KRISIS

Con que somos un país rico, no alcanza

Por Roberto Bertossi

Si atendemos al propio apotegma aristotélico del actual gobierno nacional sobre que “la única verdad es la realidad”, ergo esta pésima realidad argentina actual es la única verdad.

Los gobiernos ineficientes o corruptos, pasan;  el hambre queda. Somos un país, no-pobre,  roto por la miseria imparable, los privilegios, la impunidad y las desigualdades, lo que explica un escandaloso oxímoron vernáculo de un país rico, atrapado en la pobreza e indigencia de la mitad de sus habitantes.

El estrago vírico provocado por el Covid-19, reveló a emprendedores y a comerciantes que aún en ascuas,  resisten dignamente su bancarrota, la misma en la que ya han caído miles y miles de “colegas” con sus colaboradores, activos de giro, familias implicadas y demás.  

Así las cosas, los emprendedores argentinos sobrevivientes se ven compelidos a la extrusión de su imaginación e inventiva para permanecer o durar en estos tiempos de altísima incertidumbre.

No es infrecuente observar cómo, locales y espacios que antes vendían vg., textiles o calzado, café o comida, ahora ofrecen  verduras y frutas, comidas a domicilio, etc.

Sin alternativas, los emprendedores que aún respiran, se ven constreñidos a realizar malabares para tratar de reinsertarse, de alguna manera, en el campo productivo de bienes y servicios, selectivamente autorizado a funcionar durante las  tres semanas del toque de queda sanitario que se nos impuso a partir de este viernes 9 de abril, el cual con su masomenismo deviene para muchos en una prolongación del primer aislamiento  del 20 de marzo de 2020 porque, nobleza obliga, a la postre fue un aislamiento demasiado permeable con absurdos velatorios públicos oficiales, masivos reclamos gremiales  y corporativos callejeros, banderazos y otros despropósitos semejantes,  poniendo en ridículo con sumo desprecio a quienes respetamos las normas y reglas de convivencia epidemiológica pero, muy especialmente, a médicos, enfermeros, agentes del orden, repositores y cajeros de supermercados o farmacias, etc.

En alguna provincia o ciudad hay toques sanitarios (control de la circulación nocturna), mientras que en otras localidades hay restricciones en cuanto al modo y la cantidad de personas que pueden reunirse o los horarios de aperturas de locales; en tanto, en otros pueblos, ciudades o provincias, rigen con toda desaprensión  ´manu militari´, todas las limitaciones y caprichos vg., Formosa.

A un gobernante, aislado en la comodidad de su frio despacho despojado de la realidad, podría resultarle sencillo decretar y prorrogar Aislamientos y/o Distanciamientos Sociales, Preventivos y Obligatorios  que afectan a ciertos empresarios y trabajadores por igual. Al fin y al cabo, los efectos perversos de las oleadas del coronavirus son solamente para  los segmentos laborales y comerciales ya que quienes  detentan el poder, generalmente nunca habían tenido ni siquiera un quiosco. Estos son los mismos que  no trepidan en cacarear  “saber cuánto pesa un kilo, pero nunca lo han cargado”, al menos cuando niegan, resisten y reniegan, insolidariamente,  su ecuánime e imprescindible ajuste político-legislativo y judicial ejemplarizador, largamente pendientes.

Un párrafo especial o digresión merecen tales decretos y prórrogas en términos de ignorancia y despropósitos jurídicos y humanos, por caso, cuando autorizan circular y trabajar libremente, en pleno furor pandémico, a un mero y socialmente inútil panelista televisivo de espectáculos, en tanto, eso mismo le está  terminante prohibido y penado a una necesitadísima empleada doméstica.  

Entonces, mucho comerciante obligado al cierre o expuesto a la ilegalidad, informalidad y hasta el contrabando, viene encontrando cierta identificación y comprensión social porque ningún “aislamiento o distanciamiento, oficialmente impuesto”, le ha liberado de sueldos, impuestos, tarifas, alquileres, cargas sociales, etc. 

Quien ha tenido un negocio “bien habido”,  sabe que, habitualmente, cuando se acerca la quincena o fin de mes, a uno se le alargan los días y se le acortan las noches imaginando donde encontrará dinero para afrontar tantas obligaciones. Imaginemos esa misma situación cuando transitamos semejante pandemia, sin fecha de finalización.  

Finalmente si debemos privilegiar el derecho a la vida por encima de los intereses económicos,  quienes detentan el poder no deberían dictar medidas indolentes, utilizando como soporte solo el esfuerzo de emprendimientos y logros privados, sin ofrecer sacrificios compartidos ni acompañamientos verosímiles a los ciudadanos productivos, como sí lo hacen otros países que apoyan tributaria, tarifaria y financieramente a personas y a empresas.

NOTA.- Este artículo ha sido publicado también en la Revista Pregón Agropecuario de Córdoba (Argentina) el pasado 11.04.2021

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