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Libros que marcan (15)
LA ENSEÑANZA COMO ACTIVIDAD CRÍTICA
Por Juan Miguel Baltalloso Navas
E ra el año 1969, al final de toda una prodigiosa década cargada movilizaciones sociales y esperanza en todo el mundo. Sin embargo, en España el Gobierno decretó el Estado de Excepción durante tres meses, suspendiendo derechos básicos como: la libertad de expresión, el derecho de reunión y asociación y las garantías judiciales. El resultado: miles de detenciones, torturas, cierre de universidades y censura estricta de la prensa y la radio
Fue en ese año cuando se publicaba el original inglés de la obra de Neil Postman y Charles Weingartner «Teaching As a Subversive Activity» que fue editada en España con el título «La enseñanza como actividad crítica» 1 Ref.Postman, N.; Weingartner, Ch. Fontanella. Barcelona. 1973, un título que obviamente se eligió para evitar la censura del régimen dictatorial franquista.
Personalmente accedí a ella por vez primera, gracias a que mi profesor y amigo José García Calvo me la presentó y me invitó a leerla y estudiarla en profundidad como tantas otras que cambiaron radicalmente mi forma de entender la educación, la docencia y la escuela. Fue exactamente en el año 1978 y desde entonces esta extraordinaria obra educativa y pedagógica me ha acompañado siempre y la he ofrecido como referencia en los más diversos encuentros formativos en los que he participado. Se trata de una obra que tiene nada menos que 55 años y está ya descatalogada, aunque se puede adquirir en papel en diversos sitios en los que se vende de segunda mano, pero afortunadamente podemos disponer de ella en formato PDF vía internet y desde luego por mi parte la ofrezco aquí.
En ella se decía que los buenos alumnos, o mejor, los buenos aprendices y en nuestro caso los buenos profesores, son aquellos que tienen plena confianza en su capacidad de aprendizaje y disfrutan solucionando problemas; prefieren confiar en su propio criterio sin ningún tipo de temor a equivocarse porque siempre están abiertos a cambiar de opinión; son prudentes en las evaluaciones y juicios porque no formulan valoraciones hasta que no poseen la información necesaria; tienen flexibilidad ya que consideran toda respuesta siempre relativa, dado que ésta depende y se expresa dentro del marco conceptual o sistema en el que cada ser humano se inscribe o pertenece; demuestran tener un gran respeto por los hechos, distinguiendo hábilmente lo que son hechos probados y contrastados de opiniones u otro tipo de afirmaciones y sobre todo nunca tienen miedo a confesar su ignorancia o a decir que desconocen determinada información, acontecimiento o principio.
A su vez, y haciendo un paralelismo con estas características, Postman y Weingartner nos sugerían que las actitudes que caracterizan a un buen profesor y que hacen posible el aprendizaje y la existencia de buenos alumnos, se basaban en conductas como las siguientes:
- Jamás dicen a sus alumnos lo que deben saber o aprender y su lenguaje es siempre interrogativo, haciendo a sus alumnos preguntas de todo tipo, especialmente de preguntas abiertas y divergentes.
- Alientan la interacción, el diálogo, la colaboración y la cooperación y no actúan como mediadores o jueces de las ideas expresadas, al mismo tiempo que tampoco cierran el proceso de aprendizaje mediante conclusiones y resúmenes.
- Sus intervenciones se basan y nacen a partir de las ideas expresadas por sus alumnos y de sus necesidades y no a partir de una estructura lógica o secuencial predeterminada o prescrita por la Administración educativa.
- Su tarea consiste en proponer uno o varios problemas a los estudiantes, porque su meta, no es que los estudiantes memoricen o acumulen datos, sino que se involucren e interesen en aquellas actividades generadoras de conocimiento tales como observar, preguntar, analizar, clasificar, valorar, aplicar, comprobar, etc.
- Los buenos profesores, miden el éxito, no por las adquisiciones cuantitativas expresadas en las calificaciones, sino en términos de cambio de comportamiento.
En coherencia con estas refrescantes y sugestivas consideraciones acerca del significado de ser un buen aprendiz y un buen profesor, Postman y Weingartner nos proponen también todo un conjunto de sorprendentes y provocadoras medidas para formar a los nuevos profesores. Nos dicen:
- Que los profesores especialistas se intercambien sus trabajos entre sí, de forma que los de una especialidad enseñen durante uno o varios cursos la especialidad del otro, o que el profesor de los niveles superiores de enseñanza pase uno o varios cursos enseñando en los niveles inferiores y viceversa.
- Que en las disertaciones de cada profesor en el aula, tenga siempre un límite de tres frases declarativas con relación a la obligatoriedad de que existan al menos quince frases interrogativas, prohibiendo formular preguntas cuya respuesta ya conozcan.
- Que los profesores especializados en una materia determinada que crean conocer su materia escriban un libro sobre ella.
- Eliminar todo tipo de exámenes y pruebas a excepción de que al menos una vez, los estudiantes puedan examinar, sobre materias conocidas por ellos, a sus profesores.
- La obligatoriedad de que todos los profesores, cada cuatro años, abandonen durante un año la enseñanza para trabajar en otro sitio al mismo tiempo que se someten a algún tipo de psicoterapia.
- Que para evaluar el acceso y el desempeño, se exija a cada profesor que pruebe y muestre alguna prueba veraz de haber mantenido una relación humana madura con otro ser humano.
Como puede observarse, las sugerencias de estos autores, a pesar de que fueron hechas hace más de medio siglo, rompen radicalmente con la idea que hasta ahora hemos tenido de la enseñanza y la profesión docente profetizando de algún modo lo que hoy numerosos especialistas e investigadores nos dicen: que los docentes de enseñanza básica y obligatoria del siglo XXI, necesitan no solamente mejorar sus condiciones laborales y su formación inicial, sino sobre todo establecer estrategias y estructuras que les permitan aprender y mejorar permanentemente de sus prácticas, en un marco de dignificación profesional y de facilidades para la formación y de reciclaje continuo. La necesidad es obvia, sobre todo cuando constatamos que vivimos en una sociedad de acelerados cambios económicos, tecnológicos, sociales y culturales, cambios que demandan de las escuelas y los profesores actuaciones y desempeños para los que no han sido lo suficientemente formados y entrenados en su formación inicial.
Libro LA ENSEÑANZA COMO ACTIVIDAD CRÍTICA
Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ
Referencia

Non tengo ninguna formación en pedagogía, pero quizás, a causa de mi pésima memoria, siempre consideré que el sistema de supuestas actitudes o cualificaciones del alumnado basado en exámenes memorísticos, suponía un nefasto sistema para valorarlas.
Por todo ello, me ha encantado todas las consideraciones que se aportan en ese artículo respecto a la pedagogía de la enseñanza.