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Conciencia (24). Funciones de la conciencia
desde la Psicología
Por Juan Miguel Batalloso Navas
Desde la psicología contemporánea, la conciencia se concibe como un sistema activo de integración de información, y no como un simple escenario pasivo donde “aparecen” contenidos mentales. Modelos actuales, como la Global Workspace Theory 1 Ref. La Global Workspace Theory ─GWT─ (Teoría del Espacio Global de Trabajo) es un modelo cognitivo-neurocientífico de la conciencia propuesto por Bernard Baars (1988), según el cual la conciencia funciona como un “espacio central de difusión” donde la información relevante es amplificada y distribuida globalmente a distintos sistemas cerebrales especializados (percepción, memoria, emoción y control ejecutivo). Un contenido se vuelve consciente cuando accede a este espacio global, permitiendo su integración, uso flexible y control voluntario de la conducta. Posteriormente, el modelo fue ampliado con evidencia neurobiológica por Stanislas Dehaene bajo el enfoque del Global Neuronal Workspace , sostienen que la conciencia actúa como un espacio funcional que permite compartir información entre múltiples sistemas cerebrales especializados (percepción, memoria, emoción, control ejecutivo), facilitando la coordinación global de la conducta (Baars, 1997; Dehaene, 2025). Esta perspectiva explica por qué la conciencia es esencial para tareas que requieren flexibilidad, planificación y control voluntario.
En este marco, la conciencia permite no solo experimentar pensamientos y emociones, sino también reflexionar sobre ellos, lo que en psicología cognitiva se denomina metacognición. Flavell definió este proceso como el conocimiento y control de los propios procesos mentales, una capacidad directamente relacionada con el aprendizaje autorregulado, la toma de decisiones y la regulación emocional 2 Ref.FLAVELL, J. H. Metacognition and cognitive monitoring: A new area of cognitive-developmental inquiry. American Psychologist, 34(10), 906-911; 1979. Disponible en: <https://doi.org/10.1037/0003-066X.34.10.906> Acceso: 29 nov. 2025.. Gracias a esta función autorreflexiva, el sujeto puede identificar errores, ajustar estrategias cognitivas y modular respuestas emocionales, aumentando su adaptación al entorno.
Esta capacidad reflexiva es también el fundamento psicológico del autoconocimiento y la identidad personal. Investigaciones en neurociencia cognitiva muestran que regiones como la corteza prefrontal medial y la red por defecto (default mode network) están implicadas en la autorreferencia, la memoria autobiográfica y la construcción narrativa del yo. Estas estructuras permiten integrar pasado, presente y proyección futura, generando la sensación de continuidad personal que caracteriza a la identidad humana.
Desde el punto de vista funcional, la conciencia desempeña un papel clave en los procesos cognitivos superiores, como la atención voluntaria, la memoria de trabajo, el razonamiento abstracto y la planificación. Baddeley subraya que la memoria de trabajo consciente es el núcleo operativo que permite manipular información para resolver problemas y tomar decisiones complejas (Baddeley, 2012). De igual modo, estudios sobre funciones ejecutivas muestran que la conciencia facilita la inhibición de respuestas automáticas, la selección de metas y el control conductual.
Esta capacidad de inhibición voluntaria es central para la autorregulación psicológica. Baumeister y Vohs han demostrado que el autocontrol consciente está directamente relacionado con el bienestar psicológico, el éxito académico y la adaptación social. La conciencia permite distanciarse del impulso inmediato, evaluar consecuencias futuras y elegir conductas más coherentes con los propios valores.
Además, la conciencia posee una dimensión ética y moral. Desde la psicología moral, autores como Haidt y Greene han mostrado que, aunque muchos juicios morales se inician de forma automática y emocional, la reflexión consciente permite revisar intuiciones, justificar decisiones y asumir responsabilidad moral. Así, la conciencia no solo regula la conducta individual, sino que también sostiene la convivencia social y el desarrollo de normas compartidas.
Esta dimensión humanizadora es destacada por Emilio García García, quien subraya que la función esencial de la conciencia es convertir la vida en un proyecto con sentido propio. Según este autor: «…es hacer de la vida una realización con sentido propio. Defender la conciencia es defendernos como seres humanos (…) Sin una apropiación consciente del sí mismo, no es posible ejercer de persona…» 3 Ref.GARCÍA, Emilio. La reflexión de José Luis Pinillos sobre la conciencia. Sociedad Española de Historia de la Psicología. Vol. 41, pp. 2020. Disponible en: <https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7294327> Acceso: 17 nov. 2025.
Esta postura conecta con la tradición filosófica personalista y con el pensamiento de José Ortega y Gasset, para quien el ser humano es autor de su propia biografía, idea que hoy encuentra respaldo empírico en estudios sobre agencia, toma de decisiones y sentido vital 4 Ref.RYAN, Richard M.; DECI, Edward L. Self-Determination Theory: Basic Psychological Needs in Motivation, Development, and Wellness. New York, NY: Guilford Press, 2017.
Para la Doctora en Psicología y Profesora Titular de la Universidad Nacional de Educación a Distancia Ángeles Sánchez-Elvira Paniagua, las funciones de la conciencia desde la perspectiva de la Psicología Cognitiva y siguiendo a Bernard Baars, son las siguientes 5 Ref.SÁNCHEZ-ELVIRA, Ángeles. Funciones fundamentales de la conciencia. En RODRÍGUEZ, Fernando (comp.). Psicología de la conciencia, 2007:
- Adaptación consciente ante lo nuevo. Cuando nos enfrentamos a situaciones desconocidas, necesitamos estar muy atentos para aprender cómo funcionan. Mientras más nueva sea la experiencia, más conciencia debemos poner en entender sus claves hasta que, poco a poco, vayamos dominándola y podamos actuar de manera más automática.
- Equilibrio entre orden y flexibilidad. Nuestra mente debe encontrar un balance: por un lado, necesita organización para ser eficaz; por otro, debe mantener la flexibilidad suficiente para no volverse rígida. Este equilibrio es especialmente importante cuando enfrentamos situaciones que no son rutinarias y requieren que nos adaptemos.
- Interpretar cada situación con coherencia. Para entender qué está pasando a nuestro alrededor, necesitamos darle sentido a cada situación. Sin embargo, esta interpretación no es neutral: nuestras creencias, valores y formas de pensar previas influyen en cómo vemos las cosas, aunque no siempre seamos conscientes de ello. Tendemos a ver lo que esperamos ver.
- El observador interno que da continuidad al “yo”. Existe algo así como un “observador interno” que supervisa y controla lo que llega a nuestra conciencia. Su función principal es mantener la sensación de que somos la misma persona a través del tiempo, dándonos continuidad personal, aunque cambien nuestras circunstancias internas y externas.
- Sistema de metas para dirigir la vida. Necesitamos construir un conjunto organizado de objetivos y metas, ordenados por importancia, que nos permita planificar nuestras acciones. Este sistema de propósitos nos ayuda a funcionar bien y nos da una dirección clara hacia dónde queremos ir.
- La atención como filtro de lo consciente. No todo llega a nuestra conciencia: existe un filtro atencional que selecciona qué información pasa y cuál no. Este filtro prioriza aquello que está conectado con nuestros objetivos importantes y nuestras motivaciones principales, dejando fuera lo que consideramos irrelevante.
- Coordinación entre lo consciente y lo automático. Cuando decidimos conscientemente hacer algo, ponemos en marcha múltiples procesos automáticos que trabajan para nosotros sin que tengamos que pensarlos. Por ejemplo, al decidir leer, no controlamos conscientemente cada movimiento ocular o cada proceso de comprensión, pero todos funcionan coordinadamente para cumplir nuestra intención.
- Decidir cuando no hay respuestas automáticas. En situaciones complejas que no podemos resolver con respuestas habituales, necesitamos tomar decisiones reflexivas. Esta capacidad ejecutiva nos permite analizar la situación, organizar los pasos necesarios y elegir el mejor camino a seguir.
- Detectar errores para aprender y corregir. Una función fundamental es identificar cuando algo no está funcionando bien. Esta capacidad de detectar errores nos permite corregir el rumbo y cambiar nuestra forma de actuar, siendo esencial tanto para sobrevivir como para aprender cualquier cosa nueva.
- Pensar sobre nuestro propio pensamiento. La conciencia nos permite observarnos a nosotros mismos pensando y actuando. A través de nuestro lenguaje interno -ya sea en palabras o en imágenes mentales- podemos reflexionar sobre lo que hacemos, evaluarlo y regularlo. Esta capacidad de “pensar sobre el pensamiento” es lo que nos permite realmente dirigir nuestro propio comportamiento.
En conjunto, estas evidencias muestran que la conciencia es un sistema integrador multifuncional, que articula percepción, emoción, cognición, ética e identidad. Desde la psicología científica actual, la conciencia no solo permite adaptarnos al entorno, sino también construir sentido, responsabilidad personal y proyecto vital, convirtiéndose en uno de los pilares centrales del desarrollo humano.
Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.
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