KRISIS

Don Carnal y Doña Cuaresma (3)

Por Jerónimo Sánchez Blanco

«El entierro de la sardina» de don Francisco de Goya y Lucientes. FUENTE: Historia-Arte.
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IV
El Carnaval en el Quijote y en la Edad Moderna

Tras  el paréntesis  originado por la pandemia de la Peste Negra entre  1348 y1350 y otras  posteriores, en toda Europa y  Oriente, se recuperó la costumbre  de celebrar  el Carnaval  en las principales ciudades, como lo reflejan  las crónicas de la época. Es  Miguel de Cervantes (1547- 1616), quien, en opinión de  algunos estudiosos de su obra, traza un paralelismo  notable  entre el tono  crítico, satírico y burlesco  de  sus personajes,  Don  Quijote y Sáncho Panza y los sucesivos personaje  que  van desfilando en sus andanzas  por las tierras de la Mancha,  y las características del Carnaval. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, es una crítica satírica a los libros de caballería y de paso,  a  la ficción y apariencias de   los usos  y costumbres  de su época. Asimismo, Cervantes confronta  de una parte, la fantasía y los sueños  de Don Quijote  con la  dura realidad, incurriendo en sucesivos errores, en opinión del  historiador  Américo  Castro (1885-1972):

“El error puede consistir en la falsa interpretación de una realidad física ( venta-castillo, molino-gigantes; carneros- ejército; río Ebro- Océano, etc,etc); sus resultados, en fin de cuentas, se sitúan siempre en la gama de lo cómico ( ridículo, humorismo etc..)….Hay un número considerable de personajes que se engañan moralmente, fuera de los del Quijote, lo cual prueba que se trata de una tendencia en el autor, de la que es caso máximo su obra maestra.”1 Ref.Américo Castro. Hª Crítica de la Literatura Española. Volumen II. Págs. 624-625. Ed.Crítica. Barcelona.1980.

Sus protagonistas  confrontan  el mundo imaginario  y de fantasía que anidaba  en Don Quijote frente al realismo de Sancho, ya fuese con Dulcinea del Toboso, cuando  realmente era  Aldonza Lorenza;  o en el episodio en el que  Don Quijote arremetió  contra  los molinos de viento, creyendo ver   gigantes, que le dejaron malherido, a pesar de los gritos  de Sancho, advirtiéndole  del error;  o el episodio de los galeotes y otras  aventuras, de las que destaca,  cuando el   Duque nombra a  Sáncho Panza,  gobernador  de la insula Barataria, ante   las burlas   de los nobles y aristócratas disfrazados de plebeyos y siervos. Un mundo irreal, lleno de   burlas, ironía y ficción, a través del cual, Cervantes  quiso expresar su visión del mundo, subvirtiendo las formas, la interpretación de la realidad,  las normas legales y  los códigos  morales,   imperantes  de la sociedad de su tiempo, tal como recuerda   Américo  Castro:

“Así, en los galeotes, Cervantes intenta hacernos ver que aquellos sujetos no deben ir a galeras; no hay justa consecuencia entre los delitos y sus penas ( el torcido juicio del juez). La sociedad y la justicia no debieron, moralmente, imponer aquellos castigos, juzgados arbitrarios por don Quijote y por Cervantes; henos ante un primero y fundamental error. Pero los guardas están obligados, por su función, a no soltar a los galeotes, punto de vista explicable, pero que Don Quijote, por altos designios, cree de su deber violentar: segundo error. Los galeotes están libres y aspiran a correr por el ancho mundo; su libertador quiere que vayan con las cadenas a hacer pleitesía a Dulcinea. Nueva incongruencia de dos puntos de vista: tercer error. (……)¿Tiene razón la justicia al condenar a los galeotes?¿La tienen los guardas?,¿O los galeotes?o¿Don Quijote mandándoles ir con sus cadenas a los pies de Dulcinea ?.“2 Ref.Américo Castro. Hª Crítica de la Literatura Española. Volumen II. Págs. 625-626. Ed.Crítica. Barcelona.1980.

Es precisamente esta  falta de adecuación entre la realidad  y el  mundo de Don Quijote, indicada por  Américo  Castro, la que  recorre  el conjunto de la obra  de Cervantes y sintoniza  con  la dimensión  satírica y crítica   del  Carnaval  que ya  señalara  Claudio Sánchez  Albornoz,  en su  semblanza del Arcipreste de Hita  en el siglo XIV.

Durante el siglo XVI, especialmente  en el reinado de Carlos I y Felipe II,  el Carnaval  estuvo prácticamente   prohibido. Sin embargo, en  América las fiestas de Carnaval   llegaron tras la colonización de  españoles, portugueses y franceses  en el siglo XVI, como se  confirma,  con ocasión de la visita de  Fray Bartolomé de Las Casa  a un pueblo llamado Ruinas de Vega Vieja  en el año 1520, al ser  recibido  con  gran alborozo, festejos y máscaras. El Carnaval  en América   tuvo  un arraigo notable, especialmente  entre  la población aborigen, mulatos y esclavos africanos, incorporando  elementos culturales  propios, especialmente  en la música  y en los bailes.  Con la subida  al trono  de Felipe IV   siendo  valído el Conde Duque de Olivares, se levantaron   dichas prohibiciones  y    volvieron  a normalizarse  las fiestas   carnavalescas,  para  languidecer  con   la llegada de  Carlos II. En la época  de Felipe IV, durante las fiestas  del Carnaval,  se realizaban  innumerables  sátiras y burlas, pero también  muchas   bromas   de muy mal gusto, que  contribuían a su descrédito  por sus innumerables molestias.

Es interesante señalar  la importancia  que ha tenido y tiene actualmente,  el Carnaval de Venecia en la  fiestas   celebradas en Europa. Su origen  data  de 1296  cuando el Dux de Venecia  lo autorizó a petición de su primer  secretario Christopher Tolive. En los días  previos  a la Cuaresma, la ciudad  era objeto  de  fiestas  y  la visitaban  numerosos  ciudadanos  de  distinta procedencia,  que  se unían a los  venecianos   en los paseos en góndolas, en las calles y en la plaza de San Marcos.  Sus máscaras, sus trajes lujosos, y sus bailes  en los palacios de  las familias aristócratas,  alcanzaron   su mayor esplendor  en el siglo  XVIII. En la actualidad, Venecia  continúa celebrando las fiestas de Carnaval,  con sus vistosos e imaginativos  trajes  y máscaras,  llenos de colorido, inspirados  en los que se usaban en el siglo XVIII.  Hubo períodos  en los  que el Carnaval  de esta bella ciudad italiana,  fue prohibido, bajo  el dominio de  Napoleón  en 1798  y posteriormente  durante  el siglo XIX. Será  progresivamente  en el siglo XX  cuando  volvió  a recuperar  el esplendor y prestigio  de antaño.

En España, la nueva dinastía de los Borbones   volvió a prohibir el Carnaval con Felipe V  y Fernando VI, aunque fue levantada dicha prohibición por  Carlos  III y restablecida por  Carlos IV  y Fernando VII.  Se levantaron  las prohibiciones   a partir de 1836,  durante la minoría de edad  de Isabel  II, en el período liberal.  Este periodo de  tolerancia se interrumpió  durante la dictadura de Primo de Rivera y la dictadura de Franco, y se legalizaron   durante  la II República en el siglo XX. Con la normalización de la  Democracia en 1977,  las fiestas de Carnaval   se  restablecieron  progresivamente en  numerosas  ciudades y pueblos, y desde entonces, el centro de las fiestas no han sido   los excesos  en la comida  y en la bebida, sino la organización  de espectáculos, con desfiles de carrozas  y  bailes de disfraces, que compiten  por  conseguir   los mejores premios, todo ellos en un ambiente lúdico. En  menor medida, se ha   preservado el sentido crítico y satírico de la sociedad, que caracterizan  a las comparsas y chirigotas de Cádiz,  como  se ha venido  poniendo de manifiesto desde  entonces   en las fiestas  de Carnaval  hasta hoy.  Las comparsas   y chirigotas  de Cádiz, con sus concursos en el teatro Falla y posteriormente con  sus pasacalles a ritmo de pasoboble  por  la ciudad, ejemplifican  una mixtura de humor  gaditano  y  crítica social, como bien se refleja, a título de ejemplo, en la letra de la chirigota “Los Yesterday”que se llevó  el primer  premio en el año  1999:   

“Aunque diga Blas Infante, andaluces levantaos, perdón que no me levante, pero estoy mejor sentao.
Bueno, via poner de pié.Via dejar de tonterías.
Venga, una, dos y tres. Qué bonita es Andalucía.
Venga, vamos a ponernos serios, que vamos a cantar el himno.
Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos. Lo que fuimos antiguamente,
pobres y vasallos. Siervos de terratenientes de chulos a caballo.
Si este pueblo se disparata con la boda de un matavaca y la niña de una duquesa.
Si este pueblo se le arrodilla a una espada y a una mantilla, este pueblo me da vergüenza.
Menos rollo de verdes lunares, de campiñas y de olivares.
Que así luego nos luce el pelo.Casta.»

Esta  y otras letras  llenas de crítica mordaz  y  satíricas,  forman parte del repertorio  habitual  del Carnaval  de Cádiz,  muy distintas  de los espectáculos que se organizan  en  Venecia, Santa Cruz de Tenerife,  Las Palmas de Gran Canaria y de los desfiles a ritmo de sambas  en Rio Janeiro y en ciudades de Latino América.



Jerónimo Sánchez Blanco, es Doctor en Derecho, Licenciado en Ciencias Políticas y Ex Diputado Constituyente.
Vaya desde aquí nuestro más sentido agradecimiento por honrarnos con sus colaboraciones.

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