KRISIS

HACER MEMORIA HISTÓRICA Y DEMOCRÁTICA

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Por Juan Miguel Batalloso Navas

Línea separadora decorativa de KRISIS
Día de las víctimas del franquismo

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«…La lucha del ser humano contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido (…) Tener conciencia de un acto no es pensarlo sino sentirlo…»
Milan Kundera

L a Ley 2/2017 de 28 de marzo, de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía establece en su Artículo 17 la conmemoración del «Día de recuerdo y homenaje a las víctimas del golpe militar y la Dictadura«. Textualmente en dicho artículo se dice:

  1. Se declara el 14 de junio de cada año Día de recuerdo y homenaje a las víctimas del golpe militar y la Dictadura.
  2. Las instituciones públicas andaluzas impulsarán en esa fecha actos de reconocimiento y homenaje, con el objeto de mantener su memoria y reivindicar los valores democráticos y la lucha del pueblo andaluz por sus libertades.

Estando pues completamente de acuerdo con este artículo 17 de la citada la Ley, tengo14 DE JUNIO 2021 necesariamente que alegrarme y solidarizarme con todas aquellas actividades e iniciativas que los numerosos Ayuntamientos e Instituciones de Andalucía realizarán probablemente este Día. En este punto, debo felicitar tanto al Excmo. Ayuntamiento de Camas, que anualmente viene celebrando dicho Día desde que se aprobó la Ley, así como a los dos Institutos de Secundaria de nuestra localidad, de los que me consta que anualmente han venido realizando actividades de Cultura Democrática y Memoria Histórica, e incluso anteriormente a que existiera dicha Ley.

Dicho esto, no tengo más remedio que denunciar los recortes realizados en las Políticas Públicas Memorialistas por el actual Gobierno del PP y Cs que con el apoyo de la ultraderecha ha efectuado numerosas acciones de retroceso, cuando no de hibernación del desarrollo de esta magnífica Ley. Una situación que ha sido denunciada por todas las Asociaciones del Movimiento Memorialista de Andalucía y especialmente por la Coordinadora de Andalucía por la Memoria Histórica y Democrática (COANDMHD).

No me cabe ninguna duda, que el acto más genuinamente humano que abre siempre las puertas a la convivencia pacífica, al diálogo, a los afectos y en definitiva al amor, como diría el recientemente fallecido insigne y universal Humberto Maturana, es y será siempre el del reconocimiento del otro como legítimo otro. En consecuencia, reconocer, conmemorar y homenajear a todas las víctimas del franquismo sin excepción, no solo me parece de una utilidad pública y democrática de primer orden, sino también un deber ético individual y colectivo.

No obstante, los pueblos y sociedades en general, pero particularmente nuestra Andalucía siempre han sido proclives a conmemorar y realizar todo tipo de liturgias laicas y religiosas en las que con mayor o menor intensidad se recuerdan hechos notables del pasado. Liturgias que con el tiempo, aunque conserven su valor simbólico y festivo, van perdiendo poco a poco los principios éticos que las fundaron, así como el contenido esencial de testimonio vital que los personajes homenajeados mostraron con su conducta cuando vivían. Así pues, santificar y sacralizar tiene sus riesgos. Por un lado puede darse el hecho de patrimonializar en exclusividad el legado de los personajes, utilizando el mismo para fines espurios. Y por otro, todo puede convertirse en pura festividad exenta de contenido ético y responsabilidad social.

Efectivamente «no todo el monte es orégano» y «de todo hay en la viña del Señor«. Así por ejemplo, en el recientemente inaugurado «Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo» dedicado en exclusividad a las víctimas de ETA, no hay mención alguna de las víctimas del GAL o de los casi 5.000 casos de tortura certificados siguiendo las pautas protocolarias internacionales, como tampoco hay mención alguna a las víctimas del gran Terrorismo de Estado que infringió el franquismo a todas aquellas personas que defendieron la legitimidad de la IIª República española y sacrificaron sus vidas en la Lucha por las Libertades Democráticas.

Esto me lleva a pensar o a interrogarme sobre dos cosas que considero fundamentales. La primera: ¿Son realmente todas las víctimas iguales? o ¿Hay unas víctimas más víctimas que otras? Y la segunda: ¿Quién se beneficia o quien se perjudica con todas la parafernalias de celebraciones institucionales? ¿No será que se están convirtiendo en una liturgia más que poco a poco se va vaciando de contenido ético, de convivencia pacífica y de Cultura Democrática?

Otros ejemplos, pero de muchísima menor escala, podrían ser los constatados hechos de que el criminal Queipo de Llano siga sepultado en la Basílica de la Macarena de Sevilla, o que en nuestra ciudad de Camas, cuyo Ayuntamiento ha hecho muchísimo por la Memoria Histórica y Democrática siga existiendo una Barriada llamada «Coca de la Piñera» en memoria del militar falangista y franquista Fernando Coca de la Piñera, que fue Procurador en las Cortes Franquistas además de Gobernador Civil en las ciudades de Jaen y Sevilla. O también que siga existiendo una calle denominada «Poeta Muñoz San Román» conocido poeta que tiene una gran placa de reconocimiento en el centro de ciudad, pero que como todo el mundo sabe, o debería saber, aparte de sus cualidades como escritor, fue un defensor acérrimo del Golpe de 1936 y del franquismo llegando a organizar una colecta para construir un monumento a los sublevados al mando del comandante Haro y de Queipo de Llano en La Pañoleta.

En este punto, hay que recordar que hace ahora 6 años el alcalde de nuestra ciudad se comprometió públicamente en estudiar la propuesta de cambiar el nombre tanto al barrio como a la calle y renombrarla con la de los mineros de «La Columna Minera de Riotinto» asesinados el 19.07.1936 y posteriormente fusilados a finales de agosto del mismo año1 Ref.Ver «LA MEMORIA VARADA» de Rafael Adamuz. Editorial Atlantis.. La cuestión, es que la citada barriada sigue conservando el mismo nombre y la calle también, por eso sigo pensando, que los ceremoniales muchas veces lo que hacen es correr una cortina de humo sobre asuntos que no se quieren o no se pueden resolver. Pero claro, si no se puede resolver, pues al menos que se diga y se explique, porque de seguro que habrá ciudadanos entre los que me encuentro, que ayudarán a realizar esas dos honrosas propuestas, que por otro lado, son perfectamente coherentes y legales de acuerdo con la ley 2/2017 de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía.

Soy plenamente consciente de que «las cosas de Palacio van despacio» y de que «Zamora no se tomó en una hora«, sin embargo eso no merma para nada mis deseos y esperanzas de que la Memoria Histórica y Democrática de España, de Andalucía y de Camas (Sevilla), sea algo mucho más profundo, sostenible y con capacidad de crear y/o generar Cultura Democrática en las nuevas generaciones.

Al mismo tiempo soy de la opinión que el Movimiento Memorialista, por su carácter fundado en los principios de Verdad, Justicia y Reparación y dado los extraordinarios y costosos esfuerzos realizados para identificar y localizar fosas, exhumar víctimas, darles honrosa sepultura, acompañar a sus familiares, además de los obstáculos y palos en las ruedas de gobiernos de derechas y de instituciones como la Iglesia Católica no ha tenido tal vez todavía el suficiente sosiego y la suficiente coordinación para entender y diferenciar algo que considero esencial: que Recuperar la Memoria no es exactamente lo mismo que Hacer Memoria, aunque evidentemente sean funciones inseparables.

Para el que escribe esto, «Hacer Memoria” es sobre todo ahondar en las raíces más profundas de nuestra cultura social, política, ideológica, económica e incluso antropológica y psicológica con objeto de tratar de explicar, comprender y contextualizar los hechos que han producido estas tragedias que han impactado en la conciencia de todas las personas que las sufrieron. No basta por ello a mi juicio, aunque se hubiesen exhumado todas las fosas, se hubiesen resuelto todas las demandas de entierros dignos para las víctimas o se les hubiesen concedido todos los honores por su compromiso de lealtad con la IIª República y por la conquista de las Libertades, cerrar el ciclo y terminar definitivamente con este asunto. De lo que se trata es de hacer posible y visible que estas tragedias no vuelvan a suceder y en esta tarea creo que hay que estar permanentemente vigilantes y comprometidos, ofreciendo proyectos, programas y acciones de carácter educativo y cultural. Por eso entiendo que, a los tres principios de Verdad, Justicia y Reparación, hay que añadirle de forma transversal e inseparable, el de No-Repetición, que es además el complemento indispensable de toda Reparación.

Es indudable que recuperar y hacer Memoria Histórica y Democrática son antes que nada actividades cuyo objeto es reconocer con gratitud que somos hijos de las generaciones que nos precedieron y que éstas, no sólo nos legaron cultura y formas de vida, sino sobre todo valores imperecederos que hay que mantener y desarrollar. Y es que los seres humanos somos seres de memoria. Sin memoria no podemos aprender. Sin memoria no podemos corregir nuestros errores. Sin memoria, en suma, no podemos avanzar, desarrollarnos y progresar personal y colectivamente. Es necesario pues hacer memoria para rescatar la verdad, porque solamente la verdad nos hace libres. Pero además es necesario hacer memoria desde el corazón para agradecer, porque el agradecimiento es en realidad un acto de reconocimiento y de bondad que sienta las bases de la reparación y abre las puertas a la justicia, al perdón y a la concordia.

Hacer memoria es entonces reconocer y agradecer sabiendo que los humanos recordamos y aprendemos a partir de las experiencias del corazón, a partir del cariño, los afectos, la amistad, el amor y los buenos sentimientos. Y es esta cualidad afectiva y social, la que nos permite afrontar el difícil trago de las frustraciones, del dolor o del sufrimiento, siendo capaces misteriosamente, de convertir las dificultades en posibilidades.

El odio, el rencor, el resentimiento o cualquier recuerdo basado en la revancha, la venganza y la violencia, solamente puede conducirnos a nuestra propia destrucción. O también a la crispación, al pensamiento reactivo, la manipulación o exaltación de emociones negativas, la simplificación, la mentira, la exageración, el insulto o la agresión verbal y en general todos aquellos procedimientos que fomenten el odio, la venganza o la ira, que no pueden en ningún caso crear climas de convivencia pacífica y democrática.

De lo que no existe ninguna duda, como así nos enseña la Gran Maestra que es la Historia, es que los pueblos que, con los cambios de regímenes y sistemas políticos, o con los cambios legítimos y legales de gobiernos, permanecen instalados en el rencor y en la venganza, abandonan consciente o inconscientemente la meta principal que se persigue cuando intentan transformar la sociedad y mejorar sus condiciones de vida promoviendo e impulsando formas de convivencia pacífica y democrática.

El establecimiento de la soberanía popular, así como la consolidación y el avance de un Sistema Político basado en la Libertad, la Justicia Social y los Derechos Humanos Universales, nunca puede, ni podrá hacerse sin el concurso de la magnanimidad, la generosidad, la ecuanimidad, la misericordia y la compasión, cualidades o virtudes todas ellas que nacen, se alimentan y se desarrollan en y a partir del corazón humano que es el lugar central de la ética como dice Leonardo Boff 2 Ref.«…Lo primero que debemos tener es corazón, tener sensibilidad, tener capacidad de afectar y de sentirse afectado. Hoy se dice que está todo en Internet, que está todo en la computadora, pero no es cierto, porque la computadora no puede extender el brazo y consolarnos, ni enjugar nuestras lágrimas, pero yo puedo hacerlo, puedo tener sensibilidad, sentir con el otro. Hoy existen las venganzas, el terrorismo, el fundamentalismo: las personas no tienen corazón. Pero lo que más importa es la cordialidad, la ternura y la amorosidad, esa capacidad de sentir el latido del corazón del otro y acompasarse a él para sentir esa sintonía, para que se cree esa sintonía fantástica de mentes y espíritus en la construcción de una humanidad más rica, de una nueva humanidad. Y es que el lugar de los valores, el lugar de donde nace la ética no es la razón, es el afecto, es el corazón, el corazón como el centro del ser humano, el centro que unifica el espíritu, la mente, el cuerpo, el corazón que siente y vibra, sufre, ama. Para mí el corazón es una categoría central de la ética. Creo que eso hace mucha falta hoy en el mundo porque no hay cordialidad, no hay ternura, por eso hay que reinventar la ética, no desde las tradiciones éticas de los griegos o desde los orientales sino de lo que es lo más profundo del ser humano (…) No basta tener una jerarquía de valores, sino lo que me mueve a vivir esos valores, ahí está el corazón que es el motor principal de la ética…». Por eso, nos corresponde a nosotros, ciudadanos y ciudadanas de diferentes generaciones de españoles, hacer todo lo posible por reconocer nuestras heridas, pero no para hurgar en ellas utilizándolas, patrimonializándolas o usándolas como un arma arrojadiza contra el adversario político, sino por el contrario, para cauterizarlas, cerrarlas y cicatrizarlas definitivamente mediante el reconocimiento de la verdad, la práctica de la justicia, la dignificación de las víctimas, la reparación de lo que podamos reparar y el compromiso individual y colectivo firme por la no-repetición. Este es el único camino que nos puede conducir a una auténtica y coherente reconciliación.

Esta es la razón fundamental que refuta el extendido pensamiento erróneo de los que creen que hacer memoria es remover viejas heridas que deben ser ocultadas para garantizar la paz o la concordia. Ni la paz, ni tampoco la concordia, pueden ser el fruto del silencio, el ocultamiento, el miedo, la mentira, la injusticia y el olvido. La paz no es un valor pasivo, acomodaticio y alejado de nuestra vida cotidiana. Por el contrario, la paz es un valor activo que no teme al conflicto, sino que lo afronta como algo natural de la condición humana y por tanto no es un ideal abstracto y lejano, sino concreto y cercano que se construye en cada instante y que emerge siempre como consecuencia del reconocimiento de la verdad y del ejercicio de la justicia. Por eso, en estos tiempos de paz, democracia y libertad, recordar a nuestras familias, a nuestros amigos y a todas aquellas personas que dieron su vida defendiendo unos valores que son los que nos permiten hoy tener una Constitución basada en el respeto a los Derechos Humanos y en la soberanía popular, no solamente es un acto de justicia y de restitución, sino también un solemne compromiso de reconciliación, de tolerancia, de convivencia y de paz.

¿En qué consiste pues esta nueva dimensión de “Hacer Memoria” que intenta ir más allá de lo que es Recuperación?

La clave de esta dimensión activa de la Memoria Histórica y Democrática, particularmente la entiendo en el sentido de garantizar por todos los medios a nuestro alcance que existan condiciones objetivas y subjetivas, que impidan de una otra forma, que estas tragedias no vuelvan a repetirse jamás. Y es que, si nuestra Historia sirve para algo, debe servirnos al menos para no cometer los mismos errores que cometimos en el pasado a pesar de que sepamos que los seres humanos somos los únicos que tropezamos dos o más veces en la misma piedra.

Esta es la razón más sólida que puedo ofrecer para oponerme radical­mente a toda esa crispación llena de rabia, rencor y resentimiento en la que PP, Cs y Vox están intentando sumergirnos a base de mentiras, simplezas y loas a un supuesto orgullo patrio que disculpa y justifica la corrupción, mani­pula deliberadamente a la opinión pública con mentiras y “fake news” y exige autoritarismo, medidas fuertes, centralización, mando único y poder total y absoluto para imponer sin concesiones sus puntos de vista. Hacer Memoria pues, es también oponerse de forma activa a cualquier comportamiento indi­vidual o colectivo que genere odio, enfrentamiento, fractura social, autorita­rismo, dogmatismo o que niegue el diálogo, la negociación y la resolución pa­cífica de conflictos.

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática”. En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

Referencia

Referencia
1 Ver «LA MEMORIA VARADA» de Rafael Adamuz. Editorial Atlantis.
2 «…Lo primero que debemos tener es corazón, tener sensibilidad, tener capacidad de afectar y de sentirse afectado. Hoy se dice que está todo en Internet, que está todo en la computadora, pero no es cierto, porque la computadora no puede extender el brazo y consolarnos, ni enjugar nuestras lágrimas, pero yo puedo hacerlo, puedo tener sensibilidad, sentir con el otro. Hoy existen las venganzas, el terrorismo, el fundamentalismo: las personas no tienen corazón. Pero lo que más importa es la cordialidad, la ternura y la amorosidad, esa capacidad de sentir el latido del corazón del otro y acompasarse a él para sentir esa sintonía, para que se cree esa sintonía fantástica de mentes y espíritus en la construcción de una humanidad más rica, de una nueva humanidad. Y es que el lugar de los valores, el lugar de donde nace la ética no es la razón, es el afecto, es el corazón, el corazón como el centro del ser humano, el centro que unifica el espíritu, la mente, el cuerpo, el corazón que siente y vibra, sufre, ama. Para mí el corazón es una categoría central de la ética. Creo que eso hace mucha falta hoy en el mundo porque no hay cordialidad, no hay ternura, por eso hay que reinventar la ética, no desde las tradiciones éticas de los griegos o desde los orientales sino de lo que es lo más profundo del ser humano (…) No basta tener una jerarquía de valores, sino lo que me mueve a vivir esos valores, ahí está el corazón que es el motor principal de la ética…»

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