KRISIS

La Eutanasia a debate

No hay razones religiosas, éticas, jurídicas o políticas para oponerse a la Ley sobre Eutanasia

Por Juan José Tamayo Acosta

En junio de 2018 el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) presentó una Proposición de Ley en defensa de la Eutanasia, que generó la reacción contraria de los obispos españoles con el siguiente argumento: “La autonomía del hombre (sic) no es absoluta. Nadie es dueño de la vida, ni siquiera de la propia. Morir no es un derecho. No se puede ir haciendo derechos de laboratorio que no nazcan de la dignidad y la naturaleza humana”.

        Tras volver a presentarse  en el Congreso de los Diputados y las Diputadas y contar con el apoyo de la mayoría de los grupos parlamentarios políticos, excepto el Partido Popular y VOX, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, calificó la eutanasia como “un atajo que deshumaniza” y en un un alarde de incontinencia y desmesura verbales, ha ido más allá al afirmar que la apelación a la demanda social  es “una coartada moral supuestamente democrática para legislar en contra de la vida”.

        “Coartada moral supuestamente democrática”, llama  el secretario general de la CEE a la Proposición de Ley aprobada a trámite por todos los partidos políticos del arco parlamentario español, excepto PP, VOX y Navarra Suma ¿Cómo puede calificarse de “coartada… supuestamente democrática” una Proposición de Ley aprobada por la mayoría absoluta de los diputados y diputadas? ¿Qué es para él lo democrático: la oposición a la eutanasia que propicia la jerarquía católica española y apoya la extrema derecha y la derecha política española?

        El secretario de la CEE debería aprender a respetar las decisiones del Parlamento como uno de los poderes del Estado y como expresión de la voluntad del pueblo español. No hacerlo supone una deslegitimación de la democracia y un desprecio de la voluntad popular. En el caso que nos ocupa, el de la Eutanasia es, a su vez, un ejemplo más de la alianza y sintonía episcopales con el conservadurismo político.

        Y dijo más el obispo secretario general de la CEE: “Para legislar en contra de la vida”. ¿Es “legislar contra la vida” la defensa del derecho a morir dignamente y evitar vivir en condiciones inhumanas? El teólogo Juan Masiá, una de la grandes autoridades en materia de eutanasia, le recuerda a monseñor Luis Argüello que “dejar morir dignamente no es matar, sino ayudar a vivir dignamente al morir y en el morir«: un aforismo que no puede ser más certero.

              A punto de aprobarse la ley, La CEE la han acusado torticeramente de ser un atajo para ahorrase recursos humanos y económicos e incitar a la muerte de los más débiles. Me gustaría citar a los obispos españoles las palabras de Jesús que recoge en defensa de una vida de calidad y no de una vida marcada por el sufrimiento, que nada tiene de humana: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. La eutanasia tal como se regula en la Ley es más conforme con las palabras de Jesús que la postura obstruccionista episcopal y el negacionismo de la derecha y la extrema derecha.

        Permítaseme intervenir en el debate con una reflexión serena y constructiva sobre el tema. La muerte impone respeto, más aún, miedo y pavor. No es para menos, ya que, como afirma el filósofo de la esperanza Ernst Bloch, es la más fuerte y trágica anti-utopía, la mayor certeza, la manifestación privilegiada de la nada, la mayor desilusión, la aniquilación de toda dicha y la disolución de la comunidad. “Las mandíbulas de la muerte aniquilan todo”, concluye. A su vez, la regulación sobre la muerte plantea problemas de todo tipo.

        Unos son de carácter religioso-fundamentalista. Son los que se oponen apelando a Dios es el señor de la vida y de la muerte, y el ser humano no tiene derecho a disponer de ella. La imagen de Dios que de esta argumentación se desprende es la de una divinidad feudal, que se considera dueño de vidas y haciendas. Otros problemas son de carácter moral: se argumenta que la eutanasia constituye el mayor atentado contra la vida de los seres humanos que debe ser condenado sin excepciones.

        Otros argumentos en contra de la eutanasia son jurídicos: la vida es el bien más preciado a proteger en cualquiera situación. Hay todavía una cuarta dificultad de orden ascético-religioso para rechazar la regulación de la eutanasia en el caso de personas en situaciones de sufrimiento extremo: el sufrimiento es inherente a la vida humana y tiene carácter redentor.   

        La eutanasia se ha convertido también en un problema político y en un tema incómodo para el poder legislativo que con frecuencia se ve amordazado por concepciones religiosas, que dificultan su regulación o la restringen, incluso en sociedades secularizadas y Estados no confesionales, como son la mayoría de los países europeos.

        Ahora bien, yo creo que las razones contrarias a la eutanasia se desvanecen al constatar que tanto pensadores creyentes de diferentes religiones como intelectuales no creyentes de diferentes tendencias ideológicas coinciden en el derecho a la misma y recurren a razones religiosas, morales y de conciencia para defenderla. Veamos tres ejemplos especialmente luminosos.

        En su bello y esperanzador libro Una muerte feliz (Trotta, 2016), el teólogo Hans Küng expresa su deseo de morir consciente y despedirse digna y humanamente de sus seres queridos, morir sin nostalgia, ni dolor por la despedida, con completa conformidad, profunda satisfacción y paz interior. Y se pregunta: “Todos tenemos una responsabilidad sobre nuestra vida. ¿Por qué vamos a renunciar a ella en la etapa final?”.

        El escritor agnóstico Juan Goytisolo firmó en 2014, a los 83 años, una declaración en la que apelaba a razones éticas de índole personal para justificar su decisión de recurrir a la eutanasia y no prolongar inútilmente sus días, y expresaba su  deseo de despedirse de la vida con dignidad. La eutanasia, afirmaba, es “la opción más justa conforme a mi conciencia y respeto a la vida de los demás”. Otra razón era que le parecía indecente malgastar sus limitados recursos en tratamientos médicos costosos en vez de destinarlos a completar los estudios de tres muchachos cuya educación había asumido.

        En su libro La eutanasia, una opción cristiana (Editorial GEU, 2010), muy elogiado por Hans Küng, Antonio Monclús, catedrático de pedagogía de la Universidad Complutense de Madrid, fallecido en 2016, defiende la eutanasia apoyándose en tres argumentos. El primero es la apelación a la conciencia como el espacio más insobornable del ser humano y la base de una ética personalista. El segundo es la consideración de la eutanasia como una opción cristiana, que demuestra con numerosos ejemplos de la historia de la Iglesia y con sólidos argumentos teológicos. El tercero, que el cristianismo no es una religión dolorista, que se regodee en el sufrimiento. Es, más bien, una religión que lucha contra el sufrimiento y las causas que lo provocan, como se deduce de las propias de Jesús. “Misericordia quiero, no sacrificios”, en plena sintonía con la máxima de Epicuro: “Vana es la palabra del filósofo que no cura los sufrimientos humanos”. ¡Jesús de Nazaret y Epicuro tan cerca, el epicureísmo y el cristianismo en sintonía en lo que se refiere a la eliminación del sufrimiento! En consecuencia, creo que no hay razones religiosas, éticas, jurídicas o políticas para oponerse a la Ley sobre Eutanasia.

Juan José Tamayo Acosta es teólogo vinculado a la Teología de la Liberación. Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III, en Madrid, y secretario general de la Asociación de teólogas y teólogos Juan XXIII. Conferencista nacional e internacional y autor de más de 70 libros. Articulista habitual en prestigiosos periódicos nacionales e internacionales, así como reconocidos sitios como Religión Digital.
Entre algunas de sus publicaciones se encuentran: San Romero de América, mártir por la justicia (Editorial Tirant, 2015);  Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2020, 2ª ed.)De la iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina (Tirant lo Blanc, 2019); ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías?  (Biblioteca Nueva, 2020, 3ª ed.); Hermano islam (Trotta, 2019); Pedro Casaldáliga. Larga caminada con los pobres de la tierra; (Herder, noviembre 2020); ¿La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, 2020)
        Vaya desde aquí nuestro más sincero agradecimiento por honrar con sus colaboraciones este sitio.

Un comentario sobre «La Eutanasia a debate»

  1. Cualquiera que tenga una experiencia espiritual, del Dios inmanente y transcendente, sabe que el nacer y el morir son dos puertas, una de entrada y otra de salida, de esta dimensión que confundimos con la realidad. Hay que proteger el derecho a la vida digna y en esto hay mucho trabajo que realizar en todo el mundo. Es bien sabido que las religiones hacen dogmas de supuestos mensajes divinos para mermar la libertad de conciencia de los creyentes. La curia olvida, además, el conocido aforismo de la propia iglesia: «De internis neque ecclesia» (de lo íntimo ni la iglesia). Pero ¿qué hacemos con ellos?. Podemos, sí, decir con Jesús, al que siguen queriendo ocultar: «Dejad que los muertos entierren a sus muertos».

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