KRISIS

Fray Bartolomé de las Casas, defensor de los indígenas de América (1)

Por José Melero Pérez

Línea LOTO de paz

Línea LOTO de paz

Introducción

Con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón los españoles  iniciaron su colonización, transmitiendo su cultura y su religión a los indígenas. Pero lo que más  entusiasmó a los españoles fue dominar a los nativos  para emplearlos como esclavos , hacerse dueño de  sus tierras y de las riquezas que encontraban a su paso. Su avaricia fue la causa de los excesos que cometieron con los nativos.

La Encomienda

La Encomienda fue una institución económica- religiosa implantada por los españoles en las tierras recién  conquistadas de América. Consistía en “encomendar” un determinado grupo de indígenas a un español que debía cuidar de ellos tanto en lo espiritual como en lo terrenal, preocupándose de educarlos en la fe cristiana.

Fray Bartolomé de las Casas

Fray Bartolomé de las Casas (Sevilla, 1474 – Madrid, 1566) pasó a las Indias diez años después de su descubrimiento, en 1502. En La Española (Santo Domingo) se ordenó sacerdote en 1512 (fue el primero que lo hizo en el Nuevo Mundo) y un año después marchó como capellán en la expedición que conquistó Cuba. Fue nombrado obispo de Chiapas en el Virreinato de Nueva España.

Bartolomé de las Casas y el sermón de Montesino

Fray Bartolomé de las Casas inició su vocación por defender a los indios al quedar intensamente impresionado  por un sermón de fray Antón Montesino que pronunció en  diciembre de 1511, subido al púlpito de la iglesia de los dominicos en La Española (Santo Domingo).  Ese sermón  denunció el trato cruel que los españoles daban a los indígenas.

El templo estaba a rebosar. Ocupaban los primeros puestos las principales autoridades coloniales, entre ellas el almirante Diego de Colón, hijo del conquistador. También estaba presente el clérigo Bartolomé de Las Casas como encomendero. Ante un público tan cualificado, el predicador no tuvo pelos en la lengua y se expresó de este modo:

“Voz del que clama en el desierto. Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine y conozcan a su Dios y creador, sean baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad, de sueño tan letárgico, dormidos? Tened por cierto, que en el estado que estáis, no os podéis más salvar, que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe en Jesucristo”

Terminada la misa, Diego de Colón y los oficiales reales se dirigieron al convento de los dominicos para reprender al predicador por el escándalo sembrado en la ciudad, acusarlo de “deservicio” al Rey y exigirle que se retractase en público el domingo siguiente. Siete días después, fray Antón Montesino volvió a subir al púlpito y, lejos de desdecirse, se ratificó en las denuncias y afirmó que los encomenderos no podían salvarse si no dejaban libres a los indios y que irían todos al infierno si persistían en su actitud explotadora. El sermón provocó todavía mayor alboroto que el del domingo anterior, y los oficiales reales enviaron al rey cartas de protesta contra los frailes.

Aquel sermón no cayó en saco roto. Marcó el comienzo del cristianismo liberador, del reconocimiento de la dignidad de los indios y del respeto a la diversidad cultural y religiosa. Fue, asimismo, el germen de la teología de la liberación. Tres años después, Bartolomé de Las Casas renunciaba a su función de encomendero y se convertía en el defensor de los derechos de los indios.

Línea separadora decorativa de KRISIS


JOSÉ MELERO PÉREZ, nació en Madrid el 15 de septiembre de 1941. Está licenciado en Psicología y en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona. Profesor jubilado. Actualmente escribe en su blog OJO CRÍTICO y en la sesión “Entre Todos” de El Periódico.
Vaya desde aquí mi más sincero agradecimiento por participar en este humilde sitio que es KRISIS.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

A %d blogueros les gusta esto: