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DEPENDENCIA o LIBERTAD
Comentario
Por Juan Miguel Batalloso Navas




DEPENDENCIA O LIBERTAD
Meditación 6
«…Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza…»
(Mt 8,20)
He aquí un error que la mayoría de las personas cometen en sus relaciones con los demás: tratar de construirse un nido estable en el flujo constantemente móvil de la vida.
¿Quieres que esa persona te ame y se preocupe por ti de una manera especial? Si es así, abre tus ojos y comprueba que estás cometiendo la necedad de invitar a otros a reservarte para sí mismos, a limitar tu libertad en su propio provecho, a controlar tu conducta, tu crecimiento y tu desarrollo de forma que éstos se acomoden a sus propios intereses. Es como si la otra persona te dijera: «Si quieres ser alguien especial para mí, debes aceptar mis condiciones, porque, en el momento en que dejes de responder a mis expectativas, dejarás de ser especial». ¿Quieres ser alguien especial para otra persona? Entonces has de pagar un precio en forma de pérdida de libertad. Deberás danzar al son de esa otra persona, del mismo modo que exiges que los demás dancen a tu propio son si desean ser para ti algo especial.
Párate por un momento a preguntarte si merece la pena pagar tanto por tan poco. Imagina que a esa persona, cuyo especial amor deseas, le dices: «Déjame ser yo mismo, tener mis propios pensamientos, satisfacer mis propios gustos, seguir mis propias inclinaciones, comportarme tal como yo decida que quiero hacerlo…» En el momento en que digas estas palabras, comprenderás que estás pidiendo lo imposible. Pretender ser especial para alguien significa, fundamentalmente, someterse a la obligación de hacerse grato a esa persona y, consiguientemente, perder la propia libertad. Tómate el tiempo que necesites para comprenderlo…
Tal vez ahora estés ya en condiciones de decir: «Prefiero mi libertad antes que tu amor». Si tuvieras que escoger entre tener compañía en la cárcel o andar libremente por el mundo en soledad, ¿Qué escogerías? Dile ahora a esa persona: «Te dejo que seas tú mismo/a, tener tus propios pensamientos, satisfacer tus propios gustos, seguir tus propias inclinaciones, comportarte tal como decidas que quieres hacerlo…» En el momento en que digas esto, observarás una de estas dos cosas: o bien tu corazón se resistirá a pronunciar esas palabras y te revelarás como la persona posesiva y explotadora que eres (con lo que será hora de que examines tu falsa creencia de que no puedes vivir o no puedes ser feliz sin esa otra persona), o bien tu corazón pronunciará dichas palabras sinceramente, y en ese mismo instante se esfumará todo tipo de control, de manipulación, de explotación, de posesividad, de envidia… Te dejo que seas tu mismo: que tengas tus propios pensamientos, que satisfagas tus propios gustos, que sigas tus propias inclinaciones, que te comportes tal como decidas que quieres hacerlo…»
Y observarás también algo más: que la otra persona deja automáticamente de ser algo especial e importante para ti, pasando a ser importante del mismo modo que una puesta de sol o una sinfonía son hermosas en sí mismas, del mismo modo en que un árbol es especial en sí mismo y no por los frutos o la sombra que pueda ofrecerte. Compruébalo diciendo de nuevo «Te dejo que seas tu mismo…» Al decir estas palabras te has liberado a ti mismo. Ahora ya estás en condiciones de amar. Porque, cuando te aferras a alguien desesperadamente, lo que le ofreces a la otra persona no es amor, sino una cadena con la que ambos, tú y la persona amada, quedáis estrechamente atados. El amor sólo puede existir en libertad. El verdadero amante busca el bien de la persona amada, lo cual requiere especialmente la liberación de ésta respecto de aquél.
Profundizando en este sencillo y a su vez potente mensaje de liberación es necesario al menos dejar constancia de dos hechos esenciales de los que hay que ser planamente conscientes en nuestra vida.
El primero está referido a la constatación de que la libertad total o absoluta de un ser humano o no existe o no es posible. No obstante, la libertad de hacer o de satisfacer deseos dependen tanto de las habilidades personales como de las condiciones materiales de existencia de cada persona. Todos sabemos que, a mayores dosis de recursos, ya sean personales o económicos, mayores posibilidades tienen las personas de realizar sus deseos y aspiraciones. Esta es la razón por la cual, a mayor desigualdad social, menores serán las posibilidades de libertad para los más desiguales. Dicho de otra manera: sin igualdad social, es decir, sin posibilidades para satisfacer nuestras necesidades materiales, eso de la libertad es una falacia. De aquí que Libertad, Igualdad y Fraternidad tengan que ir siempre asociadas.
El segundo hecho es también evidente. Lo queramos o no, somos seres de vínculos, de relaciones y en suma seres sociales. Esto obviamente significa que somos seres interdependientes, es decir, dependemos de la Naturaleza y de los demás y así nos constituimos siempre de forma compleja en el producto de nuestro propio producto o de las relaciones que establecemos con nuestro medio social y natural.
En consecuencia, cuando convivimos con los demás, cuando establecemos relaciones interpersonales estamos sometidos voluntaria o involuntariamente a algún grado de dependencia. El problema pues reside en encontrar el grado más equilibrado y armónico entre independencia y dependencia, teniendo en cuenta además que no toda dependencia asumida y aceptada tiene necesariamente que ser limitadora y obstaculizadora de nuestro desarrollo.
En este punto considero que, Anthony de Mello se está refiriendo a lo que en términos psicológicos conocemos como “dependencia emocional” o también a “dependencia interpersonal patológica” o “relaciones interpersonales tóxicas” que son aquellas que originan sufrimiento y en definitiva obstaculizan nuestro desarrollo personal.
Según el divulgador científico Pol Bertrán Prieto 1 Ref.Pol Bertran Prieto (medicoplus.com)
Aunque mi conocimiento psicológico es muy limitado, por propia experiencia he podido comprobar que todas las relaciones interpersonales tóxicas ya se den en el ámbito de la pareja, la familia, con los amigos, en el mundo laboral o en el mundo de las organizaciones sociales, económicas, políticas, religiosas, etc, tienen en su base procesos de dependencia emocional y de posesividad/control. En suma, las relaciones interpersonales tóxicas son el resultado de una compleja mezcla de egocentrismo, narcisismo, sadismo y masoquismo, algo que hace más sesenta años nos advertía Erich Fromm en su conocida obra “El arte de amar“.
En esta obra Fromm nos señala que existen diversas patologías o enfermedades del amor, entre las que destacaba:
- El amor entendido exclusivamente como satisfacción sexual recíproca, como trabajo en equipo para beneficio mutuo o como un refugio de la soledad.
- La ligazón o dependencia profunda de los amantes a la figura de un progenitor, ligazón por la que se transfieren sentimientos, expectativas y temores a la relación amorosa presente.
- El amor idolátrico o ese supuesto “gran amor” idealizado, estereotipado y profundamente patriarcal que ha sido transmitido y sigue transmitiéndose en películas, publicidad y soportes de todo tipo.
- El amor sentimental que es aquel que sólo se experimenta en la fantasía y no en el aquí y ahora de la relación con una persona real. Un sentimentalismo que se alimente del consumo de películas, novelas románticas y canciones de amor.
- El amor proyectivo que es aquel que proyecta los propios defectos, limitaciones, insatisfacciones y frustraciones en la persona a la que se dice amar y que se conmcentra exclusivamente en las debilidades, flaquezas y vulnerabilidades de la misma. Un amor de naturaleza sadomasoquista que obviamente no es amor sino un sucedáneo patológico.
- El amor pacifista, que es aquel que parte del supuesto o la creencia de que toda relación interpersonal amorosa tiene que estar basada y atravesada necesariamente por la ausencia de conflictos.
En consecuencia, el verdadero amor es aquel que nace y se desarrolla 2 Ref.FROMM, Erich. “El arte de amar“:
Desde una perspectiva más actual, el psicólogo clínico Arun Mansukhani 3 Ref.MANSUKHANI, Arun. Dependencias interpersonales. nos señala que en las sociedades desarrolladas, la mayoría de las parejas se forman basándose en el amor romántico, cosa prácticamente inédita hasta el siglo pasado en la historia de la humanidad. Una característica de este tipo de amor consiste en que al aumentar las expectativas en la pareja, posible y probablemente incrementará el riesgo de mantener un relación patológica. De esta forma las relaciones tóxicas o patológicas se desarrollan cuando cualquiera de las personas de la relación:
- Mantiene posiciones y actitudes de obediencia, sumisión, dominación, autoritarismo, dominación o evitación en sus más diversas formas.
- Siente que sus necesidades no es están siendo satisfechas o no son lo suficientemente gratificantes sino que por el contrario, la relación es por lo general una fuente frecuente de frustración, decepción o insatisfacción.
- Renuncia a tener relaciones interpersonales significativas a través del aislamiento real o emocional provocado por unas expectativas absolutamente excesivas y que no toman en consideración la complejidad de la naturaleza humana, sus condicionamientos, incertidumbre y vulnerabilidades.
- Se trata de aquellas personas que persiguen una relación idealmente perfecta, como si ese ideal fuese realmente posible y probable.
- Sienten que sus necesidades no están siendo satisfechas, no le gratifican plenamente, sino que más bien son fuente de frustración, responsabilidad o decepción (en ocasiones traición).
- Renuncian a tener relaciones interpersonales significativas a través del distanciamiento-aislamiento real o emocional.
En cuanto a las características de las personas que presentan Dependencia Interpersonal Patológica, el autor citado nos señala:
- Desregulación emocional: presentan con frecuencia híper (ansiedad, miedo, rabietas, ira, enfado, etc.) o hipoactivación (tristeza, apatía, desgana, etc.). Les cuesta mucho mantenerse dentro de lo que se conoce como la ventana de la tolerancia afectiva o tienen deficientes mecanismos de autoregulación emocional interna, teniendo que recurrir a la regulación externa (p. ej., necesitarán llamar y hablar con la persona a la que se lo han dicho de forma inmediata, casi compulsiva). Esta desregulación conduce al siguiente punto.
- Desregulación del comportamiento interpersonal o muestran formas de relación/vinculación patológica: necesitan un nivel de contacto altísimo o, por el contrario, niveles altos de evitación. Requieren relaciones verticales o necesidad de controlar el comportamiento de la pareja, ya sea de forma directa o indirecta. Esta necesidad se basa en su miedo al abandono o rechazo, su desconfianza hacia los demás y a su desregulación del yo o en ocasiones más graves, casi parece que necesitan herir, dañar o traicionar a la persona con la que mantienen una relación emocionalmente cercana. No parecen poder vincularse sin este tipo de comportamiento desorganizado.
- Desregulación de la autopercepción y la autoestima o desregulación del sentido del yo. En ocasiones el sentido del yo es totalmente dependiente de los demás. Pueden presentar una personalidad camaleónica, que imita los gustos y las opiniones de las personas a las que se sienten vinculadas (no solo parejas, pueden ser amigos a los que imitan incluso en la vestimenta o el peinado). También hay casos en los que, emerge un sentimiento de “no existir” que les genera un profundo malestar. o problemas de autoestima: puede aparentar ser muy baja o en ocasiones fluctuar de un extremo a otro. También pueden exhibir en ocasiones una buena autopercepción (ser capaces de reconocer objetivamente sus virtudes), combinado con un sentimiento de profundo auto-desprecio o con verbalizaciones auto-denigrantes.
En definitiva, el asunto de la de dependencia emocional en las relaciones interpersonales, no es tan simple ni tan sencillo como nos lo presenta Anthony de Mello, sino que por el contrario, liberarse de las dependencias, supone y exige también la puesta en marcha de dimensiones del desarrollo personal que exigen un amplio trabajo de autoconocimiento.
Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y si es de tu interés, difunde por favor.
Camas (Sevilla) a 21 de octubre de 2023.
Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.
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