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7-9-2026. No podemos vivir sin expectativas, que al cumplirse nos conducen a la felicidad. Nuestras expectativas deben ser alcanzable, sin esperar conseguir aquellas que son muy difíciles de conseguir, para evitar sufrir decepciones que nos produzcan un gran malestar emocional. Si nuestras expectativas son racionalmente posibles, las decepciones por no conseguirlas pueden superarse. Para eso, hay que hacer un esfuerzo para relativizar esas situaciones y evitar disgustarnos.
¡Qué gran verdad es el hecho de que gran parte de nuestra felicidad depende de nosotros, de cómo pensemos y de lo que decidamos hacer!
No es recomendable, por tanto, esforzarse en algo que no podemos conseguir y centrarnos en lo que sí podemos conseguir o que tiene altas probabilidades de conseguirlo.
Cuando se trata de expectativas sobre el comportamiento de los demás hacia nosotros, no es saludable esperar que siempre se cumplan porque como decían los filósofos estoicos griegos: “Algunas cosas dependen de nosotros y otras no dependen de nosotros” (Epicteto). Por ejemplo, no podemos controlar lo que decidan los demás, pero sí lo que decidamos nosotros.
DOCUMENTO EXTRAÍDO DE WIKIPEDIA
La importancia de la esperanza en nuestras expectativas.
Nuestras expectativas deben apoyarse en la esperanza optimista de obtener lo que deseamos. La Real Academia Española define la esperanza como «Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea»
Afirmaciones de la piscología.
En psicología, las personas esperanzadas son “como el pequeño motor que se repiten a sí mismas “creo que puedo, creo que puedo”. Este pensamiento positivo da sus frutos cuando se basa en un sentido realista del optimismo, no en una “falsa esperanza” ingenua. El psicólogo Charles R. Snyder vinculó la esperanza a la existencia de una meta, combinada con un plan determinado para alcanzarla. Snyder también subrayó el vínculo entre la esperanza y la fuerza de voluntad mental, así como la necesidad de una percepción realista de las metas, argumentando que la diferencia entre la esperanza y el optimismo era que la primera incluía caminos prácticos hacia un futuro mejor.
La esperanza en sanidad
De los innumerables modelos que examinan la importancia de la esperanza en la vida de un individuo, dos teorías principales han obtenido un reconocimiento significativo en el campo de la psicología. Una de estas teorías, desarrollada por Charles R. Snyder, sostiene que la esperanza debe considerarse como una habilidad cognitiva que demuestra la capacidad de un individuo para mantener el impulso en la búsqueda de un objetivo concreto. Este modelo sostiene que la capacidad de un individuo para tener esperanza depende de dos tipos de pensamiento: el pensamiento de agencia y el pensamiento de camino. El pensamiento de agencia se refiere a la determinación de un individuo para lograr sus objetivos a pesar de los posibles obstáculos, mientras que el pensamiento de camino se refiere a las formas en que un individuo cree que puede lograr estos objetivos personales.
La teoría de Snyder utiliza la esperanza como un mecanismo que se observa con mayor frecuencia en psicoterapia. En estos casos, el terapeuta ayuda a su cliente a superar las barreras que le han impedido alcanzar sus objetivos. El terapeuta ayudaría entonces al cliente a establecer objetivos personales realistas y relevantes (por ejemplo, “voy a encontrar algo que me apasione y que me haga sentir bien conmigo mismo”), y le ayudaría a mantener la esperanza en su capacidad para alcanzar estos objetivos, y le sugeriría los caminos correctos para hacerlo.
Mientras que la teoría de Snyder se centra en la esperanza como mecanismo para superar la falta de motivación de un individuo para alcanzar sus objetivos. La otra teoría principal desarrollada por Kaye A. Herth se ocupa más específicamente de los objetivos futuros de un individuo en relación con la superación de las enfermedades. Herth considera la esperanza como “un atributo motivacional y cognitivo que es teóricamente necesario para iniciar y mantener la acción hacia la consecución de objetivos”. Establecer objetivos realistas y alcanzables en esta situación es más difícil, ya que lo más probable es que la persona no tenga un control directo sobre el futuro de su salud.
Snyder y Herth, ven la esperanza como una forma de mantener la motivación personal, que en última instancia se traducirá en una mayor sensación de optimismo.
Principales hallazgos empíricos
Se ha demostrado que la esperanza, y más concretamente la esperanza particularizada, es una parte importante del proceso de recuperación de la enfermedad; tiene grandes beneficios psicológicos para los pacientes, ya que les ayuda a enfrentarse a su enfermedad de forma más eficaz. Por ejemplo, la esperanza motiva a las personas a seguir conductas saludables para la recuperación, como comer frutas y verduras, dejar de fumar y realizar actividad física con regularidad. Esto no sólo ayuda a mejorar la recuperación de las enfermedades, sino que también ayuda a prevenir el desarrollo de enfermedades en primer lugar. Los pacientes que mantienen altos niveles de esperanza tienen un mejor pronóstico para las enfermedades potencialmente mortales y una mayor calidad de vida. La creencia y la expectativa, que son elementos clave de la esperanza, bloquean el dolor en pacientes que sufren enfermedades crónicas liberando endorfinas e imitando los efectos de la morfina. En consecuencia, a través de este proceso, la creencia y la expectativa pueden desencadenar una reacción en cadena en el cuerpo que puede hacer más probable la recuperación de la enfermedad crónica. Esta reacción en cadena es especialmente evidente con estudios que demuestran el efecto placebo, una situación en la que la esperanza es la única variable que ayuda a la recuperación de estos pacientes.
En general, los estudios han demostrado que mantener un sentimiento de esperanza durante el periodo de recuperación de una enfermedad es beneficioso. Un sentimiento de desesperanza durante el período de recuperación ha provocado, en muchos casos, condiciones de salud adversas para el paciente (es decir, depresión y ansiedad tras el proceso de recuperación). Además, tener una mayor cantidad de esperanza antes y durante la terapia cognitiva ha llevado a una disminución de los síntomas de depresión. También se ha descubierto que la esperanza está asociada con percepciones más positivas de la salud subjetiva.
La esperanza es un poderoso protector contra las enfermedades crónicas o potencialmente mortales. La esperanza de una persona (incluso cuando se enfrenta a una enfermedad que probablemente acabará con su vida) puede ser útil para encontrar alegría o consuelo. Puede crearse y centrarse en la consecución de objetivos vitales, como conocer a los nietos o asistir a la boda de un hijo. La esperanza puede ser una oportunidad para procesar y atravesar acontecimientos que pueden ser traumáticos. Un revés en la vida, un accidente o nuestros propios últimos meses de vida pueden ser momentos en los que la esperanza reconforta y sirve de camino de una etapa a la siguiente. En términos de apoyo a la enfermedad física, la investigación sugiere que la esperanza puede fomentar la liberación de endorfinas y encefalinas, que ayudan a bloquear el dolor.

JOSÉ MELERO PÉREZ, nació en Madrid el 15 de septiembre de 1941. Está licenciado en Psicología y en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona. Profesor jubilado. Habitualmente en su blog NOTICIAS IMPACTANTES al cual pertenece este artículo. También escribe en la sección “Entre Todos” del diario digital “El periódico”, así como en la revista digital “Religión digital”.
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