KRISIS

¿Qué es la espiritualidad? (1)

Aquello que produce un cambio interior

«…Preguntaron una vez al Dalai Lama «¿Qué es la espiritualidad?» Y él les respondió: “Espiritualidad es aquello que produce en el ser humano un cambio interior” Y esa persona preguntó nuevamente “Pero si yo practicara la religión y observara las tradiciones ¿Todo eso no es espiritualidad?” Y el Dalai Lama comentó: “Puede ser espiritualidad, pero si eso no produce en ti ninguna transformación, no es espiritualidad. Una manta que no es más que una manta que no calienta, deja de ser manta” Aquella persona le contestó: “Entonces la espiritualidad cambia” Y el Dalai Lama le dijo: “Como dicen los antiguos, los tiempos cambian y las personas cambian con ellos. Lo que ayer fue espiritualidad hoy no necesita serlo más. Lo que un momento se nombra como espiritualidad, no es otra cosa que el recuerdo de antiguos caminos y métodos religiosos. Hay que cortar de tal manera el manto para que se ajuste a los hombres, no corte a los hombres para que se ajusten al manto”. De ese pequeño diálogo del Dalai Lama, lo más importante es que la espiritualidad es aquello que produce dentro de nosotros un cambio y no necesariamente la religión produce dentro de nosotros un cambio. …» (Leonardo Boff)

La palabra «espiritualidad»

La palabra o el término «Espiritualidad» es para mí indefinible. Cada vez que intento analizar este concepto, no soy capaz ni siquiera de acotarlo o reducirlo a un espacio personal concreto. En realidad se me escapa de los esquemas e ideas de mi mente porque nunca puedo clasificarla o encerrarla en un apartado o en una categoría de conceptos.

          Pero lo más curioso, es que cuando intento hacer un análisis con objeto de describir o explicar de que se trata, más lejana e indefinible se me presenta esta palabra-idea. Sin embargo cuando no pienso, ni intento apresarla en las paredes de mis preconceptos y creencias; cuando menos me lo espero y en cualquier momento fortuito, se me aparece en todo su esplendor para mostrarse en mí como una especie de conexión total con todo lo existente. Paradójicamente, cuanto más la busco, menos la encuentro y cuanto menos, de repente se me presenta como una especie de luz que todo lo ilumina dotando de sentido y validez a la experiencia, al estado o a la acción concreta que en ese momento estoy realizando.

Maestras y maestros

         Ya sé, que son muchísimos los sabios personajes de las más diversas culturas, filosofías, tradiciones, religiones de todos los tiempos que han conseguido tener una idea clara y precisa de lo que es la “espiritualidad“. Pero por mucho que se haya escrito y dicho de ella, para mí es algo indescriptible, indefinible e irreductible que no puede ser comunicado con palabras. Y es que la “espiritualidad” pertenece a la categoría de los fenómenos humanos inexplicables y por supuesto irreductibles. Únicamente cobran forma, sentido y materialidad en la experiencia íntima de cada ser humano y por tanto son también intransferibles. No pueden ser comunicados o enseñados de forma directa. He constatado por mi mismo, que todas las experiencias humanas de espiritualidad que he conocido y vivido presentan rasgos aparentemente semejantes. Sin embargo, estos rasgos en realidad son siempre singulares y únicos de la persona que las vive o experimenta. Rasgos que están compleja e indisolublemente unidos al contexto, el momento o la circunstancia concreta en que esa experiencia surge.

Una experiencia única e intransferible

         Es conocido, que todas las nuevas investigaciones de la psiconeurología, han encontrado ya las zonas del cerebro que se activan con la experiencia espiritual, así como los procesos químicos que subyacen en la misma. No obstante, la experiencia de cada ser humano cuando la encuentra y la goza, además de ser irrepetible, es siempre particular y específica. Entiendo pues que todo intento de catalogarla, patrimonializarla, teorizarla o convertirla en doctrina, es encerrarla en una jaula de dogmas. Y no digamos si esas experiencias terminan cristalizadas en religiones o en iglesias con profesionales que la administran organizados en estructuras de poder religioso, eclesiástico o político.

         Puedo entender y entiendo, que dado que nuestra naturaleza humana es de carácter simbólico, los seres humanos tengamos la necesidad de expresar culturalmente estas experiencias. Pero lo que para mí está claro es que la experiencia espiritual me sobrepasa y me sitúa siempre más allá o más acá, de lo puramente sensitivo. Esta es la razón por la que las experiencias espirituales las califico como trascendentes en el sentido de que supera a cualquier otra, al mismo tiempo que impregna, colorea y estructura el sentido de todo lo que vivo y experimento.

Religiones e iglesias

         Es cierto que los fenómenos y experiencias espirituales históricamente se han asociado siempre a religiones e iglesias; a doctrinas, ceremonias, iconos e imágenes de culto, así como a los dogmas establecidos por ellas. También a las tradiciones sagradas, a los ceremoniales colectivos y  a todo tipo de liturgias y rituales. En este punto, no puedo olvidar que la experiencia espiritual ha estado siempre patrimonializada y administrada por profesionales, funcionarios eclesiásticos especializados. Igualmente por visionarios, predicadores y gurús que intentan convencernos de que únicamente su experiencia es la verdadera.

        Desde hace mucho tiempo me he dado cuenta que el sacerdocio y todas sus variedades de predicadores, diáconos, curas, obispos, cardenales, popes, pastores, imanes, monjes, brahmanes, gurús a mí no me sirven absolutamente para nada. Pero lo que más me solivianta e indigna es comprobar como esos administradores de la fe en un supuesto y específico “Dios”, socialmente son en realidad funcionarios eclesiásticos sometidos a una estructura de poder antidemocrática y patriarcal. Funcionarios cuya misión esencial no es que el mensaje llegue de forma directa y encarnada a las personas que se le acercan. Su misión, como la de todo funcionario, es que la estructura organizativa y de poder, funcione y se mantenga.

8 comentarios sobre «¿Qué es la espiritualidad? (1)»

  1. Realmente has planteado un tema que a mi personalmente me escuece y al que llevo tiempo desmontando y no porque no lo vea o niegue o lo dude sino por el montaje establecido entre bastidores sobre la espiritualidad desde el siglo pasado.
    La definicion del Dalai Lama *aquello que produce en el ser humano un cambio interior* me resuena a romantica y utópica.
    No porque no sea acertada sino porque en estos momentos donde se ha fagocitado hasta la saciedad la *espiritualidad* en todas sus modalidades ha perdido el sentido. Y no porque haya cambiado de cualidad, pues esta es inmutable y fuera del alcance humano, sino porque los humanos estamos hipersaturado de datos, llenos de informacion y ávidos de noticias, con lo cual hemos perdido el espacio necesario con nosotros mismos.
    La espiritualidad como bien dices es inexplicable y sólo aparece en momentos de nuestras vidas, donde es imposible establecer patrones, pautas o estadisticas, pues su esencia es volátil. Se encuentra en tierra de nadie, empapada por los símbolos, mas allá de los sueños, y de toda imaginación. Es como una corriente de agua que baña la Tierra Prometida, el Nirvana o el Paraiso. Tal vez en esa campo de Rumi, en ese más allá de todo, incluso que la otra orilla, a lo que nosotros pequeños y frágiles humanos denominamos más allá.

      1. Te envié un comentario a lo de Concha. No se si te ha llegado..

    1. Que maravilla de comentario querida amiga. Efectivamente «en tierra de nadie», lo decía Kishnamurti «La verdad es un territorio sin caminos» y por supuesto sin cotos, parcelas, alambradas, patrimonios y sin «popes» (siempre hombres) que nos la administren. Un abrazo querida y sigamos !!!

  2. Desde luego que hay que añadir una segunda parte a la frase del Dalai Lama. En cambio interior, si solo sirve para engordar el ego, mejorar la autoestima, sentirse mejor y más bonito o para decir soy como Dios, para mi es esteril. El CAMBIO INTERIOR solo tiene sentido para mi si lleva a la TRANSFORMACIÓN DE LAS ESTRUCTURAS DE ESTE MUNDO. Una espiritualidad que SOLO aspira a MI mejora, queda estéril. La ESPIRITUALIDAD debe ser fecunda y dar lugar a TRANSFORMAR LA REALIDAD.

  3. Tengo 88 años De ellos, diez de seminario capuchino. Salí con demasiada doctrina. La vida me puso en camino: el compromiso con los trabajadores -fui gráfico-, el servicio a personas en situación de calle, la alfabetización de quienes necesitaban, la cooperativa de cartoneros, la militancia político-partidaria… Esta es mi escuela de espiritualidad: allí aprendí a descubrir al Dios de Jesús… en mis hermanos más necesitados. ¡Paz y bien!

  4. Envié un comentario a lo que decía Concha Ojeda. Pero tal vez se perdió por el camino. Aludía a lo que publiqué aquí hace unos meses https://batalloso.com/?p=16863&
    La definición del Dalai Lama, de que «Espiritualidad es todo aquello que provoca un cambio interior» se queda corta. Porque después del «cambio interior», ¿qué? Si ese cambio interior se queda para mí como una experiencia narcisisticamente gozosa, pronto se desvanecerá. Es como cuando uno se toma un dulce que cuando desaparece el sabor necesita otra cosa. La verdadera «experiencia de cambio interior» debe llevar al compromiso con la vida. Al compromiso con las víctimas de un sistema injusto.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

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