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Es una obviedad que la LUCHA DE CLASES no solo sigue existiendo, sino que se concreta todos los días en todas las plataformas reivindicativas laborales, sociales, educativas, sanitarias, ciudadanas, etc que se canalizan a través de las más diversas organizaciones y en particular a través del movimiento sindical, lo cual nos muestra que a pesar de todas las dificultades la conciencia de clase sigue existiendo. Sin embargo y como dijo una vez Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del mundo, “Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y vamos ganando”
Aumentar pues en calidad y en cantidad la CONCIENCIA DE CLASE y promover por todos los medios la lucha ideológica y contrahegemónica es sin duda una imperiosa responsabilidad que deben asumir tanto los sindicatos, los movimientos sociales y los partidos políticos del abanico de la izquierda, así como todas las instituciones educativas. Y si se abandona esta responsabilidad, no solo los ricos y poderosos ganaran la lucha de clases por goleada, sino que cada vez estaremos más empobrecidos, con menos derechos sociales y de menor calidad y sin posibilidad de resistir y satisfacer las necesidades, cada vez mayores de los trabajadores.

Conciencia (14). Conciencia de clase
CONCIENCIA DE CLASE. Los orígenes del término
Por Juan Miguel Batalloso Navas
Las divisiones, diferencias y discriminaciones sociales han existido desde la Antigüedad y perduran en la actualidad presente del siglo XXI. Todos conocemos lo que ha significado históricamente el esclavismo; la nobleza, el clero y los siervos de la gleba de la sociedad estamental; las conocidas castas de las civilizaciones orientales; la división entre proletarios (trabajadores obligados a vender su fuerza de trabajo) y burgueses (los propietarios de los medios de producción) o también las actuales divisiones entre clases bajas, medias y altas o el precariado actual. Pero lo cierto es que el concepto moderno de “clase social” surge en el siglo XVIII y se consolida en el siglo XIX con el desarrollo del capitalismo industrial y de la sociología moderna.
El primer autor conocido que emplea el término “clase social” en un sentido cercano al actual fue el conde de Saint-Simon (1760-1825). Saint-Simon fue un pensador francés considerado uno de los fundadores del socialismo utópico y precursor de la sociología. Nacido en una familia aristocrática, participó en la Guerra de Independencia estadounidense y vivió los turbulentos años de la Revolución Francesa, durante la cual renunció a su título nobiliario. Tras perder su fortuna en especulaciones financieras, dedicó su vida al estudio y la escritura. Sus obras principales incluyen “Cartas de un habitante de Ginebra” (1802), “El sistema industrial” (1821) y “Nuevo cristianismo” (1825). Murió en la pobreza, pero sus ideas influyeron profundamente en pensadores posteriores como Auguste Comte (quien fue su secretario) y Karl Marx.
Saint-Simon concibió la sociedad como un sistema de clases económicas, las productoras y las ociosas o parasitarias. Las clases productoras incluyen a todos aquellos sectores sociales que participan en la producción como empresarios, banqueros, obreros, científicos y artistas que son para Saint-Simon los que crean riqueza y valor para la sociedad y representan las fuerzas del progreso y la modernidad. Las clases ociosas o parasitarias no producen riqueza, sino que viven del trabajo ajeno representando así a la vieja sociedad estamental del feudalismo y estando constituida por la aristocracia, el clero, los militares y los juristas.
Saint-Simon propone toda una reorganización social basada en la abolición de los privilegios heredados y poniendo el valor en el mérito productivo como criterio de estratificación social. Una sociedad, en suma, en la que gobiernen los individuos más capaces, los industriales y científicos y esté organizada científicamente para maximizar la producción.
En su obra final que sintetiza todo su pensamiento, “El nuevo cristianismo” (Le Nouveau Christianisme, 1825), formula toda una visión ética, social y religiosa de una sociedad futura basada en la fraternidad, la ciencia y la utilidad social, convirtiéndose en una especie de “evangelio laico” del socialismo humanista expresando así una síntesis revolucionaria entre cristianismo y reforma social.
Las ideas fundamentales de “El nuevo cristianismo” (Saint-Simon; 2004) son básicamente las siguientes:
- El principio fundamental: “Amarse los unos a los otros“. Saint-Simon reinterpreta el mandamiento cristiano del amor fraternal como el principio organizador de toda la sociedad. Argumenta que este precepto debe traducirse en acciones concretas para mejorar la condición material y moral de la clase más pobre y numerosa.
- Crítica al cristianismo institucional. Saint-Simon distingue entre el verdadero espíritu del cristianismo y sus formas institucionales corrompidas. Critica tanto al catolicismo como al protestantismo por haberse alejado del mensaje original de Jesús, convirtiéndose en estructuras de poder que mantienen el statu quo en lugar de trabajar por la justicia social.
- La religión como fuerza de transformación social. Para Saint-Simon, el “nuevo cristianismo” debe ser una religión activa y práctica que organice la sociedad según principios de fraternidad universal. No es una doctrina contemplativa sino un programa de acción social que busca la mejora continua de las condiciones de vida de los más desfavorecidos.
- El progreso como imperativo moral. Saint-Simon integra la idea de progreso científico e industrial con el imperativo moral cristiano. La ciencia y la industria deben ponerse al servicio del bienestar colectivo, especialmente de los más necesitados. Este es un antecedente directo del socialismo cristiano.
- La nueva elite moral. Propone que artistas, científicos e industriales formen una nueva élite que guíe a la sociedad, no por privilegio de nacimiento sino por su capacidad de contribuir al bienestar común. Esta élite tendría la responsabilidad moral de utilizar sus talentos para el beneficio de todos.
- La dimensión transdisciplinar. Saint-Simon anticipa una visión transdisciplinar al proponer que la regeneración social requiere la convergencia de dimensiones religiosas, científicas, artísticas e industriales. No separa lo espiritual de lo material, sino que busca su síntesis en un proyecto civilizatorio integral.
Desde nuestro punto de vista las ideas de Saint-Simon prefiguran muchos elementos de la Teología de la Liberación: la opción preferencial por los pobres; la crítica a las estructuras religiosas que legitiman la opresión y la comprensión del cristianismo como praxis liberadora más que como dogma. Esta obra de Saint-Simon representa un momento crucial en el pensamiento occidental donde la dimensión espiritual se reconecta con la transformación social, anticipando muchos debates contemporáneos sobre justicia, espiritualidad y cambio social.
La visión de Saint-Simon difiere del marxismo en que este no enfatiza el conflicto entre burguesía y proletariado, sino que une a todos los productores contra las clases parasitarias del Antiguo Régimen. Para él, el industrial capitalista y el obrero forman parte de la misma clase productiva que debe liderar la nueva sociedad industrial.
Saint-Simon fue, por tanto, el primer autor en usar el término “clase social” en su acepción moderna, es decir, como grupo definido por su papel en la producción económica y su función social (especialmente la “clase industrial” frente a la “clase ociosa” aristocrática).
Más tarde, Auguste Comte (1798–1857), discípulo de Saint-Simon, también habló de clases sociales en el marco del orden social positivo, pero sin una teoría del conflicto. Auguste Comte (1798-1857) nació en Montpellier, Francia, en una familia católica y monárquica. Fue un estudiante brillante que ingresó a la École Polytechnique de París a los 16 años. En 1817 se convirtió en secretario del filósofo socialista Saint-Simon, relación que influenció profundamente su pensamiento inicial. Tras romper con Saint-Simon en 1824, Comte desarrolló su propio sistema filosófico. Sufrió una crisis mental en 1826, pero se recuperó y comenzó a impartir su famoso “Curso de filosofía positiva” (1830-1842). Vivió en relativa pobreza, sostenido por admiradores como John Stuart Mill. Sus obras principales incluyen el mencionado curso y el “Sistema de política positiva” (1851-1854). Para Comte, las clases sociales no se definían primariamente por factores económicos (como luego haría Marx), sino por funciones sociales dentro del organismo social. Su visión era fundamentalmente organicista y funcionalista.
Comte no usa el término “clase social” como Marx, pero analiza la división funcional de la sociedad en grupos o estratos que cumplen roles específicos en el orden social:
- Clases naturales o científicas. Comte considera que cada grupo social tiene una función en la armonía del todo, como por ejemplo los sacerdotes, legisladores, científicos y obreros. Se trata de un orden jerárquico basado en la función social, no en la riqueza exclusivamente: «…Cada elemento de la sociedad contribuye al equilibrio del conjunto; las funciones son distintas, pero todas necesarias para el mantenimiento del orden y la continuidad social…» 2 Ref.COMTE, Auguste. Curso de filosofía positiva (Vols. 1–6). Madrid: Tecnos, 1998, Vol. II, p. 87.
- Clases según la moral y la educación. La posición de un grupo en la sociedad está vinculada a su formación moral e intelectual. El progreso social depende de la integración de los grupos inferiores mediante la educación y la instrucción positiva: «…» 3 Ref.Comte; 1998, Vol. III, p. 142
Comte no desarrolla la conciencia de clase como conciencia de explotación (Marx), sino como conciencia funcional y moral del papel de cada grupo en la sociedad:
- Conciencia funcional. Cada grupo debe reconocer su función dentro del todo social. Esto incluye aceptar responsabilidades y ejercer la autoridad o el trabajo correspondiente:«…La conciencia de la posición que ocupa cada grupo dentro del orden social es la base de la armonía y del progreso; sin ella, la sociedad se descompone…» 4 Ref.Comte, 1998, Vol. II, p. 91.
- Conciencia moral e intelectual. Se vincula con la educación y la internalización de valores positivos. Los estratos sociales superiores tienen la responsabilidad de formar y guiar a los inferiores: «…La educación positiva no solo transmite conocimientos, sino que infunde en cada grupo la comprensión de su papel en la obra social total…» (Comte, 1998, Vol. III, p. 145).
Para Comte, el progreso social depende de la cooperación entre estratos sociales; de la internalización de valores y conciencia funcional, así como de la subordinación de los intereses particulares al bien común, entendido como orden y progreso: «…El progreso es resultado de la armonización de los deberes y las funciones de cada grupo, no de la lucha de intereses particulares…» 5 Ref.Comte, 1998, Vol. III, p. 148
Estas concepciones ponen de manifiesto que, para Comte, la “conciencia de clase” es colectiva, ética y funcional, y no conflictiva. Su enfoque es más normativo que marxiano 6 Ref.El término “marxiano” es más “técnico”. Hace referencia a los textos escritos exclusivamente por Karl Marx. Se refiere a las conclusiones e ideas que Marx expresa en sus obras. El término “marxista” alude a los escritos, al pensamiento y a las tradiciones políticas no sólo de Marx sino también de sus seguidores y partidarios posteriores, hasta hoy en día, incluyendo todas las interpretaciones, desarrollos y tradiciones derivadas del pensamiento de Marx. Abarca desde Lenin, Trotsky, Gramsci, Mao, hasta teóricos contemporáneos como Althouser, Žižek, Marta Harnecker entre otros. y lo que realmente buscaba era una reorganización social basada en principios científicos, donde cada elemento social (incluidas las clases) contribuyera al funcionamiento armónico del conjunto. Su perspectiva difería radicalmente de las teorías posteriores del conflicto social, presentando una visión más conservadora que justificaba las jerarquías existentes como necesarias para el progreso ordenado de la humanidad.


Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.
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