KRISIS

Semana mundial de Armonía entre las tradiciones religiosas (2)

Por Leandro Sequeiros San Román

Tres perspectivas teológicas

Desde el punto de vista teórico –escribía hace una docena de años el teólogo belga Jacques Dupuis ya citado – es posible distinguir las diversas problemáticas o perspectivas que se han sucedido en el modo en que la teología cristiana se ha aproximado al problema de las otras religiones. Sin querer expresarlos como “paradigmas”, sí se puede hablar de perspectivas históricas diferentes por las que nos aproximarnos al modo de construir imágenes sociales de la realidad.

Fuera de la Iglesia no hay salvación

     Durante muchos siglos la problemática teológica se ha centrado en la posibilidad de la “salvación de los otros” en Jesucristo. Las diversas teologías de la salvación (presentes en muchas tradiciones religiosas) hunden sus raíces cristianas en la teología paulina, entrelazada con la teología de la justificación (lo que al creyente hace justo ante los ojos de Dios). Y la salvación se entendió durante siglos –y todavía en algunas personas poco formadas –  en el sentido tradicional de “salvarse de las penas del infierno”.

     A partir de la afirmación clara de la fe, según la cual Jesucristo es el Salvador universal, se preguntaba si “los otros”, los no cristianos, los de otras religiones, podían alcanzar la salvación en Jesucristo o no podían. La convicción de los primeros teólogos cristianos de que la cristiana es la única religión verdadera y que las otras, en bloque, son falsas y que por ello sus adeptos se condenan al ser culpables de su error, llevó a una visión “exclusivista” de las antropologías de la religión cristiana.

     “Hay que reconocer (con la debida vergüenza por nuestra parte) –escribe Dupuis– 1 Ref.El cristianismo y las religiones. Del desencuentro al diálogo” , página 19 que durante muchos siglos, tanto la teología como la doctrina oficial de la Iglesia, han dado una respuesta principalmente negativa a esta pregunta”.

El problema de los paganos inocentes

     La afirmación de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”, entendida en sentido rígido a partir del siglo V, se introdujo en los documentos de los papas y de los concilios de la Iglesia hasta el siglo XV. Pero a partir del descubrimiento de nuevas tierras y culturas en lo que se llamó América, ya no era posible que los teólogos siguieran sosteniendo que quienes no habían llegado a la fe explícita en Jesucristo no se podían “salvar”.

     La reflexión teológica cristiana desarrolló y justificó diversas teorías según las cuales la fe implícita (y no solo la explícita) era suficiente para alcanzar la salvación en Jesucristo. No es este el momento para desarrollar estas teorías. Baste con recordar que esta perspectiva se mantuvo hasta mediados del siglo XX como doctrina común de la Iglesia.

     La perspectiva teológica de la posibilidad o imposibilidad de salvación para los seguidores de otras tradiciones religiosas – que recibió durante muchos siglos una respuesta negativa, y en un segundo tiempo una respuesta más positiva, si bien bajo condiciones restrictivas – se mantuvo como problemática común de la teología de las religiones hasta los últimos decenios que precedieron al concilio Vaticano II (1962-1965).

Cambio teológico en el Vaticano II

     Durante el concilio Vaticano II, los padres conciliares debatieron dos problemas diferentes. Por una parte, el de la salvación individual de las personas que pertenecen a otras tradiciones religiosas. Y por otra parte, el significado de otras tradiciones religiosas en el designio de Dios para la humanidad y el papel que esas tradiciones desempeñan, en definitiva, en la salvación de sus miembros. Esta segunda cuestión es la más importante, así como la más compleja.

     Los principales textos conciliares que deben considerarse pertenecen –en el orden de su proclamación por el concilio – a la constitución conciliar sobre la Iglesia, la Lumen Gentium(números 16 y 17), a la declaración Nostra Aetate (número 2) y al decreto Ad Gentes (números 3, 9, 11). En cada uno de ellos, el concilio desarrolla tres temas:

  1. La salvación de los que están fuera de la Iglesia.
  2. Los valores auténticos que se encuentran en los “no cristianos” y en las tradiciones religiosas.
  3. El aprecio de estos valores por parte de la Iglesia, y la actitud que, como consecuencia, adopta hacia las tradiciones religiosas y sus miembros.

     Se abría así una etapa de diálogo y entendimiento. Pero para muchos teólogos, el magisterio conciliar y posconciliar quedaba demasiado corta.  El concilio Vaticano II afrontó “la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas” dentro de unos parámetros bien definidos. La voluntad de la Iglesia era promover la estima recíproca y la colaboración, pero dentro de los límites impuestos por la comprensión la identidad de la Iglesia y su propia misión. De ellas trataremos en otro artículo que se está elaborando para Tendencias21 de las religiones.

¿Es insuficiente el Vaticano II?

     Pero en los últimos años los estudiosos han abierto una tercera perspectiva o problemática a este respecto. En opinión de muchos teólogos ya no basta con preguntar si las tradiciones religiosas tienen que ver y en qué están relacionadas con el misterio de la salvación en Jesucristo de sus miembros. De manera más profunda –según apunta Dupuis -, los teólogos se preguntan qué significado positivo tienen las tradiciones religiosas mismas en el único plan global de Dios para la salvación.

     Sin que se pretenda poder escrutar a fondo el designio divino para la humanidad, se preguntan también los teólogos si el pluralismo religioso del mundo de hoy no tiene quizás en este plan un significado positivo aunque escondido y misterioso.

     Se preguntan, en suma, si el designio divino para la humanidad no es tal vez mucho más vasto y profundo de lo que hayamos pensado jamás. Y concluye Dupuis: “Hay que mantener todavía hoy, como se pensaba antes de manera espontánea – no sin prejuicios negativos hacia las tradiciones religiosas – que todos los hombres están destinados por Dios a hacerse explícitamente cristianos, aunque la mayoría de ellos no alcancen este destino, mientras la realidad concreta en la que estamos viviendo parece indicar precisamente lo contrario? ¿Acaso no es Dios “más grande que nuestro corazón” (véase 1 Jn 3,20)? ¿Acaso no es su plan de salvación mayor que nuestras ideas teológicas?2 Ref.El cristianismo y las religiones, pág. 21-22

     No hemos abordado aquí la evolución de la reflexión que llamamos teológica que haya podido desarrollarse en otras tradiciones religiosas mayoritarias, como el judaísmo, el islamismo o el hinduismo, que deben ser muy interesantes aunque muy poco conocidas en occidente. En este artículo nos referimos sobre todo a la reflexión teológica producida en el occidente de cultura de matriz cristiana.

LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.
      En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla)
     La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio.

Referencia

1 El cristianismo y las religiones. Del desencuentro al diálogo” , página 19
2 El cristianismo y las religiones, pág. 21-22

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