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Libros que marcan (10):
AMOR CRISTIANO Y LUCHA DE CLASES
Por Juan Miguel Batalloso Navas
E Este libro de Giulio Girardi lo lei por vez primera, si no recuerdo mal, a principios de 1975. Me lo prestó mi gran amigo de siempre Antonio Durán, el mejor tutor y orientador personal que he tenido en toda mi vida. Su portada era un dibujo igual al que muestro arriba. No era la obra original que había sido publicada por la editorial Sígueme en 1970, sino una réplica que circuló ampliamente por todos los grupos de cristianos de base.
A mi particularmente me sirvió para comprender que no se puede ser cristiano si no se opta radicalmente por los pobres, desposeídos, explotados y oprimidos, una comprensión y convicción que sigo manteniendo. Y esta opción implica necesariamente luchar contra cualquier forma de injusticia o de atentado a la dignidad humana. Pero lucha, claro está, de forma organizada, sistemática y con una metodología crítica capaz de proporcionar un análisis certero de la realidad social y una estrategia política dirigida a la transformación radical, desde las raíces, de esa realidad. Metodología, que, en aquel entonces y creo que también ahora, no es otra que el marxismo. Y estrategia política que estaba representada en aquel tiempo por los clandestinos partidos políticos socialistas y comunistas.
Indudablemente, los escenarios sociales, políticos y culturales han cambiado muchísimo en los últimos cincuenta años. Ya no estamos en aquella época de capitalismo industrial de la década de los 60 en la que los jóvenes sentíamos intensamente que la sociedad podía realmente cambiar con nuestro esfuerzo militante. Sin embargo, ahora no solo la desigualdad social y las injusticias son mucho más lacerantes que antes, sino que además asistimos a un individualismo atroz y a una intoxicación informativa que nos impide ver y comprometernos con alternativas posibles y viables que generen transformaciones sociales radicales. Sin duda alguna también, y después de medio siglo, los que verdaderamente han triunfado y han ganado en la lucha de clases han sido los opresores, los explotadores y los grandes dueños de la riqueza. Así lo manifesto el multimillonario Warren Buffet al decir “hay una guerra de clases y la estamos ganando los ricos“. De aquí que necesariamente tengamos que seguir en el empeño de hacer posible una sociedad más justa y fraterna desde el metro cuadrado que cada uno pisamos, dado que la esperanza es siempre una posibilidad y en concreto para un cristiano, según Giulio Girardi, no decae jamás:
Citas escogidas
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Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ
Referencia

No me cabe la menor duda que no hay otra forma de ser un auténtico cristiano que optando por los pobres, por los explotados, por los enfermos y oprimidos, pro los vulnerables en general. Así lo describe Gabriel Mistral en su poema “La imagen del Nazareno”.
¡De qué quiere Usted la imagen? Preguntó el imaginero:
Tenemos santos de pino,
Hay imágenes de yeso,
Mire este Cristo yacente,
Madera de puro cedro,
Depende de quién la encarga,
Una familia o un templo,
O si el único objetivo
Es ponerla en un museo.
Déjeme, pues, que le explique,
Lo que de verdad deseo.
Yo necesito una imagen
De Jesús El Galileo,
Que refleje su fracaso
Intentando un mundo nuevo,
Que conmueva las conciencias
Y cambie los pensamientos,
Yo no la quiero encerrada
En iglesias y conventos.
Ni en casa de una familia
Para presidir sus rezos,
No es para llevarla en andas
Cargada por costaleros,
Yo quiero una imagen viva
De un Jesús Hombre sufriendo,
Que ilumine a quien la mire
El corazón y el cerebro.
Que den ganas de bajarlo
De su cruz y del tormento,
Y quien contemple esa imagen
No quede mirando un muerto,
Ni que con ojos de artista
Solo contemple un objeto,
Ante el que exclame admirado
¡Qué torturado mas bello!.
Perdóneme si le digo,
Responde el imaginero,
Que aquí no hallará seguro
La imagen del Nazareno.
Vaya a buscarla en las calles
Entre las gentes sin techo,
En hospicios y hospitales
Donde haya gente muriendo
En los centros de acogida
En que abandonan a viejos,
En el pueblo marginado,
Entre los niños hambrientos,
En mujeres maltratadas,
En personas sin empleo.
Pero la imagen de Cristo
No la busque en los museos,
No la busque en las estatuas,
En los altares y templos.
Ni siga en las procesiones
Los pasos del Nazareno,
No la busque de madera,
De bronce de piedra o yeso,
¡mejor busque entre los pobres
Su imagen de carne y hueso!