Una masa crítica de conciencia ética y amorosa

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Ayer, jueves 24 de noviembre del presente año 2022, a los 8 meses exactos de la partida de mi amiga, camarada y compañera Carmen Ruíz, tuve la oportunidad y el privilegio de asistir y participar a uno de los más entrañables, emocionantes y nutritivos actos repleto de personas de las que siempre, siempre, aprendo y me alimento para seguir y seguir en el largo y tortuoso camino de la transformación social, de la profundización de la democracia y sus valores éticos y del desarrollo de la conciencia individual y colectiva.

Se trataba de un Homenaje de Memoria Histórica y Cultura Democrática y de Memoria personal y amorosa de una mujer admirable en todas las dimensiones que cualquier ser humano pueda imaginar: nuestra amiga de siempre, Carmen Ruíz.

El Acto se organizó gracias a los esfuerzos y el compromiso de sus compañeros trabajadores de CASA (Construcciones Aeronáuticas S.A.) hoy AIRBUS, una empresa auténticamente emblemática e histórica en el devenir del desarrollo del movimiento obrero y de la lucha infatigable por la conquista de las Libertades Democráticas. Así pues, de entrada, este acto ya fue de por si conmovedor y ejemplarizante, en cuanto que fueron sus propios compañeros de trabajo, los del torno, la fresadora y los de a pie de obra lo que lo organizaron danto testimonio vivo de esos valores éticos de la clase obrera como la solidaridad, la cooperación, el compañerismo y la auténtica amistad. Unos valores, que por desgracia hoy se están disolviendo como consecuencia de un individualismo feroz que según la expresión del sociólogo Zygmunt Bauman ha hecho que nuestras relaciones sociales, incluidas las amorosas, sean cada vez más líquidas y vaporosas. Sin embargo, lo sucedido ayer en el Salón de Plenos del Excmo. Ayuntamiento de Camas, puso de manifiesto de forma viva y real que, frente a los relativismos de la ética indolora de la posmodernidad, frente al odio, el machismo, el racismo y la necrofilia (el amor a la muerte), no hay quien pueda contra esa Ética Universal Humanista que se funda en el principio de que todos los seres humanos sin distinción somos y seremos siempre iguales en dignidad y derechos, ya sean estos económicos, sociales y políticos.

En este punto, no tengo más remedio que destacar dos elementos para mí importantísimos. Uno fue el vídeo realizado en el que se muestra una preciosa y emocionante semblanza de la vida de Carmen. Un vídeo que nos hizo llorar a todos los que allí estábamos y que creó el clima psicoafectivo y psicosocial necesario para comprender la inmensidad de grandes valores éticos que se estaban mostrando a través de la vida de Carmen. Y el otro elemento, la sencillez, humildad y humanidad con que desarrolló el presentador sus intervenciones. Es al presentador del Acto al que se le debe el hecho de que toda la trama escénica estuviese centrada exclusivamente en la vida y los valores de Carmen y de que todo transcurriese como un auténtico encuentro humano lleno de vida. Al contrario que otros conductores de actos que intercalan declaraciones propias asumiendo innecesariamente el foco de atención o el papel principal, este hombre se condujo con una elegancia y con una cortesía cargada de humildad e incluso intentando pasar desapercibido porque sin duda tenía plena conciencia de que la auténtica protagonista era Carmen. Nos dio pues una gran lección de como conducir actos sin florituras que por lo general se realizan para engrosar el ego del presentador.

Tomé buena nota, de que todos los que participaron en el uso de la palabra agradecieron con emoción y convicción la extraordinaria y numerosa asistencia de personas de Camas y de todos los lugares haciendo posible que el Salón estuviera completamente lleno de personas que testimoniaron y siguen testimoniando con sus vidas la necesaria y permanente lucha por los Derechos Humanos Universales. Por eso, después de unas horas de reflexión sosegada sobre la extraordinaria importancia y validez de este Acto de Homenaje a Carmen Ruíz puedo decir con absoluta convicción que para mí constituyo la presencia viva de “Una masa crítica de conciencia ética y amorosa”. Pero ¿por qué digo esto? ¿Por qué me atrevo a denominar así este para mí tan grandioso acontecimiento? Intentaré explicarlo en la medida que puedo.

En términos de las ciencias físicas, una “masa crítica” es aquel conjunto o aquella cantidad de materia que al producir determinadas reacciones químicas desencadena como una especie de crisis mediante la cual se continúan produciendo reacciones en cadena que terminan por transformar la materia inicial en otro tipo de materia. Así y aplicando este concepto a la esfera social, una “masa crítica” es aquel conjunto de personas, por lo general casi siempre minoritario, que, acumulando una energía cargada de valentía, apuesta y asunción de riesgos fundada en profundas convicciones éticas, es capaz de desencadenar mediante determinados procedimientos de vinculación o de relaciones afectivas y sociales procesos de transformación, de cambio y de liberación tanto individuales o personales como colectivos y sociales. Esta es la razón por la que entiendo y estoy convencido de que todas las personas que estuvieron ayer en el Acto de Carmen, constituyen en realidad una masa crítica de conciencia ética y amorosa. Y digo bien, todos los que allí estaban sin excepción porque cada una de sus vidas ha sido, junto a Carmen y otros muchos que no estuvieron allí, un testimonio encarnado de que realmente se puede cambiar la sociedad hacia niveles mucho más altos de igualdad, libertad y fraternidad y que ese cambio es inseparable del desarrollo de uno de los valores sin los cuales la vida humana no sería posible: el amor.

No recuerdo haber asistido a ningún acto en el que se haya pronunciado y expresado con tanta emoción y convencimiento la palabra “AMOR”, y es que realmente es el amor y solo el amor el que hace posible nuestra existencia como seres humanos de condición compleja, sí, pero de naturaleza amorosa. Y es curioso también, muy curioso que sean personas que se declaran ateas, agnósticas o no creyentes, las que pronunciaran ayer con tanta firmeza la validez y la importancia del amor. Y es que el amor, por muchos calificativos que le quieran poner las religiones al uso para patrimonializarlo, por muchas estupideces que tengamos que soportar de los medios de intoxicación y desinformación de masas; por muchos improperios, calumnias, falsedades y manifestaciones de odio y desprecio por la vida y las mujeres que hemos tenido que soportar de los fascistas de Vox esta semana, es y será siempre el fenómeno y la experiencia fundante y más trascendental que caracteriza la condición humana. Por eso creo cada vez más convencido de que aquel viejo principio del racionalismo cartesiano que decía “Pienso, luego existo” habría que sustituirlo por uno nuevo: “Amo, luego vivo”.

Es verdad que hay muchos tipos de amor, o mejor, diversas modalidades de amor, porque en realidad el amor es una experiencia única y personal de cada ser humano que, si bien puede ser expresable, comunicable y contagiable, objetiva y subjetivamente es intransferible porque cada persona, cada individuo lo percibe, lo siente, lo procesa y lo integra de una original manera. Pero sea cual sea la modalidad de amor, fraternal, filial, paterno, materno, de pareja o de amores y pasiones de otro tipo, como podrían ser el amor por el conocimiento, una causa justa, la democracia, lo cierto, al menos para mí, es que ningún ser humano puede llegar a ser plenamente humano si no está continuamente enamorado y enamorándose. Y si me refiero al enamoramiento, no quiero hacer referencia en absoluto a esos estados efervescentes y orgiásticos que a nada comprometen y que todo lo desean que son precisamente los que nos venden continuamente los medios de intoxicación y desinformación de masas. Lo dijo de forma muy sencilla y clara el viejo filósofo y psicoanalista Erich Fromm en su conocida obra “El arte de amar”. El amor se compone de conocimiento, de cuidado, de respeto y de responsabilidad, valores que únicamente podemos conocer y experimentar mediante la práctica, los hechos y las acciones. Pero a su vez, el amor es un arte trascendente, que va siempre mucho más allá de una acción amorosa circunstancial en cuanto que supone, como decía San Pablo en su Epístola a Los Corintios, que “El amor es paciente y bondadoso; no tiene envidia, ni orgullo ni jactancia. No es grosero, ni egoísta; no se irrita ni lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que encuentra su alegría en la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta”. El amor es en suma lo que nos dijo Khalil Gibran, con el poeta con el que Jaime inició su discurso de agradecimiento y amor a Carmen: «Cuando el amor os llame, seguidlo. Y cuando su camino sea duro y difícil, y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os hiera. Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce nuestros sueños tal como el viento norte devasta los jardines. Porque, así como el amor os corona así os crucifica. Así como os acrece, así os poda. Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra…»

         Es pues en el Amor, en el que creo que se han fundamentado todas las vidas, los esfuerzos, los sacrificios, los compromisos, las renuncias de todos los que ayer asistíamos al Homenaje de Carmen. ¿Acaso hay mayor amor que dar la vida por tus hermanos? ¿Acaso hay más amor que luchar permanentemente contra toda forma de injusticia y discriminación? ¿Acaso no es amor la humildad, el coraje, la valentía, la abnegación, la dignidad, la generosidad y la comprensión que Carmen siempre testimonió con su conducta? Lo dijo una vez el más humanista y revolucionario educador y pedagogo de todos los tiempos al referirse al Che Guevara en su «Pedagogía del oprimido«:

¿Qué lleva a los revolucionarios a unirse a los oprimidos sino la condición deshumanizada en que éstos se encuentran? No es debido al deterioro que ha sufrido la palabra amor en el mundo capitalista que la revolución dejará de ser amorosa, ni que los revolucionarios silencien su carácter biófilo. Guevara, aunque hubiera subrayado el “riesgo de parecer ridículo”, no temió afirmarlo: “Déjeme decirle —declaró, dirigiéndose a Carlos Quijano—, a riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”

Sí, sí, una masa crítica de conciencia ética y amorosa. Y digo conciencia, porque la conciencia, esa capacidad humana tan misteriosa por la que podemos darnos cuenta de lo que sucede fuera y dentro de nosotros, es algo también indispensable dado que no podemos amar sin conciencia, no podemos amar en la ignorancia, no podemos amar dejándonos llevar por nuestro ego o nuestro cerebro reptiliano. Por tanto, me reafirmo en manifestar que el Acto de ayer en Homenaje a Carmen Ruíz constituyó para mí una fuente extraordinaria de alimento, de conocimiento y de esperanza, pero no de esa esperanza del que espera sentado y con los brazos cruzados a que las cosas cambien, sino del que asume la responsabilidad histórica, contextual y personal de dejar el metro cuadrado que pisa mejor de como se lo encontró. Y no tengo más remedio que volver a citar aquí a Carmen, pero también a Jaime, a Carlos González de la Vega, a José Antonio Nieto, a Paco Acosta, a Luz María y a Eduardo Saborido y a otros muchos que regalaron sus vidas para conquistar las Libertades Democráticas. Por eso digo también que el Acto fue una masa crítica, que muy posiblemente desencadenará nuevas reacciones de esperanza activa para hacer desde nuestro metro cuadrado un mundo más libre, más igualitario, más fraterno y amoroso.

Y ya para terminar no puedo evitar decir que estos tipos de actos que generan sin duda sinergias de esperanza activa deberían ser, como este lo ha sido, actos de vida, actos de vida que son los que deben y tienen que inspirar y fundamentar el compromiso con nuestra Memoria Histórica y Democrática. Un compromiso que hay que hacer extensivo a nuestros contextos, a nuestros barrios, pueblos y ciudades, pero también y de forma urgente a los medios de comunicación para que no sigan intoxicando a la ciudadanía con estupideces y sensacionalismos para vender morbo. Y desde luego a nuestras instituciones escolares y educativas, ausentes de saberes populares, de historias de vida y de enseñanzas que lleguen e impregnen de amor, de valores éticos, de esperanza y de compromiso social el corazón de profesores y alumnos. Y es que, al fin y al cabo, como me dijo personalmente el teólogo brasileño Leonardo Boff, uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, los asuntos que realmente preocupan y ocupan a los seres humanos son realmente los “asuntos del corazón”. Llenemos pues nuestros corazones de amor, de comprensión y de responsabilidad y sigamos aprendiendo a disfrutar de este maravilloso privilegio de estar vivo y de seguir y seguir cantando eso de “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” como nos recordó Gustavo con su excelente interpretación, pero sin olvidar la canción del brasileño Gonzaguinha que dice así: «…Vivir y no tener la vergüenza de ser feliz. Cantar, y cantar y cantar la belleza de ser un eterno aprendiz. Yo sé que la vida debía ser mucho mejor y lo será Pero eso no me impide que repita: es bonita, es bonita y es bonita»

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y disculpa si te ha resultado demasiado largo.

Juan Miguel Batalloso Navas. Camas (Sevilla) a 25 de noviembre de 2022.

2 thoughts on “Una masa crítica de conciencia ética y amorosa

  1. Un gran y merecido homenaje a la valiente Carmen Ruíz por su testimonio de solidaridad, de cooperación, de compañerismo y de auténtica amistad. Me alegro que el Salón del Ayuntamiento de Camas estuviera lleno de gente que conectara emocionalemnte, mentalmente y dispuesta a practicar la praxis de Carmen. ¡Enhorabuena! Gracias, amigo, por este testimonio tan valioso.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

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