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LOS QUE SON VERDADERAMENTE LIBRES NO PUEDEN PECAR
Comentario
Por Juan Miguel Batalloso Navas




LOS QUE SON VERDADERAMENTE LIBRES NO PUEDEN PECAR
Meditación 7
««…Airado, el dueño de la casa dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las calles y plazas de la ciudad v tráete a los pobres y lisiados y ciegos y cojos» …»
(Lc 14,21)
Es perfectamente posible que imagines a alguien pobre, lisiado, ciego o cojo. Comprende ahora que, si invitas a tu casa a esa persona, a ese mendigo que anda por plazas y calles, es decir, si la invitas a estar en tu presencia, ella te ofrecerá algo que ninguno de tus encantadores y amables amigos, por muy rico que sea, puede ofrecerte. Te revelará a ti mismo tu propio ser y la naturaleza humana: una revelación tan valiosa como cualquiera de las que pueden hallarse en la Biblia, porque ¿De qué te vale conocer todas las Escrituras si no te conoces a ti mismo y, consiguientemente, vives como si fueras un «robot»? La revelación que ese mendigo va a hacerte servirá para ensanchar tu corazón hasta que haya espacio en él para toda criatura viviente. ¿Puede haber mejor regalo?
Piensa en alguien que te desagrade: alguien a quien sueles tratar de evitar, porque su presencia te produce sentimientos negativos. Imagina que estás ahora mismo en presencia de esa persona y observa cómo surgen las emociones negativas… Trata de verte ahora reaccionando negativamente y hazte la siguiente pregunta: «¿Tengo yo el control de esta situación o, por el contrario, es la situación la que me domina a mí?» Esta es la primera revelación. Y a continuación viene la segunda: la manera de controlar esta situación consiste en que tengas el control de ti mismo, cosa que en realidad no sucede. ¿Cómo se logra ese dominio? Todo lo que tienes que hacer es comprender que hay personas en el mundo que, si estuvieran en tu lugar, no se verían afectadas negativamente por esa persona, sino que controlarían la situación y estarían por encima de ella, no sometidas a ella como tú lo estás. Así pues, no es esa persona la que origina tus sentimientos negativos, como equivocadamente crees, sino tu «programación»: ésta es la tercera y principal revelación. Observa lo que ocurre cuando logras realmente comprender esto.
Una vez recibidas estas revelaciones acerca de ti mismo, presta atención a la revelación relativa a la naturaleza humana: ¿Sabes si esa otra persona es o no responsable de ese comportamiento o esa característica suya que te hace reaccionar negativamente? Sólo puedes persistir en tus sentimientos negativos si crees, equivocadamente, que esa persona es perfectamente libre y consciente y, por lo tanto, responsable. Pero ¿Acaso hay alguien que haga el mal con pleno conocimiento de causa? La capacidad de hacer el mal o de ser malo no tiene que ver con la libertad, sino que es una enfermedad, porque supone una falta de conciencia y de sensibilidad. Los que son verdaderamente libres no pueden pecar, como tampoco Dios puede hacerlo. Esa pobre persona que tienes ante ti es una persona lisiada, ciega, coja, no la persona terca y malévola que tú, neciamente, creías. Trata de comprender esta verdad; considérala detenida y profundamente, y verás cómo tus emociones negativas dan paso a la ternura y la compasión. De pronto se hará espacio en tu corazón para quien había sido ignorado y despreciado por los demás… y por ti mismo.
Ahora constatarás cómo en realidad era ese mendigo el que te ofrecía a ti la verdadera limosna de ensanchar tu corazón con la compasión y darle a tu espíritu las alas de la libertad. Ahora, en lugar de estar sometido tú a esas personas (que tenían la virtud de producirte emociones negativas, lo cual te obligaba a desviarte de tu camino para evitarlas), posees la libertad de no evitar a ninguna de ellas e ir adonde quieras. Una vez que lo hayas visto, comprobarás cómo al sentimiento de compasión se ha añadido en tu corazón el sentimiento de gratitud hacia ese mendigo que, de hecho, es tu benefactor. Y experimentarás también un nuevo e inusitado sentimiento: del mismo modo que el que ha aprendido a nadar desea encontrar agua donde poder hacerlo, así anhelarás también tú la compañía de esos seres lisiados, ciegos y cojos, porque siempre que estás con ellos, en lugar de experimentar como antes la opresión y la tiranía de los sentimientos negativos, ahora puedes verdaderamente sentir una compasión cada vez mayor y una inefable libertad. Y apenas puedes reconocerte a ti mismo saliendo a las calles y plazas de la ciudad, obediente al mandato del Maestro, en busca de los pobres, lisiados, ciegos y cojos.
El mensaje evangélico que precede a la meditación reflexiva de hoy es para mí sumamente claro: la opción de Jesús “el hijo del carpintero” no es otra que la de los pobres, los vulnerables, los marginados, los excluidos y con esto quedaría todo más que dicho y afirmado. No obstante la interpretación psicológica que hace Anthony de Mello, contiene elementos sustanciales para el desarrollo personal liberador que paso a comentar.
Lo primero que se me ocurre destacar de esta meditación reflexiva es la trascendental importancia que tienen las emociones y sentimientos en nuestro bienestar psíquico y en nuestro desarrollo personal, especialmente en lo relativo a nuestra capacidad de producir y reproducir estados de calma, serenidad y paz interior. Estados que a su vez nos sirven de soporte para agudizar y desarrollar nuestras capacidades de análisis, discernimiento y de pensamiento crítico y autocrítico.
Consecuentemente lo primero que creo que debemos aprender es la diferencia que existe entre emoción y sentimiento y como las emociones se transforman en sentimientos.
Las emociones pueden definirse como las reacciones o respuestas de nuestro cuerpo y de nuestro sistema nervioso a los más diferentes estímulos sensoriales procedentes tanto de nuestro medio ambiente social y natural como de nuestro cuerpo y nuestra mente. Su función es siempre adaptativa y aparecen manifestándose con respuestas psicofisiológicas como pueden ser el aumento de la frecuencia cardiaca, de la tensión arterial, la contracción muscular o el cambio de expresión de nuestro rostro. Las emociones son por tanto objetivables en cuanto que se expresan en respuestas fisiológicas que pueden observarse y medirse. En consecuencia, las emociones son respuestas reactivas que poseen un carácter subconsciente e instintivo de aquí la trascendental importancia que tiene el poder identificarlas y hacerlas conscientes con el fin de no dejarse atrapar por ellas de forma que no den lugar a respuestas puramente reactivas, inadaptadas y generadoras de sufrimiento. En esto consiste precisamente la inteligencias emocional tal y como la describe Daniel Goleman en su famoso libro “Inteligencia emocional” 1 Ref.GOLEMAN, Daniel. Inteligencia emocional. Bareclona: Kairós. 1996. No obstante, debo decir también que las emociones se transfieren, se contagian, se proyectan y en gran medida se aprenden por modelamiento sociocultural, o por esa “programación” a la que hemos sido sometidos de la que nos habla Anthony de Mello.
Las emociones se han estudiado y se siguen estudiando mucho en Psicología, estudios que han dado lugar a numerosas teorías acerca de su origen, manifestación e impacto en la conducta de los individuos (Ver Las principales teorías de la emoción – La Mente es Maravillosa). Básicamente dichas teorías ponen el acento con mayor o menor intensidad en los tres componentes básicos de toda emoción: el fisiológico, el neurológico y el cognitivo. Y desde luego, de lo que no cabe ninguna duda es que los seres humanos somos seres básicamente emocionales dado que nuestro razón o racionalidad es siempre una razón sintiente tal y como la propusieron Ortega y Gasset, que plantea la simultaneidad del conocer y del sentir, y María Zambrano con la razón poética o creativa 2 Ref.ORTEGA y GASSET, José. ¿Qué es el conocimiento?. Madrid: Alianza. 1984.; ZAMBRANO, María. Hacia un saber del alma. Buenos Aires: Losada.1950:, o si se prefiere, cualquier acción o comportamiento que evidenciamos en nuestra conducta está siempre precedido por una motivación, un interés, un deseo, un valor o una curiosidad. Así entendido la razón o logos siempre está complejamente mezclada con nuestro corazón o pathos.
En esta temática es necesario diferenciar varios conceptos:
SENTIMIENTO. Componente subjetivo de las emociones o emoción que se prolonga en el tiempo sin la intervención del acontecimiento que la originó. Dos de las definiciones que me resultan más significativas “Bloques de información integrada que incluyen valoraciones” 3 Ref.MARINA, José A. El laberinto sentimental. Madrid: Anagrama. 1996Marina) en cuanto pone el énfasis en la necesidad de educación emocional y sentimental como tarea previa y simultánea a la educación en valores éticos.
PASIÓN. Sentimiento de intensidad muy elevada cuya duración puede ser indefinida y que ocupa un lugar fundamental en la jerarquía de valores del sujeto.
ESTADO DE ÁNIMO. Llamado también humor o emoción de mayor duración e intensidad, pudiendo llegar hasta horas, días, semanas e incluso años.
TEMPERAMENTO EMOCIONAL. Estructura de rasgos emocionales estables del individuo procedentes de variables psicobiológicas o innatas.
CARÁCTER EMOCIONAL. Tendencia a actuar emocionalmente procedente del aprendizaje.
Las emociones se suelen clasificar en emociones negativas y emociones positivas, según provoquen en nosotros conductas de aversión, alejamiento o sensaciones de malestar e inquietud, o por el contrario conductas de acercamiento, atracción o sensaciones de bienestar y tranquilidad. Aunque sus efectos son obviamente diferentes en nosotros no hay que olvidar que ambos tipos de emociones cumplen una función adaptativa a nuestro medio ambiente. Las emociones negativas han sido denominadas por el Budismo, “emociones destructivas” porque no solo destruyen nuestro bienestar corporal y mental sino que también producen acontecimientos destructivos en nuestras relaciones sociales. De entre las emociones negativas, destacan:
IRA. Reacción de irritación, furia o cólera desencadenada por la indignación y el enojo de sentir vulnerados nuestros derechos o frustados nuestros deseos. Su objetivo funcional es destruir mediante la agresión.
MIEDO. La emoción que se experimenta ante un peligro real o inminente.
ANSIEDAD. Conducta de preocupación anticipatoria de un peligro futuro, indefinible, imprevisible y cuyos desencadenantes son imprecisos.
TRISTEZA. Emoción resultante de la pérdida irrevocable de algo que se valora como importante. Es más un estado de ánimo que una emoción aguda.
VERGÜENZA. Expresión de pena por la pérdida de dignidad debido a la falta cometida por uno mismo, o como consecuencia de una humillación, un insulta, falta de autoestima o miedo al ridículo.
AVERSIÓN. Rechazo de algo (asco) o de alguien (hostilidad)
Entre las emociones positivas cabe destacar:
ALEGRÍA. Emoción que produce un suceso favorable o una actitud interior.
HUMOR. Disposición favorable y de bonanza para hacer algo o valorarlo de forma alegre y divertida. El humor está relacionado con la relajación, es socialmente contagioso y actúa como equilibrador y moderador de las emociones negativas.
AMOR. Emoción que experimenta una persona hacia otra. Se manifiesta en desear su compañía, alegrarse con lo que es bueno para ella y sufrir cuando ella sufre. Su desencadenante son las evaluaciones que hacemos de las ideas, cosas, personas, acontecimientos, instituciones, etc.
FELICIDAD. Es la forma de valorar la vida en su conjunto, de tal forma, que produce un estado de bienestar. Su concepto está referido más a un estado de ánimo y a una actitud duradera, que a una emoción intensa.
SORPRESA. Reacción provocada por algo imprevisto o extraño. Puede derivar en sentido positivo o negativo.
ESPERANZA. Deseo de mejorar aun temiendo lo peor. Las personas con altas dosis de esperanza se motivan mucho más positivamente que las personas desesperanzadas, tienen menos estados depresivos, son menos ansiosas y sufren menos perturbaciones emocionales.
COMPASIÓN. Preocupación por el sufrimientos ajeno con el fin de ayudar a los demás a suprimir el dolor o el sufrimiento que les aqueja.
Desde mi personal punto de vista y siguiendo en parte el mensaje de Anthony de Mello, sigo creyendo que para sentirse verdaderamente libre hay que ser capaz de conseguir, no solo en nuestro pensamiento, sino en nuestra conducta habitual y nuestras relaciones con los demás tres factores que por lo general son causantes de sufrimiento y malestar: pensar continuamente en el pasado, el miedo a los demás o a relacionarnos y sentirse culpable incluso por asuntos que no dependen para nada de nuestras decisiones. Por tanto para sentirse libre es necesario al menos: 1) Comprender y aceptar que el pasado no tiene solución. 2) Liberarse de la culpa y 3) Perder el miedo a lo que los otros dirán de nosotros, condición indispensable para afirmarnos en nuestra singularidad y dignidad.
Pero además y como señala De Mello, tenemos que aprender a transformar las emociones destructivas en emociones constructivas, si bien esto no es tan fácil y requiere desde luego y a mi juicio, un proceso permanente de autoobsevación y vigilancia, pero ante todo una toma de conciencia de como nuestras emociones negativas nos destruyen y destruyen también los climas sociales. Y para ello “Es necesario contrarrestarla con algo más que una aspiraci¢n, un deseo o una plegaria, con algo, en suma, que restablezca la verdadera naturaleza de la realidad. Las visiones distorsionadas son el fruto de un proceso mental, y, en consecuencia, uno puede hallarse plenamente convencido de su adecuaci¢n. El único modo de contrarrestarlas. pues, consiste en apelar a una visión correcta que socave y elimine, así, de raíz, la certeza que habíamos depositado en ellas. Por este motivo, en opinión del budismo, las visiones distorsionadas deben verse reemplazadas por una visión más cabal.” 4 Ref.GOLEMAN, Daniel. Emociones destructivas. Cómo entenderlas y superarlas. Barcelona: Kairós. 2003
Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y si es de tu interés, difunde por favor.
Camas (Sevilla) a 26 de octubre de 2023.
Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.
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