LA ALEGRÍA (5). En el cristianismo: Pannikar y Francisco

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LA ALEGRÍA (5)
En el cristianismo: Pannikar y Francisco

Por Juan Miguel Batalloso Navas

«…Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas…» 1 Ref.Mario Benedetti

Como indica el teólogo y filósofo Raimon Panikkar, la alegría es uno de los “lugares” donde cualquier ser humano puede experimentar a Dios. Sin embargo, para Panikkar, esta experiencia no se limita al conocimiento o cumplimiento de los preceptos de una religión específica, sino que se extiende a la conciencia, comprensión y sensación de que Dios trasciende lo que los dogmas o textos sagrados de cada fe pueden enseñar. De la misma forma que un pez no es consciente de que vive en el agua, los seres humanos a menudo no percibimos que existimos y nos movemos dentro de una realidad oceánica que nos supera.

Sin embargo, la experiencia de Dios para este autor tiene más que ver con “sentirnos mojados” por su presencia en el universo y en cualquier tipo de realidad comprendiendo que la experiencia cristiana de Dios consiste en darse cuenta de que “en El vivimos, nos movemos y somos” como así se dice en los Hechos de los Apóstoles (Hechos XVII, 28). Desde esta perspectiva, Pannikar nos dice en primer lugar que Dios es vida en todas las dimensiones de la realidad: «…Vivir en Dios, tener la experiencia de Dios es reconocernos en él como nosotros mismos: vivimos en él, con él y de él…». Pero también es vida en el sentido de que Dios es, energía, impulso vital, fuerza creadora que hace posible la existencia total: «…El segundo verbo, “nos movemos”, nos habla de la experiencia de Dios como movimiento, como energía, como principio vital. Es la vida en tanto que dinamismo incesante, es Dios en cuanto fuerza no fundada en nosotros mismos…» Y en tercer lugar, «…“somos” expresa tanto el ser como el estar. No es suficiente decir que tenemos ser porque lo hemos recibido de él. Decir que «en Dios somos» es afirmar algo más que nuestro ser es recibido de Dios. Si somos en Dios” somos en cuanto él es—en cuanto participamos de él…» 2 Ref.PANIKKAR, Raimon. Iconos del misterio: la experiencia de Dios. Barcelona: Península, 1998. p. 101.

Para Raimon Pannikar, que además de cristiano es un profundo conocedor de las tradiciones espirituales de Oriente y especialmente del hinduismo existen nueve “lugares privilegiados” o por decirlo a nuestra manera, espacios, acontecimientos y experiencias humanas significativas en las que se manifiestan y articulan la experiencia de Dios: el amor, el tú, la alegría, el sufrimiento, el mal, el perdón, los momentos cruciales de la vida, la Naturaleza y el silencio.

Pannikar, al referirse a la alegría como “lugar” en el que podemos tener la experiencia de Dios, señala que la alegría no ha sido precisamente la actitud más generaliza a lo largo de la historia de la Iglesia católica. En este sentido nos dice:

«…Max Scheler ha hablado de la “traición a la alegría” por parte de la religión cristiana criticando a Kant y al puritanismo protestante. Pero no es éste el único ejemplo de la falta de alegría en algunas formas religiosas. Los católicos igualmente han sido justamente criticados por una espiritualidad de “Viernes Santo”, una piedad alejada de la vida y poco menos que enemiga de la alegría considerada como una concesión al hombre viejo y carnal (…) Lo cierto es que en la mentalidad corriente occidental, especialmente la cristiana, la alegría no es generalmente vista como uno de los lugares en los que la experiencia de Dios encuentra una de sus formas más puras (…) Es significativo que el cristianismo que parece debiera ser la religión de la alegría se vea demasiado a menudo como una religiosidad triste…» 3 Ref.Panikkar, 1998, p. 129-132.

No hay que olvidar en este sentido, que, en muchísimas ocasiones a lo largo de la historia, la catequesis o la predicación del mensaje cristiano y los dogmas católicos han sido impuestos a sangre y a fuego, es decir, a base de miedos, amenazas, chantajes y mortificaciones. Por tanto, resulta evidente que no han sido precisamente la alegría y la felicidad las finalidades fundamentales. Pero, aun así, y también en nuestra opinión basada en las apreciaciones de Pannikar, no solo es posible encontrar la alegría comprendiendo y practicando el mensaje original de Jesús, sino sobre todo y también, encontrar paz interior y una satisfacción que es imposible describir con palabras.

Dice Pannikar que «…muchos cristianos gozan de la vida con complejo de culpa y una cierta espiritualidad negadora de lo vital ha invadido muchos ambientes que han confundido la perfección con lo menos natural, bautizada a veces como “sobrenatural”…» 4 Ref.Panikkar 1998, p. 131  Por lo que acceder a la experiencia de Dios desde la alegría, no puede hacerse desde la tristeza, la autoconmiseración, el desprecio de las dimensiones reales de la vida, el miedo, la autoculpabilización, el distanciamiento de los demás, la soberbia o la ostentación del poder. Es necesario integrar todo aquello que la vida nos ofrece para estar y ser alegres, lo cual no significa hacernos adictos a placeres, sino disfrutar de ellos con medida, siendo capaces de saborearlos y compartirlos. En este sentido Pannikar nos recuerda que la experiencia de Dios desde la alegría es muy semejante a lo señalado por el hinduismo cuando se refiere al dios Brahman: «…hablando de brahman como felicidad (ánanda) se homologa el conocimiento de brahman con el encuentro con la comida (el alimento, annam), la vida (la respiración, prána), la mente (manas) y la inteligencia (vijñána), etc., esto es, con la experiencia del quehacer humano en su máxima profundidad…» 5 Ref.Panikkar, 1998, p. 131.

Otra aportación muy importante para entender la alegría desde el cristianismo es la ofrecida por el papa Francisco y su Exhortación “La alegría del Evangelio” indispensable para conocer en profundidad la alegría en el cristianismo:

«…El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado…» (Francisco, 2016, p, 1). Cautivados por ese modelo, deseamos integrarnos a fondo en la sociedad, compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes, colaboramos material y espiritualmente con ellos en sus necesidades, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás. Pero no por obligación, no como un peso que nos desgasta, sino como una opción personal que nos llena de alegría y nos otorga identidad. 6 Ref.Francisco, 2016, p. 131-132.

Continuará…

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

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3 thoughts on “LA ALEGRÍA (5). En el cristianismo: Pannikar y Francisco

  1. El cristianismo , a partir del siglo IV con Constantino, cambió el signo de identidad del cristiano, que era el de la resurrección de Cristo, por el de la de la cruz. La alegría fue conmutada por la tristeza, el dolor y el sufrimiento. La cruz es transmisora de una moral represora, especialmente en el aspecto sexual, opresora y castigadora con las puertas abiertas hacia el infierno. En una Iglesia de Benicarló, salí al poco tiempo de entrar. En un rincón, detrás de la puerta de entrada , había una imagen de Cristo resucitado apenas visible por estar en un lugar oscuro, sin ninguna iluminación, ni siquiera había una simple vela. Al adentrarme más, vi encima del presbiterio una gran cruz con Jesús crucificado, profusamente iluminado. En las paredes del templo estaban las estaciones del viacrucis, con la escenas de la pasión y muerte de Jesús. Esa profusión y ensalzamiento del dolor y sufrimiento de Jesús me produjo malestar y tristeza, e inmediatamente sentí la necesidad de salir del templo para respirar aire fresco y contagiarme con la alegría de los jóvenes y el paso de un orquesta alegrándonos a todos con su música.

  2. Comentario de Ángeles Torres Ageitos vía Facebook:
    Creo que es de las pocas veces que leo con tanto placer y seriedad reflexiones como estas. Por eso te lo agradezco siempre. Una atea decididamente atea desde hace ya muchos años, creo que tiene cada vez más razones para sumir esta triste condición de escéptica respecto al beneficio, quizás no personal, pero si social que aportan las religiones. Las diferencias entre las distintas manifestaciones externas no son más que formas de vestir de acuerdo con la moda o la tradición, pero cuando entramos en sus supuestos básicos , irrebatibles, la confesión verdadera, la sumisión , el enfrentamiento con el no creyente y el derecho a la interferencia en las vidas ajenas, profesen o no esa religión, deslegitima toda autoridad divina más cerca del castigo que del respeto hacia el otro. Me gusta mucho la reflexión sobre la interpretación racionalista de Kant, creo que tiene tanto que decir todavía. Un protestante pietista, tal vez un creencia de un rigor máximo en el que fue educado, produjo toda una interpretación ética de una defensa del humanismo en el calor de los juicios morales, libre de la condena por desobediencia divina y a favor de la condescendencia con el otro, el que de verdad importa, ” mira al otro como un fin en si mismo, nunca como un medio”. Históricamente además, la fe se une casi siempre a fines que no son los suyos pero que les sirven para detentar el poder, algo demasiado atractivo en el pasado y también en el presente, a riesgo de vulnerar y hasta traicionar sus propios principios. En una de las miles de clases dadas a lo largo de mi faceta como profesora, cuanto aprendí, una alumna me pregunto, precisamente hablando de la filosofía de Tomas de Aquino, por qué Dios distingue desde el nacimiento a los hombres unos en plenas facultades, otros con problemas físicos y mentales que le restan oportunidades, no supe que responder. Peor aún cuando la salvación no depende de la actuación de cada uno, sino de un plan anterior que nadie conoce, la salvación o no es una especie de lotería. Leí con inmenso placer a Spinoza, dejaba abierta una vía de interpretación en la dimensión espiritual del ser humano sin ningún sello identificativo a priori. Admiro la religiosidad oriental por su defensa del pacifismo , orientado a la vida interior pero no me gusta mucho ese sentimiento que cultiva el solipsismo , indiferente hacia la realidad a la que deja ir por su propio fluir. Admito que no me gusta la cruz, ni su estética ,ni su necesidad de reivindicarla, ese Dios no puede ser un elemento de infortunio, desolación y dolor en esta vida. Creo que sí eso es lo que muestra, no merece la pena. Gracias amigo, un saludo.

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