KRISIS

Hacer lo correcto

Por José Melero Pérez

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Tomar conciencia de que estamos actuando  correctamente es una de las mayores  satisfacciones  que nos ofrece la vida. Hacer lo correcto en cada momento del día supone tener una referencia de valores para acogernos a ellos y desarrollarlos durante el transcurso del día. Eso no quiere decir que haya momentos en los que nos apercibamos que no hemos actuado correctamente. ¿Qué hacer? Reparar en lo posible lo que se ha hecho incorrectamente y cambiar la conducta incorrecta por otra que consideremos correcta. Así es como lo expresa el poeta británico Alexander Pope : «Errar es de humanos, rectificar es de sabios«.

¿Pero cómo saber lo que es correcto?

Lo sabemos cuando actuamos de acuerdo con una escala de valores que hemos ido adquiriendo desde la infancia a través de la educación y de la experiencia. Ambas constituyen el faro que nos indica el camino correcto a seguir.

¿Qué hacer cuando alguien muestra una conducta incorrecta?

Hacérselo ver, para lo que se requiere tres condiciones: que exista una relación de confianza, ser asertivo y actuar con educación. Es una obligación moral corregir una conducta que nos parece incorrecta. Si la corrección va dirigida hacia nosotros hemos de comportarnos con humildad, aceptándola, reconociendo que no somos perfectos. Lo contrario sería optar por ser inabordable, lo que supone una dosis de orgullo al pensar que nadie cambiará nuestra forma de pensar y de comportarnos.

El orgullo es  una venda en los ojos que impide reconocer que no siempre se piensa o se hace lo correcto. Es un serio obstáculo para aplicar la necesaria autocrítica y para aceptar la crítica de los demás. Pensar que uno siempre piensa y hace lo correcto es un error, ya que nadie es perfecto y es humano equivocarse.

La autocrítica

Además de la crítica que nos hacen otras personas  sobre nuestros comportamientos incorrectos, debe considerarse también la autocrítica, que supone realizar un  juicio personal sobre nuestra forma de pensar y de actuar para descubrir y reconocer nuestros errores y enmendarlos. De ese modo conseguiremos mejorar nuestra forma de ser.

La autocrítica da paso al autoconocimiento que supone  responsabilizarnos de nuestra propia vida, lo que conduce a querernos y amarnos. Con ese poder podemos ir creciendo y desarrollándonos.

Una de las mejores formas de ejercer la autocrítica es la meditación. Gracias a ella podemos profundizar en nuestro interior, observar nuestros pensamientos y ver cómo influyen en nuestro comportamiento. Así aprendemos a  discernir entre lo correcto y lo incorrecto para quedarnos con lo que nos aporta mayor paz y serenidad

Ejemplos de personas que se guiaron por los valores, consiguiendo actuar correctamente.

Una empedernida fumadora dejó de fumar al comprobar que el tabaco era dañino para su salud. Descubrió el valor de la salud y actuó correctamente.

A partir de unos carteles en los contenedores de basura y reciclaje pidiendo que las bolsas se echaran dentro de los contenedores se vieron menos bolsas fuera de los mismos. Se consiguió que una mayoría de vecinos, no todos, se dieran cuenta del valor de la limpieza urbana, actuando correctamente.

Una chilena se fue con su familia a vivir a Estocolmo. Se empleó a fondo en conocer el sueco y lo consiguió hasta conseguir ser correctora de textos de una editorial. Se dejó guiar por el valor de la integración y de la fuerza de la voluntad. Albert Einstein lo expresó así: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.

Unos padres que educaban a sus hijos en el temor al castigo y en la promesa de una recompensa  se dieron cuenta de que ese no era el camino. Descubrieron que el camino correcto era que sus hijos asumieran  los valores de la responsabilidad, del deber, de la obediencia, de la amistad… y que encontraran satisfacción personal en ellos. Albert Einstein fue muy explícito al afirmar lo siguiente: “Si la gente es buena solo porque teme al castigo y porque esperan una recompensa, entonces los seres humanos somos un grupo lamentable”.


JOSÉ MELERO PÉREZ, nació en Madrid el 15 de septiembre de 1941. Está licenciado en Psicología y en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona. Profesor jubilado. Actualmente escribe en su blog OJO CRÍTICO y en la sesión “Entre Todos” de El Periódico.
Vaya desde aquí mi más sincero agradecimiento por participar en este humilde sitio que es KRISIS.

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