KRISIS

Krisis religiosa del ateo militante Antony Flew (y 8)

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Por Leandro Sequeiros San Román

Antony Flew (1923-2010)
Antony Flew (1923-2010) fue un pensador del XX que, durante medio siglo, defendió el ateísmo, desde la perspectiva de la Escuela de Filosofía Analítica. Sin embargo, en sus últimos años de su vida vivió una intensa krisis personal que le llevó a aceptar la necesidad de un “alguien” trascendente y poderoso. Flew reconoce la necesidad de una divinidad y adoptó posturas que se identifican con el deísmo. El orden y complejidad del mundo no se explican sin un poder superior. Esta serie de artículos se basan en los excelentes trabajos de Javier Monserrat.

Al final del capítulo anterior, recordamos el texto de Stephen Hawking al seguir el Prefacio de Varghese: “creo en la existencia de Dios, pero también creo que esa fuerza divina, una vez estableció las leyes físicas de la naturaleza, ya no interviene en el mundo ni lo controla”. Esta frase muestra que Hawking defiende la autonomía del mundo creado. Como creyente haría, sin embargo, una observación.1 Ref.Recordemos lo escrito sobre el PANENTEISMO

Afirmamos que Dios crea el mundo, en efecto, para que sea autónomo. El universo evolutivo surge de las propiedades primordiales del big bang y Dios quiere que evolucione por sí mismo desde esas propiedades, diseñadas por un ajuste muy fino.

Es ese universo autónomo el que dejará abierta la libertad porque será ambiguo, ya que podría fundarse en Dios o ser un puro mundo sin Dios, al mismo tiempo que establecerá las condiciones que hagan al hombre indigente y necesitado de Dios.

El que Dios quiera que el mundo sea autónomo, no quiera intervenir en su proceso y controlarlo no significa que no pueda en absoluto. El universo es autónomo ante el borroso conocimiento humano. Pero en sí mismo el universo depende de Dios y puede ser objeto de la intervención divina, tal como, en efecto, piensan los creyentes. Por ello tiene sentido “creyente” recurrir a Dios y pedirle su ayuda.

¿Salió algo de la nada? La propia existencia del universo

En el tercer argumento esgrimido por Flew a favor de la existencia de una divinidad poderosa-Dios, se hace eco claramente de los argumentos clásicos escolásticos, por él rechazados durante mucho tiempo, pero ante los que parece haber cedido finalmente. El argumento clásico es la tercera vía de santo Tomás, o el juicio-de-contingencia en la metafísica de Suárez. En él se constata que el mundo está hecho de seres o estados que se califica como “contingentes” (no tienen en sí mismos la razón suficiente de su existencia).

Por tanto, una serie infinita de seres o estados contingentes debe considerarse también como “contingente” (que no tiene en sí misma la suficiencia del ser). El supuesto es, por tanto, que el conjunto, aunque fuera infinito en el espacio y en el tiempo, no podría nunca dar una razón suficiente de su existencia. Por ello, la existencia pura del universo, el mero hecho de que existe, exige fundar su existencia en un ser suficiente que existe por sí mismo y es por ello necesario.

En la obra de David Conway El redescubrimiento de la sabiduría y en la edición de 2004 de la obra de Richard Swinburne La existencia de Dios,  encontré respuestas especialmente eficaces a la crítica humeana (y kantiana) del argumento cosmológico. Conway da cuenta sistemáticamente de todas las objeciones de Hume.

Por ejemplo, Hume sostuvo que no hay ninguna causa de la existencia de una serie de entes físicos, más allá de la mera suma de todos los miembros de la serie. Si hay una serie sin comienzo de entidades contingentes, entonces esta sería una causa suficiente del universo en su conjunto.

Conway rechaza esta objeción con el argumento de que

“las explicaciones causales de las partes de una totalidad en términos de otras partes no pueden sumarse para constituir una explicación global de la totalidad, si los entes invocados como causas son entes cuya propia existencia está necesitada de una explicación causal” 2 Ref.Dios existe, p. 121

Como vemos es el clásico argumento escolástico de la contingencia.

Más adelante completa estas ideas con un texto de Swinburne.

Habrá una explicación en términos de leyes, de por qué, una vez existe, continua existiendo. Pero lo que resultará inexplicable es su existencia misma, globalmente considerada, a través de un tiempo infinito. La existencia de un universo físico complejo a lo largo de un tiempo finito o infinito es algo “demasiado grande” para ser explicado por la ciencia” 3 Ref.Dios existe, p. 122

En otros lugares hemos respondido (Monserrat y Sequeiros) a esta manera de pensar que considero inaceptable para la ciencia y la filosofía actual. Lo primero que, a mi entender, debe decirse es que la ciencia y la filosofía no ponen obstáculo a considerar que todos los estados y seres singulares que van surgiendo en el proceso del universo sean “contigentes”: no tienen en sí mismos, en su singularidad, la razón suficiente de que existan. Así es. Participan su realidad de la realidad del universo como conjunto que los va generando, y de-generando, en el tiempo.

Pero, ¿qué decir del universo como conjunto, como sistema que genera sus estados singulares? ¿Es el universo como tal contingente? Por ello, la pregunta decisiva es si el universo como sistema-de-realidad-en-su-conjunto es contingente o no: si tiene en sí la suficiencia o no la tiene, es decir, si es autosuficiente. Si fuera autosuficiente no sería contingente, ya que tendría en sí mismo, como sistema, la suficiencia. La intuición de Heráclito al decirnos que “el cosmos es fuego eternamente viviente que se crea y se destruye según medidas”, es precisamente lo que ha estado examinando la ciencia y la filosofía moderna.

La metafísica antigua entendió el universo como una suma de estados singulares contingentes, pero no se preguntó si el universo en su conjunto como sistema evolutivo en el tiempo era también contingente.

Esto es precisamente lo que hemos estado discutiendo a lo largo de este ensayo: si la suficiencia de la realidad del universo pertenece al puro universo sin Dios o pertenece a la realidad fundante de Dios.

Hemos visto que hay argumentos que hacen verosímil que la verdad sea bien el puro universo sin Dios, bien la realidad fundamental de Dios.

Pero, en todo caso, la cuestión está en el aire, unos la responden de una manera y otros de otra, son posibles metafísicas alternativas, teísta y atea, y por ello estamos en la incertidumbre. Los puntos cruciales para la ciencia y su proyección filosófica, que determinan una u otra respuesta, son el problema de la consistencia y estabilidad del universo (su suficiencia), el problema del orden producido en su interior, físico y biológico, y el problema de la naturaleza y origen de la sensibilidad-conciencia.

Por consiguiente, si la razón hace que nos inclinemos a considerar que lo más verosímil es la autosuficiencia del universo, entonces deberemos atribuirle la necesidad, es decir, la existencia permanente en un tiempo eterno.

Ahora bien, ¿por qué existiría ese universo, y más bien no existiría? ¿Por qué existe algo y por qué no, más bien, la Nada? La verdad es que nunca lo sabremos.

Al hombre sólo le cabe constatar el hecho de que el universo existe, buscar su suficiencia y, si lo logra, atribuirle la necesidad eterna. Pero es imposible saber por qué existe algo y no, más bien, la Nada.

Pero, en la metafísica teísta alternativa, decimos lo mismo. Si la búsqueda de suficiencia para el universo resulta infructuosa y debemos atribuírsela a una realidad divina transcendente, como hace el teísmo (en el que nosotros nos incluimos), entonces debemos postular que Dios es necesario de acuerdo con su propia esencia.

Ahora bien, ¿por qué existe Dios o, más bien, no existe? Nunca lo sabremos. Ni de Dios ni del universo podemos en ningún caso decir racionalmente a priori que existan por necesidad (este sería el argumento de san Anselmo, después repetido en la ilustración como se ve en Descartes). No se puede decir que Dios sea el único ser del que podemos predicar la necesidad, porque el universo, aunque existiera eternamente en un tiempo infinito, no podría nunca ser necesario. Esto no es correcto. Lo que la ciencia y la filosofía moderna hacen es constatar el universo, conocerlo, buscar dónde radica su suficiencia (en Dios o en el puro mundo sin Dios) y, una vez hallada atribuirle la necesidad, siendo conscientes de que nunca sabremos a priori por qué Dios o el puro mundo existen o más bien no existen.

Buscando un lugar para Dios

Flew concluye su análisis haciendo referencia a un problema clásico suscitado por la posible existencia de Dios. Es el problema de su omnipresencia. El mismo Dawkins dice, en The God Delusion, que es absurdo pensar que exista un Dios que está en todas partes y está presente en el interior de millones y millones de hombres, escuchándolos al mismo tiempo. Flew hace algunas reflexiones al respecto aportando ideas de algunos filósofos analíticos teístas.

Sin embargo, como antes he dicho, Flew no se plantea a fondo el problema de la sensibilidad-conciencia y de la reflexión filosófica que proyecta este problema sobre la transcendencia de Dios.

Como he explicado antes, las teorías cuánticas de la conciencia abren hoy a una idea de la realidad como campo holístico que coincidiría finalmente con el campo holístico de la ontología divina que permea universalmente todas las cosas. El pensamiento de Flew se hubiera enriquecido haciendo referencia a todas estas cuestiones.

Conclusión: el deísmo de Flew

Obviamente estamos de acuerdo con el deísmo de Flew. Pero creemos que los argumentos en que lo fundamenta están necesitados de serias matizaciones y complementos.

Es lo que, en definitiva, hemos expuesto. Flew insiste mucho en que su teísmo es puramente racional. Pero tenemos la impresión de que hay algo más. No entra en el problema del mal que es el gran problema del silencio-de-Dios. No examina las religiones.

Pero concluye su obra declarándose abierto a la omnipotencia divina. Refiriéndose al cristianismo nos dice con entusiasmo:

“¡Si queremos que la omnipotencia funde una religión, esta (el cristianismo) es la que tiene todas las papeletas para ser elegida!” 4 Ref.Dios existe, p. 132

Y refiriéndose a la Mente divina concluye diciendo:

“Algunos aseguran haber establecido contacto con esa Mente. Yo no lo he hecho; no todavía. Pero, ¿quién sabe lo que podría ocurrir en el futuro? Quizá algún día pueda oír una Voz que dice: ¿me oyes ahora?” 5 Ref.Dios existe, p. 133

Dios existe. Antony Flew


LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.
      En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla)
     La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio.

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