UNA LLAMADA AL AMOR (8). Apegos, miedos y creencias

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Una llamada al amor 8

APEGOS, MIEDOS y CREENCIAS
Comentario

Por Juan Miguel Batalloso Navas

APEGOS, MIEDOS y CREENCIAS

Meditación 8

«…He venido a este mundo para un juicio: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos…»
(Jn 9,39)


Se dice que el amor es ciego. Pero ¿Lo es de veras? De hecho, nada hay en el mundo tan clarividente como el amor. Lo que es ciego no es el amor, sino el apego: ese estado de obcecación que proviene de la falsa creencia de que algo o alguien te es del todo necesario para ser feliz. ¿Tienes algún apego de esa clase? ¿Hay cosas o personas sin las que, equivocadamente, creas que no puedes ser feliz? Haz una lista de ellas ahora mismo, antes de que pasemos a ver de qué manera exactamente te ciegan.
Imagínate a un político que está convencido de que no puede ser feliz si no alcanza el poder: la búsqueda del poder va a endurecer su sensibilidad para el resto de su vida. Apenas tiene tiempo para dedicarlo a su familia y a sus amigos. De pronto, ve a todos los seres humanos —y reacciona ante ellos— en función de la ayuda o la amenaza que puedan suponer para su ambición. Y los que no suponen ninguna de las dos cosas ni siquiera existen para él. Si, además de esta ansia de poder, está apegado a otras cosas, como el sexo o el dinero, el pobre hombre será tan selectivo en sus percepciones que casi puede afirmarse que está ciego. Esto es algo que ve todo el mundo, excepto él mismo. Y es también lo que conduce al rechazo del Mesías, al rechazo de la verdad, la belleza y la bondad, porque uno se ha hecho ciego para percibirlas.
Imagínate ahora a ti mismo escuchando una orquesta cuyos timbales suenan tan fuerte que hacen que no se oiga nada más. Naturalmente, para disfrutar de una sinfonía tienes que poder oír cada uno de los instrumentos. Del mismo modo, para vivir en ese estado que llamamos «amor» tienes que ser sensible a la belleza y al carácter único de cada una de las cosas y personas que te rodean. Difícilmente podrás decir que amas aquello que ni siquiera ves; y si únicamente ves a unos cuantos seres, pero excluyes a otros, eso no es amor ni nada que se le parezca, porque el amor no excluye absolutamente a nadie, sino que abraza la vida entera: el amor escucha la sinfonía como un todo, y no únicamente tal o cual instrumento.
Detente ahora por unos instantes y observa cómo tus apegos —al igual que el apego del político al poder, o el del hombre de negocios al dinero— te impiden apreciar debidamente la sinfonía de la vida. O tal vez prefieras verlo de esta otra manera: existe una enorme cantidad de información que, procedente del mundo que te rodea, afluye hacia ti a través de los sentidos, los tejidos y los diversos órganos de tu cuerpo; pero tan sólo una pequeña parte de esa información consigue llegar a tu mente consciente. Es algo parecido a lo que ocurre con la inmensa cantidad de «feed-back» que se envía al Presidente de una nación: sólo una mínima parte de la misma llega hasta él, porque alguien de su entorno se encarga de filtrar y tamizar dicha información. ¿Quién decide, pues, lo que finalmente, de entre todo el material que te llega del mundo circundante, se abre camino hasta tu mente consciente? Hay tres «filtros» que actúan de manera determinante: tus apegos, tus creencias y tus miedos.
En primer lugar, tus apegos: inevitablemente, siempre prestarás atención a lo que favorece o pone en peligro dichos apegos, y fingirás no ver lo demás. Lo demás no te interesará más de cuanto pueda interesarle al avaro hombre de negocios cualquier cosa que no suponga hacer dinero. En segundo lugar, tus creencias: piensa por un momento en el individuo fanático que tan sólo se fija en aquello que confirma lo que él cree y apenas percibe cuanto pueda ponerlo en entredicho, y comprenderás lo que tus creencias suponen para ti. Finalmente, tus miedos: si supieras que ibas a ser ejecutado dentro de una semana, tu mente se centraría exclusivamente en ello y no podrías pensar en otra cosa. Esto es lo que hacen los miedos: fijar tu atención en determinadas cosas, excluyendo todas las demás. Piensas equivocadamente que tus miedos te protegen, que tus creencias te han hecho ser lo que eres y que tus apegos hacen de tu vida algo apasionante y firme. Y no ves, sin embargo, que todo ello constituye una especie de pantalla o filtro entre ti y la sinfonía de la vida.
Naturalmente, es del todo imposible ser plenamente consciente de todas y cada una de las notas de dicha sinfonía. Pero, si logras mantener tu espíritu libre de obstáculos y tus sentidos abiertos, comenzarás a percibir las cosas tal como realmente son y a establecer una interacción mutua con la realidad, y quedarás cautivado por la armonía del universo. Entonces comprenderás lo que es Dios, porque al fin habrás entendido lo que es el amor.
Míralo de este modo: tú ves a las personas y las cosas, no tal como ellas son, sino tal como eres tú. Si quieres verlas tal como ellas son, debes prestar atención a tus apegos y a los miedos que tales apegos engendran. Porque, cuando encaras la vida, son esos apegos y esos miedos los que deciden qué es lo que tienes que ver y lo que tienes que ignorar. Y sea cual sea lo que veas, ello va a absorber tu atención. Ahora bien, como tu mirar es selectivo, tienes una visión engañosa de las cosas y las personas que te rodean. Y cuanto más se prolongue esa visión deformada, tanto más te convencerás de que ésa es la verdadera imagen del mundo, porque tus apegos y tus miedos no dejan de procesar nuevos datos que refuercen dicha imagen. Esto es lo que da origen a tus creencias, las cuales no son sino formas fijas e inmutables de mirar una realidad que, de por sí, no es fija ni inmutable, sino móvil y en constante cambio. Así pues, el mundo con el que te relacionas y al que amas no es ya el mundo real, sino un mundo creado por tu propia mente. Sólo cuando consigas renunciar a tus creencias, a tus miedos y a los apegos que los originan, te verás libre de esa insensibilidad que te hace ser tan sordo y tan ciego para contigo mismo y para con el mundo.

Tanto el apego como el miedo forman parte de lo que el budismo ha denominado “Venenos de la mente” que son en realidad emociones destructivas causantes no solo de sufrimientos psíquicos, sino también de enfermedades sociales que destruyen la convivencia y polarizan la sociedad en amigos a los que hay que proteger y enemigos que hay que eliminar. Estos “Venenos” son la avidez, odio, engaño, engreimiento, visión incorrecta, duda, letargo, inquietud y la desvergüenza e imprudencia. Sin embargo, la posición más extendida representada por el budismo Mahayana, considera que existen tres venenos básicos: la ignorancia, el miedo o la ira y el deseo o apego.

Cuando Anthony de Mello habla de los apegos, se está refiriendo a todo aquel conjunto de condicionamientos y hábitos culturales que hemos interiorizado de tal manera que nos impiden acceder a estados de bienestar psíquico y que en definitiva nos hacen sufrir generando en nosotros sentimientos negativos y emociones destructivas. Desde esta perspectiva los apegos son en realidad formas de sentir y de pensar que hemos asumido e interiorizado como propias pero que en realidad no son nuestras. Son el producto de la inculcación, la transmisión, el contagio y/o la contaminación que han producido en nuestra mente, la familia, la escuela, las instituciones, la cultura nacional o local, el capitalismo, la religión, la Iglesia católica y los grandes medios de comunicación, etc. Esta es la razón por la cual, si queremos identificar nuestros apegos necesariamente tenemos que aprender a pensar críticamente, algo que muchas personas desconocen o no saben hacer y que desde luego y por desgracia, no se enseña de manera formal en las escuelas y los centros de formación. En suma, si no somos capaces de aprender a pensar críticamente, es prácticamente imposible que nos demos cuenta de cuales son nuestros apegos y de donde proceden. A su vez, debemos destacar también que Anthony de Mello no cuestiona para nada, ni la existencia de necesidades, como tampoco de los deseos, si bien en el asunto de los deseos reconoce abiertamente que son culturalmente creados e incluso modelados y publicitados de tal forma que acaban por convertirse en necesidades que no son en realidad necesidades.

Es de sumo interés también el concepto de apego que ofrece la monja budista Thubten Chodron:

«…El apego es una actitud que sobrestima las cualidades de un objeto o una persona y después se aferra a ella. En otras palabras, proyectamos sobre las personas y los objetos cualidades que no poseen, o exageramos las que poseen. El apego es una visión poco realista y por ello nos causa confusión (…) Ciertas ideas erróneas básicas alimentan nuestro apego. Estas son: (1) que las cosas, las personas y las relaciones no cambian; (2) que nos pueden proporcionar felicidad duradera; (3) que son puras; y (4) que poseen una esencia real y brillante. Estas ideas erróneas funcionan siempre que estamos apegados a algo o a alguien (…) El apego está arraigado en expectativas sobre lo que los demás deberían ser o hacer…» 1 Ref.CHODRON, Thubten. Corazón abierto, Mente lúcida. Novelda (Alicante): Dharma, 2013. Edición de Kindle.

Obviamente, no podemos creer que eso de la felicidad pueda realmente encontrarse exclusivamente mediante la práctica del desapego absoluto. No hay ningún ser humano que no esté libre absolutamente de que una o muchas veces sea asaltado por sentimientos de soledad, decepción y angustia, sobre todo cuando además somos seres de vínculos afectivos y sociales y nos necesitamos unos a otros. Sin embargo, si somos capaces de identificar nuestras proyecciones, nuestros mecanismos de defensa, los chantajes a los que sometemos y somos sometidos por los demás, los famosos “debería” de los que nos habla Carl Rogers, nuestros prejuicios y estereotipos o las conocidas distorsiones cognitivas de Albert Ellis y su famosa “Terapia Racional Emotiva Conductual”, habremos sin duda avanzado mucho. No obstante, debemos añadir que no hace falta para nada hacerse un experto conocedor de la psicología, de la filosofía o del budismo para poder vivir plenamente y con relativas dosis de felicidad el regalo de la vida. De hecho, Anthony de Mello no desarrolló ningún método específico y sistemático para aprender a desapegarnos. No fundó ninguna escuela psicológica ni nada que se le parezca.  A nuestro juicio él optó por el conocido Camino Medio del budismo que es el que busca un equilibrio armónico entre lo positivo y lo negativo, entre el dolor y el placer, la alegría y la tristeza y es que lo queramos o no, todo está cargado de incertidumbre, complejidad y nada hay en nuestra existencia que podamos dar por seguro y acabado salvo la muerte.

Existe pues un apego sano, que es aquel que nos permite satisfacer nuestras necesidades afectivas y sociales, y también unos apegos insanos que son desgraciadamente la expresión de una civilización mercantil, consumista, patriarcal e insostenible, civilización que mediante los más diversos mecanismos de inculcación, adoctrinamiento, publicidad y medios de comunicación nos ofrecen diariamente numerosas fuentes de apego. Así ocurre también con nuestras experiencias pasadas porque no hay ser humano que carezca de un bagaje de vivencias que configuran su carácter y su concepción del mundo y de sí mismos.

De entre los numerosos apegos a que estamos sometidos, en este texto de Anthoy de Mello, se destaca el “apego a las creencias” que consiste en aferrarse a las creencias o convencernos absolutamente de que únicamente nuestras ideas son las que gozan de veracidad y fundamentación. Un aferramiento que termina por conducir a la cerrazón, al dogmatismo, al fanatismo, a la imposición y a la imposibilidad de diálogo, algo que evidentemente es absolutamente pernicioso tanto para nuestra convivencia como para la Educación y para la Democracia.

El apego a las creencias o a las ideas está basado en la imperiosa necesidad de llevar siempre razón en cualquier tipo de interpretación de los hechos de la realidad. Se trata por tanto de una de las muchas manifestaciones de nuestro Ego, cuyo motor es el deseo íntimo de salir victorioso o exitoso en todas las situaciones. Se trata también del deseo de ser reconocido por los demás como el más sabio, el que tiene mejores argumentos y datos para explicar la realidad ignorando, claro está, que los conocimientos de cualquier ser humano proceden de la herencia cultural. Nadie por tanto, puede presumir o enorgullecerse de crear ideas originales porque al fin y al cabo todo lo que pensamos, decimos o escribimos son siempre, o síntesis de lo que dijeron y escribieron otros o reconstrucciones, interpretaciones y reelaboraciones de los que nos precedieron. Buscar entonces la originalidad total y absoluta no es más que una manifestación más del Ego en forma de soberbia, orgullo, vanidad y falta de humildad.

Por otro lado, las personas que se apegan a sus creencias y las transforman en dogmas, parten de la convicción de que se puede realmente percibir objetivamente la realidad. Ignoran la evidencia de que a lo sumo, los seres humanos podemos aproximarnos a conocer la realidad siempre que sepamos distinguir los obstáculos internos y externos que impiden la percepción. Pero a su vez, las personas apegadas a sus creencias creyendo que la realidad se puede percibir objetivamente o que el conocimiento científico es infinito, ignoran que somos sujetos y no objetos, en consecuencia, nuestra percepción será siempre subjetiva. Es más, nuestra mentalidad cartesiana y objetivista nos ha inducido a creer que la realidad es algo que está ahí fuera e independiente de nuestro ser y esto, como han demostrado Humberto Maturana y Francisco Varela desde la biología, no es así.

Por otra parte, los apegos insanos están íntimamente relacionados con el miedo, ya que este es un factor fundamental en su formación y mantenimiento. Es el miedo a perder al otro, el miedo a ser rechazado, el miedo a ser herido, el miedo a ser abandonado, o también el miedo a perder una situación de comodidad, bienestar o un objeto. Se trata de miedos que suelen proceder de experiencias tempranas con los cuidadores, pero se perpetúan y se proyectan en las relaciones posteriores, generando ansiedad, estrés y sufrimiento. Aunque también surgen como consecuencia de los estímulos y el adoctrinamiento diario acerca de lo que debemos desear, lo que debemos consumir o lo que debemos obtener, lo cual nos provocan también sentimientos de ansiedad, de deseos compulsivos y en definitiva de insatisfacción permanente y de sufrimiento psíquico.

No me cabe ninguna duda pues, que abordar el conocimiento, la comprensión y la eliminación de nuestros apegos, miedos y falsas creencias, es un trabajo individual indispensable tanto para conseguir un estado permanente de paz o serenidad interior, como para contribuir a la transformación de la sociedad con el fin de hacerla más humana, sensible y compasiva. Pero de como desapegarnos, hacer frente a nuestros miedos descubriendo y eliminando nuestras falsas creencias, hablaremos otro día.


Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y si es de tu interés, difunde por favor.
Camas (Sevilla) a 18 de noviembre de 2023.



Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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