posturas que se identifican con el deísmo. El orden y complejidad del mundo no se explican sin un poder superior. Esta serie de artículos se basan en los excelentes trabajos de Javier Monserrat.

En el capítulo anterior se exponen las razones de Flew a favor de poner en crisis las convicciones ateas. Quedan claras, por tanto, las tres cuestiones que Flew aborda desde la ciencia y que fundan sus conclusiones metafísicas deístas (conclusiones que no son ciencia sino filosofía construida desde la ciencia). Las sometemos a revisión en lo que sigue.

Pero debemos indicar que, de la misma manera que Flew expone honestamente una valoración subjetiva que inclina su decisión personal a favor del teísmo, así igualmente nosotros tenemos una valoración subjetiva que nos obliga a matizar bastantes de las posiciones defendidas por Flew. Ahora no hacemos sino evaluar las aportaciones de Flew desde nuestra valoración personal.

Comentario: seguimos en la incertidumbre

El primer comentario que haría al enfoque analítico de Flew es que razona a partir de la existencia de las leyes de la naturaleza. Hablar de leyes supone ya por el mismo concepto, o uso lingüístico, la referencia a un Legislador que fácilmente se convierte en Diseñador.

A mi modo de entender, debería hablarse de lo que constituye realmente el factum primordial en el modelo cosmológico estándar: la aparición de la materia-energía en el big bang. La materia que emergió tenía ya de hecho unas ciertas propiedades ontológicas que explican cómo se produjo el enfriamiento del universo, la aparición de las partículas, de las partículas fermiónicas, de su modo de organización, de la aparición del mundo mecano-clásico, etc.

Los modos de organización e interacción de la materia dieron lugar a ciertas constantes, regularidades, simetrías y fractales, derivados de las propiedades ontológicas de la materia. Las leyes son descripción de esos efectos de la materia, tal como el hombre la hace en la ciencia. Lo primordial, por tanto, no son las leyes sino las propiedades de la materia.

Por ello, la pregunta por el eventual diseño y por la racionalidad debe trasladarse desde las leyes a las propiedades primordiales de la materia.

Cuando la ciencia, en efecto, explica cómo aparece el universo a partir de una materia primordial debe tratar de conciliar dos principios: el principio de la autonomía del proceso y el principio antrópico. 

Autonomía del proceso significa que, una vez supuestas las propiedades de la materia, la dinámica evolutiva propia de esta debería de poder dar razón autónomamente (es decir, por esas mismas propiedades) de todos los estados surgidos dentro del proceso evolutivo, incluidos los de mayor orden y complejidad (física y biológica), ya que, si no fuera así, entonces habría que recurrir bien a una intervención de factores externos al universo (lo cual es imposible), bien a una cierta intervención divina (supuesto en el que se reduciría el papel de Dios al de un Dios-tapa-agujeros, controlador de las causas segundas, similar al que ha tratado de defender el Intelligent Design del fundamentalismo cristiano de los últimos años).

Principio antrópico, por su parte, significa la evidencia de que en el proceso evolutivo van apareciendo momentos cruciales en los que la línea seguida, que pudiera haber sido otra, es de hecho la que acaba haciendo posible la vida y el hombre.

En consecuencia, la forma de conciliar autonomía del proceso y principio antrópico no parece poder ser otra que postular que las propiedades primigenias de la materia tenían las características apropiadas (quizá todavía desconocidas) para guiar de forma natural, autónomamente, la propensión o inclinación del proceso evolutivo a seguir la línea que conduce finalmente al hombre. Habría que postular que las propiedades primordiales debieron de estar tan finamente ajustadas que implicaban las propensiones que señalarían una evolución antrópica, dirigida al hombre.

Esto coloca entonces la pregunta por la racionalidad en su fundamento radical: ¿por qué la materia que emerge en el big bang tenía las propiedades ontológicas precisas para generar autónomamente el proceso antrópico?La respuesta sólo puede ser una de dos: o bien la materia tuvo un diseño racional concebido por una Mente inteligente, la Mente divina, o bien estas propiedades antrópicas surgieron por azar en nuestro universo como resultado afortunado de entre un cuasi-infinito de otros universos burbuja que no tuvieron un diseño antrópico.

Metarrealidad, supercuerdas, multiuniversos

Pensemos que hoy se ha puesto de moda en algunos autores (entre ellos Polkinghorne) decir que la información es anterior a las cosas reales (a la materia). Por una parte, esta aseveración parece tener un cierto sentido. En efecto, al producirse el nacimiento de la materia en el big bang debemos postular, por lo que venimos diciendo, que la información (el diseño de las propiedades de la materia que tienen en germen todo el proceso evolutivo antrópico) es anterior a la existencia misma de la materia.

En esta línea, en último término, toda la información primordial que pudiera producir este y otros universos se hallaría en la Mente divina (sería algo así como las ideas eternas de Whitehead, a su manera postuladas también en la metafísica de tradición platónica). Pero, si Dios es eterno, entonces no cabría nunca postular una anterioridad sino una co-existencia eterna entre Dios y su Mente, entre la realidad de Dios y la información que contiene su Mente (en la idea trinitaria cristiana de Dios algo similar se afirma al hablar de la co-existencia eterna de Dios y su Verbo, o Sabiduría divina).

En el caso de los multiversos, a su vez, la información sería anterior a la generación de la materia primordial de un universo burbuja concreto como el nuestro; ya lo hemos dicho. Pero habría que presuponer las propiedades primordiales de la metarrealidad o metauniverso del que nacen los universos burbuja. Si ese metauniverso debiera de ser eterno, entonces es obvio que en él co-existirían eternamente su realidad y las propiedades ontológicas de esa realidad (información). Propiedades que tendrían en germen la generación de las propiedades variables de cada uno de los universos burbuja.

Flew no hace referencia alguna a la teoría de cuerdas, hoy estrechamente ligada a la teoría de los multi-universos, tal como se ha explicado en este ensayo, y hemos comentado además al hilo del pensamiento de Hawking. ¿Podría ser la teoría de cuerdas, la Magic-Theory, la descripción de esa ontología primigenia del meta-universo, de tal manera que las propiedades de la materia de cada uno de los universos burbuja fuera un juego de valores posible previsto por ella? Es posible, pero se trata de una pura especulación sin evidencia empírica. Lo discutimos en la referencia hecha antes a Stephen Hawking.

Por tanto, no tenemos duda de que Flew está en todo su derecho al ponderar los resultados de la ciencia y llegar a la conclusión personal de que las leyes de la naturaleza, la racionalidad intrínseca de la naturaleza, conducen a establecer que la hipótesis causal de la existencia de una Mente divina diseñadora. Es lo que nosotros mismos defendimos en este ensayo páginas atrás: que el orden del universo entendido dentro del modelo cosmológico estándar hace verosímil la hipótesis de que tenga su causa en el diseño primordial de una Mente divina ordenadora. Aceptar esta verosimilitud e inclinarse a ella es legítimo. Pero el hilo conductor para llegar a esta conclusión no debiera haber sido la ponderación de las leyes de la naturaleza, sino la ontología primordial de la materia. Lo hemos explicado. Pero la conclusión es la misma.

Sin embargo, debemos también matizar que, aunque Flew concede que los multiversos son lógicamente concebibles, los rechaza como una hipótesis real que fuera aceptable, y de hecho los califica incluso como un disparate. Es posible que algunas teorías de multiversos (quizá como la propuesta de Stegmark o los mundos paralelos de Everett o Randall) nos pongan en el límite y nos acerquemos a considerarlas como un disparate científico.

No obstante, nosotros pensamos que, aunque sea verdad que la hipótesis de multiversos es puramente especulativa y no tenga evidencias científicas, sin embargo, es un hecho que hoy la ciencia entiende que nuestro universo surgió desde el big bang que debió de producirse dentro de un campo preexistente, un vacío cuántico, un mar de energía o universo implícito, el fondo holístico del campo de Higgs, o lo que sea. Pero es claro que el universo surge de algo y será resuelto en algo que reabsorberá la energía total del universo. Que ese fondo del universo pudiera resolverse en la ontología holística de un Ser Divino es una especulación verosímil que puede aceptarse. Pero la consideración de que ese fondo pudiera estar constituido por un metauniverso (o algún otro tipo de realidad) del que emergiera nuestro universo, y quizá otros, es una especulación posible y verosímil a la que pueden inclinarse con libertad quienes así quieran considerarlo. La teoría de multiversos (como teoría bien construida, ya que puede construirse mal, como un disparate) es aceptable en su forma lógica y matemática, así como hipótesis de algo que pudo haber sucedido realmente. Flew toma una actitud polémica y excluyente para defender su interpretación teísta. Tiene todo el derecho a defenderla (también nosotros pensamos que el teísmo es más verosímil). Pero se debe siempre respetar que existen alternativas reales al teísmo.

NO HAY DIOS. Cómo cambió la mente el ateo más notorio del mundo

En otras palabras, teísmo y ateísmo son posibles, argumentables y verosímiles. Ninguno de los dos se impone con necesidad. Por ello, la ciencia ofrece una imagen enigmática de la verdad última del universo y conduce la reflexión filosófica a la incertidumbre metafísica. Si sólo el teísmo o el ateísmo fueran argumentables, entonces, aunque la verdad final siguiera siendo un misterio, el misterio de Dios o del puro mundo existente, conoceríamos con seguridad la verdad final, aunque no la comprendiéramos en toda su profundidad.

Dios existe. Antony Flew


LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.
      En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla)
     La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio.

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