KRISIS

RECORDANDO a ANTHONY DE MELLO (4): sobre el Reino de Dios

Tmp. máx. lect.: 13 min.

Por Juan Miguel Batalloso Navas

«…El pensamiento dualista es una enfermedad. La religión es una distorsión. El materialismo es cruel. La espiritualidad ciega es irreal. Cantar no es más sagrado que escuchar el murmullo de un arroyo, pasar las cuentas de un rosario no es más sagrado que simplemente respirar, los hábitos religiosos no son más espirituales que la ropa de trabajo. Si deseas alcanzar la unidad con el Tao, no te dejes atrapar en superficialidades espirituales. Por el contrario, vive una vida tranquila y simple, libre de ideas y conceptos.
Encuentra la satisfacción en la práctica de la virtud sin hacer distinciones, que es el único verdadero poder.
Dando a los demás de manera generosa y anónima, irradiando luz por el mundo e iluminando tu propia oscuridad, tu virtud se convierte en un santuario para ti mismo y para todos los seres. Esto es lo que quiero decir cuando hablo de encarnar el Tao…»1 Ref.Lao Tse. Hua Hu Ching: 81 meditaciones taoístas. Versión de Brian Walker. Edaf. Madrid. 1995

Anthony de Mello, al igual que Buda, pero en la actualidad, se pregunta de donde procede tanta ansiedad, tanta depresión, tanto vacío existencial, tantas emociones negativas, tantos trastornos mentales, tantos traumas y heridas psíquicas, tanta agresividad y violencia, tanta falta de empatía y humanidad y en definitiva tanta infelicidad. Me atrevería incluso a calificarlo como un Buda o un Lao-Tse de nuestro tiempo, aunque él introduce brillantemente en sus reflexiones los valores cristianos y los descubrimientos de la Psicología Humanista y Transpersonal. En mi opinión, creo que su objetivo es ayudarnos a que disfrutemos del regalo misterioso de la vida a través de la conquista autónoma de una mente sin miedo, clara, limpia y llena de paz y serenidad, pero sin depender de doctrina o predicador alguno. Un punto en el que sin duda coincide con Jiddu Krishnamurti.

En este punto, otro de los temas que Anthony de Mello aborda en sus obras es el que los creyentes cristianos llaman ❝Reino de Dios❞. Y por lo que se desprende de sus textos, para Anthony de Mello, ese ❝Reino de Dios❞ se encuentra en el corazón humano, es decir, no fuera en el exterior en las promesas de las grandes utopías políticas, como tampoco arriba en el cielo como nos han hecho creer los dogmas de la Iglesia, sino dentro de cada ser humano en singular, en su mente y en su conciencia. En consecuencia, tal como yo lo entiendo, el acceso a ese ❝Reino de Dios❞ se realiza mediante un doble camino de compromiso. El compromiso de la transformación interior, del desarrollo de nuestra conciencia en todas sus dimensiones, incluidas desde luego la conciencia social, política, ética y espiritual. Y obviamente, mediante el compromiso coherente visible y concreto en nuestra conducta y acciones con la realidad exterior que nos rodea, pero siempre a partir del metro cuadrado que pisamos y de las relaciones personales que establecemos.

De una otra manera, y siempre desde mi visión personal del mensaje de Jesús, sus aportaciones son de una inmensa trascendencia, sobre todo porque nos dice que el ❝Reino de Dios❞ está a nuestro alcance. Y está a nuestro alcance, sencillamente porque las semillas y raíces de ese Reino de vida, verdad, justicia, gracia y amor, del que nos habla el Salmo 71, están dentro de nuestra mente y nuestro corazón. Por ello, cuando nos «damos cuenta» de esto, nuestra vida, nuestras actitudes y nuestros comportamientos comienzan inesperada y sorpresivamente a cambiar Y así, nuestras relaciones humanas y nuestro compromiso por hacer posible un mundo mejor desde el contexto concreto en el que estamos y vivimos nacen de una forma natural y sin necesidad de ningún tipo de liturgias, aspavientos, rituales y otras parafernalias ya sean religiosas o laicas.

A partir de aquí, es como creo yo que puede realmente entenderse el mensaje original de Jesús, el hijo del carpintero❞. Jesús, que yo sepa, no fundó religiones, no se alió con los poderosos, no mató ni persiguió a nadie por pensar diferente, no creó iglesias, no animó a construir templos, no se cubrió de ropajes para diferenciarse de los demás y mucho menos llevó mitras y otros aditamentos supuestamente sagrados, como tampoco habló o propuso crear espectáculos devocionales y cubrir de joyas, coronas y ostentosas vestiduras a lo que no son más que simples imágenes. Por el contrario, en su vida diaria estuvo muy cercano y atento a los dolores y sufrimientos de las personas concretas de su contexto que eran más débiles y vulnerables: mujeres, viudas, prostitutas, enfermos, niños y pobres. Y su misión, por mucho que los dogmas de la Iglesia nos digan otra cosa no fue más que la de aliviar el dolor y sufrimiento humano a aquellos que estaban en peores condiciones para afrontarlo y superarlo. Esta es la razón también por la que después de volver a leer a De Mello, me reafirmo en el universal mensaje del Himno de la Internacional, siendo consciente, claro está, de que el tirano no solamente está ahí fuera, como es obvio, sino que está dentro de cada ser humano en singular:

«…Ni en dioses, reyes ni tribunos, está el supremo salvador. Nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor.
Para hacer que el tirano caiga y el mundo esclavo liberar, soplemos la potente fragua que el hombre libre ha de forjar…»

Así pues y mientras que sigamos creyendo que nuestra felicidad, adopte la forma que adopte, está ahí fuera, jamás podremos llegar a alcanzar ese estado de gracia de «disfrutar con todo y con nada» del que permanentemente nos habla. En consecuencia y como nos recuerda siempre, la felicidad o el Reino de Dios, no está ni en el exterior, ahí arriba como nos han hecho creer para que nos desentendamos de lo de aquí abajo o de lo aquí dentro. De hecho, en el Evangelio de Lucas se dice:

«…Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles, ni dirán: «¡Mirad, aquí está!» o: «¡Allí está!» Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está.
Y dijo a los discípulos: Vendrán días cuando ansiaréis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. Y os dirán: «¡Mirad allí! ¡Mirad aquí!» No vayáis, ni corráis tras ellos. Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que El padezca mucho y sea rechazado por esta generación…» 2 Ref.Evangelio de Lucas: 17, 20-25

Trayendo a Lucas al presente y reafirmándome en que el Reino de Dios está por construir aquí abajo y no en esos dogmas de ultratumba que la Iglesia Católica ha promovido siempre en connivencia con los grupos y las clases sociales más poderosas y opresivas, necesariamente tengo que coincidir con lo que nos dice el teólogo José Arregi en un reciente artículo:

«…El capitalismo neoliberal que desde los años 80 se extiende y se impone por doquier es la máxima institucionalización de los impulsos más inhumanos: la codicia de la riqueza, la ambición del poder y, en el fondo, el miedo irracional a poder menos o a tener menos que otros. Es un sistema económico inicuo, raíz de los peores conflictos bélicos y más mortífero que todas las guerras juntas. Destruye los cuerpos, las relaciones, la igualdad, la democracia, la familia, los pueblos, el planeta, la Vida.
He ahí nuestro mundo. ¿No es un panorama demasiado desolador? Lo es, pero por eso mismo no podemos permitirnos perder la esperanza, que no consiste en aguardar, sino en caminar con espíritu y respiro, en dar pasos, pasitos, en la dirección de un mundo necesario y posible, un mundo más libre y fraterno, más justo y en paz, más humano y ecológico, más solidario y feliz. En caminar, aunque nunca lleguemos. Y en seguir dando un pasito cada vez que fracasemos, y aunque siempre fracasemos, movidos por el aliento profundo que nos habita y que somos, el aliento profundo que nos hace más humildes y fuertes, más rebeldes y pacíficos. El Aliento de la vida gime en la Tierra que gime en dolores de parto. Vivir movidos por ese aliento profundo: eso es la espiritualidad, ya se exprese en forma religiosa o totalmente laica, y siempre es política, comprometida y liberadora…» 3 Ref.ARREGI, José. Espiritualidad y lucha de clases. Atrio. 4 de mayo de 2021

No obstante, y dando por sentado, que ese Reino de Dios se construye en el presente social y político concreto del aquí y el ahora, también está, como brillantemente nos señala Anthony de Mello en toda su obra, en nuestra mente y nuestro corazón. Así pues, la lucha por ese Reino de Dios lleno de vida, verdad, justicia, paz, gracia y amor del Salmo 71, es aquí y ahora, pero al mismo tiempo, fuera en el exterior y dentro en nuestro interior. En sus propias palabras:

«…La vida es un banquete del cual la mayoría de las personas se está privando. Nunca descubren el tesoro. Si la oración fuese adecuadamente practicada y entendida, dará la riqueza que hace que las cosas no tengan importancia. La vida es una cosa que ocurre cuando estamos ocupados en otra cosa. Estamos ocupados en intentar impresionar a todos. Estamos ocupados en ganar las olimpíadas. Estamos ocupados en tener éxito. y la vida pasa por nosotros.
Hay una cosa dentro de nosotros que es preciosa. Una perla preciosa. Un tesoro. El Reino de Dios está dentro de nosotros. ¡Si al menos descubriésemos eso!
La gran tragedia de la vida no está en cuánto sufrimos, sino en cuánto perdemos. Los seres humanos nacen durmiendo, viven durmiendo y mueren durmiendo. Tal vez no nazcan durmiendo, nazcan despiertos, pero cuando desarrollan el cerebro, caen en el sueño… Tienen hijos en sueños, suben al gobierno durmiendo, mueren durmiendo. Nunca se despiertan. De esto trata la espiritualidad: despertar. Usted está viviendo en una torpeza ebria. ¡Es como si estuviese hipnotizado, drogado! y no sabe lo que está perdiendo…»4 Ref.DE MELLO, Anthony. Caminar sobre las aguas. Lumen. Barcelona.1992


Después de todo esto, al menos me queda claro algo de lo que hace muchísimos años estoy convencido. Si una religión, una doctrina, una creencia, una ideología, una iglesia, un predicador, un gurú, un líder, un grupo, una organización o una institución, no me ayuda a liberarme de mis opresiones exteriores e interiores; me exige obediencia ciega a dogmas, decretos, estatutos y reglamentos; no me permite pensar libremente y de forma autónoma, o de algún modo me causa dolor, sufrimiento e intranquilidad ¿Para qué la quiero?

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y si es de tu interés, difunde por favor.
Cala (Huelva) a 10 de octubre de 2021.

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

Referencia[+]

4 comentarios sobre «RECORDANDO a ANTHONY DE MELLO (4): sobre el Reino de Dios»

  1. Excelente artículo Juan Miguel. Cada día tenemos la suerte de encontrar personas que nos descubren caminos nuevos para encontrarnos, para encontrar el Reino de Dios, la esencia de la que todos formamos parte. Tú eres una de ellas. Muchas veces nos pasa, así a lo largo de la historia, como a los que que se liberaron de las cadenas en la alegoría de la caverna de Platón, que nos puede la impaciencia, bendita impaciencia, por transmitir dónde está la autentica realidad luminosa en la que nos fundimos y no la falsa de las sombras proyectadas «de los ciegos que guían a otros ciegos». Todo tiene su tiempo, porque todo tiene sentido. Esto último es difícil de entender si no rompemos las cadenas que el tirano exterior e interior, al que tú aludes, nos ha impuesto; sin embargo, no nos impacientemos, todos saldremos a la luz, tiempo al tiempo, «la paciencia todo lo alcanza» como nos dijo Teresa de Jesús. Todos estamos construyendo, co-creadores, ese Reino, aportando al arca común de la infinita sabiduría las diversas experiencias que trazamos al pasar por esta dimensión, por esta escuela de aprendizaje que es la vida. Sí, estamos obligados a contribuir siguiendo el mandato de Jesús y el de tantos iluminados anteriores y posteriores: «buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura.»
    Gracias Juan Miguel.

    1. Muchas gracias querido, Cada día que pasa doy gracias por aquello que me pasó y que me abrió realmente las puertas del Reino de Dios. Me acuerdo de tantas cosas… pero la serenidad y el sosiego que da vivir el presente sin ansiedad ni miedo es incomparable con cualquier otra experiencia del pasado. Tus comentarios siempre me animan a seguir y seguir profundizando en la tarea de DESPERTAR. Adelante siempre y demos gracias a la vida en todo momento y en todo lugar. Un gran abrazo.

  2. El tirano que vemos fuera lo llevamos dentro y sí, la vida nos vive dormidos, por eso el horror de la muerte que radica en el despertar. Preferible es morir en vida y despertar en esta vida, tal vez sea la clave de algo.
    Gracias Juan Miguel🌹por compartir tanta belleza.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

A %d blogueros les gusta esto: