Gracias por la guerra

GRACIAS POR LA GUERRA

Por Rafael Falcón Castro

Este grabado lo hice en 1997 con motivo de la guerra de Yugoslavia. Como se puede ver, debajo del tema mismo, es una prueba de artista P/A, escrito a lápiz a la izquierda, y la firma, también a lápiz, a la derecha. Así se llama, porque se considera como un grabado sin valor comercial. No tiene enumeración, ni tiene fecha como los que se hacen para ponerlos a la venta. El número de reproducciones lo indicas con un número fraccionario: con 5/100 indicas que es el quinto de un total de 100 que reproduces, con 5/10 indicas que es el quinto de sólo diez. Mientras menos reproducciones se hacen su valor es mayor y en caso de ser de un artista cotizado, su valor comercial se disparará, puesto que son muy pocos los que hay en el mercado. Todos se consideran originales, pero el número fraccionario también le da valor. En el centro se suele poner el título del mismo. En este caso, por ser una prueba de artista P/A, no se lo puse.

Podía haberlo hecho hoy mismo, porque, el escenario que dibujé en el mismo hace veinticinco años, es un retrato perfecto de lo que está ocurriendo en Ucrania.

Voy a explicarlo, que es lo que normalmente no hace un artista que plasma las imágenes que hablan por sí mismas, para que se entienda  por qué  ahora titulo así el artículo, GRACIAS A LA GUERRA, y, si se quiere, el mismo grabado.

En éste, creo que se aprecia con claridad, hay dos partes diferenciadas: de la mitad para arriba y de la mitad para abajo.

EN LA MITAD DE ABAJO se ve el escenario de la guerra: UN ÁGUILA, como representación de los fascismos de derechas o de izquierdas, símbolo heredado del imperio romano, que ataca al pueblo para someterlo. UN MILITAR, por su gorra, que empuña una pistola para rematar, colaborador necesario del dictador de turno, sin el que sería imposible dar un golpe, y que nos representa a todos los acobardados que nos sometemos a la voluntad del que ostenta el poder, ese que nosotros mismos hemos puesto en sus manos, al elegirlo. Por miedo a las consecuencias de unas leyes injustas, hechas a la medida de los intereses del poderoso dictador, no nos atrevemos a desobedecerlas y decir: «YO NO COMPARTO EL CRIMEN». Los colaboradores  directos y los que callamos, somos tan culpables como el sátrapa de turno. ¡POBRE!. La justicia que nos damos para hacer posible la convivencia debería ponerlo donde le corresponde, pero desde el corazón debemos decir: ¡POBRE, PORQUE ESE CIEGO PODRÍA SER YO!. Es muy difícil juzgar.

En la parte inferior se ve, entre el pueblo derrotado, a uno de ellos sosteniendo una bandera, símbolo de los nacionalismos, que a pesar de estar a punto de morir, sigue manteniendo alzado el pedazo de tela que cree que representa su identidad. ¡POBRE TAMBIÉN!, no ha entendido nada. 

EN LA MITAD DE ARRIBA se aprecia una balconada entre nubes, que significa la distancia, la perspectiva con la que hemos de ver las cosas. Allí se aprecian, de izquierda a derecha, cuatro figuras: un seglar, una religiosa, un niño y a San Pedro con la llave del cielo.

EL PRIMERO se agarra sus manos aterrorizado de lo que está viendo abajo. 

LA SEGUNDA, la monja contemplativa, cierra sus ojos en señal de compasión.

EL CUARTO, San Pedro, el personaje de la derecha, con gesto altivo, aprieta en su mano izquierda la llave que le confiere el poder de dejar de entrar en el cielo a los bautizados, los pobres no pecadores, los ricos pagan indulgencias para entrar. Los islamistas de aquella guerra encontrarían las puertas cerradas. 

EL TERCERO, el personaje central, un niño risueño, sentado en la baranda del balcón del cielo, se mea, hace pis, como dicen los cursis, en lo que está ocurriendo abajo. Es la imagen del que no juzga, del que vive cada momento como único, del que olvida de inmediato la agresión que acaba de sufrir y sigue jugando con su compañero o amigo agresor. Es la imagen del que intuye en su corazón que la realidad es otra y que lo que está sucediendo abajo es un camino, el destino de unos hombres y una sociedad que están pasando por un momento doloroso, una lección dura, en esta escuela ilusoria de aprendizaje que es la vida, esta dimensión que los ciegos creen definitiva, pero que no es más que un lugar de tránsito al que venimos a aprender. Es la imagen del inocente y feliz, pero consciente, aunque por su edad no sepa razonarlo.

El mensaje es que, si no nos hacemos como niños, repetiremos los errores, los dolores que son advertencias, regalos para que corrijamos, y, lo que es peor, prolongaremos el sufrimiento hasta el despertar a la realidad de lo que SOMOS.

En estos mismos días hemos visto dos imágenes semejantes de personas que huyen de horror de la guerra y del hambre: LOS DEL NORTE, blancos como nosotros, en los que por fortuna estamos volcando nuestra compasión, la necesitan, gracias a la enorme influencia de los medios de comunicación; sin embargo a LOS DEL SUR, negros y pobres, los dejamos al margen, les cerramos nuestras fronteras, les ponemos concertinas y les mandamos más militares para evitar que pasen, porque esos mismos medios de comunicación llaman a su huída del horror ASALTO A LA VALLA, como si fueran delincuentes o paramilitares que vienen a apoderarse de nuestra patria-castillo. 

No no son asaltadores o militares. Los del sur, hombres, mujeres y niños, vienen huyendo por los mismos motivos que los del norte: la guerra y el hambre. ¡POR FAVOR, EXIJAMOS QUE SE TRATEN POR IGUAL!.

NO IMPORTA, TODO PASA y pasará el tiempo cronológico, si una guerra nuclear no nos destruye antes de haber aprendido todos y cada uno de nosotros LA MÁS IMPORTANTE DE LAS LECCIONES que venimos a aprender a esta dimensión: LA DEL AMOR Y LA COMPASIÓN, que es la  NATURALEZA  DEL DIOS DEL QUE FORMAMOS PARTE.

GRACIAS POR LAS GUERRAS INTERNAS Y EXTERNAS QUE NOS DAN LA OPORTUNIDAD DE DESPERTAR.

 



RAFAEL FALCÓN CASTRO es natural de Castilblanco de los Arroyos(Sevilla) y actualmente reside en Umbrete (Sevilla), ciudad en la que ha desarrollado una ingente actividad educativa, cultural, artística, social y política.
      Ha realizado estudios de Filosofía y Humanidades, Magisterio y es Licenciado en Bellas Artes. Su labor como «Maestro de Escuela» la ha desarrollado casi en su totalidad en Umbrete, entregándose por entero, de forma apasionada y creativa a una vocación que le ha permitido autorrealizarse, además de prestar un servicio público de excepcional calidad. Durante casí toda su vida ha trabajado en Educación Infantil, trabajo que lo ha llenado de gozo y alegría. No obstante, en sus primeros años como Maestro de Escuela impartió docencia en la 2ª Etapa de E.G.B., años en los que tuve la alegría de compartir con él numerosos proyectos y actividades durante nuestra estancia en Olivares (Sevilla).
      Además de humanista y educador, Rafael es también un extraordinario y humilde pintor, escultor y poeta, cuya obra no es conocida por el gran público, por eso aprovecho la oportunidad para rogarle que siga y siga cooperando con este sitio de KRISIS para regalarnos el gozo de admirar todas sus realizaciones.
      Por último señalar que Rafael es una persona profundamente espiritual que está inmerso en un proceso continuo de autodescubrimiento, contemplación, agradecimiento y ejercicio de la compasión, algo que he podido apreciar gracias a la profunda amistad que me une a él.
      Que pueda seguir cooperando con KRISIS, siempre será para mí y para este humilde sitio que admionistro una fuente permanente de aprendizaje.
      Muchas gracias querido.
      Juan M. Batalloso

One thought on “Gracias por la guerra

  1. Totalmente de acuerdo en que hay que tratar por igual a los del norte y a los del sur. Todos ellos son seres humanos que por solidaridad humana hay que acogerlos, ya que huyen de la guerra y del hambre.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

A %d blogueros les gusta esto: