KRISIS

El camino del corazón

Por Concepción Ojeda Córcoles

Hay veces que las circunstancias en las que nos vemos envueltos, nos hacen dudar de estar viviendo una realidad determinada. Por muchas maldades que intenten hacernos hay una Ley natural que ni tan siquiera el hombre puede saltarse. Las consecuencias le pasarán factura en sus vidas. Se verá impotente e indefenso, no solo frente a lo desconocido sino en lo cotidiano ante esas poderosísimas fuerzas.

Dicho con otras palabras. Hay un Diseñador, un Demiurgo, un Creador en la Tierra y en el Cosmos que nos envuelve a todos, y que como vigilante independiente de nuestras convicciones o creencias, nuestras religiones o ateísmo hay algo que se nos escapa y que no podemos darle ninguna forma ni ninguna razón. Y no nos permitirán esa transgresión de lo creado, no porque seamos malos, pasivos e indiferentes sino porque no se puede alterar ese orden cósmico. Y esto no lo digo yo, se pueden leer en textos desde hindúes, budistas, taoistas, mayas, bíblicos, evangelios, teosofia y apocalipsis. Unos mas que otros nos han llegado hasta nuestros días.

Una pandemia tiene muchos significados para el que la sufre: el ser humano. Exige una imperiosa llamada a revisar todo lo que hemos llegado a ser. Es una prueba rotunda en la que los hombres de un día a otro nos vemos sin suelo. Todos nuestros proyectos, nuestros sueños y nuestro futuro se tambalean ante los imprevisibles acontecimientos. Sin embargo, inmediatamente hacemos lo que siempre hemos hecho: buscamos culpables, miramos hacia fuera y encontramos un terreno muy bien abonado de contradicciones. Un perfecto desatino donde los seres humanos nos zambullimos buscando ¿la verdad? o el placebo de calmar nuestra sed de búsqueda en lo inmediato. Queremos resolver un problema del que ninguno de los que componemos esta enorme masa del 99% de los más de 7.700 millones de habitantes del Planeta intuimos. Algo muy extraño está ocurriendo, en ese curioso intento de encajonarnos para conducirnos a un redil electrificado.
Puede que se haya transformado la masa líquida en una masa sumisa, obediente y asustada, acariciando la forma de poder volver a lo de antes. Incluso podríamos imaginarnos suplicantes para que a cambio de dar todo lo que somos, todo lo que hemos conseguido en siglos, nos quede algo.

Pienso que estamos abocados a un tobogán cuyo fondo final depende de las ansias de aquellos que ostentan el poder, el cual no tiene límites. Mientras que el humano se divide a favor y en contra, siempre tropezando con la dualidad; blancos y negros, derechas e izquierdas, afirmativos o negacionistas. Así hasta e infinito desaprovechando nuestras facultades como ciudadanos.

Lo que nos sucede es una oportunidad de oro independientemente de las creencias, de lo negativas que sean las situaciones en las que nos encontremos inmersos. Y es que la división o la escisión de posiciones van a sumar a ese siniestro 1% que lo acapara todo, en ese elástico que nos lleva a seguir igual, sin ninguna salida aparente, conduciéndonos a ese grueso muro de poder represivo.

Siempre tuvimos una asignatura pendiente y me viene a la memoria que no es ninguna solución política de partidos, pero si una opción mucho más pequeña, más discreta. Una asignatura que puede horadar las bases mas contundentes y convertir los pies en barro a aquellos argumentos y hechos mas desfavorables. Durante muchos años y siglos, hemos dejado nuestras vidas sociales en manos de políticos o personas que supuestamente estaban al servicio de la sociedad. Supuestamente.

Hoy en día me vuelve a aparecer la acción ciudadana, no para hacer protestas masivas, mítines o algarabías, sino para trabajar en “catacumbas“, para socavar muros que aparecen a nuestro alrededor. Para que la memoria, el conocimiento, la historia y las fuentes de la civilización no sean olvidadas o distorsionadas. Para que nuestros hijos, nietos, bisnietos y muchos más puedan disfrutar y despertar, pensar y actuar, sentir y vivir, no al dictado de una sombra que intenta invadir todo nuestro espacio vital, sino del recuerdo de que hubo otro tiempo de hombres libres y un mundo libre, donde se podían mover las personas en libertad, donde podías hablar sin censura, vivir soñando y donde el conocimiento era libre.

Es a través del camino del corazón el que te puede llevar a esto, a trabajar por ese mundo futuro, por someter a la alquimia de la transformación esta realidad absurda, opaca y esclava. Antes de que nos transformemos en seres fríos y rígidos, como piedras y perdamos el contacto con nuestros hermanos, con los otros. Antes de que no lleguemos a sentir nada cuando el otro muere de una forma desoladora e inhumana, mientras otros barajan datos, cifras y estadísticas, propias de una empresa productiva y nosotros permanezcamos fuera de la realidad, raptada nuestras vidas por una pantalla, esperando ser barridos por la próxima ola distópica que nos derrumbe del todo y perdamos el equilibrio qee hemos mantenido sobre nuestras propias mentiras.

Todo ello lo haremos para no caer en la vergüenza de que las generaciones venideras y de otras civilizaciones que nos sucederán y nos digan igual que cuando los turcos llegaron a las puertas de Constantinopla: que los ciudadanos del mundo helénico tenían su preocupación puesta en si tenían o no sexo los ángeles.

CONCEPCIÓN OJEDA CÓRCOLES estudió Historia y Filosofía en la Universidad de Sevilla. Siempre fue y sigue siendo una lectora incansable y una observadora permanente del mundo interior de los seres humanos a través de las más diversas búsquedas de autoconocimiento y del análisis de la realidad social y los vínculos que unen a las personas.
Ha explorado e investigado en las más diversas corrientes espirituales de Oriente y Occidente buscando siempre apasionadamente conocimiento y sabiduría. Durante más de veinte años ha estudiado la filosofía china, profundizando en los más diversos métodos de sanación corporal y mental basados en la medicina tradicional china, llegando especializarse y graduarse en la Escuela de Tian.
Profesionalmente se dedica a ofrecer servicios terapéuticos basados en la medicina tradicional china por medio de los más reconocidos y contrastados procedimientos y técnicas de sanación y bienestar psicofísico, actividad que realiza tanto en su consulta como mediante servicios a domicilio.
Personalmente la he conocido hace muy poco tiempo gracias a las redes sociales, pero sobre todo por tener un amigo y Maestro común: Leandro Sequeiros San Román. El hecho de traerla aquí es debido a que comparto con ella una visión espiritual del mundo, de la realidad y del ser humano en el sentido de que lo queramos o no, realmente existe un “orden implicado” como dice David Bohm o una infinita realidad icognoscible en la que todo está conectado. Como ella dice de sí misma y yo comparto “surfeo en la ola de la vida intentando mantener el equilibrio”. Vaya desde aquí mi más sincero agradecimiento por participar en este humilde sitio que es KRISIS.

2 comentarios sobre «El camino del corazón»

  1. El mejor análisis que he leído de esta irrealidad alienante que estamos viviendo. Efectivamente, nos imponen el camino hacía una humanidad robótica y sin alma. El quinto paradigma soñado por las élites de poder.
    Magnífica y brillante la visión espiritual del artículo. Igualmente, su acertado enfoque sobre una manipulación política mundial que pretende llevarnos, a la mayor destrucción social conocida desde la caída de la antigua Roma.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

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