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Sin embargo, existe también una conciencia mental o interior que es la que nos permite “darnos cuenta” de lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos. Sin embargo, este tipo conciencia que observa, toma nota, comprende y es capaz de explicar y relacionar lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos creo que está muy poco desarrollada por no decir casi nada. Este tipo de conciencia es la que hace referencia a lo que acostumbramos a denominar como AUTOCONOCIMIENTO
Personalmente creo, que además del origen y el fundamento estructural y sistémico de todos nuestros males, injusticias y tragedias sociales, la génesis última de estas hay que buscarla en el tipo y el carácter de la conciencia humana individual que guía y orienta nuestras decisiones, actitudes y comportamientos. Así, por ejemplo, una conciencia distorsionada, egocéntrica y carente de sensibilidad humana y compasión, necesariamente alimentará todo tipo de actos crueles, inmorales e inhumanos.
Es necesario señalar igualmente que la conciencia ha sido estudiada desde la Antigüedad tanto en la Filosofía Occidental como en la Oriental, así como, y especialmente por la Psicología, la Sociología y en las últimas décadas por la Neurociencia. Así pues, el estudio de la conciencia es necesariamente de carácter interdisciplinar y transdisciplinar porque está siempre más allá de lo que creemos como dado, definido y verificado. Y es también extraordinariamente amplio, por lo cual, por mucho que me esfuerce por ofrecer aquí reflexiones sobre la conciencia humana, todas serán siempre incompletas.
Y a propósito de esta temática de la conciencia, debo recordar que este sitio de KRISIS siempre lo he presentado como un “Sitio para la Educación y el Desarrollo de la Conciencia” y aunque en él hay numerosos artículos que están indudablemente vinculados al fenómeno de la conciencia, nunca antes había publicado una serie específicamente dedicada a la misma conciencia.
Así pues, comienzo esta apasionante tarea de estudio y escritura sobre la conciencia con la esperanza y el deseo de que estos textos puedan servir para seguir y seguir apostando por un nuevo mundo, una nueva sociedad, un nuevo país y un nuevo ser humano.
Muchas gracias por estar aquí.
Juan Miguel Batalloso Navas

Conciencia (1): conceptos básicos
Por Juan Miguel Batalloso Navas
La conciencia es uno de los conceptos más sugestivos y apasionantes que atraviesan múltiples disciplinas y que, paradójicamente, usamos constantemente en nuestra vida cotidiana, aunque su naturaleza siga siendo un misterio filosófico y científico.
Cuando decimos la palabra “conciencia”, estamos haciendo referencia al término latino conscientia, un término compuesto que esconde una profundidad significativa. La palabra se forma de dos elementos: el prefijo con- (que proviene de cum, significando “con” o “junto”) y scientia, que significa conocimiento o saber, derivado del verbo scire (conocer). Esta composición no es casual: la etimología nos sugiere algo así como un “conocimiento compartido” o, más precisamente, un “conocimiento acompañado”, es decir, un saber que se acompaña de la percepción del propio saber.
Esta duplicidad reflexiva es fundamental para entender el concepto: no se trata simplemente de conocer algo, sino de “saber que se conoce”. Es ese movimiento de doblarse sobre sí mismo, esa capacidad de la mente de tomarse a sí misma como objeto, lo que caracteriza la conciencia. En otras palabras, la conciencia no es solo una ventana al mundo, sino también un espejo en el que nos podemos ver como sujetos de observación o como testigos de nuestras emociones, sentimientos, pensamientos, palabras y acciones.
En su origen latino, conscientia poseía fundamentalmente una dimensión moral: se refería al conocimiento íntimo que el sujeto tiene de sus propios actos, especialmente en relación con el bien y el mal. De ahí provienen expresiones que todavía usamos hoy: “tener conciencia” de algo, actuar “en conciencia”, el “remordimiento de conciencia” o la “objeción de conciencia”. Esta carga moral se conserva en nuestra lengua, aunque el concepto se ha ido ampliando para incluir dimensiones cognitivas y experienciales más allá de lo puramente ético.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española de 2025 define el término “conciencia” como «…Conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios…», es decir, lo refiere a lo que conocemos como conciencia moral o capacidad para distinguir el bien del mal. En este sentido, lo diferencia del término “consciencia” que lo refiere al «…Conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones (…) Facultad psíquica por la que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo…». Así pues, en español, existen, dos acepciones básicas del término “conciencia”, una referida la conciencia moral y otra como la genuina y singular capacidad humana de “darse cuenta“, de percibir lo que sucede en nuestra realidad exterior, pero también en nuestra realidad interior, o en ese mundo repleto de pensamientos, recuerdos, ensoñaciones, expectativas, emociones, impulsos y sentimientos.
En cualquier caso, la conciencia es la capacidad que tenemos los seres humanos de experimentar, percibir y tener subjetividad, es decir, la vivencia interna de “ser”, “existir” y “sentir”. Capacidad que incluye e integra el reconocimiento de sí mismo (autoconciencia), el darnos cuenta y reconocer nuestros pensamientos, emociones y sentimientos, así como las percepciones que nos permiten reconocer e identificar los estímulos y circunstancias del medio ambiente social y natural, y también el reconocimiento de los llamados estados alterados de conciencia como el sueño y los producidos por la hipnosis, la meditación y el consumo de sustancias psicodélicas.
El término “conciencia” o “consciencia” (aquí lo usaremos indistintamente) es polisémico y tiene numerosas acepciones como así nos señala el profesor Agustín de la Herrán y en él se incluyen aspectos como:
El origen de esta extraordinaria capacidad humana sigue siendo un misterio, o como dice David Chalmers, se trata de un problema difícil ya que el problema radica en conocer y desentrañar como los mecanismos físicos de nuestro organismo se transforman en experiencia subjetiva:
Son numerosas las propuestas teóricas que explican la naturaleza y el origen de la conciencia, sin embargo, no existe una teoría única que recoja la intrincada complejidad de este fenómeno. Esta es la razón por la que los estudios de la conciencia sean por lo general de carácter multidisciplinar e interdisciplinar involucrando a disciplinas como neurociencia, psicología, filosofía y antropología, que necesariamente tienen que integrarse para adoptar un enfoque transdisciplinar. Algunas de estas propuestas las iremos analizando más adelante.
Continuará…


Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.
Referencia
La felicidad se obtiene con la firme convicción de la conciencia de hacer lo correcto. Para conseguirlo hay que hacer camino al andar por la senda marcada por nuestros valores, productos de la educación que hemos recibido, por nuestros pensamientos y por los resultados de nuestra conducta.
Propongo 10 sendas a seguir para actuar de forma correcta y así conseguir lo que más anhela el ser humano: la felicidad producida por actuar con buena conciencia.
1.Dedicar tiempo a revisar nuestros pensamientos, actitudes y actos para confrontarlos con nuestros valores éticos, morales y espirituales
2.Cultivar las amistades.
3.Enriquecer nuestra mente con actividades que nos causen bienestar.
4.Consumir y comprar lo necesario, huyendo de la compra adictiva.
5. No obsesionarse por el pasado ni por el futuro. Hay que vivir el presente.
6.Ser solidarios.
7.Evitar quejarse por pequeñeces.
9.Conectar con la naturaleza.
10.Aprovechar la experiencia para reconocer nuestros fallos y corregirlos.
Muchísimas gracias por tu excelente y enriquecedor comentario, amigo José. Un fuerte abrazo ªªª