RECORDANDO a ANTHONY DE MELLO (18). Emociones que producen vacío

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Por Juan Miguel Batalloso Navas

Si la salud y los avatares cotidianos me lo permiten, a partir de este domingo de enero del presente año 2022, iré colocando aquí cada una de las 31 meditaciones que Anthony de Mello nos ofrece en su para mí, extraordinaria y formativa obra Una llamada al amor que puedes encontrar completa tanto aquí, como en numerosos sitios.

La primera vez que la leí, hace de esto ya más de veinte años, lo hice de corrido, pero decidí que a partir del novedoso y para mí impactante descubrimiento la leería de nuevo, leyendo solamente una meditación diaria. Así y cuando me ha parecido conveniente, en el transcurrir de los años y una vez que me puede hacer de ella en digital, la he releído varias veces siguiendo cada día del mes la meditación correspondiente. Esta es pues una nueva lectura, si bien, ahora tengo la intención de realizar comentarios personales a cada una de sus meditaciones. Comentarios, algunos de ellos obvios, pero que me sirven para profundizar en los potentes mensajes que Anthony de Mello nos ofrece y descubrir matices y relaciones de las que antes no me había dado cuenta.

Todas las meditaciones de esta obra a mi juicio constituyen una síntesis del pensamiento de Anthony de Mello. Además, todas ellas comienzan con una cita evangélica, lo cual puede confundir a los que la lean por vez primera. No obstante, y después de haber estudiado a fondo esta obra, puedo decir que no es en absoluto esa suerte de catequesis y homilía que de forma monótona y rutinaria se imparte en las misas dominicales. Por el contrario, se trata de un mensaje liberador que se extrae de la cita evangélica y se aplica a las contradicciones y supuestos que forman parte de nuestros condicionamientos mentales producto de nuestra inculturación y por supuesto de la ideología dominante.

En esta meditación, Anthony de Mello se esfuerza por mostrarnos que nuestros sentimientos internos son en principio de dos tipos.

De una parte, están los que proceden de nuestro Ego, ese mono saltarín que siempre nos acompaña y del que ya nos daba cuenta Lao-Tsé:

«…El ego es un mono que salta a través de la selva: totalmente fascinado por el reino de los sentidos, cambia de un deseo a otro, de un conflicto a otro, de una idea centrada en sí misma a la siguiente.
Si lo amenazas, realmente teme por su vida. Deja partir a ese mono.
Deja partir los sentidos. Deja partir los deseos. Deja partir los conflictos. Deja partir las ideas. Deja partir la ficción de la vida y de la muerte. Permanece simplemente en el centro, observando. Y después olvídate de que estás en él…»1 Ref.Lao Tse. Hua Hu Ching. 81 meditaciones taoístas. Versión de Brian Walker. Edaf. Madrid.1995.

Es pues nuestro Ego el que se glorifica, autocomplace y se vanagloria cuando creemos que hemos conseguido el aplauso, la admiración o la buena opinión de los demás. Lo mismo que es también nuestro Ego el que se autoglorifica cuando creemos ser reconocidos por los demás como personas exitosas, inteligentes o admirables por algún motivo.

Muy menudo creemos que estos sentimientos internos de autosatisfacción son algo natural en cualquier persona. No obstante, Anthony de Mello nos advierte, que el origen de estos sentimientos no es algo natural, sino cultural, es decir, son el producto de los numerosos condicionamientos que la cultura a la que pertenecemos y añado, la cultura dominante, ha introducido por los más diversos medios en nuestra conciencia. De esta forma terminamos por considerar como naturales creencias y sentimientos que la cultura ha legitimado y reproducido. Y de esta forma también, acabamos haciendo depender nuestra armonía, serenidad, equilibrio y autoestima de la opinión que los demás tienen de nosotros. De este modo, no debemos extrañarnos por ejemplo, que la competitividad como modo de relación humana sea concebida como algo natural y legítimo, mientras que la cooperación y la solidaridad sean valoradas como idealistas, poco realistas y escasamente practicada.

De otra parte y de acuerdo con nuestro autor, el segundo tipo de sentimientos que podemos experimentar son los que proceden de nuestro interior sin estar sometidos a condicionamientos o dependencias del exterior. Nos lo ejemplifica con suma sencillez y claridad haciendo referencia a esos estados de bienestar psíquico que experimentamos cuando hacemos un trabajo con gozo y placer interior o cuando vibramos con el universo entero cuando nos concentramos en espacios, situaciones y obras llenas de belleza. Se trata pues a mi juicio, de sentimientos de autorrealización, que son aquellos que nos proporcionan la alegría y el gozo de estar haciendo y experimentando aquello que más auténticamente nos identifica como seres humanos singulares. Unos sentimientos que son el resultado de invertir en nuestras acciones todo nuestro potencial de capacidades de las que disponemos.

Así pues y en esta primera meditación de Una llamada al Amor, Anthony de Mello viene a señalarnos que una de las claves para gozar de serenidad, paz interior, alegría y también felicidad, consiste en Trabajar el Ego eliminando todos aquellos condicionamientos y excrecencias que nos llevan a estados internos de malestar, infelicidad o preocupación.

EMOCIONES QUE PRODUCEN VACÍO
Meditación 1
«¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?»
(Mt 16,26)

Recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobado, aceptado, aplaudido… Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general, o cuando lees un libro o ves una película que te gustan de veras. Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero, el producido por el hecho de ser elogiado. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia «glorificación» y «promoción» y es un sentimiento mundano, mientras que el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico.
Veamos otro contraste: recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando obtienes algún éxito, cuando consigues algo que anhelabas, cuando «llegas arriba», cuando vences en una partida, en una apuesta o en una discusión. Y compáralo con el sentimiento que te invade cuando disfrutas realmente con tu trabajo, cuando de veras te absorbe por entero la tarea que desempeñas. Y observa, una vez más, la diferencia cualitativa que existe entre el sentimiento mundano y el sentimiento anímico.
Y todavía otro contraste más: recuerda lo que sentías cuando tenías poder, cuando tú eras el jefe y la gente te respetaba y acataba tus órdenes, o cuando eras una persona popular y admirada. Y compara ese sentimiento mundano con el sentimiento de intimidad y compañerismo que has experimentado cuando has disfrutado a tope de la compañía de un amigo o de un grupo de amigos con los que te has reído y divertido de veras.
Una vez hecho lo anterior, trata de comprender la verdadera naturaleza de los sentimientos mundanos, es decir, los sentimientos de autobombo y vanagloria, que no son naturales, sino que han sido inventados por tu sociedad y tu cultura para hacer que seas productivo y poder controlarte. Dichos sentimientos no proporcionan el sustento y la felicidad que se producen cuando contemplas la naturaleza o disfrutas de la compañía de un amigo o de tu propio trabajo, sino que han sido ideados para producir ilusiones, emoción… y vacío
Trata luego de verte a ti mismo en el transcurso de un día o de una semana y piensa cuántas de las acciones que has realizado y de las actividades en que te has ocupado han estado libres del deseo de sentir esas emociones e ilusiones que únicamente producen vacío, del deseo de obtener la atención y la aprobación de los demás, la fama, la popularidad, el éxito o el poder.
Fíjate en las personas que te rodean. ¿Hay entre ellas alguna que no se interese por esos sentimientos mundanos? ¿Hay una sola que no esté dominada por dichos sentimientos, que no los ansíe, que no emplee, consciente o inconscientemente, cada minuto de su vida en buscarlos? Cuando consigas ver esto, comprenderás cómo la gente trata de ganar el mundo y cómo, al hacerlo, pierde su vida.
Y es que viven unas vidas vacías, monótonas, sin alma…
Propongo a tu consideración la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración… Y así siguen hasta el final del viaje.


Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y si es de tu interés, difunde por favor.
Camas (Sevilla) a 16 de enero de 2022.



Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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