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Conciencia (16). Conciencia de clase
CONCIENCIA DE CLASE en Lukács y Gramsci
Por Juan Miguel Batalloso Navas
Georg Lukács (1885-1971)
Georg Lukács (1885–1971) fue un filósofo, sociólogo, crítico literario y teórico marxista húngaro, considerado una de las figuras más influyentes del marxismo occidental del siglo XX.
Nació en Budapest, en el seno de una familia judía acomodada. Estudió filosofía y literatura en Budapest, Berlín y Heidelberg, donde entró en contacto con pensadores como Max Weber y Georg Simmel. Inicialmente interesado por la estética y la teoría literaria, se unió al marxismo tras la Primera Guerra Mundial, convencido de que solo a través del cambio social radical podía realizarse la verdadera libertad humana.
Participó en la efímera República Soviética Húngara (1919) como comisario de cultura, lo que le obligó posteriormente a exiliarse tras la caída del régimen. Vivió en Viena, Berlín y Moscú, donde colaboró con el marxismo soviético, aunque con posturas críticas hacia el estalinismo. Tras la Segunda Guerra Mundial regresó a Hungría, donde fue profesor y continuó su obra filosófica hasta su muerte en 1971.
Para Lukács la conciencia de clase no es la suma de conciencias individuales, sino una posibilidad objetiva determinada por la totalidad social. Distingue entre “conciencia psicológica” (lo que los trabajadores realmente piensan) y “conciencia de clase atribuida” (lo que deberían pensar según su posición objetiva).
Georg Lukács desarrolló el concepto de “reificación” (cosificación): proceso por el cual las relaciones sociales aparecen como relaciones entre cosas. En este sentido argumentó que solo el proletariado puede superar la reificación al comprender la totalidad social desde su posición como sujeto-objeto de la historia.
Para Lukács, el proletariado es simultáneamente objeto (mercancía/fuerza de trabajo) y sujeto potencial de la transformación histórica y esta dualidad es la que le permite desarrollar una conciencia revolucionaria capaz de captar la totalidad. Su obra principal de 1923 sobre estos temas es “Historia y conciencia de clase” 1 Ref.LUKÁCS, György. Historia y conciencia de clase. Madrid: Siglo XXI, 2021., que renovó el marxismo occidental al enfatizar los aspectos subjetivos y dialécticos de la lucha de clases.
Antonio Gramsci (1891-1937)
Antonio Gramsci (1891–1937) fue un filósofo, periodista, político y teórico marxista italiano, considerado uno de los pensadores más importantes del marxismo del siglo XX. Nació en Ales (Cerdeña), en una familia humilde. Estudió en la Universidad de Turín, donde entró en contacto con el movimiento obrero y con intelectuales socialistas. En 1921 fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano.
Tras el ascenso del fascismo de Mussolini, fue arrestado en 1926 y condenado a más de veinte años de prisión. A pesar de sus graves problemas de salud, escribió en la cárcel sus famosos “Cuadernos de la cárcel”, donde desarrolló sus ideas más influyentes sobre la cultura, la ideología y la política. Murió en 1937 en Roma, poco después de ser liberado por razones médicas.
Gramsci es uno de los autores marxistas del siglo XX que a nuestro juicio mejor ha analizado y renovado el concepto de conciencia de clase. Fue Antonio Gramsci quien rechazó la concepción reduccionista del marxismo que considera que las ideas, la conciencia, salen “automáticamente” de las condiciones materiales. Para él, no basta con que la clase obrera sufra explotación económica: esa situación no garantiza por sí sola que se tenga una conciencia crítica de su posición ni que actúe políticamente como una clase revolucionaria. Para Gramsci, la conciencia de clase debe construirse mediante la educación política, el trabajo cultural, la formación de intelectuales orgánicos y la lucha en el terreno ideológico.
Gramsci distingue tres momentos en el desarrollo de la conciencia obrera:
- Conciencia práctica / espontánea: la que surge del día a día, de la experiencia concreta, sin reflexión teórica profunda. Es una conciencia “ingenua” que responde al sentido común.
- Conciencia teórica heredada / convencional: muchas personas adoptan ideas recibidas, ideologías dominantes o frases hechas, sin un examen crítico. Gramsci advierte que la conciencia teórica puede estar en contraste con la práctica real del sujeto.
- Autoconciencia crítica: nivel más avanzado, en que teoría y práctica se unen de forma reflexiva. Surge mediante la lucha ideológica, el debate, la formación organizada, la confrontación de sentidos comunes.
Gramsci afirma que el trabajador actúa primero “desde abajo” y que la conciencia crítica surge con el tiempo, a través de “una lucha de hegemonías políticas”:
Para Gramsci, la conciencia de clase no se construye en la masa aislada, sino por mediadores culturales e intelectuales que articulan y expresan los intereses populares. Él introduce la idea de “intelectuales orgánicos”, que emergen desde dentro de la clase obrera (o de las clases subalternas), y tienen un papel activo en formular las ideas, el discurso, la ideología que orienta la práctica colectiva. Estos intelectuales no son solo eruditos, sino organizadores, educadores, formuladores de sentido. Desempeñan un papel mediador entre la experiencia “ordinaria” de las masas y las abstracciones teóricas:
La conciencia de clase, para Gramsci, está estrechamente vinculada al concepto de hegemonía cultural: la clase dominante impone su visión del mundo, sus valores y sentidos comunes, de modo que muchas personas aceptan esa cosmovisión como natural.
Para Gramsci la clase obrera, para constituir una conciencia propia, debe disputar esa hegemonía, presentar otra visión del mundo, construir alternativas simbólicas e ideológicas que contrarresten la del poder dominante. Esta batalla cultural es parte de la formación de la conciencia clasista. Solo cuando se logra esa articulación ideológica puede la clase trabajadora asumir un papel hegemónico en la sociedad, no simplemente por fuerza, sino por dirección moral e intelectual.
Además, para Gramsci, la conciencia de clase tiene una dimensión estratégica: no es solo teoría, sino herramienta para la acción política. La claridad teórica posibilita organizar a las masas, diseñar una estrategia de lucha, tomar instituciones —no solo con fuerza coercitiva, sino con liderazgo moral e intelectual (hegemonía). En este sentido, Gramsci introduce la idea de que la revolución no es necesariamente un estallido violento inmediato, sino que debe caminar por fases, con acumulación cultural y política para erosionar gradualmente la hegemonía dominante. Esa acumulación implica fortalecer la conciencia de clase en etapas.
Gramsci reflexionando sobre el fracaso de las revoluciones obreras en Occidente tras 1917 observa que, mientras la Revolución rusa fue un “asalto frontal” al Estado —una guerra de maniobra—, en Europa occidental las condiciones son muy diferentes: el Estado está sostenido por una sociedad civil densa, con instituciones, iglesias, prensa, partidos y sistemas educativos que refuerzan la hegemonía burguesa. Esta observación lo lleva a concluir que la revolución en Occidente no puede ser un estallido súbito, sino un lento proceso de conquista de hegemonía: una guerra de posiciones antes que una guerra de maniobra.
Para Gramsci, “hegemonía” significa la capacidad de una clase social para dirigir moral e intelectualmente a otras clases, antes y más allá de dominar por la fuerza. El control económico o político es insuficiente para Gramsci: hay que construir consenso cultural y legitimidad social a partir de la sociedad civil que es el terreno donde esa hegemonía se construye y disputa: escuelas, medios, religiones, asociaciones, cultura. Es en la sociedad civil y a través de sus instituciones culturales, educativas y mediáticas donde se modelan los valores, creencias y formas de pensar de las clases subalternas.
Gramsci denomina “acumulación de fuerzas” a la tarea de ir construyendo organización, cultura política y conciencia colectiva, antes de que sea posible un cambio revolucionario real.
Esta acumulación es un proceso de transformación de la conciencia común en una conciencia crítica y política.
Aunque Gramsci no enumera fases rígidas, de sus textos se deduce un proceso evolutivo que puede interpretarse como las etapas del fortalecimiento de la conciencia de clase dentro de esa “guerra de posiciones”:
- Fase económico-corporativa (o reivindicativa). Los trabajadores luchan por mejoras inmediatas: salario, horarios, derechos laborales pero la conciencia aún es parcial y gremial. Por tanto, esta etapa es necesaria, pero insuficiente.
- Fase de solidaridad de clase. Se perciben los intereses comunes entre distintos sectores obreros y se comienzan a formar organizaciones políticas, sindicatos, asociaciones, articulándose así un discurso de clase en oposición al bloque dominante y comenzando a disputar espacios en la sociedad civil.
- Fase político-hegemónica. La clase obrera busca liderar moral e intelectualmente a otros sectores subalternos construyendo una nueva cultura, una nueva visión del mundo (lo que Gramsci llama filosofía de la praxis). El objetivo es crear un “bloque histórico” capaz de sustituir la hegemonía burguesa por una nueva hegemonía socialista. En este punto, la conciencia de clase se vuelve universal, articuladora y dirigente. Gramsci lo resume en esta célebre frase: «…Cada revolución ha sido precedida por un intenso trabajo de crítica, de penetración cultural, de permeación de ideas, de difusión de costumbres nuevas. La revolución no se improvisa…» 5 Ref.Cuadernos de la cárcel, Cuaderno 13
En consecuencia, para Gramsci antes de cambiar las instituciones, hay que transformar las conciencias. En este sentido la revolución para Gramsci es antes que nada un proceso cultural y la compara con una guerra moderna de trincheras: lenta, paciente, hecha de pequeñas conquistas en el terreno cultural e ideológico: «…En la política, la guerra de posiciones es la forma más adecuada para la madurez de las sociedades civilizadas, donde el Estado es sólo una trinchera avanzada detrás de la cual hay una sólida cadena de fortalezas y casamatas…» 6 Ref.Cuadernos de la cárcel, Cuaderno 7,
Estas aportaciones significan, en suma que:
- La violencia revolucionaria inmediata no basta para transformar la estructura social.
- Primero hay que erosionar la hegemonía cultural dominante, ocupar espacios en la sociedad civil y construir consenso.
- Sólo entonces puede consolidarse una nueva hegemonía, que haga posible la toma del poder político con apoyo social real.
- En esa larga “guerra de posiciones”, la conciencia de clase se va formando y profundizando: desde la reivindicación inmediata hasta la visión crítica total del sistema.


Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.
Referencia
Desafortunadamente la izquierda olvidó la conquista cultural, conformándose con las migajas de una conquista económica. Estamos llamados a tomar conciencia de lo que somos. Aprovechemos esta nueva lección que nos da la vida para despertar.