¿Neoliberalismo episcopal?

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“Con la apropiación de decenas de miles de bienes a través de las inmatriculaciones, la jerarquía de la Iglesia católica española contraviene el mandato de Jesús de no acumular tesoros en la tierra, hace oídos sordos a la petición de que devuelva dichos bienes al pueblo y se coloca del lado del neoliberalismo que mata” -40º Congreso de la Asociación de Teólogos y Teólogas ‘Juan XXIII’-

¿NEOLIBERALISMO EPISCOPAL?

Por Juan José Tamayo Acosta

Quizá más de una persona habrá puesto en interrogante el título de este artículo por considerarlo un oxímoron. ¿Cómo pueden ser neoliberales los obispos españoles cuando Jesús de Nazaret, de quien se dicen seguidores, declaró incompatibles el amor a Dios y al dinero? ¿Cómo pueden ponerse del lado del neoliberalismo cuando el papa Francisco, a quien reconocen como representante de Cristo en la tierra, es uno de los críticos más severos y contundentes del neoliberalismo como teoría y práctica económicas? ¿Van a desobedecer al Papa en un tema de tanta trascendencia en el terreno ético?

Decía Pedro Casaldáliga, uno de los símbolos más luminosos del cristianismo de liberación, que el neoliberalismo “es la gran blasfemia del siglo XXI”. ¿Habrán caído los obispos españoles en tamaño pecado y estarán pronunciando tamaña blasfemia?

Tres son los hechos que justifican el título. El primero son las inmatriculaciones. Según el listado remitido por el Gobierno al Congreso de los Diputados en febrero de 2021, de 1998 a 2015 la Iglesia católica inscribió a su nombre 3.4961 bienes en el Registro de la Propiedad tras la reforma del Reglamento Hipotecario que impulsó el Gobierno de Aznar en 1998 a partir de un decreto de la dictadura de 1946.

De entonces para acá, a lo largo de 70 años, las inmatriculaciones de la Iglesia católica ascienden a cerca de cien mil bienes de toda índole: no solo lugares religiosos, sino también espacios civiles como murallas, plazas, palacios, calles, solares, cocheras, cementerios, prados, campos de futbol, fincas, etc. Entre los edificios más emblemáticos de los que se ha apropiado está la Mezquita de Córdoba por el módico precio de ¡30 euros!, el mayor pelotazo, sin duda, de nuestra historia urbanística.

El tema de las inmatriculaciones es, junto con la pederastia clerical, uno de los mayores escándalos que está provocando descrédito y desafección hacia la institución eclesiástica en la ciudadanía y, dentro de la Iglesia católica, entre colectivos cristianos de base y gran número de fieles. Sin embargo, no consta en la información de los temas a tratar en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) que se ha celebrado en Madrid esta semana.

Con la apropiación de decenas de miles de bienes a través de las inmatriculaciones, la jerarquía de la Iglesia católica española contraviene el mandato de Jesús de no acumular tesoros en la tierra (Evangelio de Mateo 6,19) y su afirmación de que “no se puede servir a dos señores: a Dios y al dinero” (6,24), hace oídos sordos a la petición de que devuelva dichos bienes al pueblo y se coloca del lado del neoliberalismo que mata.

El segundo hecho son los privilegios de todo tipo que los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede de 1979 –inconstitucionales, según no pocos constitucionalistas y expertos en derecho eclesiástico del Estado– conceden a la Iglesia católica: educativos, culturales militares y, muy especialmente, económicos y fiscales, que ascienden a más de diez mil millones de euros, contando lo que no pagan y lo que ingresan. Con su defensa y mantenimiento de dichos privilegios, los obispos incumplen la exigencia de Jesús a sus seguidores de no llevar bolsa, ni alforja, ni tener dos túnicas (Evangelio de Lucas 9,3). Tampoco la renuncia a dichos privilegios ha sido abordado por el cardenal Omella en el discurso citado ni consta en la agenda de los temas a tratar en la Asamblea Plenaria de estos días.

El tercero hecho que viene a legitimar el neoliberalismo por parte de la jerarquía con el apoyo del Estado es la asignación tributaria. Conforme al Acuerdo Económico firmado entre el Vaticano y el Estado Español en 1979, “el Estado podrá asignar a la Iglesia católica un porcentaje del rendimiento de la imposición sobre la renta o el patrimonio neto u otra de carácter personal”. La Iglesia católica es la única religión en disfrutar de dicha asignación que cada año le reporta en torno a 300 millones de euros, de los que la jerarquía eclesiástica se apropia cuando deberían destinarse a fines sociales.

Los tres hechos contrastan con la condena de Francisco al neoliberalismo que califica de injusto en su raíz y con los cuatro “noes”:

“No a una economía de la exclusión y la inequidad, que mata… No a la nueva idolatría del dinero… No al dinero que gobierna en lugar de servir… No a la inequidad que genera violencia”

Y sigue:

“La adoración al antiguo becerro de oro (Éxodo 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humanos”.

El pecado de idolatría de los hebreos fue la adoración del becerro de otro. El pecado de idolatría actual es la adoración al oro del becerro. ¿Habrá caído la cúpula de los obispos españoles en dicha idolatría?

A ninguno de los tres temas se refirió el cardenal Omella, presidente de la CEE, en su discurso inaugural de la Asamblea Plenaria que concluirá este viernes, más parecido a los discursos de Rouco Varela que a las denuncias proféticas del neoliberalismo por parte de Francisco. Lo que confirma mi teoría de que la reforma de Francisco no ha pasado los Pirineos.

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Juan José Tamayo Acosta es teólogo vinculado a la Teología de la Liberación. Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III, en Madrid, y secretario general de la Asociación de teólogas y teólogos Juan XXIII. Conferencista nacional e internacional y autor de más de 70 libros. Articulista habitual en prestigiosos periódicos nacionales e internacionales, así como reconocidos sitios como Religión Digital.
Entre algunas de sus publicaciones se encuentran: San Romero de América, mártir por la justicia (Editorial Tirant, 2015);  Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2020, 2ª ed.)De la iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina (Tirant lo Blanc, 2019); ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías?  (Biblioteca Nueva, 2020, 3ª ed.); Hermano islam (Trotta, 2019).Pedro Casaldáliga. Larga caminada con los pobres de la tierra; (Herder, noviembre 2020); ¿La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, 2020).
Su última obra, editada por Fragmenta en 2021, es la titulada La compasión en un mundo injusto, que puedes adquirir como todas las demás, AQUÍ
        Vaya desde aquí nuestro más sincero agradecimiento por honrar con sus colaboraciones este sitio.

3 thoughts on “¿Neoliberalismo episcopal?

  1. ¿Se puede esperar que una iglesia jerárquica, de poder piramidal, dogmática, que tanto dolor ha producido a través de tantos siglos de privilegios desde su fundación con Constantino, sirviendo al poder y colaborando con él, cambie?. «Dejad que los muertos entierren a sus muertos». La iglesia, como institución, no es la salvaguarda del mensaje del Jesús el Nazareno. El espíritu fluye en el corazón de todos los hombres de buena voluntad. Fuera de la iglesia, al contrario de lo que ella predica, sí hay salvación. Es digna de compasión, no se la neguemos, pero no nos sintamos obligados a estar bajo su paraguas.

  2. No hace falta ser teólogo vinculado a la Teología de la Liberación, Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III, en Madrid, y secretario general de la Asociación de teólogas y teólogos Juan XXIII, conferencista nacional e internacional y autor de más de 70 libros, articulista habitual en prestigiosos periódicos nacionales e internacionales, así como reconocidos sitios como Religión Digital; no hace falta ser todo eso: cualquier persona que vea la vida tal como es, puede elaborar un discurso como el que hemos visto. Yo voy un poco más allá y no solo me indigno con los azacaneos de la S.I.C.A.R. en pos de los bienes materiales ajenos y de los conseguidos sin encallecimiento de las manos y sudor frontal: voy hasta el meollo del asunto, que usted, señor ampliamente titulado, debe conocer al menos tan bien como yo.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

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