MANOS QUE HABLAN (oda a la palabra)

MANOS QUE HABLAN
Oda a la palabra

De Luis Reynaldo Vílchez

Son las manos que hablan.
Las manos que gozan un poema,
las manos que aprietan si saludan,
las manos que cortaron al poeta,
porque hablaban.

Son las manos que hablan.
Son las blancas manos,
son las manos negras;
las manos del maestro Astor Piazzolla
acariciando el alma bandoneón.

Son las manos que hablan.
Cuando aplauden en masa de esperanza,
cuando invitan a esa hija del vientre de su madre
para que puje vida;
cuando hacen cantar a la cálida guitarra
melodías de amor.

Son las manos tuyas con las manos mías.
Son las manos de ellas y de ellos
(amigas, amigos- compañeras manitos)
que se abrazan con nostalgia.

Son las manos duras del trabajador rural,
o las manos que imploran
rezando sus desesperanzas.

Manos que hablan.
Manos que acarician con amor: tus manos blancas.
Manos que escriben la vida que se va,
manos que aplauden el año que se viene.

Son las arrugadas manos
de doña Jacinta Sánchez de Garro,
manos que amasan el pan
que ella hace en El Chorrillo
o abrazan la escoba en una casa grande,
con pared de barro, piso de tierra
cielorraso de flores y la luz de una estrella fugaz.

Manos que hablan.
Que siempre le hablarán a la injusticia,
que sueñan con cantarte una esperanza,
que escriben melodías para ti.

Es la mano tuya con la de tu hermano.
Es poder sentirte y existirte.
Es ese vuelo de paloma gris
que va a cualquier lugar,
a cualquier sitio.

Son los versos que aún no nos escribimos.
La mágica poesía que nos une.
El centenar de años que nos quedan
para volar de este paraíso oscuro
y conquistar el país de la ternura.

Son las manos que hablan.
Que cantan al oído- para ti.
Que piden un suspiro y un amor,
que tocan la guitarra en las mañanas
para cantarte el alma.

Manos que hablan.
Manos pequeñas que se mojan junto al río,
manos de piel,
de pétalos,
de niñas y de niños.

Manos que piden la deshonra-limosna
sentaditas al lado del templo de los ricos.

Son las manos que convidan la locura
cuando aplauden un gol en una cancha de fútbol,
o aquellas manos que fueron traicionadas
en ese Mundial ‘78,
manos de los lobos,
de los terratenientes de la muerte.

Manos, manitos y manotas (no manoplas)

Manos para acariciar,
manos para trabajar,
manos que escriben con la voz de poetas;

Manos acusadas de torturar madres
con hijos, con hijas… en la panza.
Manos que robaron sus bebitas.
Manos del centro clandestino de tortura de la ESMA.
Manos del torturador o la torturadora que dieron uso a la práctica del rectoscopio.
Manos homofóbicas. Manos sádicas. Manos del odio y la ambición.
Manos de los pueblos que piden, pidieron y pedirán
“juicio y castigo a esas manos culpables”,
manos de las madres y abuelas del amor
que jamás harán justicia por mano propia.

Manos que acarician con ternura
a esos seres amantes de la Pacha:
hablo de las manos de Atacama,
Chané, Charrúa, Chorote, Chulupí,

digo de manos Comechingón, Diaguita,
Guaraní, Guaycurú, Huarpe,

cuento de manos de Iogys, Kolla,
Kolla Atacameño, Lule, Lule Vilela,

vivo en las manos Mapuche, Mapuche Tehuelche,
Mocoví, Mbya Guaraní,

siento en las manos Ocloya, Omaguaca, Pilagá,
Quechua, Ranquel,

Fuerza en las manos Sanavirón, Selk’Nam (Ona),
Tapiete, Tastil,

Sol en las manos Tehuelche, Tilián,
Toba (Qom), Tonokoté, Vilela, Wichí.

Manos necesarias, cantos necesarios
voz ancestral que no podrán callar.
Manos que te piden que despiertes la esperanza.
Manos que te imploran que alejes la rutina
y siembres la memoria.

Manos que al respirar profundamente
y abras todas las ventanas de tu casa… grites:
«¡Estoy vivo!» «¡Estoy viva!» «¡Estoy cosechando amor!»

Son las manos que hablan.
Que quieren que los pájaros
conviden con su canto.
Que cada vez que sienten que las tocan
transpiran melodías y poesía
y cantan la belleza para ti.

Son las manos que hablan.
Las manos de Juana Azurduy, guerrera de los pobres.
Las manos que se mojan para apagar la fatiga
cuando la tarde es larga y la utopía un sueño.

Son las manos que hablan.
Manitos de los niños de África o la India
que piden,
piden,
piden…

cuando el olvido es grande
y los videntes… no quieren, ni pretenden ver.

Texto extraído del libro VILCHEZ, Luis. Una filantropía del amor.
Ediciones Libros de la Calle.2003. Juana Koslay, San Luis, Argentina.

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LUIS REYNALDO VÍLCHEZ nació en la ciudad de San Luis, Capital, Argentina, un 31 de enero de 1964. Reside desde el año 1998 en la ciudad de Juana Koslay, abrazada a las sierras de San Luis. Realizó trabajos en sectores de educación popular y formal. Realizó talleres de investigación-acción en torno a la cultura popular y sus manifestaciones artísticas. Actualmente es editor y gestor cultural, distribuye sus libros trashumando de lugar en lugar, caminando el país, donde brota el poema. Y tiene como objetivo difundir la oralidad en la poesía. Sus publicaciones son numerosísimas y su curriculum literario puede encontrarse tanto en su página de Facebook como en su Blog personal.
Por último, solo me queda agradecer de todo corazón su extraordinaria generosidad para que Krisis pueda disponer y publicar toda su obra, de la que hoy ofrecemos aquí este maravilloso poema contemplativo y lleno de ternura

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