KRISIS

Memoria personal de los 60′ (6): el problema es interno



No puedo evitar traer aquí a uno de los cantautores que más ha contribuido a generar conciencia social y política mediante una sensibilidad y buen hacer artístico dirigido, no solo a deleitarnos y animarnos, sino también a darnos a conocer a poetas universales proscritos por el franquismo. Las canciones de los discos de Joan Manuel Serrat dedicados a Antonio Machado y Miguel Hernández siempre me acompañaron y me sirvieron como herramienta educativa de primer orden en mis primeros años como maestro de escuela. Recuerdo que una vez, me encontré a un antiguo alumno, ya adulto y al que no veía desde hacía décadas, que me dijo que el más bonito recuerdo que tenía de mí eran las canciones de Serrat que yo ponía a mis alumnos en clase. Se acordaba de la canción “Cantares” y el mismo me la cantó en aquel fortuito encuentro. Obviamente, mi satisfacción y alegría en aquel instante fue total.

        De lo que no tengo ahora dudas, es de que aquellos niños y niñas que como yo nos hicimos adolescentes en la década de los sesenta, estábamos atrapados en una sociedad culturalmente represiva, rancia, tradicionalista y profundamente tóxica. Una sociedad que gracias a la distancia que me da la actualidad del 2021 me permite conjeturar que los condicionamientos profundos producidos en el carácter social de los españoles que vivimos el franquismo no solo fueron debidos a la situación objetiva de represión generalizada, sino sobre todo a la ausencia casi total de Educación. Y aquella dictadura, que no solo fue política y criminal, sino sobre todo cultural y llena de nacionalcatolicismo y mojigatería, creo que hoy sigue sobreviviendo en la conciencia de muchos españoles.

        Desde este punto de vista, el franquismo en gran medida triunfó al dejar todo “atado y bien atado“, instalando en nuestras mentes hábitos, modos de conducta y actitudes intolerantes e incapaces para el diálogo y la convivencia democrática. De hecho hoy sigo creyendo que Don Antonio Machado está todavía vigente en sus famosos asertos de “Españolito que vienes, al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón” o aquel de “De diez cabezas, nueve embisten y una piensa“. Por eso considero que la Educación Obligatoria en estos años de Constitución, en los aspectos específicos de desarrollo humano relativos a la formación ética y humanística, a la memoria histórica, a la cultura democrática, a los Derechos Humanos Universales y al pensamiento crítico y autocrítico ha sido un fracaso. Fracaso porque llegamos a creer convencidos que con la posibilidad de votar cada cuatro años todos nuestros problemas presentes y futuros quedarían resueltos. Fracaso en suma, porque durante todo este tiempo de numerosas leyes educativas nos hemos olvidado de lo esencial: que el verdadero aprendizaje humano no es el que se obtiene mediante conocimientos memorísticos, titulaciones o acreditaciones, sino el que produce cambios observables en nuestra conducta cotidiana dirigidos a mejorarnos como personas y como sociedad y en definitiva a ser más honestos, bondadosos, honrados, coherentes y solidarios.

        Hoy, al estar sometidos a la implacable toxicidad de los grandes medios de comunicación de masas, nuestra capacidad de atención, discernimiento y de pensamiento autónomo y sosegado prácticamente no existen. En esta dinámica en vez de pensar, somos pensados, no solo por nuestro Ego, sino también por fuerzas y poderes sociales que escapan a nuestro control. En consecuencia, los testimonios éticos de aquellos personajes que lucharon por los Derechos Humanos Universales y entregaron su vida a los demás, no son más que un recuerdo superficial que únicamente se expresa en símbolos, liturgias y ceremonias carentes de potencial transformador individual y colectivo. Al sacralizar y momificar a los grandes personajes, en realidad lo que hemos hecho es descafeinarlos y hacer desaparecer lo esencial de su memoria y testimonios. No solo hemos olvidado lo que hicieron, sino también las razones y motivaciones que los llevaron a su sacrificio e inmolación por sus semejantes. De este modo, al convertirlos en un santo o una santa más del santoral religioso o laico, solo cabe entonces rendirles culto y adorarlos conforme a las directrices e interpretaciones que los poderes y sus administradores hacen de ellos. Obviamente, el resultado de este olvido sacralizador, no es más que un proceso de desactivación de las dimensiones éticas y de coherencia del personaje. Basta pues con que lo coloquemos en altares y estatuas, sin que haya ningún tipo de repercusión o impacto en nuestra conducta cotidiana.

        El primer ejemplo que me viene a la mente de estos procesos de fariseísmo individual y colectivo, es sin duda el de Jesús de Nazaretel hijo del carpintero“. Entra con una burra en Jerusalén aclamado y aplaudido por la multitud y una semana más tarde la misma multitud le gritaba a Pilatos “¡crucifícale! ¡crucifícale!” Y al final, después de muerto se le hacen infinidad de templos y se fundan numerosas iglesias, cuando él, ni habló, ni quería fundar una religión ni templo alguno. De hecho y según dicen las escrituras, un día expulsó a todos los que mercadeaban en el templo y lo habían convertido en una cueva de ladrones. Así, se le coloca en un altar, se le ofrecen ceremonias de recuerdo y homenaje y ya los especialistas en dogmas y los funcionarios sacerdotales se encargarán de interpretar su verdadero mensaje y de decirle a la gente que es lo que debe o no entender de la conducta y las obras que realizó. Así nace la consabida diferencia entre lo teórico y lo práctico, o entre lo que se dice y lo que se hace. De esta manera cualquiera puede decir lo que crea conveniente en un púlpito, ya sea este civil-laico o eclesiástico-religioso y después en la práctica real de la conducta y la acción individual, organizativa y social, hacer o decir algo completamente diferente.

        Entiendo pues que vivimos, o al menos yo lo siento así, en un tiempo atravesado por una extraordinaria nube tóxica de desesperanza en todas las dimensiones de la existencia humana. Pero en nuestro país, a esa nube tóxica hay que sumar el odio, el rencor, la animadversión y el rechazo que los políticos y clases dominantes de la caverna conservadora y fascista propagan por doquier contra toda forma de pensamiento o gobierno que intente extender y garantizar los Derechos Humanos Universales. Lo he visto y oído a lo largo de todo el pasado año 2020 en casi todas las intervenciones públicas de los líderes del PP y VOX, intervenciones que han sido parafraseadas, cacareadas y amplificadas por muchos medios de comunicación al servicio de los poderosos. Y lo he comprobado también en la bestial campaña de demonización, desprestigio y rechazo absoluto dirigida contra Unidas Podemos y de forma muy focalizada en el actual vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias. Así pues, si a la gravísima crisis sanitaria, que ya de por sí está teniendo efectos letales en nuestra salud, nuestra economía y nuestra vida, le sumamos la crispación y la propagación de emociones negativas, el resultado puede ser auténticamente explosivo en todos los órdenes.

        En cualquier caso, estoy convencido de que toda esta gigantesca crisis sanitaria, económica, social y política pasará, aunque creo que necesariamente tendremos que aprender a vivir de otra manera y ya nada volverá a ser igual. Y estoy convencido también de que los jóvenes de hoy, cuyo porvenir laboral y existencial es cada vez más inseguro e incierto, sabrán encontrar el camino mejor para sus vidas, igual que los jóvenes de todos los tiempos y en las catástrofes más terribles han sabido recuperarse y hacer avanzar la Historia.

Un comentario sobre «Memoria personal de los 60′ (6): el problema es interno»

  1. Los que hemos vivido esa época es posible que asistamos con asombro de cómo vivimos la situación presente. Entonces teniamos “ideales” por los que luchar, mientras que hora hay “causas” y no hay ideas. Tal vez sea el destino del hombre

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